la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 23 de junio de 2026

Camino de Segovia / por Antolín Castro



 '..Si faltaban alicientes para acudir, el cartel también anima a acercarse a Segovia. En él figura, encabezándolo, Diego Urdiales, el torero que más y mejor sabor de boca ha dejado en el San Isidro pasado..'

Camino de Segovia

Antolín Castro
Ir a Segovia siempre es un buen plan, en cualquier día y por distintos motivos. En esta ocasión lo es mucho más.

El próximo domingo día 28 será un día muy especial. Por primera vez está programada una corrida de toros por ‘Espectáculos Marisma’, la empresa que dirige quien fuera matador de toros segoviano, Rafael Ayuso.

Rafael Ayuso será, a partir de ahora, el empresario que le de vida a una plaza bicentenaria como la de Segovia. Su carrera empresarial está jalonada por apuestas sobre plazas cerradas y olvidadas durante muchos años, a las que ha sabido poner en el mapa taurino, logrando el éxito en cuantas ha puesto su mano. Móstoles, Valdemoro, Medina del Campo, San Martín de Valdeiglesias… son algunas de ellas.

Pero Segovia es un caso mucho más especial. No solo por ser una plaza de segunda categoría, lo que supone un escalón más, sino que también por ser la tierra que le vio nacer al empresario. Todos los pasos que ha dado en su carrera tienen la provincia de Segovia como referencia. En la población segoviana de Ortigosa del Monte mató su primer becerro, fue alumno en la escuela de El Espinar cuando la dirigía el maestro Sánchez Puerto, y en dicha plaza tomó la alternativa en 2008 de la mano de Luis F. Esplá, testigo L.M. Encabo y con toros de Adolfo Martín. Aquella tarde salió en hombros tras cortar las dos orejas a uno de sus toros.

Rafael Ayuso en su ganadería

En todo ese tiempo pude conocerle. Primero en la escuela que visité con cierta frecuencia y después siendo testigo de su alternativa. Posteriormente, dejó capote y muleta y emprendió su camino en otras tareas, pero siempre junto al toro y la fiesta brava. Hoy es empresario, ganadero y apoderado.

Mi vinculación con esta tierra me anima a estar presente el domingo y ver de primera mano el debut en su casa, uno de sus sueños cumplidos. Su esfuerzo y capacidad se merecían este salto, que, sin lugar a duda, no será el último.

Si faltaban alicientes para acudir, el cartel también anima a acercarse a Segovia. En él figura, encabezándolo, Diego Urdiales, el torero que más y mejor sabor de boca ha dejado en el San Isidro pasado. 

El riojano, no sabemos qué alcance tendrá rentabilizar el éxito madrileño, ciegos como son los empresarios y con casi todas las ferias cerradas, por eso hay que acudir a verle en cuanto lo anuncian. Todos los días no tenemos ocasión para poder verle.

Ayuso, a la hora de confeccionar el cartel, durante el desarrollo de la feria isidril, tuvo a bien en contratar a los tres que, hasta el momento de anunciarlo, habían traspasado la puerta grande. Alejandro Talavante y Fernando Adrián completan el cartel con toros de Sancho Dávila.

Segovia, al margen de ser también una atracción turística y gastronómica de primer orden, es el lugar ideal para el encuentro de los buenos aficionados en este último domingo de junio. Si se quiere volver a ver a Urdiales, la actuación más maciza vista en San Isidro, se convierte, a menos de una hora de Madrid, en una oportunidad a no desaprovechar.

Suerte para Ayuso en este su gran día en su tierra, extensible a los espadas y a cuantos aficionados se den cita en su bicentenaria plaza.

En la muerte de Javier López, el Bombero / por José Ramón Márquez

Conversando (con Cucho y Márquez en la Andanada del 9)

 '..en la atalaya de la Andanada, durante años su seña de identidad más potente: esa manera de enseñar a las enfervorizadas gentes que casi siempre el rey iba completamente desnudo, que la tanda que vitoreaban era puro celofán vendido como seda..'

En la muerte de Javier López, el Bombero

JOSÉ RAMÓN MÁRQUEZ
-Yo era como esos. A mí todo me gustaba y con que el toro pasase ya estaba aplaudiendo. A mí el que me estropeó la vida fue Antoñete, el que me enseñó de verdad lo que era torear. Y eso, una vez que lo aprendes ya no se olvida nunca.

Así hablaba Javier López, el Bombero, desde su púlpito en la fila 1 de la Andanada 9, cerquita del 8 desde donde ha sido testigo del devenir de la tauromaquia en Madrid durante los últimos cincuenta y tantos años.

-Hombre, Javi, que yo te he visto partirte las manos por Manzanares (padre), y todos nos metíamos contigo, porque en todos tus alrededores no había ni un solo manzanarista…

-Es que yo vi la faena al toro Clarín, de Manolo González, y esa ya me dejó marcado…

-Pues sí que te debió marcar, porque otra de ése ya no viste…

A lo largo de la vida uno ha ido conociendo a diversos tipos de aficionados de los más diversos pelajes. Si hubiera que elegir al aficionado granítico, ese sería Javi López, con su afición desmedida que le llevaba a recorrer los kilómetros necesarios para asistir a todos los encierros por el campo que se dan sin cesar, en Horche, en Humanes, en Brihuega, en Fuentelahiguera, en Yunquera… o a la sanjuanera de Soria, o a Ciudad Rodrigo, donde el Zanahorio iba a pegar tres naturales de los que no dan las figuras a un tremendo ejemplar de Guardiola entre medias de la algarabía de los capas en el Carnaval del Toro. La afición de Javier era infinita e insaciable y, cuando pudo, se abrió él mismo de capa en los pueblos, capote raído en mil refriegas con el nombre de Enrique Ponce pintado en el envés, para dar «unos mantazos» y para quitarse la inquietud de estar frente al toro. Y quien dice toro, dice toro grande y, a veces con muy malas intenciones. Nunca cayó en la cursilería de muchos «aficionados prácticos» que quieren sacar conclusiones sobre el toreo y los toreros desde sus «trapazos»; él ansiaba estar frente al toro, simplemente, y tratar de estirarse en una verónica o lo que fuera, y sobre todo estar cerca de los ritos y los juegos del toro en el campo, en la plaza, en un cercado, junto a sus amigos banderilleros, peones, ganaderos de los que llevan ganado a los pueblos… Estuvo haciendo sus pinitos echando una mano en la Escuela Taurina de Guadalajara, de donde le apartaron por decir las verdades, incómodas y molestas, como puños, a pobres muchachos a los que estaban medio engañando. Le echaron del Cocido Taurino de Guadalajara, del que era fundador, porque no se avenía a no cantar las cuarenta al que le ponían a tiro, agriando con su presencia y sus opiniones el amable acto que los organizadores deseaban. Cuando podía, la soltaba. Le dice al padre de Julián López, el Juli, torero al que siempre detestó:

-Su hijo es muy mal torero.

-Pero tenemos mucho dinero…

Nunca se plegó. Podría haber ido de finca en finca, de invitación en invitación o, como él decía, «hinchado a platos de jamón y a whiskies» y rodeado de gentes con dinero, solamente a cambio de haberse callado o haber moderado su opinión o haber dicho lo que otros querían oír, pero eso no iba con él, que siempre llamó pan al pan y vino al vino.

Y eso fue, en la atalaya de la Andanada, durante años su seña de identidad más potente: esa manera de enseñar a las enfervorizadas gentes que casi siempre el rey iba completamente desnudo, que la tanda que vitoreaban era puro celofán vendido como seda. Y eso, en una época, enfadaba sobremanera a los nuevos públicos que iban llegando, que detestaban o acaso envidiaban su independencia, su criterio, su dureza y su conocimiento. Nunca entendió la conversión de algunos aficionados, con años de afición a cuestas y que habían paladeado el buen toreo, ese bien tan escasísimo, que se echaban en brazos de la corriente triunfalista que todo aplaude sin echar cuentas de si se templa o se manda o se carga la suerte.

-Hay que ser del que lo hace… ¡Cuando lo hace!

Y predicaba lo mismo que daba trigo, sin que la amistad -la de Iván Fandiño, por ejemplo- nublase su acerado, insobornable, juicio crítico, sin ningún paño caliente, si el torero aquél día no había estado bien.

En septiembre de 2024, en el encierro de Torija, un toro le propinó la paliza de su vida: golpes, cornadas, y fracturas fueron el resultado de aquel encuentro, y no se murió porque Dios no quiso, pues a punto estuvo, porque antes de irse tenía que despedirse de muchos amigos, terminar su enésima Feria y dejarnos la profecía, como a él le gustaba, de que «si no le echan a perder los taurinos, en Diosleguarde hay un gran torero» En la mañana de este 23 de junio Javier entregó, por sorpresa, su alma al Creador dejándonos en el más profundo estupor, sin que el harto consuelo que nos deja su memoria mitigue apenas el dolor por la pérdida del hombre bueno, del amante esposo, del padre generoso, del amigo. Descansa en paz.


Toreando

¿Necesidad de la inmigración? / por Jesús Laínz


'..aunque nuestros inmigracionistas no se cansen de reivindicar la dignidad humana como móvil de sus decisiones, no hay que olvidar que su móvil no es ése, sino el odio a sus propios pueblos y su deseo de sustituirlos que caracteriza a toda la izquierda europea..'

¿Necesidad de la inmigración?

Jesús Laínz
El principal artículo de fe de los defensores dogmáticos de la inmigración es que es necesaria para la vida de España y de toda Europa. Pero, a diferencia de los emigrantes españoles de épocas pasadas, la inmensa mayoría de los cuales eran varones en edad de trabajar, los que hoy llegan a España son familias enteras, la mayoría de cuyos miembros, por su edad y condición, no viven del trabajo sino de la subvención.

En segundo lugar, no se entiende bien esa necesidad en un país con 2,5 millones de parados, uno de los mayores niveles de desempleo del mundo occidental: el 10,4%, sólo superado en Europa por Bosnia-Herzegovina, Kosovo y Macedonia. La media de la UE es 5,9%. Y también encabeza las cifras de paro juvenil: 26,6% frente a 15% en la UE.

A pesar de los colores luminosos con los que suelen ser descritos, según cifras reconocidas por la ministra Pilar Alegría —la realidad, por lo tanto, tiene que ser mucho peor—, los inmigrantes, el 13% de la población, cometen el 27% de los delitos y representan el 33% de la población reclusa, cifra engañosa ya que muchos de los tenidos por nacionales son nacidos en el extranjero que han adquirido la nacionalidad española recientemente. Además, los reclusos extranjeros alcanzan el 56% entre los menores de veintidós años.

Los extranjeros que contribuyen a la Seguridad Social ascienden a tres millones de personas. Si la población extranjera reconocida es de siete millones, a los que hay que añadir una cantidad difícilmente calculable precisamente por su ilegalidad, cabría preguntarse cómo se ganan la vida los restantes. Por otro lado, ese 13% de población extranjera representa el 18% de los beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital y el 29% de las Rentas de Inserción Autonómicas. En el caso concreto del País Vasco, tras años de ocultación, el gobierno social-peneuvista se ha visto obligado a publicar que los perceptores extranjeros de la llamada Renta de Garantía de Ingresos alcanzan el 40% cuando son el 10% de la población. En resumen: ¿quiénes pagan las pensiones de quiénes?

Como argumento moral, Pedro Sánchez ha definido como ilegal la repatriación de quienes entraron ilegalmente y en no pocos casos con violencia. Y define como concesión de residencia temporal lo que sabe muy bien que será para siempre, tanto la de ellos como la de sus familiares.

Se suele argüir también que España fue una nación de emigrantes en los años 50 y 60, lo que la obligaría hoy a abrir sus puertas sin restricciones. Pero aquella emigración se dirigió a países centroeuropeos sin parados, con escasez de jóvenes por las dos guerras mundiales y necesitados de reconstrucción. El Estado atendió al emigrante coordinando las ofertas de trabajo de los países receptores con la cualificación laboral de cada uno y suscribiendo convenios de emigración y seguridad social. Los emigrantes españoles llegaron a otros países con sus contratos ya firmados y con certificados de ausencia de antecedentes penales porque sin ellos no se les permitió emigrar. La emigración española tuvo una clara vocación de provisionalidad: más del 85% de los emigrantes regresaron a España. Los emigrantes españoles no provocaron problemas en los países receptores, no supusieron carga a sus sistemas de prestaciones sociales, no exigieron nada gratis, no dependieron de donaciones caritativas y no llenaron las cárceles. Nada que ver con el caos inmigratorio de hoy, cuyas primeras víctimas son unos inmigrantes de los que se aprovechan las mafias transportadoras en condiciones inhumanas.

Nuestros triunfalistas gobernantes también declaran que España necesita esos inmigrantes porque su economía está boyante. Sin embargo, España depende fundamentalmente del turismo mientras el peso de la industria no deja de menguar. Su deuda pública alcanza el 103,2% del PIB. Su presión fiscal es del 38%, algo inferior a la media de la UE, en torno al 41%. Pero como el PIB per cápita español es inferior a la media europea, la presión sobre los contribuyentes supera en más de un 17% a dicha media. Y según un informe de Eurostat, el servicio de estudios estadísticos de la Comisión Europea, España es el tercer país de la UE que menor poder adquisitivo ha ganado en los últimos veinte años: un 11% frente a una media europea del 22%. ¿Es esto una economía boyante?

También proclaman nuestros benéficos gobernantes que Occidente necesita gente por su declive demográfico. Cierto: tras décadas de aborto masivo no se puede esperar otra cosa. Y quienes lo han promovido, legalizado y convertido en un derecho, ahora quieren resolver la escasez de niños importándolos de otros continentes, que salen más baratos y se les puede explotar mejor.

En todos los medios de comunicación se repite continuamente que la mayoría de los españoles ven la inmigración con buenos ojos. Sin embargo, periódico tan poco sospechoso como El País publicó una encuesta hace dos años que fijó en un 57% la cantidad de españoles que ven excesivo el número de inmigrantes y en un 75% el de quienes asocian la inmigración con conceptos negativos. Encuestas más recientes demuestran que dichas cifras no paran de subir.

Finalmente, aunque nuestros inmigracionistas no se cansen de reivindicar la dignidad humana como móvil de sus decisiones, no hay que olvidar que su móvil no es ése, sino el odio a sus propios pueblos y su deseo de sustituirlos que caracteriza a toda la izquierda europea. Bien claro lo ha dejado Irene Montero al declarar que desea el reemplazo para así «barrer de fachas y de racistas este país». Es decir, de españoles.

¡Qué buen torero es Ginés Marín! / por Rafael Comino Delgado

'..yo como aficionado, pongo un pequeño pero a Ginés Marín, y es que su gran facilidad para torear y hacerlo todo muy bien, quizás, para los no muy aficionados, le puede restar importancia a lo que hace delante de los toros, pero ello se solucionaría echándole algo más de garra a su toreo, lo que hacen muchos toreros..'

¡Qué buen torero es Ginés Marín!

Rafael Comino Delgado
Al comienzo de la actual temporada Ginés Marín toreó en la feria de Castellón, donde estuvo muy bien, y más tarde, que yo sepa, solo ha toreado una corrida en León (Méjico), y no se ha anunciado en las ferias de Sevilla o Madrid. Después le hemos visto en poquísimos carteles, lo cual no entiendo, y lo siento de veras, porque es un gran torero; de entre los jóvenes es sin duda uno de los más completos, que maneja muy bien capote, muleta, y, sobre todo, la espada, y sin embargo el sistema parece que le ha olvidado. ¿Por qué? Habrá unos motivos, que naturalmente desconozco, pero juzgándole solo como torero, que es lo que un aficionado debe hacer, repito que es muy buen torero, por algo tiene dos puertas grandes de las Ventas. Creo que se merece torear mucho más de lo que torea. 

Así pues, no debería ocurrir lo que está ocurriendo, si es que no torea porque los empresarios no le llaman, y no por voluntad propia. No debería ocurrir que tan buen torero y tan joven sea relegado al ostracismo, o al menos eso es lo que parece, pues a estas alturas de la temporada, torear tan poco como ha toreado y los pocos contratos que tiene es realmente olvidarle, algo que los empresarios que sean buenos aficionados no deben permitir. Denle la oportunidad de seguir demostrando una vez más, pues lo ha demostrado muchas veces, lo que es capaz de hacer ante el toro, pero no le quiten de en medio. El sistema no debe acabar con tan buen torero, pues ello sería una tremenda injusticia, y las injusticias tarde o temprano acaban pagándose.

Entiendo que los empresarios trabajan para ganar dinero, pues tienen que vivir, pero al mismo tiempo, si son buenos empresarios, tienen el deber de ayudar a la Fiesta de los toros, y una de las formas de ayudarla es dando carteles a los toreros que se ve tienen muchas condiciones para aportar algo importante al toreo, como es el caso que nos ocupa. No obstante, yo como aficionado, pongo un pequeño pero a Ginés Marín, y es que su gran facilidad para torear y hacerlo todo muy bien, quizás, para los no muy aficionados, le puede restar importancia a lo que hace delante de los toros, pero ello se solucionaría echándole algo más de garra a su toreo, lo que hacen muchos toreros, incluso algunos se pasan intentando venderlo muy caro. En resumen, creo que Ginés Marín es muy buen toreo, al que los empresarios deben darle más carteles, y él debe dar ese paso adelante que le falta para ponerse en figura, ya que cualidades le sobran.

Carniceritos de Úbeda / por Antonio Cepedello


'..No llegaron a conocerse, porque el maldito destino así lo quiso, pero forman la ya célebre saga de toreros de Úbeda (Jaén) apodada 'Carniceritos', apelativo taurino donde los haya, por la estrecha relación que la Tauromaquia ha tenido siempre con esta profesión, tan antigua como ella..''

Juan Antonio Millán 'Carnicerito' II

Carniceritos de Úbeda

Antonio Cepedello
No llegaron a conocerse, porque el maldito destino así lo quiso, pero forman la ya célebre saga de toreros de Úbeda (Jaén) apodada 'Carniceritos', apelativo taurino donde los haya, por la estrecha relación que la Tauromaquia ha tenido siempre con esta profesión, tan antigua como ella. No en vano, el principal fin del sacrificio de los toros fue durante muchísimo tiempo el conseguir un alimento fundamental, sano y nutritivo como es la carne de este animal, lo que evitó el hambre de millones de personas. Antonio Millán Diaz y su sobrino Juan Antonio Millán Herrador han ofrecido grandes momentos para los aficionados taurinos no sólo jiennenses, sino también de toda España.

'Carnicerito-I', que nació en 1947, fue una auténtica figura del toreo, a pesar de que la puñetera muerte le cortó demasiado pronto de raíz su trayectoria taurina. Consiguió salir nada más y nada menos que 6 veces a hombros por la Puerta Grande de la plaza más importante del mundo, la Monumental de 'Las Ventas', y además lo hizo en tan sólo 2 años. Tres veces lo logró como novillero con picadores en 1967 y otras 3 ya como matador en 1971. Pero, cuando su carrera era más triunfal, un despiadado accidente de tráfico se lo llevó al cielo de los toreros, un fatídico 4 de noviembre de 1976, con tan sólo 29 años de edad. ¡Qué traicionera es la vida en muchas ocasiones.

Muy poco después, un 3 de febrero de 1978, vino al mundo su sobrino Juan Antonio. El recuerdo imborrable e inolvidable, contado por sus padres desde muy pequeño, de las hazañas de su tío, que entusiasmó y puso una y otra vez en pie a los exigentes aficionados madrileños, le inculcaron su vocación taurina y sus sueños e ilusiones por querer emular al tito Antonio. 'Carnicerito-II' debuta ya con picadores el 25 de agosto de 1996 en el coso centenario de la localidad vecina de Baeza, con el sevillano Dávila Miura y el extremeño Hugo de Patrocinio como compañeros de cartel, junto a los novillos de la ganadería de Gabriel Rojas. Sus repetidos éxitos con los del castoreño le permiten presentarse ya al año siguiente, un 21 de septiembre de 1997, en Madrid, con una terna formada por 'El Cid´ y Juan Salvador, con utreros de Sotillo Gutiérrez. Continuó su trayectoria ascendente en el escalafón novilleril, hasta que el 28 de septiembre de 1998 tomó la alternativa en su tierra, con su paisano Paco Delgado como padrino y nada menos que José Tomás de testigo, con toros de Salvador Gavira, donde sumó otra salida a hombros más, al cortar 2 orejas.

Las injusticias habituales en los despachos de las empresas taurinas condenaron a Juan Antonio Millán a una sequía obligada a partir del inicio del actual siglo XXI, por lo que no pudo confirmar su doctorado en Tauromaquia hasta 11 años después, un 23 de agosto de 2009, cuando dejó una grata impresión entre el sabio público de la Monumental de 'Las Ventas', que le ovacionó en sus dos faenas a ejemplares del prestigioso hierro salmantino de Juan Luis Fraile. Alternó en esta importante ocasión con Francisco Javier Corpas y 'Serranito'. Esta digna actuación no le permitió tampoco para que contaran con él los negociantes que mandan en el mundo del toro, porque no se dejaba mangonear por sus intereses ni aceptaba sus cambalaches, cuyo único y principal objetivo es aumentar los dígitos de las cuentas bancarias de estos mafiosos explotadores.

Aburrido y cansado de tanta injusticia y marginación, 'Carnicerito-II' decidió que sus conocimientos, destrezas, cualidades y capacidades en el ruedo no cayeran en 'saco roto', ante la imposibilidad de poder mostrarlas en las habituales corridas organizadas con 'ponedores', 'enchufados' y apadrinados de turno. Comenzó a impartirlas a los alumnos de la Escuela Cultural-Taurina de Baeza y después a los de su homónima Linares, donde en estos momentos es uno de sus profesores. Una gran fortuna de valor incalculable para todos estos chicos que sueñan con ser toreros, gracias a su inocencia e ilusiones aún no destrozadas por los hipócritas vividores antitaurinos.

Antonio y Juan Antonio Millán han vivido las grandes alegrías que da el toreo, pero también los traidores sinsabores de la vida. Cada uno de distinta forma, pero unidos por una familia y una vocación que son eternas, como lo es ya la saga de los 'Carniceritos' de una tierra tan taurina, histórica y monumental como es Úbeda. Qué por algo esta localidad jiennense, junto a la cercana Baeza, fue declarada en 2003 Patrimonio de la Humanidad. Y de la Tauromaquia, también ya lo es. ¡¡¡Va por vosotros, toreros!!

lunes, 22 de junio de 2026

Aquellos sesenta… (XVIII) / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Manuel Benítez Pérez, espontáneo en Las Ventas, 28 de abril de 1957

'..Victoria de ambición, valor y persistencia. Encumbramiento personal de un mísero huérfano de la guerra, de un marginado, de un rebelde. Pero no de un revolucionario. No cambió el sistema, ascendió a golpes dentro de él, dominándolo, enriqueciéndose y enriqueciéndolo..'

Aquellos sesenta… (XVIII)

Jorge Arturo Díaz Reyes
CrónicaToro / Cali, 22 VI 202
Los sesenta terminaron entrados los setenta. Si fuese necesario precisar sitio, fecha y ocasión. Habría que decir: Plaza de Buenavista, Oviedo, martes 21 de septiembre de 1971, última corrida de la Feria de San Mateo.

Fue ahí cuando El Cordobés tras ocho años como matador de toros cortó a un toro de Manuel San Román, una oreja, (única de la tarde), alternando con Fermín Murillo y Raúl Aranda y, sin avisar, inició su primer largo retiro (también ocho años).

Aunque por su significado y repercusión, bien podría proponerse alguna de otras dos corridas, ambas en domingo, ambas en la Alameda de Jaén. La del 18 de octubre de 1970, última de la Feria de San Lucas, en la cual se encerró Benítez con seis toros de Carlos Núñez, regaló el sobrero, cortó once orejas, tres rabos y se montó en el séptimo.

O, la nocturna del 13 de junio del siguiente año, también ante toros de Carlos Núñez, alternando esta vez con Santiago Martín ‘El Viti’ y José Fuentes. Llamada “Corrida mundial del siglo”, y cuya transmisión a color vía satélite fue contratada, por la empresa norteamericana “Management System Corp”. Se calcula que pudo ser vista por 200 millones de telespectadores, hasta 500 publicó un diario (hace 55 años). Con especial recepción en Estados Unidos donde se acondicionaron salas de cine por todo el país para el efecto y en New York, la plaza Pensilvania frente al Madison Square Garden que ofrecía cuatro pantallas gigantes, comenzó a ser llamada por esos días “Plaza de toros”.

Según la revista El Ruedo: El escogido encierro se prestó para que El Viti quien había llegado a marcha forzada desde Granada, donde había lidiado por la tarde, cortara dos orejas y rabo. José Fuentes tres orejas y El Cordobés cuatro y un rabo en medio de la gran celebración transnacional, que convertía el acontecimiento en el inicio de la “era espacial de las corridas de toros”, y división de la historia de la Fiesta en antes y después.

Cualquiera de estas tres corridas, podría tomarse como colofón de aquellos sesenta. La una por calendario, la otra por más representativa del espíritu de la época, y la tercera como la gran explosión final del período. Aunque quizá lo propio sería considerar las tres como parte de un solo acto representado en un lapso de once meses.

Está bien, solo El Cordobés no fue la época, pero sin él esta hubiese sido otra. Una más, de las brillantes que ha tenido la historia del toreo. La genialidad de sus rivales de generación: Puerta, Camino, El Viti, Curro..., reforzada por el atardecer de los predecesores; Antonio Bienvenida, Ordóñez, Litri, Aparicio..., seguramente lo habría garantizado. Pero fue él quien la diferenció, universalizó y se hizo su ícono. Él, quien dijo y sostuvo, si yo toreara como ellos sería otro más. Que no era nada nuevo, apenas una versión personal del “se torea cómo se es” de Belmonte. Pero de tal manera desentrañada y desbordada, que desafiando e insultando al establecimiento, sintonizó como pocas veces antes con su tiempo y venció.

Victoria de ambición, valor y persistencia. Encumbramiento personal de un mísero huérfano de la guerra, de un marginado, de un rebelde. Pero no de un revolucionario. No cambió el sistema, ascendió a golpes dentro de él, dominándolo, enriqueciéndose y enriqueciéndolo. Su rebeldía, su vehemencia, su autenticidad, su alegría tragicómica, su antidogmatismo, y su poder sobre los toros le puso a la cabeza de las masas, los medios y la taquilla.

Al irónico estilo que cruzaba la cultura de la época. Los Beatles en la música, Warhol y Lichtenstein en la pintura, Moore en la escultura, Kubrick en el cine, García Márquez en la literatura, Muhammad Alí en el deporte, El Che Guevara en la política, y la publicidad en su “era dorada”.

Un resumen gráfico de tal triunfo en tal contexto ha quedado en dos fotos, publicadas juntas con frecuencia. Una le muestra de punta en blanco, sentado junto al Rey de España en la barrera de Las Ventas, por San Isidro, Corrida de La Prensa, arriba de donde años antes le habían tomado la otra; entre dos guardias civiles que le sacaban anónimo, desgreñado, desastrado y detenido por haberse arrojado espontáneo en busca de una oportunidad. La historia le absolvió.

El Cordobés se fue dejando tras de sí una ola de imitadores, ninguno válido. Ni siquiera él mismo, cuando ya otro volvió a un mundo distinto en 1979. Perdido el encanto, la sorpresa, la emoción de su gestualidad. Encontró al público, que había multiplicado, de retorno al consumo de una tauromaquia más formal, Capea, Robles. Aunque los jóvenes que nos vimos en él, ahora mayores, siguiéramos yendo a verle, pero con otra emoción distinta; la nostalgia.

Sí, tuvo triunfos, evocaciones puntuales de su anterior conmoción, de su personalidad única, de su heterodoxia, pero ya nunca fue como antes. Su estrafalaria gesta había caducado, no calaba igual. Su insurrecta tauromaquia había hecho el camino de tantas “revoluciones” consumidas por sí mismas.

Los Beatles, Warhol, Leichtestein, Kubrick, García Márquez, Alí, El Che... son clásicos de colección, museo, cinemateca, librería... que no por ello despiertan hoy lo que en su momento despertaron. Lo que despertó ese toreo excepcional de los sesenta. Pretender reeditar esas emociones resulta vano, “vintage”, cursi.

Sin embargo, su influencia pervive, no en el remedo, en las nuevas formas, cuando son auténticas, cuando salen del alma. El pasado no perdona, al fin y al cabo, solo somos un pasado más reciente. Cuántas veces ahora cedemos conmovidos a una verónica, una chicuelina, unas banderillas, un natural, un volapié, un arrebato tremendo, que nos llevan por un instante a Curro, Camino, Paquirri, El Viti, Puerta, El Cordobés..., a lo que fueron, a lo que fue, a lo que fuimos...

Ser blanco es peligroso / por Jesús Laínz

 
También peligra esta hermosísima niña blanca. No es europea, por cierto, sino miembro de los Kalash, un pueblo indoeuropeo emplazado en el actual Pakistán y al que se considera formado por descendientes del ejército de Alejandro Magno.

Entre esas grabaciones, merece especial mención la de las palabras de un norteafricano exultante por los disturbios:

“Aquí estamos argelinos, tunecinos, marroquíes, senegaleses… ¡Marine! ¡Marine! Hemos tomado París más rápidamente que el ejército alemán en 1940. ¡Lo hemos conseguido en tres horas!”.

Ser blanco es peligroso

Era un gélido atardecer de enero de 2003 cuando el que suscribe y mi septuagenario padre paseábamos por las desiertas calles de Huningue, pequeña ciudad alsaciana de la periferia de Basilea, en la orilla francesa del Rin. De repente, un par de bolas de nieve nos pasaron rozando. Me di la vuelta para descubrir a tres o cuatro africanos que, con gestos amenazadores, nos gritaban «¡Blancos de mierda, os vamos a matar!». El prudente autor de mis días se alzó el cuello del abrigo y me dijo: «Calla y sigue andando». Afortunadamente, menos de un minuto después aparecieron nuestros compañeros de trabajo y entramos en el restaurante donde habíamos quedado para cenar. «Luego se extrañan de que cada vez más gente vote a Jean-Marie Le Pen», sentenció uno de ellos que, por cierto, era concejal socialista en su pueblo de Lombardía.
Más o menos por la misma época, un amigo me había hablado de una vecina de su barrio, muy izquierdista ella, que le afeaba sus opiniones poco favorables a la inmigración. Tras unos cuantos años sin verla, volvió a encontrársela. «¡Qué razón tenías! Es más, te quedaste corto. Ahora no hay nadie que me gane a racista». El motivo de la malvada metamorfosis era que la buena moza se había casado con un zimbabuense blanco, de ésos que antes se llamaban rodesianos, y el amor le había llevado a establecerse en el país de su marido. Pero pocos años después estaban haciendo la mudanza para venirse a España huyendo de la violencia y el caos inenarrable que les hace la vida imposible sobre todo a los blancos. Historias muy parecidas a ésta las cuentan infinidad de surafricanos que en las últimas décadas han regresado a los países, principalmente Gran Bretaña y Países Bajos, de los que salieron sus ancestros.

Muchas monjas que han dedicado su vida a la asistencia religiosa, educativa y médica en países africanos pueden atestiguar el odio que, a pesar de ello, les tienen muchos de sus beneficiados; y del odio todavía mayor que se tienen entre ellos según fronteras políticas, tribales o étnicas. No hay más que recordar lo de Ruanda en 1994, que estuvo lejos de ser una excepción: las masacres entre africanos han existido desde hace milenios y seguirán existiendo hasta el final de los tiempos. En las últimas semanas han dado buena prueba de ello los surafricanos cazando por las calles a inmigrantes de países vecinos, tan negros los unos como los otros, aunque probablemente ellos capten matices cromáticos que a nosotros nos pasan inadvertidos. Pero eso ni indigna a nadie ni sale en prensa y televisión. De ese privilegio gozan sólo los malvados blanquitos a los que se les ocurre pronunciar las blasfemas palabras «prioridad nacional».

Las penúltimas novedades, por el momento, han sido los disturbios, los saqueos de comercios, los cientos de vehículos incendiados, los dos fallecidos, los 890 detenidos y los 178 policías heridos en París tras la victoria balompédica del PSG. Evidentemente, no es el fútbol el motivo de la violencia, sino la impunidad que procuran cientos de miles de personas ocupando ruidosamente las calles de la ciudad. Porque, como ha sucedido en otras ocasiones con otras excusas, en cuanto las masas en movimiento posibilitan el anonimato, emergen los delincuentes, los vándalos y los que odian la sociedad que les acoge. Y junto a ellos, los francesitos endófobos, que tampoco faltan, como en todos los países de nuestra suicida Europa.

Innumerables grabaciones han circulado por las redes sociales para ocupar el vacío que dejan unos medios de comunicación de masas sumisos a un poder interesado en que ciertas informaciones no lleguen al público para evitar el ascenso de opiniones heterodoxas. Entre esas grabaciones, merece especial mención la de las palabras de un norteafricano exultante por los disturbios:

“Aquí estamos argelinos, tunecinos, marroquíes, senegaleses… ¡Marine! ¡Marine! Hemos tomado París más rápidamente que el ejército alemán en 1940. ¡Lo hemos conseguido en tres horas!”.

Esto no tiene nada que ver con la inmigración ilegal. La inmensa mayoría de esos revoltosos incendiarios que, en cuanto el número se lo permita, ejercerán de revolucionarios decapitadores, son franceses nacidos en Francia, de carné de identidad francés e hijos y nietos de franceses. Pero nunca serán franceses porque odian a Francia y porque sus vínculos étnicos y nacionales son otros.

Es así de simple. Por eso es absurdo seguir hablando de inmigración ilegal como si ése fuese el único problema.