la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 8 de agosto de 2026

Donde se demuestra que la lidia del toro es incruenta / por José Carlos Arévalo


'..No hay, pues, lugar al debate. La ciencia no opina, prueba. Y en este caso, ha probado que el toro no sufre durante la lidia y persiste en su ataque porque su sistema neuroendocrino gestiona el dolor infligido por los útiles con poderosa e instantánea eficacia. Y punto. Está científicamente probado. No cabe la discusión..'

EN CORTO Y POR DERECHO
Donde se demuestra que la lidia del toro es incruenta

Por José Carlos Arévalo
La semana pasada quedó claro, en mi anterior artículo, que el toro no sufre durante la lidia. No por lo que aseveraba el viejo aficionado: “El toro bravo no se duele al castigo”. Afirmación empírica, avalada por el hecho de que, tras recibir un puyazo, si se le vuelve a colocar al toro frente al caballo, repite su embestida.

¿Por qué lo hace? ¿Para defender qué ideal? ¿Para proteger a su tropa? ¿Lo hace porque en el círculo cerrado del ruedo no le queda otra? Entonces, ¿por qué repite y repite su embestida cuando se le pica a campo abierto, con todas las posibilidades de huir?

De acuerdo, lo que opinaba el viejo aficionado era razonable. Pero una opinión, por razonable que sea, solo es una opinión. Más taxativa es la ciencia, que jamás opina: le basta con probar. Y eso fue lo que hizo la investigación del biólogo Fernando Gil Cabrera sobre las “variables neuroendocrinas del toro durante la lidia”, presentada en la Universidad Complutense de Madrid en el año 2013 y aprobada por la autoridad académica con la calificación cum laude.

No hay, pues, lugar al debate. La ciencia no opina, prueba. Y en este caso, ha probado que el toro no sufre durante la lidia y persiste en su ataque porque su sistema neuroendocrino gestiona el dolor infligido por los útiles con poderosa e instantánea eficacia. Y punto. Está científicamente probado. No cabe la discusión.

Esta semana toca demostrar que millones de españoles están equivocados cuando afirman que la corrida de toros es un espectáculo cruel y que, por tanto, esos millones de españoles que van a los toros disfrutan con la crueldad de la lidia.

Pero una cosa es lo que el antitaurino cree que sucede en el ruedo y otra muy distinta es lo que en realidad pasa. El antitaurino piensa que en el ruedo hay un victimario, el torero, y está en lo cierto, y por eso sabe que acepta gustoso el nombre de matador. Pero también piensa que en el ruedo, frente al matador, hay una víctima, el toro.

Y al respecto, no es que se equivoque. Es que designar al toro como víctima contradice todo lo que este hace desde que sale por el toril: ser un desatado emisor de violencia, cuyo receptor es precisamente su victimario. Una evidencia incuestionable, pues para torear es ineludible asumir toda, absolutamente toda la violencia del toro. En cada lance, en cada pase. Ya sean estos ejecutados con prudencia o con valor.

Y esta tesitura, que es la misma entraña del toreo, suscita una inevitable ley natural de solidaridad de la especie humana con su semejante en peligro, que actúa siempre porque siempre la lidia plantea esta expectante y abismal situación: “toro agresivo = hombre en peligro”.

Una ecuación que en toda lidia va de menos a más, pues a medida que el toro se atempera, las suertes se van tornando más comprometidas y peligrosas, de manera que no desaparezca jamás el equilibrio dramático entre el hombre y el toro, siendo la última suerte, la llamada suprema, la más potencialmente letal para el torero, quien para matar al toro ha de arrojarse sobre sus cuernos y, sin verlos, torearlos con su mano izquierda, mientras su derecha, armada con la espada, acaba con el fiero toro bravo y despeja el ruedo del peligro abismal propagado por ella, cuyo autor es su vituperado torero.

No hay sacrificio animal tan ético como el llevado a cabo por el torero, el único que, para ser llevado a cabo, exige a su autor, el hombre, jugarse la vida.

El gran error del inquisidor antitaurino consiste en considerar la lidia como un combate, cuando el toreo consiste en negar dicho combate, en convertir la inextinguible violencia del toro en la armonía cadenciosa del arte. De hecho, el toreo es el arte cuya más estricta función es transformar la violencia del toro en la cadencia inefable del toreo.

En el logro de esa fabulosa y temporal sumisión de la violencia a la armonía reside la fascinación provocada por el toreo. Así como la muerte del toro es el único final factible, el único que acaba con su inacabable violencia, con su sublime bravura.

Por desgracia, estos inobjetables argumentos de nada sirven al fanático antitaurino. El puritanismo siempre ha sido la manifestación más cerril de una causa perversa.

En el mundo se producen anualmente 60 millones de toneladas de carne bovina, lo que no me permite calcular cuántos millones de reses representa dicha cifra. Pero no me escandaliza que el número de animales sacrificados para el consumo aumente en proporción al crecimiento de la población humana. Sí me subleva el prudente silencio animalista para con las grandes corporaciones multinacionales que los financian.

Ahora vuelven a presentar la ILP, iniciativa legislativa popular, contra la tauromaquia desestimada el año pasado. ¿Por qué lo hacen? Saben que por estos pagos prolifera el tonto útil. ¿Por qué se admite? Mucho me temo que para ganar un debate parlamentario no hagan falta razones. Tener razón empieza a ser una ingenuidad. Como, por ejemplo, ingenuo es este artículo.

--Próxima entrega: ¿Quién es el torero y por qué se le oculta?

Las Ventas.Tercera corrida de toros del verano. Mansedumbre para una tauromaquia de aliño / por Pepe Campos


Bonifacio

Plaza de toros de Las Ventas, Madrid.
Jueves, 6 de agosto de 2026. Tercera corrida de toros del verano madrileño. 

Encierro de toros de José Enrique Fraile de Valdefresno (encaste Lisardo-Atanasio). Mal presentados. Nobles, mansos y renuentes. Flojos. Descastados. Primero, justo de presentación, veleto, flojo, noble que fue a más (manejable). Segundo, abierto de cuerna, flojo, sin fuerza, renuente, sin casta y rajado. Tercero, terciado, abanto, distraído, descastado. Cuarto, cornisucio, sin fijeza, remiso, descastado. Quinto, terciado, se le parte el pitón (cuerno) derecho en el peto, de pobre presencia. Sexto, terciado, distraído (de embestida incierta), descastado, se le parte el pitón izquierdo en el peto. Salieron sueltos de la segunda vara (primero, cuarto y sexto de las dos varas) y se dolieron en banderillas (de manera marcada del primero al cuarto). Un cuarto de entrada. Noche calurosa de comienzos de agosto.

Terna: Luis David Adame, de Aguascalientes (México); de blanco y plata; diez años de alternativa; tres festejos en 2025 (trece entre 2023 y 2026); silencio tras dos avisos y silencio tras un aviso. Alejandro Mora, Plasencia (Cáceres), de blanco y oro, con cabos blancos; tres años de alternativa; cuatro festejos en 2025 (doce festejos desde que tomó la alternativa); silencio y silencio. Alejandro Peñaranda, de Iniesta (Cuenca), de grana y oro, con cabos blancos; dos años de alternativa; siete festejos en 2025 (once festejos desde que tomó la alternativa); silencio tras un aviso y saludos.

Entre los tres matadores de toros de la noche de ayer sumaban treinta y seis festejos en los últimos cuatro años (2023-2026).

Suerte de varas: se les puso al caballo en la mayoría de las varas, se les tapó la salida y se les recetó metisaca (primero, tercero, quinto y sexto). Se acostaron en el caballo (primero, segundo y sexto). Se repucharon (segundo y sexto). En ocasiones las puyas cayeron detrás de la cruz, y, en otras, traseras (fundamentalmente, en el segundo encuentro). La suerte de varas del primero (el toro más manejable) fue llevada a cabo por Rubén Sánchez: en la primera fue puesto al caballo, el hierro cayó trasero, se le aplicó metisaca, suena el estribo y el toro se acuesta, se le tapa la salida, sale al capote pero en huida; fue colocado para la segunda vara, el hierro trasero y caído, metisaca, suena el estribo, se acuesta, para salir suelto. El único toro que empujó en el caballo fue el tercero, la suerte la ejecutó Pedro Pío García: fue puesto en suerte para el primer encuentro, el hierro cayó delantero, el toro besó el peto y empujó, se le tapó la salida y salió al capote; en la segunda, no hubo cuidado al ponerle, Pío García le aplicó un fuerte lanzazo, con metisaca, el hierro trasero, el astado cantó la gallina y se fue de naja.

Tercera corrida de toros del verano. Mansedumbre para una tauromaquia de aliño

POR PEPE CAMPOS
Los toros son un arte y los datos y la estadística sólo aparecen o se sacan a relucir cuando interesa (para resaltar la leyenda de los figurones del toreo, una especie de caracterización que suena a aparatoso, pomposo, majestuoso e indigesto); al servicio de los mandones (otra palabreja) del toreo, o (en denominación más sencilla) a las llamadas figuras del toreo, es decir, aquellos que torean muchas corridas todas las temporadas, una tras otra. Ahí está el escalafón (en internet) para consultarlo y sacar conclusiones. En definitiva: un considerable espectro de los matadores de toros actuales torean muchas corridas (podríamos decir que unos veinte matadores) y luego aparece una alargada sombra de toreros que torean muy poco. En principio es algo que se puede entender y que podría parecer normal. 

Pero, ante ello, hay que precisar que los que torean mucho son los mismos sujetos desde hace muchos años (décadas) y los que torean poco pudieran ser análogos individuos en esta situación de no ver un pitón de pascuas a ramos. Ahora bien, hay que matizar, pues no es así del todo, debido a que existe un elevado número de matadores (de los que torean poco) que se van retirando de la profesión y renuncian a la pelea; mientras que los que suman muchos contratos (de manera rutinaria) se mantienen en el tajo (desde que el siglo XXI ha visto su luz). 

Por lo tanto, tenemos que los que se retiran son los que no torean y los que se mantienen en activo sin planteamiento de retirada son los que copan la mayoría de los carteles. Es una dinámica que no cambia. En la que los empresarios taurinos (pueden ser ganaderos y apoderados, al mismo tiempo) no varían de actitud, sin generar un espacio de futuro para la fiesta de los toros (que dicen amar). De tal manera, el mundo de los toros a la altura de 2026 está ahíto de carteles similares, con los mismos nombres de siempre. Una realidad en la que ayuda el tipo de toro que se lidia hoy (al margen de Madrid), una clase de animal que no exige al torero, que no le aprieta, porque es noble y dulce, previsible, de comportamiento maquinal y cansino.

Anoche en la plaza de Las Ventas se lidió una corrida mansa y descastada, opuesta a cualquier tipo de parecido a toros de lidia bravos al uso, no porque fueran simplemente mansos (los astados mansos son muy interesantes) sino porque no tenían fijeza, en ellos estaba ausente la fuerza, no se crecían en la lidia, al contrario, se acobardaban, aunque hacían el simulacro de pasar por los engaños, de dejarse, sin mostrar peligro, sin sacar alma, ni dar la sensación de llevar una mínima porción de sangre brava o de bravura o de genética que les acerque al toro de lidia. El comportamiento de los toros de anoche (lisardos/atanasios) fue remiso, gallogallina, maquinal; se podría decir que eran nobles (no tiraron una mala cornada), pero sin atisbo de raza, de genio o de nervio; como si el tuétano se les hubiera sorbido en el mueco y habérsele sustituido por soma de literatura de ficción. Como un tipo de líquido que corriera por sus cuerpos que les aportara representación de toros bravos desposeídos de fiereza, alejados de la ferocidad y de la acometividad. Toros nobles, flojos, desrazados. De comportamiento morucho. A pesar de todo, mostraron aspereza que no obstante no pudieron defender, ni eso, ya que en las lidias se fueron alejando de la pelea, para rajarse y claudicar de su simulada y mentirosa condición brava. 

Pues bien, para lidiar esta corrida de toros (de José Enrique Fraile de Valdefresno) la empresa de Madrid eligió una terna de toreros muy poco placeados, algo que no ayudó a despachar con prontitud el encierro, pues tuvieron que entretenerse en el intento de torear, dada su situación de toreros fuera del sistema y en búsqueda de un triunfo. De haber sido lidiada por matadores experimentados (ya no existen en la parte baja del escalafón, el negocio taurino los ha expulsado y no los fomenta) los trasteos se hubieran reducido a iniciales pases de castigo, de mando y de poder, y si de ahí no salían los bóvidos ahormados (lo previsible) andarles con torería, machetearlos y matarlos por arriba en la suerte contraria. Fin de la historia.

Los matadores de ayer noche estuvieron, por su realidad, obligados a tener que cumplir con el sistema (o buscar la quimera de una luz de triunfo), y en la medida que intentaron torear fueron introduciéndose en la oscuridad de la mansedumbre y del descaste del linaje de los lisardos/atanasios. Cayeron en una trampa. Desde mi criterio su actuación fue digna, no brillante porque era imposible. 

Luis David Adame, en su primero, el toro más manejable del encierro, planteó la faena en los medios ante un astado que en el tercio le hubiera ayudado más (mansedumbre), le pasó de muleta con suavidad, el compás abierto y demasiadas pausas, alternó muletazos logrados con otros desvaídos; mostró más oficio que sus compañeros de cartel en actuación aseada, y afeada con el uso de la espada, con cuatro pinchazos, media caída en la suerte contraria y tres descabellos. En el cuarto de la noche quiso conducir a un astado rajado, que le permitía dar un muletazo decente mientras en el siguiente se le descomponía, alargó la faena y tardó en cuadrar, para matar en la suerte contraria, de un pinchazo sin preparar la suerte y, en tablas, de una estocada de recurso. 

Alejandro Mora, intervino en un buen quite a la verónica en el primer toro de Adame, en su primer toro mostró torería en los primeros compases ante un animal rajado; la renuencia del bóvido le pudo y le llevó a una labor deslucida; mató tras dos pinchazos y una estocada mal colocada en la suerte contraria. En el quinto, su labor no pudo ser valorada dada la imagen del toro con el pitón derecho partido, y con comportamiento descastado y sin fijeza; tuvo que abreviar, como colofón al deslucimiento; mató de estocada caída en la suerte natural. 

Alejandro Peñaranda, ante su primero inició su trabajo con dos pases de castigo, seguidos de dos suaves que no consiguieron ahormar al morlaco; le faltó contundencia y mando, es decir, oficio; quiso aplicarle suavidad a un toro basto que respondía con arreones; lo mató de un pinchazo y de una estocada en la suerte contraria. En el sexto, un toro al que también se le rompió el pitón (izquierdo), hizo un esfuerzo y le planteó pelea; comenzó por bajo con mayor poder; cuando se relajó, en el toreo en redondo, el burel le protestó; más adelante le quiso llevar entre suavidades y protestas, logrando una penúltima tanda, de tesón, con la izquierda y una última más acabada con la derecha; mató de estocada atravesada desprendida en la suerte contraria, y un descabello.

Rafael González lidió de manera magistral al quinto astado, en lección consumada de conocimiento, colocación y temple.
Madrid, 7 de Agosto de 2026

Madrid. El septiembre venteño ya tiene carteles: novillada, dos corridas desafío y una corrida concurso.

 

La Plaza de Toros de Las Ventas ya ha definido los carteles de los festejos que se celebrarán en el mes de septiembre: una novillada picada, dos corridas de toros en formato desafío y una corrida de toros concurso de ganaderías.

Carteles de septiembre en Las Ventas

Domingo, 6 de septiembre: novillada con novillos de Jiménez Pasquau, Ángel Luis Peña, La Machamona, Chamaco, Guadajira y José González para Adrián Centenera, Tomás González y Andrés García, que harán su presentación. El festejo comenzará a las 18:00 horas.

Domingo, 13 de septiembre: corrida de toros desafío ganadero con toros de Valdellán y Juan Luis Fraile para Pérez Mota, Alberto Lamelas y José Carlos Venegas. El festejo comenzará a las 18:00 horas.

Domingo, 20 de septiembre: corrida de toros desafío ganadero con toros de Veiga Teixeira y Partido de Resina para Fermín Rivera, que confirmará alternativa, Damián Castaño y Gómez del Pilar. El festejo comenzará a las 18:00 horas.

Domingo, 27 de septiembre: corrida de toros concurso de ganaderías. Toros de Saltillo, Palha, Castillejo de Huebra, Conde de la Corte, Pallarés y Valdellán para Isaac Fonseca, Cristian Pérez y Alejandro Chicharro. El festejo comenzará a las 18:00 horas.

Los abonados tendrán reservada su localidad para adquirirla en taquillas el lunes 11 de agosto. Más allá de ese día, podrán seguir adquiriendo entradas con descuento: hasta 4 entradas a precio de abonado hasta las 14:00 horas del día del festejo.

La venta de entradas para público general comenzará el martes 12 de agosto.


Panorama negro cuando llega la Blanca / por Ricardo Díaz-Manresa


'..Lo peor no es que no haya toros en Vitoria, sino que el mundo taurino no ha defendido nada limitándose a aceptarlo. Lo mismo que ante las poblaciones a las que dejaron sin toros, no por los votos de las urnas sino por la imposición, a la brava, eso sí, de miserables prohibidores..'

Panorama negro cuando llega la Blanca

Ricardo Díaz-Manresa
Cada 5 de agosto llega la Virgen Blanca con todos los honores y títulos. Además de Blanca, es de la Nieves e incluso Santa María la Mayor por su templo de Roma, el más grande. Pero la feria de Vitoria, que lleva su nombre, sigue desaparecida en un mundo en el que los humanos parecen decididos a cargárselo todo.

Ha pasado ya mucho tiempo desde que los blusas protagonizaban sus días de toros y tenían una de las ferias más conocidas de España. No sé ya los años que hace. Creo que 10. Este dato no aporta más gravedad al silencio aterrador que significan estas ausencias. Mejor dicho: terribles y antidemocráticas decisiones. Era la antesala de los toros del verano para vascos, prólogo de entonces grandes ferias como San Sebastián y Bilbao, una muy venida a menos y la otra hacia abajo.

Vitoria no era de las ciudades más importantes pero sí de las que defendían lo suyo. Ejemplo claro el lugar que ocupa, bastante destacado, en fútbol y baloncesto. Mucho dirán para los santos deportes, divinizados por este loca sociedad hasta el éxtasis, y nada, también dirán, para los malditos toros.

Pueblos equivocados y amantes de prohibir. O sea, de la dictadura. Pero felices, supongo, en su cerrazón mental. Pasa el tiempo y la barbarie antitaurina parece consolidada, pero no hay que perder las esperanza. ¿Cuántos años padeció San Sebastián sin toros? No está precisamente para tirar cohetes, pero está, con la que dicen la Semana de 3 días, no de 7 ni 8, gran invento de los listos que tanto abundan. Quizá lo de Vitoria sea más difícil de remontar, pero en un mundo poblado de piraos nunca sabe.

Lo peor no es que no haya toros en Vitoria, sino que el mundo taurino no ha defendido nada limitándose a aceptarlo. Lo mismo que ante las poblaciones a las que dejaron sin toros, no por los votos de las urnas sino por la imposición, a la brava, eso sí, de miserables prohibidores.

Lo que pasó en Cataluña y sobre todo en Barcelona, por su importancia fue tremendo, aunque después se revocó pero la parejita despreciable de nietos de gran Don Pedro dio la espalda. Habrá maldecido el abuelo miles de veces desde arriba a estos miserables como habrán hecho y hacen los humanos de buena voluntad desde abajo. Y amantes de la libertad y la democracia. Y del respeto al pueblo.

E igual en La Coruña, con La, donde retornaron los toros con la plaza nueva, pero duraron poco entre la mala gestión y los enemigos de la causa. Otro ciudad importante, capital fuerte del veraneo, que perdió la fiesta taurina y sin que los del negocio de los cuernos movieran ni uno de los suyos.

Y en todos los demás sitios de desapariciones, pasó lo mismo. Tragando y la callada por respuesta.

Es verdad para ser justos y objetivos, como hay que ser, que en otras partes de la actual Expaña, antes España han vuelto los toros o se han reforzado o puestos de moda. Y hay que insistir en la importante y numerosa juventud nueva que tenemos.

Pero el caso de Vitoria es sangrante. Otro año de panorama negro cuando llega la Blanca.

AvanceTaurino.com

viernes, 7 de agosto de 2026

«SÁNCHEZ MAZAS, ESCRITOR Y POETA» / por José Mª García de Tuñón


'..Sánchez Mazas fue sin duda el intelectual por el que más respeto sintió José Antonio. Una de las pocas cartas que escribió el fundador de Falange antes de ser fusilado, fue para él: «…Te confieso que me horripila morir fulminado por el trallazo de las balas, bajo el sol triste de los fusilados, frente a caras desconocidas […] Quisiera haber muerto despacio, en casa y cama propias, rodeado de caras familiares…»..'

«SÁNCHEZ MAZAS, ESCRITOR Y POETA»

Artículo de José Mª García de Tuñón Aza publicado en la Gaceta de la Fundación José Antonio Primo de Rivera nº 273

Nació el 18 de febrero de 1894 aunque poco o casi nada se sabe de su niñez. Sí que se educó en los corazonistas de Miranda de Ebro y en los jesuitas de Orduña, donde terminó el bachillerato. La carrera de Derecho la estudiaría en la Universidad de los padres agustinos en El Escorial, que termina después de haber publicado en 1915 Pequeñas memorias de Tarín, antecedente y origen de otra famosa novela que apareció años más tarde con el título La vida nueva de Pedrito de Andía que por entregas había publicado antes en la revista Nueva Etapa de la Universidad, que él mismo dirigía. Desde muy joven, pues, se pusieron de manifiesto sus dotes de escritor y excepcional precocidad literaria; perteneciendo al grupo denominado La escuela romana del Pirineo que tenía su órgano de expresión en la revista bilbaina Hermes. Colabora en el diario El Pueblo Vasco, que lo envía de corresponsal a Marruecos en 1921 escribiendo crónicas de los combates que se desarrollan en aquel territorio que merecen el Premio Nacional de Cronistas. Después entraría a colaborar en El Sol, dirigido entonces por Manuel Aznar. Más tarde, Juan Ignacio Luca de Tena lo envía de corresponsal del diario ABC a Roma, donde se casó con la italiana Liliana Ferlosio Vitali, sintiéndose entonces atraído por la cultura clásica al mismo tiempo que tomaría contacto directo con el fascismo de Mussolini: «En Italia el comunismo era un peligro. El fascio se creó contra el peligro, no contra el comunismo. El más grave problema interno español es el separatismo. Antes que asesinar a pobres obreros irresponsables, importaría salir al paso y dar aceite de ricino a ciertos gordos y orondos burgueses de Barcelona y Bilbao […] estamos seguros de que en España el fascio de Benito Mussolini no empezaría por la Casa del Pueblo de Eibar, sino por algunas magníficas casas particulares de Bilbao. Y tampoco empezaría por quemar retratos de D. Julián Besteiro. Quemaría más bien los retratos de D. Sabino Arana y del Sr. Prat de la Riba», escribe en el diario monárquico en 1923.

En 1932 publica un libro sobre política religiosa que firma con el seudónimo de «Persiles». Este trabajo sería después recogido por orden de la jerarquía eclesiástica a pesar de que en unas de sus páginas escribe: «Pero en este libro, ¿no se ataca a la Iglesia? Tal preposición es risible. Antes se le secará al autor la mano que atacar a la Iglesia. Se ataca lo que no es la Iglesia, lo que no debe ser la Iglesia. Se ataca a lo que los santos tantas veces han atacado (véanse notas e ilustraciones), y mucho menos de lo que los santos han atacado. Se atacan los defectos de administración y cancillería de la Iglesia en su aplicación a cosas temporales y los errores de mandatarios y ministros. Claro está que lo que se ataca en la administración de la Iglesia (disciplinada hoy y perfecta en su universal conjunto bajo los recientes pontificados) no puede admitir parangón con el clamor que los santos han levantado contra épocas infaustas para la vida de la Iglesia. Pero en menor escala, ante menores defectos, la posición es la misma. De lo que se dice contra malos ministros o malos católicos, no es necesaria justificación de derecho. Está palpablemente consagrado este derecho cuando se ejercita por anhelo de corrección desde los tiempos apostólicos».

Cuando José Antonio Primo de Rivera funda Falange Española, Rafael Sánchez Mazas se adhiere al movimiento porque, como dijo años más tarde: «José Antonio era mucho más que un político. Por eso él pudo, con su escasa hueste y sus cortos años de acción, lo que los políticos ya no podían y lo que en España nadie podía. Su idea de la Patria es la más alta y más pura que los españoles, y aún la gente de toda Europa, haya conocido». Para algunos, dentro de Falange, Sánchez-Mazas fue su cronista y su poeta. A él se le debe el ¡Arriba España! y la Oración por los Caídos, cuyo origen se remonta al funeral por Matías Montero, cuando el fundador de Falange le expone a Sánchez Mazas la necesidad de disponer de palabras más profundas para momentos como aquellos. También fue uno de los poetas que, junto con otros poetas y el propio José Antonio, compondrían el himno falangista Cara al sol.

Sánchez Mazas fue sin duda el intelectual por el que más respeto sintió José Antonio. Una de las pocas cartas que escribió el fundador de Falange antes de ser fusilado, fue para él: «…Te confieso que me horripila morir fulminado por el trallazo de las balas, bajo el sol triste de los fusilados, frente a caras desconocidas […] Quisiera haber muerto despacio, en casa y cama propias, rodeado de caras familiares…».

Antes de iniciarse la Guerra Civil estaba preso en la Cárcel Modelo de Madrid desde marzo de 1936. El nacimiento de uno de sus hijos le permite obtener un permiso carcelario de tres días, pero no regresa y huye a Portugal. José Antonio, ya preso en Alicante, le afea su conducta por entender que con su fuga compromete no sólo su palabra, sino el honor de la Falange entera.

(Contenidos completos en http://fundacionjoseantonio.es/gaceta-fja) CLICK

Ceuta. Guayaberas contra chilabas / por Javier Torres


'..Ahora nos invaden y la reacción del presidente español es agradecer la cooperación a las autoridades marroquíes. Don Felipe —según una agencia de noticias marroquí— felicita a Mohamed VI por el aniversario de su llegada al trono mientras la frontera ceutí es violada..'

Guayaberas contra chilabas

Por Javier Torres
Es muy probable que nuestras más altas instancias del Estado hubiesen seguido de vacaciones de haber vivido el alzamiento del 18 de julio.

-Llama al ministro de turno y que resuelva pronto esas algaradas, que mañana tenemos regata y por la noche festival de cine.

Es llevar el coñazo del desfile de Rajoy a sus últimas consecuencias, la dejación como política de Estado. Ceuta (¿dónde está eso?) no nos va a amargar las vacaciones ni en la Mareta ni en Palma, que Felipe VI lleva 12 años en el trono y jamás ha viajado allí ni a Melilla. Su Majestad salió embarrado del fango de Valencia (donde alertó contra los bulos) y posó junto a las vías de Adamuz. Lo de Ceuta, en cambio, apenas merece una discreta nota de prensa. A la Casa Real siempre le quedan días de verano.

Cuentan que un sobrevalorado monarca se reunió con Hassan II en el país vecino cuando Adolfo Suárez era presidente. Mientras el rey marroquí conducía la conversación hacia sus ansias expansionistas en las dos plazas españolas del norte de África, nuestro jefe del Estado, harto de que su hermano le interrumpiera cada vez que hablaba de yates y coches deportivos, elevó el tono.

-Que sí, Hassan, lo que quieras. Lo que tenéis que hacer es meter a vuestra gente allí, que las mujeres se pongan a parir y en unos años aquello es vuestro. ¿Podemos seguir hablando del barco?

Desde luego, hay que tener mucho cuidado con los barcos y aprender de los errores familiares, que a Alfonso XIII lo subieron a uno en Cartagena y ya nunca volvió.

Leemos en ABC un titular refrescante: «Felipe VI toma los mandos del Hispania». El día antes el cariz es aún más heroico: «Felipe VI vuelve a navegar tras diez días volcado en la crisis de Ceuta y los incendios». Al día siguiente su Majestad luce guayabera de azul marino riguroso en el posado estival de la Familia Real en Palma. La reina Sofía lleva un caftán, vestimenta tradicional marroquí. Son momentos críticos y ABC vuelve a estar a la altura de las circunstancias: «La preocupación por Ceuta protagoniza la recepción en Marivent».

No sabemos si los servicios secretos marroquíes leen nuestro diario monárquico de cabecera, pero es entendible su envalentonamiento —sólo frenado por Aznar en la isla de Perejil— desde 1975. A principios de noviembre de aquel año don Juan Carlos ––príncipe de Asturias, pero jefe del Estado— regala a Hassan II la retirada del Sáhara español. Desde entonces —y no digamos a partir de 1986 con la entrada en la UE— las cesiones explican nuestra relación con el vecino del sur. Cesiones en pesca y pagos millonarios para control migratorio (je je). Subvención del campo marroquí y entrada preferencial de sus productos que hacen la competencia desleal al agricultor español. Vista gorda con el narcotráfico de hachís del que se lucra el entorno más cercano de Mohamed VI.

Aunque extracomunitario, el trato a Marruecos excede la categoría de socio preferencial, tal vez el término adecuado es sumisión, algo que practican con entusiasmo en Bruselas, Madrid y hasta en la FIFA, dispuesta a robarnos el Mundial. Hablemos de agricultura, fronteras o fútbol el resultado es que Marruecos siempre gana.

Ahora nos invaden y la reacción del presidente español es agradecer la cooperación a las autoridades marroquíes. Don Felipe —según una agencia de noticias marroquí— felicita a Mohamed VI por el aniversario de su llegada al trono mientras la frontera ceutí es violada. A esa hora hay ministros compartiendo canapés en la embajada enemiga. La crisis, como en Valencia y Adamuz, se salda sin responsables en un Gobierno que moviliza de inmediato 25 de millones de euros para acoger a menores ilegales.

Claro que no es la primera vez que España pierde soberanía con la complicidad de sus élites. Aún no hemos llegado a los niveles de la abdicación de Bayona, pero todo se andará. Juan de Escóiquiz, preceptor de Fernando VII, acompaña al rey a uno de los más bochornosos episodios nacionales. Napoleón propone separar a la rama Borbón del trono de España y que ceda todos sus derechos a su Majestad Imperial. Escóiquiz escribe en sus memorias que trata de disuadirle aludiendo a la reacción del pueblo español:

“Le hice la más viva pintura de las dificultades increíbles que hallaría en la nación española para obligarla a ceder a su deseo; los ríos de sangre francesa y española que tendría que derramar, el odio eterno de los españoles, aun cuando fuesen subyugados; […] el rencor de la nación sería eterno y no aguardaría más que a la primera oportunidad para desahogarse”.

Hoy no podríamos amenazar con echarles encima la furia española que acaba emergiendo el 2 de mayo. La raza española languidece diluida en el magma multicultural europeo, en décadas de cesiones de soberanía y servidumbre a Rabat. Nadie encarna mejor esta transformación que el ejército, que apenas mantiene un tercio de los efectivos que tenía en 1982. Tras un cuarto de siglo sin servicio militar obligatorio sólo el 21% de los españoles está dispuesto a tomar las armas para defender a su país. En Marruecos son el 94%. Guayaberas contra chilabas.

¿Nos merecemos el infierno? / por Paco Delgado


'..Todo parece hacernos creer que, en realidad, nuestra condición de rehenes de los partidos políticos y de los impresentables que los —y nos— mangonean nos condena cada año, por estas fechas, al infierno..'

¿Nos merecemos el infierno?

Por Paco Delgado
Cuando la temporada entra en su fase de apogeo, con festejos de aquí a octubre prácticam'ente a diario y en todas partes, un fenómeno, durante los últimos años mucho más habitual y frecuente de lo que sería de desear, deja en segundo plano el genio de Morante, la capacidad de Roca Rey o el esfuerzo por seguir su rueda del resto del escalafón: los incendios.

Como una maldición —que probablemente lo sea—, es llegar el verano y sus calores y cae sobre nuestras cabezas —y en muchos casos debería hacerlo también sobre muchas conciencias— una plaga que arrasa con todo lo que pilla por delante: monte, casas, fincas, plantaciones y hasta vidas. 13 se perdieron hace poco en Almería, dejando en evidencia nuestra proverbial falta de planificación y prevención.

Cada año los incendios acaban con miles de hectáreas de campo y masa forestal, dejando un rastro de desolación y ruina, económica, física y anímica, que tarda luego mucho en desaparecer o superarse.

El mundo del toro no es ajeno a esta desgracia y si, por ejemplo, el año pasado la finca “Los Quintos”, en la provincia de Badajoz, donde pastan vacas de Jandilla, resultó quemada en su mayor parte, hace unos días la ganadería de Blanca Hervás resultó muy seriamente afectada en sus dependencias en el municipio madrileño de Villa del Prado.

El Valle del Tiétar, el conocido como Valle del Terror en el mundo taurino, entre las provincias de Madrid y Ávila, ha sido pasto de las llamas, haciendo ahora honor a esa denominación en su más amplio sentido. Pero no ha sido el único punto de nuestra geografía taurina que se ha visto muy seriamente perjudicado por el fuego.

En el norte de Valencia y sur de Castellón, los incendios afectaron a 60.000 ciudadanos y provocaron que fuesen desalojados otros 16.000, causando estragos en viviendas, zonas de cultivo y pinares, pero también en instalaciones ganaderas, afectando a los animales, especialmente en la zona de Onda, Nules, Vilavella y Vall d’Uxó.

Allí, varios toros y vacas huyeron atravesando el centro urbano de esta última ciudad, creando una situación insólita, mientras los ganaderos bajaban hasta la población para salvar a sus animales y evitar que provocasen daños a los habitantes de esta localidad castellonense, famosa también por ser una de las más activas en festejos populares. Para albergarlos, se habilitaron espacios en las localidades vecinas de Burriana, Moncófar, Alquerías y Chilches.

Ahora es turno de lamentos, de recuento de daños y de evaluar pérdidas. Nuestras autoridades, poniendo carita de pena y como compungidas, hablan de ayudas e indemnizaciones —que, como se ha visto en otras muchas ocasiones similares, no llegarán nunca o llegarán tarde y mal—, mientras miran de reojo al calendario para ver cuánto falta para iniciar sus vacaciones.

Y como solución, en vez de coger al toro por los cuernos de una vez por todas y poner en marcha un plan efectivo de limpieza y saneamiento de bosques y montes en invierno y a largo plazo, dotando de medios y efectivos a patrullas que por toda España eviten que se acumule maleza y basura que luego, en verano, sirve de mecha para el desastre, se dedican a culpar a sus rivales políticos de inacción o, peor aún, de provocar estos siniestros mediante planes tan secretos como maléficos en beneficio propio.

Y, ya el colmo, asegurando que en un futuro, lo más inmediato posible, se creará una plataforma de estudio y debate sobre causas, efectos y soluciones a estas tragedias que, para ellos, al parecer, son producto de la mala idea de sus contrarios y de un calentamiento global imparable e implacable si no se les vota a ellos.

Todo parece hacernos creer que, en realidad, nuestra condición de rehenes de los partidos políticos y de los impresentables que los —y nos— mangonean nos condena cada año, por estas fechas, al infierno.

Pero, si hubiese justicia, y no fuésemos tan borregos ni tan idiotas de votarles, a quien habría que mandar a las calderas de Pedro Botero es, justamente, a los partidos políticos y a los impresentables que los —y nos— mangonean.

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ANTONIO MORO 'EL FONDACO' ¡Un charro de Villavieja! / por Paco Cañamero


 '..Por cualquier punto de la provincia, la vecina Zamora, el hermano Portugal… ahí llega Antonio Moro, el Fondaco, con su cámara para inmortalizar nuestra cultura y tradiciones.''

A Antonio Moro, el Fondaco de Villavieja, 
que hoy cumple 90 años

Paco Cañamero
Siempre aparece a la hora en punto, ni antes ni después, con su elegancia natural y la discreción por bandera. Por cualquier punto de la provincia, la vecina Zamora, el hermano Portugal… ahí llega Antonio Moro, el Fondaco, con su cámara para inmortalizar nuestra cultura y tradiciones. Lo lleva haciendo más de 6 décadas desde que comenzó a grabar con un tomavistas, mucho antes de llegar la primera Súper 8. Desde entonces no ha parado hasta ser dueño y autor de la mejor filmoteca privada que se conoce, en la que hay recogidas romerías, encierros, toros, deportes, tradiciones, ceremonias, oficios tradicionales… que son el mejor testimonio de nuestra tierra. Un tesoro en el que hay joyas como los últimos días del tren del Duero, la reliquia de esta tierra y donde aún soñamos con volver a sentir el pitido del tren por esos campos del Yeltes.

Con Antonio es una maravilla charlar y compartir vivencias. De hecho, uno de los mejores regalos que me ha dado la vida es la amistad que me une a él desde hace casi 40 años, además de tanto cómo me ha enseñado, siempre con su generosidad. He pasado horas escuchándole contar infinidad de testimonios, como la época que Manolete pasaba semanas en Hernandinos y, los domingos, al acudir a misa a la iglesia de Villavieja, él se colocaba en el banco detrás de él para poder darle la mano; de los curtidores de su pueblo, de los excelentes canteros, de los afamados ganaderos de bravos, de los caballistas… De sus años mozos cuando fue una esperanza taurina local y rivalizó con El Viti y Antonio de Jesús, además de hacer campo con Jumillano, los Girón, Aparicio, Posada….

Y siempre con su querido pueblo en el corazón, de esa Villavieja que guarda el mejor cofre de las tradiciones de la tierra, donde su familia tenía la fonda, bar, comercio, butano, taxi… y él pronto debió echar una mano en el negocio. De entonces contaba los frecuentes viajes en taxi al País Vasco o a Barcelona y esta última, antes de regresar, iba a comer un bocadillo a una tasca de La Barceloneta que tenía un policía de Valderrodrigo llamado Silvestre y más tarde acabó siendo el famoso Salamanca. También otros más largos a París, a Suiza, a Alemania o a la lejana Suecia, a la que llevó un matrimonio de Villavieja. En esos años le tocó salir adelante y ponerse al frente de los negocios al ser el mayor de los hermanos.

Fue antes de ingresar en la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca a raíz de que se se le requiriera para hacerse cargo de la deficitaria oficina de Villavieja y tratar de salvarla. La oficina no solamente se salvó, sino que pocos años más tarde era una de las más rentables de la provincia que unos recursos propios antes impensables. Gracias a su brillante gestión recibió la felicitación de José María Vargas Zúñiga, el máximo responsable de la institución de ahorro, al igual que del resto de directivos quienes le pusieron en la mano un cheque en blanco para que dirigiese la sucursal que quisiera. Entonces, Antonio, fiel a sus principios y amor a su pueblo allí se quedó, mientras hacía convertido a la Caja en una referencia. Esa misma Caja que arruinaron los políticos y tanto le hizo sufrir al ver cómo perdía su identidad charra.

Pocos personajes han hecho tanto por el Campo Charro y el mundo rural como Antonio Moro, el gran señor que hoy sopla 90 velas. Y por eso lanzo mi gorrilla charra a los pies de este caballero, al polifacético Antonio Moro, torero en la juventud, empresario, trabajador de banca y, por encima de todo, una excelente persona abrazado a la sencillez y humildad, sin presumir jamás de nada, con exquisita educación.

Por último y a quien corresponda: ¿Cuándo va a tener la provincia de Salamanca el gran reconocimiento a la figura de Antonio Moro? Él se lo merece más que nadie y en este día tan especial le mandamos la más sincera de nuestras felicitaciones.

jueves, 6 de agosto de 2026

Aquellos sesenta… (XXIV) / por Jorge Arturo Díaz Reyes

Néstor Luján. Foto: M.G., Diario de Sevilla

'..En 1967, plena década, Néstor Luján justificó la segunda edición de su ya clásica “Historia del toreo”, que reconoció tributaria de la enorme y a la vez sintética enciclopedia de Cossío, con el agregado de un último capítulo que arranca desde 1954, fecha de la primera edición. Es el VII de la segunda parte, y lo titula: “El público de toros deja de ser ibérico (Los tendidos babélicos)”..'

Aquellos sesenta… (XXIV)

Jorge Arturo Díaz Reyes 
CrónicaToro / Cali, 3 VIII 2026
Confrontar con otros testigos el recuerdo, siempre parcial y subjetivo, generalmente conduce a una suma de subjetividades parciales. A un collage de retazos perceptivos.

No existen copias exactas de la realidad. Una del mundo tendría el tamaño del mundo. Una de diez años lejanos duraría diez años. Borges bromeó con esa paradoja: “Y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él”.

Imagino qué si los historiadores hubiesen alcanzado esa plenitud, tampoco habrían encontrado suficientes milenios en los cuales acomodar su relato. Imposible reconstruir el pasado tal como fue. Y sigue siendo así, aunque busquemos apuntalar nuestra pobre memoria con otras más autorizadas por la conveniencia, el consenso y la tradición. Eso es lo que hay; aproximaciones, mitos, leyendas, literaturas, historias, pedazos a escala…

En 1967, plena década, Néstor Luján justificó la segunda edición de su ya clásica “Historia del toreo”, que reconoció tributaria de la enorme y a la vez sintética enciclopedia de Cossío, con el agregado de un último capítulo que arranca desde 1954, fecha de la primera edición. Es el VII de la segunda parte, y lo titula: “El público de toros deja de ser ibérico (Los tendidos babélicos)”.

Fenómeno cierto, que se dio en las plazas españolas (y no españolas), atribuido a coincidencias culturales, políticas y sociológicas también aquí ya recordadas. Y al que el autor culpa de las desgracias de la fiesta, y, posteriormente, de su propia renuncia: “El espectáculo taurino ha quedado reducido a una manifestación folclórica de cara a un público extraño”. Y clama: “… la fiesta de los toros siempre había sido del gusto de una minoría muy concreta”. Tenía 45 años cuando lo publicó. Era un gran lector, erudito, bibliófilo, cronista, escritor gustoso, y por esos días lo que se dice un aficionado terminal. Después no volvió a ir a los toros ni a escribir sobre ellos.

Su libro de 440 páginas, en formato mayor, despacha a Paco Camino, entonces en la cumbre, y a Diego Puerta con poco más de una línea para cada uno. En la de este: “Le llaman “Diego Valor”, de una tenacidad en el éxito encomiable, que le hace un torero aplicado y brillante.” Del primero: “El sevillano Paco Camino, torero evidentemente artista, aunque contra opinando con la mayoría de los aficionados, nunca nos acabó de gustar.”

A El Viti, con un poco más de prolijidad, lo aprueba con honores: “Torero completo, ponderoso, firme, de un arte serio y reposado, dominador y austero… Lo más notable de su personalidad y esto le diferencia de todos es que es un magnífico estoqueador a la antigua usanza… el mejor matador desde Manolete y supera a este en seguridad y le iguala en estilo.”

A El Cordobés, por inevitable quizás, dedica escrupulosos párrafos enteros. Le llama: “Fenómeno publicitario…, uno de los componentes de su éxito. El otro es sin duda alguna su personalidad… valeroso, afectado, impasible, no se le puede negar un valor, unas maneras de estar en la plaza peculiar y atractivo. Pero no es el torero que pueda agradar a los aficionados ni a los críticos... arrastra sin duda alguna al público sugestionado… torea cuanto quiere y a precios fabulosos.”

A cambio, y sobre todos los que reseña en este aparte, se detiene rendidamente en Antonio Ordóñez, de quien sin embargo señala su declive a partir de 1961:

“La calidad de su toreo, raramente habrá sido superada ni aún por la depuradísima generación de los Gitanillo de Triana, Los Cagancho y los Victoriano de la Serna, o, más hacia nosotros de los Manolete y Pepe Luis. Con la capa, Antonio Ordóñez anula los mejores… Con la muleta…, posiblemente con Manolete y Silverio Pérez, el que ha poseído más emocionado temple… En la difícil facilidad su toreo ha aunado las virtudes antiguas con el espíritu moderno… Con la espada, displicente y desaprensivo suele matar muy mal… Ya en las temporadas 1960 y 1961, sin enemigo apreciable, rebajó y ha congelado sus faenas reduciéndolas a un puro trámite ante un torito inerme…”

Así quedan la época, el toreo, los ídolos y el público de entonces. Luján, era catalán, de Mataró, vivió en Barcelona, ciudad que llegó a tener tres plazas funcionando. Allí principalmente vio las corridas que fueron material de sus crónicas e historias. Nadie, ni aun en esta época del internet inteligente puede tener una visión universal. Pero el criterio, el estilo de su temporal afición, la elegante claridad de su prosa y el placer que depara su lectura, han convertido en excepcional la subjetividad del docto, caballeroso y jovial gourmet y bon vivant.

Excepcional, no infalible, no indiscutible. Por ejemplo, mis juveniles recuerdos (directos) coinciden mucho con su semblanza de Ordóñez, El Viti, y aún con la de Puerta pese a su displicente laconismo. Más no con su disgusto por Camino, con la descalificación del Cordobés, ni en particular con su rechazo a la que fue herencia mayor de la época; la internacionalización de la fiesta. A la que sube a la picota en su capítulo final, “los públicos babélicos”. Misma que alude por contra el también coetáneo poeta Gerardo Diego (1966):

“El Cordobés”
es el toreo en inglés,
en danés
y en pequinés
y en volapuk y sin mover los pies.
¿Si no te quitas tú te quita el toro?
A “El Cordobés” el toro no le quita.
“El Cordobés” imita la mezquita…

¿Cómo compartir la negación a esa nueva generación feligresa que llenó los sesenta en todo el mundo? ¿Cómo aceptar la segregación, si para los que hicimos parte de ella, ahora, evocada desde la vejez, representa la infancia y la edad de la razón de nuestra afición?

El reclamo de origen, de blasón, de pureza de sangre en los tendidos, con los cuales dicho sea de paso la fiesta ya no existiría, invita para bien y para mal el sarcasmo de Borges en 1943: “Los españoles que (épicamente) se proclaman nietos de los conquistadores de América, están equivocados: los nietos somos los hispanoamericanos, nosotros; ellos son los sobrinos.”

Ceuta y Melilla: derrelictos / por Sertorio

 

“Derrelicto: objeto abandonado en el mar”, como abandonadas son por el Gobierno, la Corona y la oligarquía las ciudades españolas de Ceuta y Melilla..'

Ceuta y Melilla: derrelictos

Por Sertorio
Hace ya tiempo, en un artículo publicado en EL MANIFIESTO hace casi un año, “Los nativos” se titulaba, advertí de un hecho que hoy, a los españoles de sangre, nos resulta evidente, palmario, explícito hasta la obscenidad: las autoridades a las que sostenemos con nuestros tributos no nos van a proteger frente a los invasores. No van a mover un dedo. Ni siquiera expresarán una protesta formal ante el agresor. El día 31 de julio, en Ceuta, unos españolitos de a pie fueron los únicos a los que las fuerzas del orden molieron a palos: por protestar contra lo que estaba pasando y contra el gobierno que lo permite y excusa. Acabaron aporreados por una policía a la que pagamos para que nos proteja a todos, cuya misión no es ejercer de guardia pretoriana del canalla que preside el gobierno y del Quasimodo de su ministro del Interior.

En Ceuta se ha comprobado de forma empírica, experimental, que el Régimen del 78 no valora en un comino la seguridad del español nativo. Era increíble ver a los periodistas de las televisiones del Régimen asistir impávidos al acoso por la morisma de sus propias reporteras o de las mujeres que tuvieron la mala suerte de estar en medio de aquel pandemonio. No debemos olvidar que, si Ceuta vivió sumida en el caos durante un día, fue porque las autoridades civiles y militares consintieron que el territorio español fuera asaltado, porque no pestañearon ante el abuso de las turbas magrebíes, porque no efectuaron ni un disparo al aire para disuadir a la horda de bárbaros que nos atacaba. Al revés, les facilitaron el paso y se abstuvieron de impedir sus desmanes. Que yo sepa, después de una irrupción ilegal en nuestro país, tras un allanamiento colosal del territorio español, no se ha producido una sola detención. Y, encima, el Gobierno expresa su agradecimiento al Majzén por la colaboración prestada. Fernando VII es Isabel la Católica al lado de estos renegados, de esta escoria de muladíes vergonzantes, que celebraban el Día del Trono en la embajada marroquí al tiempo que se atacaba la soberanía española.

Cada vez está más claro que fuimos invadidos por hombres en edad militar, dirigidos por otros que tenían aire y ademanes de suboficiales. Los camiones con gamberros llegaron desde todo Marruecos hasta Castillejos sin que un solo gendarme se molestara en parar los vehículos que los transportaban. Si esto es una crisis migratoria, entonces el desembarco de Normandía también lo fue. Este acto de guerra, que debió ser frenado a tiros en la misma raya de la frontera, no es un producto del capricho del déspota marroquí, demasiado enfangado en sus vicios y enfermedades como para darse cuenta de nada. Es el resultado de un proceso cuyo origen está en el Departamento de Estado americano y que lleva en vigor desde los años setenta: España tiene que desaparecer de la orilla africana del Estrecho, las dos columnas de Hércules deben borrarse del escudo nacional: una la entregamos definitivamente el pasado catorce de julio, día de perpetua infamia que el Gobierno celebró por todo lo alto. La otra empezamos a perderla ayer. A esta banda de mangantes poco le importan quinientos años de historia española, de presencia secular e ininterrumpida en nuestras dos bellas ciudades en tierra de África. Al revés: están encantados de aniquilar hasta el recuerdo de ello: unos por ignorancia, otros por el oro del sultán y otros por odio a su patria, pero todos traidores.

A Felpudo VI nadie le molestó en su retiro mallorquín: ¿por qué van los insignificantes ceutíes a interrumpir las vacaciones de Su Majestad? Se lanza a los vasallos un pequeño discursito de circunstancias y ya ha cumplido con sus funciones aquel al que suponemos garante de la unidad y continuidad del Estado. Como todos los españoles que vivimos al sur del Ebro, los ceutíes importan poco. Y no seamos exagerados ni antiguos; a fin de cuentas, para alguien que ha estudiado de todo en las mejores universidades, ¿qué es la dignidad nacional? Un “constructo”, nos contestará la reina redicha y repipi de la gauche caviar “española”. Algo podemos dar por seguro con esta casta de iscariotes y de imbéciles hereditarios: siempre pueden caer un poco más bajo, siempre pueden alcanzar un nivel de abyección más repugnante. Mucho uniforme, mucha medalla, mucho ¡Viva España! Pero han echado Ceuta a los perros. ¿Para cuándo la visita a las plazas de soberanía? Ya está tardando Su Majestad “Católica” (con perdón). Pocos territorios más apasionadamente españoles que Ceuta y Melilla, pocos enclaves recibirán mejor a los reyes, y pocos compatriotas necesitan más una visita del Jefe del Estado que les dé seguridad y apoyo. O, mejor, que no vayan: Juan Carlos I viajó a El Aaiun y luego arrastró el honor de España como no lo ha hecho ni el peor de nuestros enemigos. Rectifico: Majestad, quédese en Palma, siga de regatas con sus amigos oligarcas. No abandone su yate. Conociendo a la dinastía, cuanto más lejos, mejor. Continúe navegando de empopada, aproveche la tramontana o el gregal y evite esos dos derrelictos que flotan sin gobernalle por el Mediterráneo: Ceuta y España.



Ni las gracias / por Carlos Esteban


'..Se recuerda una y otra vez el deber de acoger, pero se considera casi ofensivo recordar que el acogido sigue siendo un extranjero o sugerir que debería mostrarse agradecido. Más aún, una parte de los recién llegados actúa como si tuviera un derecho natural a instalarse en España, adquirir inmediatamente la condición de español y disfrutar de una prosperidad que no ha contribuido a crear..'

Ni las gracias

Carlos Esteban
Según Christopher Nolan, el tema central de la Odisea es la importancia de ser amables con los extranjeros. Lo sostiene el afamado cineasta a propósito de la nueva adaptación cinematográfica del relato fundacional de nuestra civilización que prepara estos días.

Tiene razón, pero sólo en parte. La xenia, la ley sagrada de la hospitalidad, ocupa un lugar esencial en Homero. Lo que ocurre es que esa hospitalidad tenía dos características inseparables de las que prescinden alegremente sus modernos apóstoles.

La primera es que la hospitalidad empezaba por reconocer que el acogido era un extranjero. No venía a quedarse ni dejaba de pertenecer a su pueblo por el simple hecho de cruzar una frontera. Era un huésped, un forastero. De hecho, la propia palabra xenia procede de xenos, el extranjero. La hospitalidad sólo tenía sentido porque existía una diferencia entre quien abría la puerta y quien llamaba a ella.

La segunda, y quizá más importante porque trasciende el debate migratorio, era la gratitud. El huésped gozaba de una protección casi sagrada, pero precisamente por eso contraía una obligación moral hacia quien lo acogía. No se trataba de una relación entre iguales que intercambiaban derechos, sino entre quien recibía un beneficio y quien lo concedía.

Nada de eso parece sobrevivir en el discurso contemporáneo. Se recuerda una y otra vez el deber de acoger, pero se considera casi ofensivo recordar que el acogido sigue siendo un extranjero o sugerir que debería mostrarse agradecido. Más aún, una parte de los recién llegados actúa como si tuviera un derecho natural a instalarse en España, adquirir inmediatamente la condición de español y disfrutar de una prosperidad que no ha contribuido a crear, como si fuera un patrimonio sin dueño o una especie de herencia universal.

Pero el problema va mucho más allá de la inmigración. La ingratitud se ha convertido en una de las enfermedades morales de nuestro tiempo. Hemos acabado convencidos de que casi todo lo que recibimos nos corresponde por derecho. Las prestaciones sociales ya no son el esfuerzo colectivo de una comunidad que procura no abandonar a sus miembros más débiles, sino una deuda que la sociedad mantiene con cada individuo. La educación, la sanidad, las pensiones o la seguridad dejan de percibirse como el fruto del trabajo y del sacrificio de generaciones anteriores para convertirse en realidades que parecían existir por sí mismas.

Quien recibe un regalo procura conservarlo. Quien cree estar cobrando una deuda nunca da las gracias. Quizá por eso hablamos tanto de derechos y tan poco de obligaciones. Y quizá por eso una virtud tan antigua como la gratitud empieza a parecernos casi una reliquia, cuando durante siglos fue el cemento invisible que hacía posible la convivencia entre personas, entre pueblos y entre generaciones.