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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 21 de abril de 2026

Borja Jiménez, tarde de figura perdiendo la del Príncipe por la espada; Morante, cara y cruz, , oreja y percance.

 

Morante herido por el cuarto, antes cuajó al primero al que cortó una oreja. Borja Jiménez paseó el anillo maestrante con dos apéndices –uno más uno- y perdió mayores por la espada. Tomás Rufo condesó dos actuaciones muy serias que debieron tener mayor calado por parte del respetable.

Borja Jiménez, tarde de figura perdiendo la del Príncipe por la espada; Morante, cara y cruz, oreja y percance.

Por Emilio Trigo
La corrida dejó un balance de interés tanto por el juego del encierro como por la actuación de los espadas, en una tarde marcada por la calidad de varios toros y por el infortunio de Morante de la Puebla, herido al enfrentarse al cuarto. Antes del percance, el sevillano había firmado una obra de gran sabor ante el primero, al que cortó una oreja tras una faena cargada de estética, temple y personalidad, quedando incluso en el ambiente la sensación de premio mayor.

Borja Jiménez fue el nombre propio del festejo en términos de trofeos, paseando dos orejas —una de cada toro de su lote—, aunque su actuación dejó la impresión de haber podido alcanzar cotas más altas de no mediar los fallos con la espada. Especialmente relevante fue su labor ante el cuarto, al que lidió tras la cogida de Morante, firmando una faena de gran firmeza, exposición y dominio frente a un toro complejo. También destacó en el sexto, donde volvió a conectar con los tendidos en una actuación intensa y emotiva que, de haber culminado con mayor acierto con los aceros, le habría abierto de par en par la Puerta del Príncipe.

Por su parte, Tomás Rufo dejó una actuación seria y solvente, basada en el oficio y el conocimiento de las condiciones de sus oponentes. Tanto en su primer turno como en el sobrero que sustituyó al quinto, el diestro mostró disposición y capacidad, aunque sus faenas no terminaron de tomar vuelo debido a las limitaciones de los toros que le correspondieron. Aun así, su labor fue consistente y merecedora de mayor reconocimiento por parte del público.

En cuanto al encierro, la corrida de la familia Matilla ofreció un conjunto variado pero, en líneas generales, de interés. Destacaron ejemplares con calidad y transmisión, como el primero y el segundo, que permitieron el lucimiento de sus lidiadores, así como un exigente cuarto que, pese a su dificultad, tuvo emoción. Otros, en cambio, acusaron falta de fuerza o irregularidad en su comportamiento, condicionando el resultado final de algunas faenas.

En definitiva, una tarde de matices, con momentos de gran nivel artístico, entrega por parte de los toreros y un trasfondo de emoción marcado por la cogida de Morante, que dio un giro al desarrollo del festejo.

Morante de la Puebla herido por el cuarto, antes cuajó al primero al que cortó una oreja. Borja Jiménez paseó el anillo maestrante con dos apéndices –uno más uno- y perdió mayores por la espada. Tomás Rufo condesó dos actuaciones muy serias que debieron tener mayor calado por parte del respetable. Se lidió una importante corrida de la Familia “Matilla”.

1º Nº 37. “Pelifino” (Hnos. García Jiménez). Negro. 528 kg. 10/21

La tarde se abrió con un ejemplar de notable presencia, bien armado y de hechuras armónicas, que desde los primeros compases dejó entrever una embestida de noble trazo, aunque limitada de fuerza. En el recibo capotero, el astado se desplazó con cierta tendencia a perder las manos, acusando esa falta de poder que marcaría el desarrollo de la lidia. Morante de la Puebla lo saludó con verónicas de cuidada estética, alternadas con chicuelinas que aprovecharon la suavidad del viaje del toro, si bien este no terminaba de romper con plenitud. En el primer encuentro con el caballo acudió con prontitud, empujando con el pitón derecho, dejando constancia de su buen son, aunque sin excesiva pujanza. El castigo fue medido con acierto en el segundo puyazo, sin que el animal se empleara en exceso en el peto. El turno de quites elevó el nivel artístico del tercio. Morante firmó unas gaoneras de gran plasticidad, ejecutadas con ese sello personal de lentitud y gusto que caracteriza su tauromaquia. Por su parte, Borja Jiménez respondió con un quite por chicuelinas rematado con una media de excelente trazo, configurando entre ambos un momento de notable brillantez. Ya en la faena de muleta, el toro confirmó su condición de nobleza, desplazándose con clase y docilidad, especialmente por el pitón derecho. Morante inició su labor de rodillas, templando por bajo con gran suavidad, para posteriormente desplegar un repertorio cargado de personalidad. Desde los primeros compases, el diestro sevillano apostó por un toreo reposado, ceñido y de gran expresión estética. Las mejores tandas llegaron sobre la mano derecha, donde el toro ofreció su mejor versión. En ese terreno, Morante logró muletazos de gran profundidad, ligados en espacios mínimos y ejecutados con una cadencia exquisita. Sin embargo, la falta de mayor entrega y casta por parte del animal impidió que la obra alcanzara cotas más altas de rotundidad, quedando como una faena de gran sabor y regusto. Al natural, tras algún desarme inicial del toro que tendía a venirse por dentro, el torero logró imponerse con firmeza, firmando una serie de gran importancia, interpretada con el compás cerrado y una quietud sobresaliente, mientras el astado parecía escudriñar la figura del matador. La suerte suprema llegó con una estocada de ejecución sincera, al entrar con rectitud y determinación. El conjunto fue premiado con una oreja, con fuerte petición de la segunda, en reconocimiento a una actuación cargada de naturalidad y torería.

2º Nº 16. “Almendrito” (Hnos. García Jiménez). Colorao chorreao. 535 kg. 03/22

El segundo ejemplar de la tarde, de capa colorada y salpicada, irrumpió en el ruedo con ímpetu y prontitud, dejando patente desde el inicio una embestida entregada y con celo. Borja Jiménez lo recibió con firmeza a la verónica, templando las primeras arrancadas antes de adornarse con un vistoso ramillete de chicuelinas que, por su ajuste y plasticidad, conectaron de inmediato con los tendidos.

El tercio de varas se desarrolló bajo un criterio medido y eficaz. El picador, atento a las condiciones del animal, administró el castigo con inteligencia, evitando excesos y permitiendo que el toro mantuviera su viveza. En el turno de quites, el de Pepino tomó el protagonismo con una propuesta de gran riesgo y personalidad, dejando lances con el capote a la espalda que tuvieron eco en los tendidos, mientras el toro acometía con franqueza y recorrido. Fue un momento de intensidad que elevó la expectación de cara al último tercio. Ya con la muleta, Borja Jiménez brindó a Morante de la Puebla, en un gesto de respeto y reconocimiento, antes de iniciar la faena con torería, llevándose al animal hacia el tercio con autoridad. El toro, de la ganadería salmantina, confirmó pronto su calidad: embestía con clase, humillando y buscando siempre el engaño por abajo, lo que permitió al matador construir una labor basada en el temple y la suavidad. Con buen criterio, Jiménez optó por dar distancia en los inicios, facilitando así que la embestida fluyera con limpieza. Asentado sobre los talones, logró conducir las arrancadas con cadencia, alargando el viaje del toro y sometiéndolo progresivamente. Fue un ejemplar que exigía mimo y precisión, pues no toleraba brusquedades ni tirones, pero que, bien entendido, ofrecía una embestida de gran calidad para el toreo puro. Los pasajes más logrados llegaron al natural, donde el diestro consiguió momentos de notable profundidad, aunque sin terminar de acoplarse plenamente en el tramo final de la faena. Esa falta de continuidad en el pulso impidió que la obra alcanzara la redondez de actuaciones recientes del propio espada. Con todo, la faena tuvo fases de gran interés y dejó constancia de la capacidad del torero para interpretar las virtudes del animal. El cierre llegó con una estocada de buena colocación y eficacia, suficiente para que el público solicitara y obtuviera el trofeo de una oreja, premiando una labor que fue de mayor intensidad en sus comienzos y que, aunque fue perdiendo fuelle, mantuvo pasajes de indudable calidad.

3º Nº 43. "Terremoto" (Hnos. García Jiménez). Castaño claro. 524 kg. 10/21

El tercer astado de la tarde ofreció una imagen menos armónica que la de sus hermanos, con un tren delantero más ofensivo y unas hechuras más bastas, alejadas de la finura exhibida por los anteriores. Desde su aparición en el ruedo se percibió un comportamiento más áspero, con menor calidad en sus embestidas y una movilidad condicionada por su falta de fuerza. Tomás Rufo lo recibió con una serie de delantales de buen concepto, intentando asentar al animal desde el primer contacto. Sin embargo, el toro evidenció pronto sus limitaciones, perdiendo las manos en repetidas ocasiones y mostrando una condición menos definida. Aun así, dejó entrever cierta voluntad en sus arrancadas, aunque sin la clase necesaria para facilitar el lucimiento pleno. En el tercio de varas acudió con inercia al caballo, tomando el primer puyazo sin demasiado ajuste y buscando el contacto con el peto antes de desentenderse. En el segundo encuentro repitió ese comportamiento, llegando a empujar de forma irregular para, acto seguido, desentenderse con un aire más bien huidizo. El castigo fue leve, lo que permitió mantener cierta movilidad en el animal. Destacó la intervención de Andrés Revuelta, que supo lidiar con solvencia, colocando al toro con criterio y evitando que la situación se desordenara. Rufo protagonizó un quite por verónicas de trazo correcto, en un intento de fijar definitivamente la embestida, antes de brindar la muerte del toro a Borja Domecq, gesto que precedió a una faena de muleta planteada desde la inteligencia y el conocimiento de las condiciones del astado. Ya en el último tercio, el toro mostró que su mejor disposición se encontraba en terrenos próximos a tablas, donde su embestida resultaba más franca. Era un animal que exigía un toreo pausado, con tiempos marcados entre pase y pase, para evitar que su embestida se descompusiera. En este contexto, el pitón izquierdo ofrecía mayores garantías, con un recorrido más limpio y una entrega más constante, lo que permitió al diestro hilvanar algunos naturales de notable calidad. La faena de Rufo se movió en un tono intermedio, siempre con la sensación de que podía alcanzar cotas mayores, pero sin terminar de romper en ningún momento. Hubo muletazos estimables por ambos pitones, ejecutados con temple y buena colocación, aunque faltó continuidad y rotundidad en las tandas para elevar el conjunto a un nivel superior. La suerte suprema llegó con una estocada de colocación trasera y algo desprendida, que resultó suficiente para poner fin a la lidia. El toro fue despedido con una ovación por parte del público, reconociendo su comportamiento dentro de sus limitaciones, mientras que el torero recibió una leve muestra de aprobación, reflejo de una actuación correcta pero sin el brillo necesario para dejar una huella más profunda.

4º Nº 178. “Clandestino” (Hnos. García Jiménez). Castaño. 512 kg. 03/22

El cuarto toro de la tarde trajo consigo el momento más dramático del festejo, marcado por un percance que alteró el desarrollo de la lidia y dejó en vilo a los tendidos. El astado, de comportamiento incierto y escasa entrega, nunca terminó de definirse, mostrándose reservón y con una embestida seca, carente de la franqueza necesaria para el lucimiento. Desde los primeros compases, el animal evidenció una actitud poco colaboradora, sin querer someterse al engaño. Fue precisamente en ese intento de fijarlo con el capote cuando sobrevino el incidente. Morante de la Puebla trataba de encauzar la embestida, buscando domeñar la condición del toro, cuando este se arrancó con violencia y sin previo aviso, arrollando al diestro con una embestida directa y descompuesta.

El impacto fue seco y sorpresivo. El toro prendió al torero, alcanzándolo en la zona del glúteo izquierdo y levantándolo del suelo, sin que tuviera margen de reacción para esquivar la acometida. La escena generó momentos de gran tensión, con el matador siendo volteado y quedando a merced del animal durante unos instantes de enorme angustia. Aunque en un primer momento no se apreció una hemorragia alarmante, el torero acusaba visiblemente el golpe, especialmente en la zona del hombro, resentido tras el violento contacto al ser derribado. Con evidentes signos de dolor, fue auxiliado de inmediato por su cuadrilla, que lo condujo a la enfermería para ser atendido de las posibles lesiones.

Ante la imposibilidad de continuar, fue Borja Jiménez quien asumió la responsabilidad de hacerse cargo de la lidia del toro, en un contexto marcado por la incertidumbre y la preocupación por el estado del maestro sevillano, cuya evolución quedaba pendiente del parte facultativo. Brindó Borja Jiménez a Morante de la Puebla dejando la montera en la tronera del burladero en la misma puerta de la enfermería y la plaza estalló en una ovación de llena de sensibilidad al gran gesto de Borja.

4º Nº 178. “Clandestino” (Hnos. García Jiménez). Castaño. 512 kg. 03/22. Borja por Morante

La intervención de Borja Jiménez en la faena de muleta supuso un ejercicio de firmeza y autoridad frente a un toro de comportamiento complejo, exigente en cada embestida y falto de claridad, pero dotado de una transmisión que conectaba con los tendidos. El sevillano planteó desde el inicio un trasteo de gran compromiso, consciente de las dificultades que presentaba el astado. Comenzó la labor de rodillas, asentado sobre el albero y citando con la mano derecha, en una apertura de faena cargada de exposición y entrega. Desde esos primeros compases ya se percibió una actitud decidida, con un toreo muy asentado y de gran profundidad, en el que el diestro se abandonó por completo, apostando por someter la incierta embestida del animal. La faena se desarrolló fundamentalmente por el pitón derecho, donde Jiménez logró imponer su mando a base de temple y valor. Con el compás cada vez más cerrado y la figura erguida, fue construyendo tandas de notable rotundidad, llevando al toro muy toreado y logrando momentos de gran intensidad. El dominio del torero se hizo evidente en la forma de encauzar una embestida que, lejos de ser fácil, exigía precisión y firmeza en cada muletazo. Al natural también dejó pasajes de mérito, en una serie de gran exposición en la que el sevillano se jugó la voltereta, ajustándose al máximo y enganchando la embestida con decisión, logrando muletazos de gran hondura. Fue una faena de poder, en la que el torero supo imponerse a las dificultades del animal, extrayendo lo mejor de un toro que no regalaba nada. Con el paso de los muletazos, el astado fue perdiendo fuelle, pero para entonces Jiménez ya había establecido una clara superioridad, dominando la situación con autoridad. Aún así, logró hilvanar una última serie de gran temple, dibujando el muletazo con suavidad y precisión, llevando al toro completamente sometido en una trayectoria curva de notable belleza. *La suerte suprema, sin embargo, no acompañó al conjunto de la obra y volvió a perder un triunfo grande.* Tras un primer intento fallido, el torero volvió a entrar con rectitud, pero nuevamente el acero no encontró colocación. En uno de esos encuentros, el toro levantó la cabeza con brusquedad, propinándole un fuerte golpe en la zona abdominal que dejó al diestro visiblemente afectado y con dificultades para respirar durante unos instantes. A pesar del contratiempo, Jiménez volvió a la cara del toro y, en el tercer intento, logró dejar una estocada efectiva que puso fin a la lidia. La entrega y el mérito de su actuación fueron reconocidos con una vuelta al ruedo , premio a una faena de gran esfuerzo, marcada por el valor, la capacidad y el dominio frente a un oponente nada sencillo.

*5º* Nº 50. “Sosito” (Olga Jiménez). Castaño. 515 kg. 10/21

El quinto sale con el pitón derecho roto de chiqueros y rápidamente es devuelto al corral por el usía.

*1º Sobrero*

*5º Bis* Nº 150. “Mariposo” (Hnos. García Jiménez). Colorao. 580 kg. 01/22

El sobrero que hizo quinto dejó una impresión inicial de desorden y brusquedad al irrumpir en el ruedo, golpeando con violencia los burladeros en su salida. No obstante, tras ese arranque incierto, el animal mostró un comportamiento más templado en el recibo capotero de Tomás Rufo , llegando a humillar con cierta intención en los primeros lances a la verónica. Pronto se evidenció una de sus principales complicaciones: su tendencia a desentenderse del engaño, abriéndose en exceso y perdiendo fijeza en la embestida. Esta condición obligó al torero a medir con precisión las distancias y colocarse con acierto para evitar que el toro se descompusiera aún más. En el tercio de varas pasó prácticamente desapercibido, sin emplearse en el caballo ni ofrecer opciones para el lucimiento. Durante los primeros tercios, el sobrero mantuvo una actitud irregular, sin terminar de definirse. Borja Jiménez intervino en el turno de quites con unas chicuelinas de gran compromiso, en las que el riesgo fue evidente, ya que el toro avanzaba con la cara baja, apoyándose en las manos y sin un embroque claro, lo que incrementaba la dificultad de cada lance.

La lidia continuó con momentos de exposición, como el par de banderillas de Fernando Sánchez, que tuvo que imponerse a la falta de claridad del animal en una ejecución arriesgada. Por su parte, Tomás Rufo, antes de iniciar la faena de muleta, brindó el toro desde las inmediaciones de la enfermería, en un gesto cargado de simbolismo tras lo acontecido previamente en la tarde. Ya en el último tercio, el diestro comenzó su labor de rodillas, citando con la diestra en un inicio valiente y decidido. El toro respondió en los primeros compases con cierta obediencia, desplazándose por abajo y con un ritmo aceptable. Sin embargo, conforme avanzaba la faena, su embestida se fue deteriorando, acentuando su tendencia a apoyarse en las manos y perdiendo calidad en el final de cada muletazo. A pesar de que el animal mostraba un buen inicio en el engaño, carecía de continuidad, descomponiéndose en los remates y dificultando la ligazón de las tandas. La labor de Rufo, planteada con corrección y disposición, no logró levantar vuelo debido a las limitaciones del toro, quedando en un tono uniforme y sin apenas conexión con los tendidos. En definitiva, el sobrero ofreció escasas opciones para el lucimiento, condicionando una faena que, pese a la voluntad del torero de Pepino, no pudo alcanzar mayor relevancia ni eco en los aficionados. Silencio.

6º Nº 49. “Discreído” (Olga Jiménez). Negro Listón. 509 kg. 07/21

El cierre de la corrida estuvo marcado por la determinación de Borja Jiménez , que se marchó a la misma puerta de chiqueros para recibir al sexto de la tarde, un toro de imponente seriedad de pitones y finas hechuras en su conjunto. En un gesto de máxima exposición, el sevillano se jugó el tipo en el saludo inicial, resolviendo con firmeza un trance de alto riesgo que encendió de inmediato a los tendidos. Sin abandonar la posición, continuó de rodillas para instrumentar una serie de verónicas que levantaron al público de sus asientos. En el caballo, el animal mostró prontitud en la arrancada, aunque sin terminar de emplearse con bravura, dejando una pelea irregular en la que acusó el castigo. Ya en el último tercio, Jiménez volvió a captar la atención general con un inicio vibrante en el centro del ruedo, ejecutando pases cambiados por la espalda de enorme ajuste, especialmente el primero, que rozó lo inverosímil por su cercanía y precisión. El toro, con movilidad y transmisión, ofrecía emoción en cada acometida, aunque su falta de firmeza en las manos condicionaba una embestida algo desordenada. Consciente de ello, el torero optó por administrar las distancias, logrando así encauzar las arrancadas con mayor limpieza. La faena se construyó desde la verticalidad y el temple, con un toreo asentado, primero a pies juntos y después abriendo el compás para dibujar muletazos de trazo más amplio y curvo. Al natural, dejó pasajes de gran pureza, llevando al toro muy toreado y sometido, en una labor cargada de emoción y entrega. Fue una actuación intensa, en la que el sevillano impuso su firmeza ante un oponente que, sin ser sencillo, ofrecía posibilidades si se le entendía. La conexión con los tendidos fue constante, en una faena que fue creciendo en intensidad y profundidad. Sin embargo, la espada volvió a convertirse en obstáculo para un triunfo mayor. El acero cayó en una colocación defectuosa, quedando corto de ejecución, lo que enfrió en parte el ambiente. A pesar de ello, la fuerte petición del público se tradujo en la concesión de una oreja, quedando en el aire la posibilidad de un triunfo más rotundo, que incluso habría abierto la ansiada Puerta del Príncipe, de no haber mediado el desacierto con los aceros.

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  • FICHA DEL FESTEJO
Sevilla .- Novena de la feria de Abril de 2026. Toros de Hnos. García Jiménez para Morante de la Puebla, Borja Jiménez y Tomás Rufo. Entrada: Lleno de 'No Hay Localidades'

Morante de la Puebla, oreja y vuelta al ruedo;

Borja Jiménez, oreja, ovación en el que mató por Morante y oreja;

Tomás Rufo, Silencio y Silencio;

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