'..Blas Infante inventa la enseña a partir de unas telas que su mujer le trae de un viaje a Marruecos. Hoy es un mito al que rinden pleitesía desde el PP hasta el Partido Andalusí y Moreno Bonilla (qué buena gente soy que tengo lista en Spotify) llega más lejos que el PSOE en 40 años, inventándose el día de la bandera andaluza..'
Andalucismo, de verde islam
JAVIER TORRES
Mucho han tardado. Andalucía, como la Francia que Houellebecq presagia en Sumisión, tiene una candidatura islamista para las próximas elecciones. El Partido Andalusí. Un partido oficial, claro, que promarroquí son casi todos, como atestigua la regularización masiva que deja fuera a los saharauis. Insistimos en que es un decreto a la medida de la patronal y el capitalismo transnacional y olvidamos a Mohamed VI, que tiene cuota propia en el BOE. Mohamed es tan amigo de España que ha impedido que el avión medicalizado con infectados por hantavirus hiciera escala en su país. Los virus, las manadas y la mano de obra esclava, mejor a España.
Yihad Sarasua y Dris Mohamed Amar exhiben la blanquiverde en un acto de campaña, pasean la bandera con caligrafía árabe que simboliza la vuelta de Al-Ándalus. Sus colores no les son ajenos, el verde es el del islam. Blas Infante inventa la enseña a partir de unas telas que su mujer le trae de un viaje a Marruecos. Hoy es un mito al que rinden pleitesía desde el PP hasta el Partido Andalusí y Moreno Bonilla (qué buena gente soy que tengo lista en Spotify) llega más lejos que el PSOE en 40 años, inventándose el día de la bandera andaluza.
Blas Infante suscita consenso, el que pone a Julio Anguita una estación de tren y condena a galeras al rey Fernando III el Santo, el libertador que culmina la reconquista. Los niños no lo estudian en las escuelas, tienen a Infante hasta en la sopa y ese caldito es el que legitima al Partido Andalusí, que reivindica Al-Ándalus y la anexión de Ceuta y Melilla bajo tutela de la taifa de San Telmo, una especie de panandalucismo de primera ola, paso previo a la soberanía marroquí.
Es muy probable que dentro de algún tiempo (como ocurre con la inmigración masiva, el politburó de Bruselas o el fanatismo climático) muchos se caigan del caballo. Entonces, descubrirán con la fe del converso quién es el entrañable Blas al que invocan cada 28 de febrero, 4 de diciembre y 11 de agosto. Lo que no lograron ni Rojas Marcos ni los socialistas lo ha hecho el PP.
En Blas Infante: padre de la patria e hijo de su tiempo Macario Valpuesta habla del triunfo póstumo de un personaje fracasado, la versión regional de la locura nacionalista que emerge tras el desastre del 98. Es la España de las taifas que necesita fabricar mitos para justificar su existencia. Andalucía tiene a su Sabino Arana, su hecho diferencial que sirve de ariete contra Extremadura o Murcia, mas no frente a Marruecos.
Como a todo mito sometido a la implacable lupa de la historia, en Blas Infante descubrimos hechos mutilados de la hagiográfica versión oficial. Jamás nos contaron su conversión al islam ante el mausoleo de Al-Mutamid (último rey musulmán de la taifa de Sevilla) o que acortó su segundo apellido, Pérez de Vargas, demasiado elitista para defender a los descamisados del campo. Él quiso representarles, romper las cadenas de siglos de opresión ejercida por los señores de Castilla que hicieron la reconquista. Un cuento fantástico, una coartada formidable para expandir andalucismo, lástima que Infante jamás fuera un referente proletario. Tal es así que en 1936 los jornaleros de Casares se sublevan, profanan la tumba de su abuelo, Ignacio Pérez de Vargas, y arrojan sus restos por el barranco del pueblo.
Meses después a Infante lo fusilan los nacionales y eso ayuda a construir el mito, quién sabe si sus ideas hoy predominantes serían marginales de no haberse librado la guerra civil. El caso es que cien años después España atraviesa un profundo cambio demográfico. Mohamed está entre los diez nombres más elegidos para bebés y la famosa huella andalusí florece, sobre todo, en los registros policiales donde los magrebíes perpetran más del 70% de los delitos violentos en el País Vasco pese a que sólo son el 1,7% de la población. No sabemos qué diría Sabino Arana, que describía a los españoles como inferiores, flojos y torpes, pero sí lo que opina el PNV: da igual si el próximo lehendakari se apellida Hasán.
Si son marroquíes también caben para Moreno Bonilla, de corazón ancho, y para Illa, que pide que no se hable de terrorismo islámico para no estigmatizar. Lo dice la semana en que dos magrebíes matan a dos personas a cuchilladas por las calles de Barcelona.
Cien años después seguimos a vueltas con lo mismo. Lorca tiene una frase genial en El Romancero Gitano: Señores guardias civiles / aquí pasó lo de siempre. / Han muerto cuatro romanos / y cinco cartagineses.
Así, los nacionalismos que nacieron para preservar las identidades regionales frente a España, están siendo la puerta de entrada para disolver la cultura autóctona que Infante y Arana veían amenazadas por el centralismo. Claro que en el caso andaluz el problema no es tanto que los partidos consideren a Blas Infante padre de la patria andaluza, sino que crean que existe una patria andaluza.

No hay comentarios:
Publicar un comentario