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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 3 de enero de 2026

Creo en los Reyes Magos / por Jesús García-Conde


'..Tengan limpios los zapatos para el día de Reyes, festejen la llegada de los sabios monarcas en familia. Que les traigan muchas cosas si bien el festejo mismo es ya un regalo..'

Creo en los Reyes Magos

Jesús García-Conde
La tarde previa al día de Reyes era un acontecimiento en mi casa. Todos juntos limpiábamos los zapatos que esa misma noche colocaríamos en el salón para dar la pista necesaria a los magos sobre el sitio donde colocar los regalos de cada uno. Tirábamos papel de periódico al suelo para evitar las manchas de betún en el suelo, y alrededor de ese tatami periodístico nos sentábamos en corro para limpiar los zapatos. Mis abuelos delegaban la limpieza en alguno de sus nietos, y tal servicio era considerado un honor por el que recibía el encargo. Mi padre ponía cintas —sí, cintas— con villancicos en un radiocasete Phillips para ambientar el cepillado navideño zapateril. Llegar tarde a ese momento no era bien visto, por lo que uno evitaba la demora y la posible multa en forma de reducción del número de caramelos del día siguiente.

Siempre pensé que aquello era una costumbre propia de la familia de mi padre porque en ninguna de las casas de mis amigos se hacía. Me he llevado una sorpresa muy grata saber que limpiar los zapatos con cierto festejo es una tradición española con algo de historia. Francisco José Gómez Fernández, en una conferencia reciente en León, situaba el origen de limpieza de los zapatos en una vieja leyenda española. Unos niños habían visto pasar al niño Jesús descalzo. Conmovidos, fueron a sus casas a coger alguno de sus escarpines, y una vez lustrados, se los entregarían al niño. No encontraron al Niño y cada uno de ellos volvió a sus casas con la tristeza de la labor inacabada, pero con los mocasines limpios. Al día siguiente, el día de Reyes, al levantarse se encontraron sus embetunados pares rodeados de caramelos y regalos. La tradición de los Reyes Magos está muy unida a España, es parte de nuestra identidad y también por eso ha de mantenerse.

De hecho, la primera obra de teatro en español que se conserva es el Auto de los Reyes Magos del siglo XII. Magos, magoi, los llama el Evangelio de San Mateo, sabios en realidad, gente de ciencia que interpretaba los movimientos de las estrellas y conocía las profecías. Entre ellas, nos recuerda el padre Valentín Aparicio la que recoge el libro de los Números, 22-24, según la cual el profeta persa Balaam predecía que una estrella saldría y anunciaría el cetro de Israel. Y esa estrella es la que tendrían que seguir los magos. Recogiendo esta imagen, el poeta español, autor del Auto de los Reyes Magos, llamaría a la terna real estrelleros, y efectivamente por arte de estrellería, diría otro poeta, argentino esta vez, Anzoátegui, llegarían a la deducción de dónde tendría lugar el nacimiento del niño Jesús.

Reyes tenían que ser, según el Salmo 72, los que llevaran presentes al Niño, los de Tarsis, —bíblica mención a nuestra España— y de las costas. Como reyes se postraron ante el Rey de las todas las naciones, como anunciaba el salmo. Situaron al pesebre en el centro, no en un sitio esquinado —y casi imperceptible— como vemos ahora en otros reyes actuales, que toman referencias en su reinado y se postran más a agendas modernas que a la inspiración del niño de Belén. Como sabios y hombres de ciencia, se hincaron ante la luz de la única Verdad a la que toda ciencia conduce.

Dice el Evangelio que los magos volvieron por otro camino por el que habían llegado a Belén a ver al niño. Los Reyes Magos recorren el camino de su propia conversión. Decía nuestro conferenciante de León que nadie vuelve sobre sus mismos pasos tras el paso por la casa de la Sagrada Familia y la contemplación del Rey de reyes hecho niño. Son muchas las enseñanzas que podemos sacar de este episodio.

Tengan limpios los zapatos para el día de Reyes, festejen la llegada de los sabios monarcas en familia. Que les traigan muchas cosas si bien el festejo mismo es ya un regalo.

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