la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

jueves, 13 de agosto de 2026

Ceuta: ahora toda Europa quiere cerrar las fronteras / por Vicenzo Monti

 
Curiosa y original frontera entre China y Mongolia

Paradojas de la vida. Lo que la mal llamada Unión Europea se dedica a promover —la invasión migratoria— es precisamente lo que ha hecho estallar el primer principio de la UE: la supresión de fronteras entre Estados miembros.

Hablan del asunto desde Italia, donde Giorgia Meloni trata de impedir que los efectos de la invasión ceutí, permitida por el Gobierno sanchista, se diseminen por el resto de Europa.

Al final, el problema de Giorgia Meloni parece haberse convertido en un problema de todos. Durante más de una semana nos han explicado que los controles italianos tras la crisis de Ceuta eran una reacción histérica, una medida electoral, una provocación contra España y, por supuesto, la enésima capitulación ante la retórica del miedo. Lástima que, mientras tanto, 22 gobiernos europeos hayan firmado una carta contra Madrid pidiendo que se impida que los cruces incontrolados de fronteras, la instrumentalización de la migración y las amenazas híbridas hagan posible la entrada ilegal en la Unión Europea.

Veintidós. No solo Roma. Están la Dinamarca socialdemócrata, la Polonia de Donald Tusk, Finlandia, Suecia y Alemania. Incluso los Estados que se han negado a aislar a Madrid piden un refuerzo de las fronteras exteriores. Ni mucho menos una emergencia inventada por la derecha italiana: Ceuta simplemente ha obligado a Europa a decir en voz alta lo que hasta hace unos años era políticamente inoportuno admitir. Las fronteras existen y alguien tiene que controlarlas.

Ceuta: cada vez es más difícil llamarlo propaganda

Vicenzo Monti
El dato político es incluso más importante que la crisis en sí. Italia y Dinamarca han impulsado una carta firmada por otros veinte países en la que se habla explícitamente de «cruces masivos incontrolados», «instrumentalización de la migración» y «amenazas híbridas». Son prácticamente las mismas categorías que durante días han sido tratadas por la izquierda italiana como el vocabulario apocalíptico de un gobierno en busca desesperada de consenso. Y aquí empieza lo interesante.

La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, es socialdemócrata y lleva años liderando una política migratoria que dejaría boquiabierta a buena parte del centroizquierda italiano. Tras lo ocurrido en Ceuta, afirmó que la Unión debe barajar todas las opciones, incluida la suspensión de la cooperación Schengen. Donald Tusk, uno de los símbolos del europeísmo liberal y, desde luego, no un aliado ideológico de Meloni, ha reforzado los controles en las fronteras polacas y gobierna un país que ha construido 186 kilómetros de valla de acero contra la presión procedente de Bielorrusia. La Suecia del moderado Ulf Kristersson repite que «2015 no debe repetirse». La Alemania de Friedrich Merz quiere volver a aplicar el principio de Dublín con mayor rigidez. Si esto es extremismo, evidentemente el extremismo se ha apoderado de casi todo el continente.

Il Fatto descubre que la derecha y la izquierda ya no son tan diferentes

Incluso Il Fatto Quotidiano se ve obligado a constatar el fenómeno, señalando que, en lo que respecta al cierre de las fronteras, «la diferencia entre la derecha y la izquierda ya casi no existe». La explicación propuesta es previsible: campañas electorales, auge de la derecha radical, gobiernos moderados obligados a seguir el ritmo de los populistas. Por supuesto, el factor electoral existe. Pero utilizarlo como explicación universal significa, una vez más, confundir el efecto con la causa. ¿Por qué la derecha radical crece precisamente en torno a la cuestión migratoria? ¿Por qué los gobiernos socialdemócratas, liberales y conservadores se ven obligados a endurecer progresivamente sus políticas? ¿Por qué Suecia recuerda obsesivamente el año 2015, Polonia construye muros, Dinamarca restringe el asilo e incluso la Francia de Macron intensifica los controles? Quizás porque millones de europeos, simplemente, han cambiado de opinión tras observar durante diez años las consecuencias políticas, sociales y de seguridad de las migraciones masivas.

Atribuir cada cambio de rumbo a la «presión de la extrema derecha» permite eludir el hecho más sencillo: la antigua política migratoria europea ha perdido consenso porque ha generado problemas reales. No ha sido Marine Le Pen quien los haya inventado, ni tampoco la AfD. Del mismo modo que no han sido Giorgia Meloni y su Gobierno quienes han inventado la crisis de Ceuta. Pero, sobre todo, no ha sido la propaganda italiana la que ha convencido a veintidós gobiernos europeos de que firmen una carta contra la gestión española de la frontera.

Incluso quienes defienden a Madrid quieren fronteras y límites más fuertes

La paradoja resulta aún más evidente al observar el pequeño frente que se ha negado a aislar a Sánchez. Francia, Portugal, Irlanda y Luxemburgo no han firmado la carta de los 22. Pero ninguno de estos gobiernos sostiene que las fronteras deban permanecer abiertas o que el control de la inmigración sea una obsesión soberanista. Dublín ha pedido una respuesta europea común para proteger las fronteras exteriores de la inmigración ilegal. París ha reforzado la presencia policial en la frontera española. Incluso Macron, que sin duda no quiere acabar con Schengen, debe aceptar que las fronteras exteriores pueden defenderse. Esta es la verdadera transformación que se ha producido en Europa. El debate ya no se centra en quién quiere controlar las fronteras y quién no. Se trata cada vez más de quién debe controlarlas, con qué instrumentos y hasta qué punto es posible suspender la libre circulación cuando la frontera exterior se ve desbordada. Y, por ahora, ésa es una diferencia enorme.

Durante treinta años, una parte importante de la clase dirigente europea ha afirmado que la libre circulación podía separarse de la soberanía territorial. Schengen habría sido el símbolo de un continente finalmente liberado de las antiguas fronteras nacionales. Pero Schengen funciona precisamente con una condición: que alguien controle seriamente el perímetro exterior. Cuando ese control falla, los Estados vuelven inevitablemente a fijarse en sus propias fronteras. Porque, a pesar de todo, la soberanía territorial es una función del Estado antes incluso de ser una postura ideológica. Si decenas de miles de personas pueden cruzar una frontera exterior en pocas horas, si un tercer Estado puede relajar deliberadamente los controles y utilizar esa presión como instrumento diplomático, si los movimientos secundarios obligan a los demás países europeos a reaccionar, entonces el problema existe independientemente del color político de quienes gobiernan.

No se trata sólo de Roma, sino de toda Europa

Por eso, tras una semana de lecciones sobre la histeria italiana, el panorama europeo adquiere tintes casi cómicos. Meloni suspende temporalmente algunos mecanismos automáticos de Schengen y se le acusa de haber convertido Ceuta en propaganda electoral. A continuación, España introduce controles frente a Italia. Veintidós gobiernos firman una carta contra Madrid. La Dinamarca socialdemócrata propone incluso valorar la suspensión de la cooperación de Schengen. Francia, Irlanda y Portugal defienden a Sánchez, pero exigen, no obstante, fronteras exteriores más sólidas. Evidentemente, la pregunta planteada por Roma se ha convertido en la pregunta de toda Europa: ¿quién controla la frontera? Y es una pregunta a la que eslóganes como «acogida», «solidaridad» y «libre circulación» ya no pueden responder.

La crisis de Ceuta ha producido, por tanto, un resultado que va mucho más allá del enfrentamiento entre Italia y España. Ha demostrado que el antiguo compromiso ideológico sobre la inmigración se está desmoronando. Socialdemócratas, populares, liberales y soberanistas pueden seguir discutiendo sobre las soluciones, las repatriaciones, las cuotas y Schengen. Pero ya casi nadie se atreve a sostener seriamente que una frontera abierta sea, en sí misma, una virtud. Durante años nos han explicado que sólo la derecha estaba obsesionada con las fronteras. Tras lo ocurrido en Ceuta, ha bastado una semana para descubrir que, cuando la frontera se ve realmente desbordada, el problema nos afecta a todos.

El banderillero que presagiaba la muerte / por Pedro Casado Martín

 '..fue el peón de confianza del gran José, y con él, tuvo este primer episodio de vaticinio. En Talavera de la Reina, el fatídico 16 de mayo de 1920, a la hora de hacer el paseíllo “Blanquet” estaba visiblemente nervioso, por lo que le comento a su compañero de cuadrilla Enrique “El Almendro”, primo hermano de Gallito, que percibía un fuerte olor a cera..'

El banderillero que presagiaba la muerte

El mundo del toro está lleno de anécdotas, curiosidades y leyendas que han servido para engrandecer algunas épocas y/o a determinados personajes, pero una de las más curiosas es la que va unido al que muchos aseguran que ha sido el mejor banderillero de la historia: Enrique Berenguer “Blanquet”. Dos fueron los matadores a los que acompañó que perdieron la vida en el ruedo, y en las dos ocasiones, un suceso que podríamos considerar de paranormal, fue percibido por el banderillero. Hasta en su propia muerte, dicen algunos testigos que pasó. Vamos a conocer la historia…

UNO DE LOS MEJORES BANDERILLEROS DE LA HISTORIA

Antes de contar el extraño don que poseía el banderillero, me gustaría destacar algunos puntos de su vida, pues no es de extrañar que esté considerado como uno de los banderilleros más completos y famosos de la extensa historia taurina. «Blanquet», natural de la ciudad de Valencia y nacido en el año 1881, como tantos otros, intentó ser matador, sin suerte. De su época torera, hay que decir, por la curiosidad del dato, que montaba el estoque con la mano izquierda, porque era zurdo.

Ya en su carrera como banderillero, actuó con tres toreros de primera línea (además de en otras cuadrillas de menor rango), siendo el peón de confianza de los tres: el gran José Gómez Ortega “Gallito”, Manuel Granero e Ignacio Sánchez Mejías. Era un dominador absoluto de la suerte, un avanzado a su tiempo y con unos conocimientos delante de la cara del toro casi incomparables. Como un claro ejemplo de su solvencia y de la confianza que depositaron en él sus “jefes”, decir que Joselito en más de una ocasión compartió suertes con él, poniéndose incluso a sus órdenes. La poeta Gabriela Ortega, llegó a decir de él, que lo suyo era estar y no estar en la plaza. Dejarse ver cuando es necesario y desaparecer en su momento.

Según citan algunos autores en cuanto a su mote, lo cierto es que, cuando empezó a torear, formando parte de una Cuadrilla de Niños Valencianos, representada por don Ventura Espí, éste le impuso el nombre de «Blanquito», como eco del entonces renombrado banderillero Manuel Blanco; pero, al cabo de pocos años, los carteles ya anunciaban al banderillero con la forma diminutiva valenciana, quedando para la posteridad.

Falleció debido a un ataque al corazón en 1926.

“Blanquet”, vestido de calle (Vía blog “Los toros dan y quitan”)
EL OLOR A CERA

Sobre su biografía y tardes memorables, se podría escribir un buen número de páginas, pero es momento de hablar del don sobrenatural (y nefasto) que acompañó a su figura: presagiar la muerte cuando percibía un extraño olor
 a cera.

Como he comentado anteriormente, fue el peón de confianza del gran José, y con él, tuvo este primer episodio de vaticinio. En Talavera de la Reina, el fatídico 16 de mayo de 1920, a la hora de hacer el paseíllo “Blanquet” estaba visiblemente nervioso, por lo que le comento a su compañero de cuadrilla Enrique “El Almendro”, primo hermano de Gallito, que percibía un fuerte olor a cera, e incluso, pensando que se trataba de un mal presagio, intentó persuadir a Joselito de que no toreara. A medida que avanzaba la lidia, el olor se hacía más y más fuerte y, cuando saltó el quinto toro al ruedo, fue ya casi inaguantable. Podrá ser casualidad, pero el quinto toro, de nombre “Bailaor”, propinó una cornada mortal al Rey de los Toreros que acabó con sus sueños.

Dicen que el banderillero valenciano tuvo ese pensamiento en la cabeza de forma recurrente y, poco tiempo después, cuando entró en la cuadrilla de su paisano Manuel Granero, estaba siempre atento por si le aparecía el olor antes de algún festejo y así avisar a su matador del peligro que le acechaba. Dos años después, el 7 de mayo de 1922, Granero toreaba en Madrid y, camino de la plaza, el diestro ordenó parar el coche de caballos para entrar en la casa de fotografías de Kaulak y hacerse unos retratos. Blanquet, mientras subían al estudio, le comentó a su compañero de cuadrilla “el Mella”, que olía mucho a cera, y que podría otra vez una mala señal. Intentó advertir al torero, pero haciendo caso omiso, fue a la Plaza. Desgraciadamente, aquella tarde Manuel Granero recibía una de las más terroríficas cornadas de la historia de la tauromaquia por el toro Pocapena del duque de Veragua y moría brutalmente en el ruedo.

“Blanquet” se tapa la cara, horrorizado, mientras se llevan el cuerpo ya inerte de Manuel Granero a la enfermería (Baldomero)

Desde ese momento, el banderillero horrorizado por ese extraño don que desconocía su procedencia y para no sufrir más ni hacer sufrir a sus compañeros, decidió cortarse la coleta y abandonar el ruedo para dedicarse a otros negocios.

Sin embargo, poco tiempo después, el literario matador de toros Ignacio Sánchez Mejías, convenció al valenciano para que volviera a los ruedos. Así llegamos al último episodio de esta historia, que ocurrió al 15 de agosto de 1926, en una corrida de toros en la Maestranza de Sevilla.

Cuentan que estando en el callejón, Blanquet, se pone muy alterado pues vuelve a oler a cera, llegando a producirse un pequeño altercado, al tratar el banderillero de impedir que salga al ruedo su matador, con el fin de protegerlo. Una vez más, el torero hace caso omiso de las advertencias del banderillero y sale al ruedo, transcurriendo con normalidad toda la lidia y terminando el festejo sin ningún incidente. El resto de la cuadrilla, se mofan del ya mayor peón y le acusan de ser un supersticioso y un miedoso.

Pero un último hecho, le dará la razón al banderillero para siempre: viajando en el tren camino del compromiso que tenían al día siguiente, Blanquet sufre un ataque al corazón y cae muerto en el trayecto. Había profetizado su propia muerte.

Joselito y su cuadrilla, “Blanquet” el primero por la izquierda / Toreteate.com

De los indultos (va de toros) / por Lope Morales Arias

 '..Hay quien quiere facilitar o “democratizar” la concesión del indulto y hay quien piensa que estamos ante un problema de “indultitis”. Por eso existen los reglamentos que tienen que cumplir los presidentes, muchas veces bajo la presión del público y de los mismos profesionales del sector taurino que -paradójicamente- son los que, antes que nadie, los aprueban..'

DE LOS INDULTOS 
(va de toros)

Lope Morales Arias
Diario Jaén.-
Tanto en los toros como en lo que no son los toros, lo de los indultos está a la orden del día. Y quizá por eso no esté de más detenerse un momento en el significado de una palabra que, lo que es en el ruedo, tiene un sentido muy preciso. Del desuso o del abuso que se haga del mismo en las plazas de toros -o en el BOE, que esa otra en la que no vamos a entrar- se puede discutir y se discute, pero en ambos espacios las normas que lo regulan son bastante claras. Según el reglamento -taurino me refiero- se trata de una medida excepcional cuyo objeto es preservar la raza y la casta de la cabaña brava y mejorar sus cualidades para la lidia. Por eso, al posible semental -que luego tiene que “ligar” porque no es lo mismo embestir que padrear- se le exige que haya tenido un comportamiento excepcional en todos los tercios de la lidia.

Que un toro embista bien en la muleta, que tenga clase, nobleza, recorrido, fijeza y que pueda ayudar a construir una gran faena es algo digno de celebrar y de premiar. Pero la bravura como tal se mide fundamentalmente en la suerte de varas, porque es allí donde el toro la demuestra. “Como el toro me crezco en el castigo...” Esa es la clave que Miguel Hernández cantaba y que, por cierto, también a Jaén le reclamaba. Al toro bravo se le exige además una actitud especial, la codicia. Repetición, la llaman ahora. La codicia, que en el hombre suele ser un defecto y que no deja de estar de moda, en el toro es una virtud. Quiere embestir más, acude y repite al caballo, vuelve una y otra vez a los engaños, no se rinde y va de frente, siempre a más. Eso hace a un toro merecedor de premios y ovaciones, sin que necesariamente deba ser indultado, muriendo dignamente en la plaza con todos los honores. Pero una cosa es reconocer su bravura y otra decidir si sus cualidades son tan excepcionales que merece incorporarse a funciones reproductoras. 

En este asunto, opiniones las hay para todos los gustos. Hay quien quiere facilitar o “democratizar” la concesión del indulto y hay quien piensa que estamos ante un problema de “indultitis”. Por eso existen los reglamentos que tienen que cumplir los presidentes, muchas veces bajo la presión del público y de los mismos profesionales del sector taurino que -paradójicamente- son los que, antes que nadie, los aprueban.

Ocurre a veces en el ruedo que, a la nueva tendencia a esconder la muerte -o a no querer verla en directo- se suma la intolerable falta de pericia de matadores y puntilleros para llevarla a cabo con la debida eficacia y rapidez. Coincidiendo así, al mismo tiempo, públicos que no quieren ver morir, con toreros que no quieren entrar a matar por si le sale mal. Y hasta el ganadero, viéndose así premiado, aunque el toro no le acabe de gustar, aceptaría gustoso la decisión presidencial. Si todo esto queremos adornarlo además con un toque de aparente humanidad, estamos abriendo la puerta a la vieja cuestión de porqué los toros se tienen que matar. Humanizar la Fiesta no se iba a conseguir evitando la muerte, porque la tauromaquia es humana precisamente porque no la esconde. Eliminar la muerte del toro y el riesgo de muerte del torero dejaría sin sentido un rito ancestral cargado de valores morales. “Como el toro he nacido para el luto y el dolor… como el toro”. La frase dicha hoy día puede resultar incómoda, pero quizá por eso mismo conserve tanta fuerza.

Lope Morales Arias
Presidente Federación Taurina de Jaén
Jaén, España

Don Lope Morales, presidente de Festejos Taurinos de Jaén

12 argumentos a favor de los toros en Cataluña / por Andrés Amorós

Una de las pancartas que se vio en la Monumental de Barcelona en una de sus últimas corridas / EFE

Conclusión: ¿Cómo calificamos a una sociedad en la que, por miedo, no se puede hacer algo perfectamente legal? Elija el lector el adjetivo. A esa situación hemos llegado…

12 argumentos a favor de los toros en Cataluña

1.En contra de lo que muchos suponen, no están prohibidos hoy los toros en Cataluña. A ese nivel llega la tendenciosa desinformación.

2. El 28 de julio de 2010, la Generalidad prohibió las corridas de toros en Cataluña. El Gobierno tripartito (PSC, ERC, ICV) lo presidía el socialista José Montilla, conocido aficionado.

3. Los socialistas catalanes mintieron: aseguraron que se opondrían a la prohibición y, en el último momento, no lo hicieron, para que la prohibición saliera adelante.

4. No es cierto el motivo que alegaron de proteger a los animales. La prueba: se blindaron los correbous, por ser catalanes, aunque sean menos respetuosos con el animal.

5. La razón verdadera se escuchó en la discusión parlamentaria catalana: se prohibieron las corridas «porque huelen a España». Era un peldaño más (simbólico pero importante) en el camino hacia la independencia de España.

6. Es un hecho histórico indiscutible que Cataluña sí ha sido taurina. Están atestiguados allí festejos taurinos desde fines de la Edad Media. En Barcelona hubo tres plazas. La temporada taurina catalana competía en número de corridas y en importancia con la madrileña. Ha habido grandes toreros catalanes como Mario Cabré y Joaquín Bernadó, además del fenómeno popular Chamaco. Catalán fue el principal empresario, Pedro Balañá, estudiado por Josep Guixá; catalán, uno de los mejores tratadistas de la Fiesta, Néstor Luján; catalanes, grandes aficionados como Albert Boadella, Joan Serrat y Salvador Balil. Ídolo de Cataluña fue José Tomás…

José Tomás, de negro y oro, a hombros tras la última corrida de toros de la Monumental de Barcelona (25 de septiembre de 2011)EFE

7. Luis María Gibert, presidente de la Federación de Entidades Taurinas de Cataluña, puso en marcha una Iniciativa Legislativa Popular en favor de la Fiesta que logró reunir más de 500.000 firmas.

8. En su discusión, en el Senado, la representante de Convergencia me contestó que a su Partido no le preocupaba el toro ni el espectáculo: lo que querían impedir es que el Estado central pudiese legislar algo que, en Cataluña, fuese de obligado cumplimiento. (Puede leerse en el Diario de Sesiones).

9. El 28 de octubre de 2010, el Partido Popular presentó un recurso de inconstitucionalidad contra la prohibición. El Tribunal Constitucional lo aceptó por tres razones: porque invade la competencia estatal de regular el patrimonio cultural español, porque vulnera las libertades fundamentales y porque infringe el principio de libre mercado.

10. La Ley 18/2013, del 12 de noviembre, incluye la Tauromaquia como patrimonio cultural digno de protección en todo el territorio español. La Ley 10/2015, del 26 de mayo, declara que forma parte de nuestro Patrimonio Cultural Inmaterial.

Imagen panorámica de la Plaza de Toros la Monumental de BarcelonaEFE

11. En la Plaza de toros de Barcelona podría anunciarse mañana mismo una corrida de toros: se conserva en buen estado y se trata de un espectáculo legal, culturalmente protegido por Ley.

12. La única razón de que no se celebren corridas es que el empresario de la Plaza no se atreve: le pondrían trabas burocráticas, perjudicaría al resto de sus negocios y podría haber problemas de orden público.

Conclusión: ¿cómo calificamos a una sociedad en la que, por miedo, no se puede hacer algo perfectamente legal? Elija el lector el adjetivo. A esa situación hemos llegado…

miércoles, 12 de agosto de 2026

EL HOMBRE QUE YA HABÍA MUERTO UNA VEZ / El terror de ETA


ETA trató de matar a Demetrio Lesmes por primera vez el 15 de julio de 1975.  Tres etarras esperaban al guardia jurado, de 55 años, en una rotonda de Hernani dentro de un coche robado.

Hernani (Guipúzcoa). 8 de agosto de 1975

EL HOMBRE QUE YA HABÍA MUERTO UNA VEZ

Hay personas a las que la muerte visita dos veces.
La primera no dispara.
Solo se sienta a su lado.
Les susurra al oído que llegará cualquier día.
Y desde ese instante dejan de vivir con tranquilidad para empezar a sobrevivir.

Demetrio Lesmes Martín llevaba semanas conviviendo con esa sombra.

Tenía cincuenta y cinco años. Había nacido en Sotoserrano, un pequeño pueblo salmantino, pero llevaba casi tres décadas construyendo su vida en Guipúzcoa. 

Desde 1946 trabajaba en Aceros y Fundiciones del Norte, de la empresa Orbegozo. Era guarda jurado, un empleo discreto que desempeñaba con la seriedad de quien entendía el trabajo como una obligación y no como una bandera política.

En casa lo esperaban su mujer y sus tres hijas.

Ellas nunca llegaron a comprender por qué alguien podía querer matar a un hombre como su padre.

Ni él mismo lo entendía.

Pero sabía que ocurriría.

Porque el miedo tiene una forma extraña de anunciarse.

No siempre llega de golpe.

A veces va dejando señales.

Amenazas anónimas.

Miradas demasiado largas.

Silencios incómodos.

Nombres que desaparecen.

Demetrio denunciaba las amenazas ante la Guardia Civil, aunque en el fondo sabía que aquellas denuncias difícilmente detendrían a quienes ya habían pronunciado su sentencia.

Cuando ETA asesinó al conductor de autobuses Carlos Arguimberri y, poco después, al taxista Francisco Expósito, comentó con sus compañeros una frase que heló el ambiente de la fábrica.

—Esos se van acercando.

No hablaba por intuición.

Hablaba porque conocía la lógica del terror.

Sabía que la lista avanzaba.

Y presentía que su nombre estaba escrito en ella.

El 15 de julio de 1975 la muerte llamó por primera vez.

Aquella noche se dirigía en coche a la fábrica para incorporarse al turno de las diez cuando un vehículo comenzó a seguirlo.

Al llegar a la entrada de Orbegozo, desde las ventanillas surgieron los destellos de una pistola y una metralleta.

Los disparos desgarraron la oscuridad.

Demetrio reaccionó por puro instinto.

Se lanzó al suelo.

Las balas atravesaron el aire donde un segundo antes estaba su cuerpo.

Sobrevivió.

Milagrosamente.

Muchos le dijeron que había vuelto a nacer.

Él nunca compartió aquella alegría.

Porque comprendió algo terrible.

No habían fallado.

Solo lo habían aplazado.

Los mismos hombres regresarían.

Y no dejarían escapar una segunda oportunidad.

Veinticuatro días después, el 8 de agosto, el reloj marcaba poco después de las dos y veinticinco de la tarde.

El calor del verano envolvía las calles del barrio de La Florida, en Hernani.

Demetrio regresaba andando del trabajo.

Había terminado su jornada.

Su casa estaba apenas a doscientos metros.

Dos minutos más.

Quizá menos.

La distancia que separa la rutina de la tragedia puede medirse en unos pocos pasos.

Dos individuos caminaron hacia él.

Lo saludaron.

Intercambiaron unas palabras.

Nadie sabe cuáles fueron.

Tal vez no importaban.

Porque aquellas frases solo servían para detenerlo el tiempo suficiente.

Uno de ellos sacó una pistola.

Tres disparos.

Demetrio cayó al suelo gravemente herido.

Entonces intervino el segundo.

Extrajo una metralleta.

Y descargó sobre el hombre tendido una lluvia de fuego.

Una ejecución.

No un atentado.
No buscaban asegurarse.

Buscaban destruir.

Los disparos resonaron por todo el barrio.

Varios compañeros de la fábrica corrieron hacia el lugar.

Todavía respiraba.

Entre varios lo levantaron con desesperación y detuvieron un coche para llevarlo al ambulatorio de Hernani.

Cuando llegaron descubrieron que estaba cerrado.

Aquel edificio, que debía representar la esperanza, era una puerta clausurada.

Sin perder un segundo emprendieron camino hacia la Residencia Nuestra Señora de Aránzazu, en San Sebastián.
Fue inútil.

Demetrio ingresó cadáver.

Mientras tanto, los asesinos escapaban en un Morris robado semanas antes en San Sebastián, donde un tercer miembro del comando los esperaba con el motor en marcha.

La maquinaria del crimen funcionaba con precisión.

La del auxilio dependía del azar.

Su asesinato no fue improvisado.

Fue la culminación de una persecución cuidadosamente preparada.

Habían fracasado una vez.

Volvieron para terminar el trabajo.

Así actuaba ETA.

No olvidaba.

No renunciaba.

Esperaba.

Y regresaba.

Demetrio nunca dejó de pensar que lo matarían.

Su tragedia no comenzó el día de los disparos.

Comenzó mucho antes, cuando comprendió que alguien había decidido convertir su vida en un plazo de ejecución.

Es difícil imaginar un castigo más cruel.

No solo le arrebataron la existencia.

Le robaron las últimas semanas de paz.

Cada vez que salía de casa miraba alrededor.

Cada coche que reducía la velocidad podía esconder a sus verdugos.

Cada ruido inesperado aceleraba el corazón.

Vivía condenado por una sentencia que nadie había dictado en un tribunal.

Solo una organización que se creía dueña de la vida ajena podía decidir quién merecía morir.

Al día siguiente, Hernani despidió a Demetrio en la parroquia de San José Obrero.

Su esposa caminó detrás del féretro sostenida por sus hijas, tres jóvenes de veinticinco, veinte y dieciocho años que acababan de descubrir que el odio también podía quedarse a vivir dentro de una familia.

Entre los asistentes se encontraba el presidente de la Diputación de Guipúzcoa, Juan María Araluce Villar.

Un año más tarde, el 4 de octubre de 1976, ETA también lo asesinaría.

Era como si la muerte caminara por delante del cortejo, escogiendo ya a sus próximas víctimas.

Porque aquel verano de 1975 el terror no perseguía únicamente a hombres concretos.

Perseguía una idea mucho más ambiciosa.

Que todos comprendieran que cualquiera podía ser el siguiente.

Y cuando una sociedad empieza a vivir esperando el próximo asesinato, los asesinos ya han conseguido una parte de su victoria.

Demetrio Lesmes lo supo antes que nadie.

Por eso, cuando dijo a sus compañeros «pronto vendrán a por mí», no estaba haciendo una predicción.

Estaba leyendo la sentencia que otros habían escrito mucho antes.

Y, desgraciadamente, no se equivocó.


DOCUMENTAL "BAJADA DE BANDERA,
 la historia de los taxistas asesinados por ETA"

No todas las noticias son buenas / por Antolín Castro


'..Lamentable también lo sucedido con el percance de Sebastián Castella en Vauvert (Francia). El propio diestro francés denuncia la atención recibida y los protocolos existentes en la Francia taurina para con los toreros..'

No todas las noticias son buenas

Antolín Castro
Opinión y Toros / Madrid 12 Agosto 2026
La pasada semana nuestras letras iban dirigidas a una serie de noticias buenas en el mundo del toro.

Lamentablemente, ahora cuando escribo, he de describir otras noticias que no pueden calificarse de buenas, incluso alguna hay que calificarla de muy mala.

En el ruedo y fuera de él han sucedido cosas que hay que lamentar, dado que van en contra de la ética y la seguridad de los toreros.

Empezaré por esa corrida de Candiles celebrada en Marbella el pasado viernes. Se ha publicitado como una gran tarde, aun siendo de noche, pero aquello fue un bochorno para la propia Fiesta. Una falta de respeto a la integridad y autenticidad que deben presidir las corridas de toros.

Es decepcionante que se extienda el triunfalismo desde el propio colectivo de los toreros, cuando deberían ser ellos los que pusieran coto a tan pobre espectáculo. Todo sería muy bonito, pero en la plaza no se celebró una corrida de toros, sino una cuasi becerrada. Los toros de Cayetano Muñoz ofrecieron la imagen de pobretones novillos carentes de todo.

Toreros en el ruedo y toreros como empresa. Ambos regocijándose de tanta pobreza bovina. Si esa es la idea de lo que todos ellos defienden en cuanto a la presentación del toro, aun siendo plaza de tercera, el respeto debido a la propia fiesta es nulo. Es más, si se esgrime lo de tercera, hemos de aclarar que en el fútbol se televisa la primera y la segunda división. No es serio ofrecer esas imágenes de ‘tercera’. Si eso es lo que quieren exhibir, limítense a televisar solo en plazas serias, no hagan pasar vergüenza ajena. El fútbol no se sostiene televisando partidos de regional.

Lamentable también lo sucedido con el percance de Sebastián Castella en Vauvert (Francia). El propio diestro francés denuncia la atención recibida y los protocolos existentes en la Francia taurina para con los toreros. No es la primera vez que se pone de manifiesto estas carencias que aparecen tras percances de los toreros, pero esta vez ha sido la máxima figura francesa quien lo ha puesto de manifiesto.

Un peregrinar por la enfermería de la plaza, el traslado al hospital de Nimes, donde tampoco hubo diligencia, y un acudir por su cuenta hasta Zaragoza para ser atendido correctamente por el Dr. Vall-Carreres. Esos protocolos hay que revisarlos y estamos seguros de que con Castella, y su denuncia, al frente es el momento de hacerlo.

Por último, quiero hacerme eco de la noticia que nos ha entristecido a todos recientemente. Siendo mala es la más triste y seria de todas. El gran empresario taurino Maximino Pérez ha desvelado que padece el ELA. Un empresario modélico que ha puesto la feria de Cuenca en el mapa a través de su gran trabajo y gestión en las últimas décadas. Vaya para él nuestro apoyo incondicional.

Feria de Otoño 2026: El regreso de Morante, la confirmación de Marco Pérez y la ausencia de Roca Rey marcan el ciclo madrileño.

 

La presencia de Morante termina de dar forma a una Feria de Otoño que apuesta por reunir en Las Ventas distintas expresiones de la tauromaquia, desde la exigencia de hierros como Victorino Martín y Adolfo Martín hasta la presencia de figuras y la promoción de nuevos nombres.

Feria de Otoño 2026: El regreso de Morante, la confirmación de Marco Pérez y la ausencia de Roca Rey marcan el ciclo madrileño.

Morante de la Puebla volverá a hacer el paseíllo en la plaza de toros de Las Ventas el próximo 12 de octubre, después de comunicar a la empresa Plaza 1 su decisión de regresar a Madrid y despejar así la última gran incógnita del abono de la Feria de Otoño.

El torero de La Puebla del Río será uno de los grandes protagonistas del cierre del ciclo y lidiará una corrida de Garcigrande junto al mexicano Héctor Gutiérrez, triunfador de la Copa Chenel, y Aarón Palacio, quien confirmará su alternativa en una fecha especialmente señalada del calendario taurino.

Con la incorporación de Morante, Plaza 1 completa una Feria de Otoño que combina diferentes conceptos del toreo y reúne figuras, toreros de corte torista y jóvenes valores.

El ciclo arrancará el 1 de octubre con una novillada de El Retamar para El Mene, Nacho Torrejón y Mario Vilau, finalistas del certamen «Cénate Las Ventas».

El 2 de octubre, los toros de Alcurrucén serán lidiados por Diego Urdiales, Fortes y Mario Navas, quien confirmará su alternativa.

Para el 3 de octubre está anunciada una corrida de Victoriano del Río para Emilio de Justo, Víctor Hernández y Marco Pérez, que también confirmará alternativa.

El 4 de octubre llegará una de las citas de mayor contenido ganadero del ciclo, con toros de Victorino Martín para Uceda Leal, Paco Ureña y Borja Jiménez.

El 10 de octubre, el novillero Álvaro Serrano protagonizará una encerrona en solitario ante reses de distintas ganaderías.

Un día después, el 11 de octubre, Antonio Ferrera y Román se enfrentarán mano a mano a una corrida de Adolfo Martín.

Finalmente, el 12 de octubre, Morante de la Puebla regresará a Madrid para cerrar el abono junto a Héctor Gutiérrez y Aarón Palacio, frente a los toros de Garcigrande.

La presencia de Morante termina de dar forma a una Feria de Otoño que apuesta por reunir en Las Ventas distintas expresiones de la tauromaquia, desde la exigencia de hierros como Victorino Martín y Adolfo Martín hasta la presencia de figuras y la promoción de nuevos nombres.