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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 24 de marzo de 2026

Valencia.- División en el palco / por Carlos Bueno


'..Valencia necesita un rigor definido. Si debe ser más condescendiente o más exigente es cuestión que puede debatirse, pero todos los equipos presidenciales han de ir en la misma dirección..'

CAPOTAZO LARGO
División en el palco

Por Carlos Bueno
La decisión de la presidenta de no otorgar una oreja formó un lío monumental. Sucedió en la plaza de toros de Valencia el 18 de marzo, cuando el palco le negó un apéndice a Tomás Rufo de su segundo astado. Fue ésta labor de más mérito que lucimiento, de gran disposición, de demostración de capacidad, de seguridad y de mando, que no es poco. Además, desde mi ubicación pareció que la estocada cayó en buen sitio. La petición no se hizo esperar y fue sonora, más a base de silbidos y gritos que de forma visible, como indica el Reglamento. En las circunstancias que concurrían y atendiendo al precio al que se habían puesto los trofeos los días anteriores, personalmente no hubiera aguantado la presión y habría concedido la oreja.

Pero en esto cada cual tiene su juicio, debiendo siempre imperar el respeto, el diálogo y el entendimiento. Porque la tauromaquia siempre fue eso, distintos puntos de vista y gustos, diferentes enfoques y razonamientos. También discusión y polémica, pero, por encima de todo, conversación y tertulia. Los insultos, las descalificaciones y los desprecios no deberían acompañar al arte del toreo, tradicionalmente una cultura tolerante y modélica.

La tarde de los hechos, el coso valenciano registró una gran entrada de público gracias, en parte, a la iniciativa de la empresa gestora de regalar entradas a comisiones falleras, consistorios y asociaciones. Sin entrar a valorar tal decisión, que podría ser defendible por cuestiones de imagen y ambiente, la medida dio como resultado la ocupación de los tendidos por numerosos espectadores advenedizos. Bienvenidos sean porque seguro que alguno de ellos acaba aficionándose. Sin embargo, por otra parte, hay que convenir que este tipo de concurrencia rebaja la exigencia de cuanto se realiza en el ruedo y, además, desconoce normas elementales de la liturgia del toreo, de ahí que muchos solicitaran las orejas a base de chillidos y pitidos y no flameando pañuelos o almohadillas, que todo vale para la petición.

¿Había mayoría? Atendiendo al bullicio sí, recontando moqueros y cojines no. ¿Qué hacer en tal caso? División de opiniones. Unos piensan que no y otros que sí, entre ellos, lógico, el matador. Lo que no debió hacer el torero fue repudiar de manera provocadora el apéndice que sí que le fue concedido en el siguiente toro. La humildad, compostura y tolerancia siempre han de imperar sobre el albero, y el buen ejemplo de los protagonistas es fundamental.

Bajo mi punto de vista, la actuación de Tomás Rufo no admite discusión en cuanto a compromiso, oficio, valor, autoridad, temple, profundidad… y estoy convencido de que, si hubiese actuado otra tarde, con otra presidencia, su botín hubiera sido distinto. Y ese es el problema. Al palco de la capital del Turia le falta unificar juicios y conceptos. No tienen el mismo valor los trofeos de un día que el de otro. A pesar de que este año se ha subido un peldaño en seriedad y homogeneización, sigue sin premiarse del mismo modo el resultado de las faenas ni la colocación de las estocadas según quien ocupe la lonja. Y eso no es bueno para la reputación de una plaza de primera categoría.

Valencia necesita un rigor definido. Si debe ser más condescendiente o más exigente es cuestión que puede debatirse, pero todos los equipos presidenciales han de ir en la misma dirección. Urge que, antes de la próxima feria, se produzca una reunión con todas las autoridades involucradas para buscar un consenso. Porque el dilema no es un juez u otro, tampoco un torero en concreto; el problema es la disparidad de criterios y la falta de personalidad que puede acabar provocando.

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