la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 31 de mayo de 2017

EL CUADERNO DE BITÁCORA / por BENJAMÍN BENTURA REMACHA

Ignacio Álvarez Vara “Barquerito”

Un respeto por don Ignacio y su cuaderno de bitácora. Bitácora es el armario junto al timón del barco, donde se coloca la brújula. Estos días, “Barquerito” navega por las calles de Madrid. Luego el toro y, en su función, el torero. Temple, conocimiento, palabra justa y certera.


EL CUADERNO DE BITÁCORA

BENJAMÍN BENTURA REMACHA
Es asombrosa la capacidad y el conocimiento de Ignacio Álvarez Vara, más conocido por “Barquerito”. Digo lo de capacidad porque no se cansa de escribir y digo conocimiento por lo que nos enseña a los que tenemos el privilegio de recibir sus crónicas en directo, en estos tiempos en los que tan difícil es encontrar en los diarios de España crónicas taurinas aunque las corridas relatadas y criticadas se lleven a cabo en plazas de primera, por ejemplo en Madrid o Sevilla, Valencia o Zaragoza de las que ya han abierto sus puertas a estas alturas de la temporada. Ignacio, además de soslayar ese tremando hándicap que es el corto espacio de tiempo que hay entre el final de las corridas de hoy, pasan casi todas de las dos horas, y el cierre de los medios de difusión. Yo pienso que para enjuiciar un festejo hay que dormirlo y escribir al de siguiente, a la salida del Sol, con el olor de heno mojado y el canto repetitivo de los gorriones. Plácidamente, sin prisas, las prisas malas hasta para el amor (lo decía no sé quién y con verbo más contundente). Pero hoy en día la noticia es inmediata y deja de ser noticia cuando ya la han “tuiteado” todos los impacientes. Recuerdo que en mis tiempos de periodista siempre tratábamos de pisar las noticias a los demás y yo me apuraba en preguntarles a apoderados, empresarios y ganaderos las posibles combinaciones de los carteles de San Isidro. Alguna reconvención recibí del señor Jardón, don José María, en aquellos tiempos en los que la popularidad se le llevaba don Livinio, el inventor de la Feria más grande del Mundo. Don Nazario, don Niceto o don Alipio. Había un ganadero que se llamaba Abacuc, otro, Argimiro, y el miura salmantino, Graciliano. Salamanca, dorada al sol del verano y pulida al aire del invierno, era muy propensa a este tipo de nombres heredados. Aunque el hábito no hace al monje, el nombre puede condicionar al individuo. Un respeto por don Ignacio y su cuaderno de bitácora. Bitácora es el armario junto al timón del barco, donde se coloca la brújula. Estos días, “Barquerito” navega por las calles de Madrid. Luego el toro y, en su función, el torero. Temple, conocimiento, palabra justa y certera.

No todo es bello en este mundo taurino de nuestros pecados. Estamos de acuerdo que se puede hablar de todo y opinar conforme a nuestros gustos y afinidades. La cantada libertad de expresión siempre con la frontera de la educación y los buenos modos. Pero también con el plus de la oportunidad y la conveniencia. Me pareció que no era el momento conveniente para hacer un comentario contrario a la idoneidad y categoría de los carteles de San Isidro. Se está luchando por recuperar el favor de las gentes hacia la fiesta española y son muchos los enemigos a derrotar, últimamente hasta el deseo de algunos diputados podemitas para que se cambie el horario del único programa taurino de Televisión Española “Tendido O”, ahora en las 14 horas del sábado. Querrían llevarlo a las 3 de la madrugada para que no lo vean los niños.


    

El público / por Ignacio Ruiz Quintano


Chenel, a contratiempo


El patetismo de semejante espectáculo no lo aguantan ni los chinos, y como en Madrid todavía hay gente que vio torear a Chenel y a Rincón (de arriba abajo, bamba de la muleta y hacia adentro y pierna hacia adelante), alguno (y no el tendido “7”, que fue un movimiento ochentero) protesta. Estorba el público, que es el que paga, y “los profesionales”, que son los que cobran, lo quieren quitar.


Abc
El cosmopolitismo no tolera estorbos y en los medios taurinos (fiel reflejo de los medios políticos) hay campaña contra “el público de Madrid”.

Primero estorbaba el toro de lidia, y lo quitaron. Lo sustituyeron por un animal doméstico ante el cual mozos vestidos de rosa adoptan posturas de billar, mientras los medios (el más dañino, la TV) salmodian que lo blanco es negro y que así (de abajo arriba, pico de la muleta y hacia afuera y pierna hacia atrás) debe ser el toreo. El patetismo de semejante espectáculo no lo aguantan ni los chinos, y como en Madrid todavía hay gente que vio torear a Chenel y a Rincón (de arriba abajo, bamba de la muleta y hacia adentro y pierna hacia adelante), alguno (y no el tendido “7”, que fue un movimiento ochentero) protesta. Estorba el público, que es el que paga, y “los profesionales”, que son los que cobran, lo quieren quitar.

La corriente mental que hace que en la tauromaquia estorbe el público que protesta (talibanes) es la misma que hace que en la democracia estorbe el electorado a contracorriente (populistas).

La propaganda oficial llama tauromaquia a sentarse al sol con un “jandilla”. También llama “populismo” a la democracia, y “democracia”, al sistema proporcional con listas de partido. El populismo consiste, dicen, en “ofrecer soluciones sencillas para problemas complejos”. Así que el populismo no vendría del general francés Georges Boulanger, sino del franciscano inglés Guillermo de Occam con su famosa navaja (“no hay que multiplicar los entes sin necesidad”) y del arquitecto alemán Mies van der Rohe con su famoso “negro sobre blanco” (“less is more”, menos es más).

Lo contrario del populismo sería el marianismo, con sus soluciones complejas (llevar a los sediciosos a hablar al Parlamento) para problemas sencillos (cumplir la ley).

En los toros y la política, el cosmopolitismo exige un público de chinos comiendo pipas en la soñarra del “Nessum dorma”. Un público de mañana de domingo en el Bernabéu.


martes, 30 de mayo de 2017

¿Hasta cuando hemos de tolerar los pitos? / por Rafael Comino Delgado

Una vez más, gran pitada al Himno Nacional, al Himno de todos los españoles 
(los que quieren ser españoles y los que no quieren) en la final de la Copa de S.M el Rey.


En el caso que nos ocupa, los seguidores de equipos catalanes o vascos que piten a nuestro Himno Nacional están ofendiendo a todos aquellos españoles que sienten como suyo el Himno, incluidos los que puedan estar a favor de la independencia de Cataluña o Vascongadas.


¿Hasta cuando hemos de tolerar los pitos?

Rafael Comino Delgado
Catedrático de la Universidad de Cádiz

Sobre ello queremos hacer algunas de reflexiones: 

a)Los sentimientos religiosos y políticos deben ser sagrados, intocables, cada uno puede tener los que desee y por ello no se puede insultar, se debe respetar, naturalmente siempre que respeten la libertad de los demás. Por ejemplo, el marxismo es una ideología política no respetable puesto que no respeta a quien piense diferente y se impone por la violencia(el caso de Cuba, Venezuela, Corea del Norte, la antigua URSS). El Himno Nacional representa un sentimiento, por tanto aquel que pite u ofenda (como cuando don Pablo iglesias dijo que era "una cutre pachanga fachosa") a dicho Himno está ofendiendo a aquellos que sienten ese Himno.

b)En el caso que nos ocupa, los seguidores de equipos catalanes o vascos que piten a nuestro Himno Nacional están ofendiendo a todos aquellos españoles que sienten como suyo el Himno, incluidos los que puedan estar a favor de la independencia de Cataluña o Vascongadas.

c)El futbolista Johan Cruyff dijo que, " a los que pitan al Himno Nacional les falta un tornillo", y creo que llevaba razón pero hay que añadir, dejándonos de eufemismos, que son unos descerebrados, por emplear una palabra suave; su intelecto es incapaz de comprender aspectos como los que venimos discutiendo, solo saben, amparándose en el anonimato, en la muchedumbre, insultar y por ello , por su cobardía, por su comportamiento, es imposible considerarles seres humanos normales.

d) Hay otros, también descerebrados pero algo mas ilustrados, que están a favor de que se pite al Himno Nacional, pero no son capaces de decirlo y simplemente dicen que es "libertad de expresión". Nosotros entendemos que los que así actúan son peores aun, son hipócritas y cobardes, sean ciudadanos de a pie, sean directivos de los clubes, sean jueces, o políticos como muchos catalanes y vascos, o los de Podemos-IU (toda la izquierda radical). Estos últimos no solo están a favor del insulto a quien no piense como ellos sino también de eliminarles de entre los vivos, lo cual es muchísimo más grave (solo hay que ver el odio que acumulan y transmiten cada vez que hablan) .

e) Los que sienten nuestro Himno tienen derecho a no ser ofendidos, y por lo tanto la libertad de expresión de los que pitan termina donde empieza el derecho a no ser ofendidos de los otros. Si fuera como dicen los defensores de la "libertad de expresión", cualquiera podría decir a uno de ellos, "eres un hijo de la gran p...", basándose en su libertad de expresión.

El diputado al parlamento Europeo, don Carlos Iturgaiz ha dicho, en twitter, que "los que pitaron la Himno Nacional son unos hijos de p...", y a renglón seguido ha reconocido que es un insulto, pero que lo hace porque él ha sido previamente insultado por los que pitaron a su Himno. Yo también me considero insultado, pero no quiero responder con otro insulto para no situarme a su altura, aunque comprendo y apoyo totalmente a don Carlos Iturgaiz.

f) Esto ha pasado varias veces y seguramente pasará mas, porque hay unas autoridades que lo permiten, que permiten a una minoría de ciudadanos, descerebrados, insular a una mayoría de ciudadanos decentes. Por tanto las autoridades que lo permiten tienen gran parte de responsabilidad. El Sr. don Mariano Rajoy, presidente del gobierno, es responsable último de que ello ocurra, puesto que tiene mecanismos suficientes para impedirlo, como por ejemplo:" Si se produce la pitada se suspende inmediatamente el partido, que se dará por perdido al equipo/s cuya afición pite (si pita la de ambos, los dos lo pierden) que no podrá jugar la Copa del Rey durante los 2-3 años siguientes, o lo que se estipule, además de imponerle/s una multa, mínimo de 20 millones d euros... ¿Por qué no lo hacen? Por hechos muchísimo menos graves la UEFA impone multas mayores y excluye a el club que incumpla su reglamento de jugar determinadas competiciones. En la liga de futbol profesional se imponen multas enormes por actos de racismo , o por llamar al árbitro "maric..." ¿No es mucho más grave insultar a nuestro Rey y a nuestro Himno Nacional? ¡Que nos conteste el Sr. Presidente del gobierno!

g)A nuestro entender, los principales responsables de la pitada al Rey e Himno Nacional son, naturalmente los que pitan, pero al mismo nivel coloco a las directivas de los Clubes que se muestran tolerantes y, por supuesto, al gobierno. La autoridad que no que hace cumplir la ley, que permite a unos insultar a otros, no merece ser autoridad, y no merece el más mínimo respeto.

Llanto por Córdoba / por Rafael Comino Delgado

Hay que ser muy buen aficionado para después de haber estado en los toros este año repetir el año próximo, y no por los toreros, sino por un ganado flojo, sin fuerza, si vida, hasta decir basta, descastado y desrazado hasta el bostezo. Fíjense como seria que el segundo toro de Cayetano, el día 27, se cayó durante la suerte de varas y ya no se pudo levantar; hubo de ser apuntillado en la plaza.

  • Acaba de terminar la feria taurina de Córdoba, constituida por una becerrada, dos corridas de toros a pie y una de rejones.
Llanto por Córdoba

Rafael Comino Delgado
Solo dos corridas de toros, con lo que Córdoba ha representado y representa en la Tauromaquia. Ronda es muy importante en la historia del Toreo (con la saga de los Romero, por cierto procedentes de Villanueva de Córdoba), como lo son Chiclana (con Paquiro), Sevilla (con Joselito, Belmonte, Chicuelo), Sanlúcar de Barrameda (con Paco Ojeda y su "parón" entre los pitones) y otras muchas más, pero Córdoba es la primera con Lagartijo el Grande que trajo el Arte al Toreo, Guerrita el poderío, la técnica más avanzada en aquellos tiempos y la verónica de costado, Machaquito perfeccionó el Volapié hasta límites no superados y Manolete acortó las distancias e introdujo la quietud, el mando y la ligazón (que había practicado Chicuelo pero no en todos los toros como Manolete) antes no conocidas, por lo que hemos de considerarle, en justicia, el padre de la modernidad. Gracias a Manolete hoy se puede torear como se torea.

Manuel Benítez "El Cordobés" pisó terrenos antes nunca pisados, aportando la verdad que más tarde se le atribuyó a José Tomás, pero esa verdad ya la conocía y la practicaba el Cordobés.

El último grande de los cordobeses es Finito, que aportó a la Tauromaquia una calidad antes no conocida y, por hoy, no igualada.

Rafael Duyos escribió los siguientes versos: "Con Lagartijo, el románico/Con Guerrita, el plateresco/Con Machaquito, el mudejar/Con Manolete, el imperio./Cuatro cordobeses y una sola Córdoba en los medios". Muy modestamente, y sin la más mínima pretensión, me atrevo a añadir: "Con El Cordobés, huracán de viento nuevo/Y con Finito la esencia del mejor toreo bueno".

Se mire como se mire, se diga lo que se diga, siendo verdaderamente objetivos, Córdoba ocupa, por meritos propios, un lugar principal, porque así lo dice la Historia, sin menospreciar a las demás. 

Bueno pues con toda esa historia, con todo ese bagaje, con toda esa tradición cordobesa, su feria ha quedado reducida a dos corridas, ¡y qué corridas, en una plaza de primera! 

Hay que ser muy buen aficionado para después de haber estado en los toros este año repetir el año próximo, y no por los toreros, sino por un ganado flojo, sin fuerza, si vida, hasta decir basta, descastado y desrazado hasta el bostezo. Fíjense como seria que el segundo toro de Cayetano, el día 27, se cayó durante la suerte de varas y ya no se pudo levantar; hubo de ser apuntillado en la plaza. El Toreo es emoción, que no ha aparecido por Córdoba este año. ¡Qué pena de Córdoba en lo que la han dejado! 

En las calles, plazas, en los bares, tabernas y restaurantes de Córdoba, en toda ella se respira Tauromaquia, hasta el punto de que Rafael Duyos a la pregunta que se hacía, ¿Qué es el Toreo en Córdoba? contestaba, "Todo en Córdoba es respuesta".

En Córdoba hay afición a los toros, se celebran multitud de actos culturales en relación con el Toreo. La Universidad de Córdoba tiene una cátedra de Taurología, pero por unas cosas o por otras, las distintas empresas que han ido pasando han dejado la plaza en unas condiciones lamentables, han ido aburriendo a los aficionados.

Córdoba que es, "Casa de guerrera gente y de sabiduría clara fuente", como queda reflejado en el escudo de la ciudad, y el cordobés con su carácter serio, respetuoso, profundamente reflexivo, sobrio, poco dado a la estridencia , en silencio y sin aspavientos se resigna a ver lo que lo se ha visto este año, pero toma buena nota del engaño.

Se necesita mucho trabajo bien hecho, mucha afición, ofrecer mucha verdad para que los cordobeses vuelvan a ilusionarse con su feria taurina y vuelvan a la plaza. ¿Dónde está el empresario que sea capaz de aportar todo ello?

'San Isidro'. Ni sí ni no, ni blanco ni negro / Por Paco Mora


"Barberillo" de Alcurrucén con el que triunfó Ginés Marín


Uno, en su modestia, espera los toros de Alcurrucén, los de Cuadri, los de Victorino, los de Adolfo y los de Miura… Y lamenta que no repitan los de Fuente Ymbro. Uno es así de raro en sus gustos.
Ni sí ni no, ni blanco ni negro

Paco Mora
Irregular corrida de Pereda, en la que ha brillado por su ausencia la procedencia del encaste Núñez. Algunos hasta tuvieron momentos que parecía que podían ser de triunfo. Pero enseguida desmentían los detalles que hicieron abrigar ilusiones. En general, corrida con más dificultades que virtudes. Gonzalo Caballero recuerda, salvando todas las distancias y diferencias, a aquel Chicuelo II de Albacete que puso Las Ventas boca abajo en varias ocasiones. Y es que Caballero, también justo de estatura física, tiene, como aquel albaceteño, un corazón grande.

En su primero ha tratado de mostrarse sereno y mesurado, pese a la tormenta que, por circunstancias muy íntimas, llevaba dentro, pero en el último de la tarde ha explosionado en el torero valiente y entregado ya conocido en el ruedo venteño, y ha dado una vuelta al ruedo casi tan valiosa como el trofeo auricular, que con un poco más de generosidad del palco hubiera paseado por el anillo entre las ovaciones de un público agradecido a su esfuerzo. A él se debe la estocada de la tarde, en el tercero, y tampoco en el sexto ha andado mal con la tizona. Hay que darle cancha y esperarlo porque puede ser un torero de interés popular. Aunque esto sería pedirle peras al olmo de la furia economicista que impera hoy por hoy en el ámbito empresarial taurino…

Fandiño ha luchado desde su panoplia de posibilidades con la rudeza de las embestidas de sus dos adversarios en una corrida difícil que ha embestido en demasiadas ocasiones a gañafones. El de Orduña ha salvado su tarde con dignidad. El burgalés Morenito de Aranda continúa componiendo bien la figura, pero sin acabar de darle profundidad a un toreo que queda como helado en el tiempo del flash fotográfico. Una tarde más a la espera de la comparecencia de los reyes del momento taurino (Ponce, Morante, Manzanares, Talavante y Perera). Aunque no sea más que para intentar destronarlos. Lo malo es que con los príncipes (Roca Rey, López Simón y Cayetano, por ejemplo), tampoco el exigente e irritado público madrileño está muy por la labor. Uno, en su modestia, espera los toros de Alcurrucén, los de Cuadri, los de Victorino, los de Adolfo y los de Miura… Y lamenta que no repitan los de Fuente Ymbro. Uno es así de raro en sus gustos.

19ª de San Isidro en Madrid. Una tarde llena de tristezas y otra más para olvidar / por J.A. del Moral.



El mal juego del ganado – ayer la corrida fue de José Luis Pereda – está siendo el denominador común de esta feria salvo pocas excepciones. A estos contados casos nos estamos agarrando para intentar salvarla. Lo más positivo del larguísimo serial corre por cuenta del público que está acudiendo no digo en masa pero sí en cantidad más que suficiente. Sea como sea, con público fiel y el de aluvión, la plaza de Las Ventas reluce cada tarde con la esperanza intacta. ¿Qué espectáculo lograría tanta anuencia durante tantísimas tardes seguidas en las que la decepción es tan dominante? Ningún otro.

La decimonovena resultó otro tostón sin apenas alicientes. Únicamente las estocadas de Gonzalo Caballero, sobre todo la que ejecutó para matar al último toro tras jugársela sin contemplaciones, tuvieron como resultado una gran ovación y la única vuelta al ruedo de la tarde. Estas estocadas y los arriesgados recibos a porta gayola en el recibo de los toros cuarto y quinto por parte de Morenito de Aranda y de Iván Fandiño, mas el sentidísimo minuto de silencio que se guardó tras el paseíllo en memoria de la muerte de Víctor Barrio que ayer hubiera cumplido 30 años y los brindis al cielo que los tres espadas hicieron, Morenito y Fandiño en honor del compañero fallecido y Caballero por el reciente fallecimiento de su señor padre, fueron los momentos más emocionantes. Pero el soso toreo de los tres frente a las sosísimas y tristísimas embestidas de sus enemigos, apenas lograron el interés del público salvo los sonoros enfados de lo sectores habitualmente contestatarios que esta vez llevaron razón.

Una tarde llena de tristezas 
y otra más para olvidar

J.A. del Moral · 30/05/2017
Madrid. Plaza de Las Ventas. Lunes 29 de mayo de 2017. Decimonovena de feria. Tarde muy agradable con dos tercios de entrada.

Seis toros de José Luís Pereda muy desigualmente presentados, bien armados, de pobre juego en distintos grados de fuerza y prácticamente nulos de bravura, de casta y de raza. La sosería y la falta de brío fueron el denominador común además de la apenas destacable manejabilidad de los seis salvo el sexto que tuvo más movilidad que sus hermanos.
Morenito de Aranda (nazareno y oro): Pinchazo y casi entera tendida, silencio. Pinchazo hondo y bajonazo, aviso y silencio.
Iván Fandiño (cobalto y oro): Estocada casi entera tendida trasera y descabello, palmas. Estocada trasera con vómito, silencio.
Gonzalo Caballero (ceniza y oro): Estocada de efectos fulminantes, ovación con saludos. Gran estocada y descabello, aviso y vuelta al ruedo.
En banderillas destacó sobre los demás peones, Miguel Martín al parear al sexto toro.
Finalizado el paseíllo sin deshacerse el desfile de cuadrillas, se guardó un minuto de silencio en memoria de la muerte de Víctor Barrio.


Entrar en detalles sobre la lidia de los seis toros corridos ayer sería tanto o más latoso que la contemplación de cuanto hicieron los tres espadas. Y es que la corrida de Pereda, aparte la gran presencia de algunos – cuatro de ellos cinqueños – fue tan gris y tan triste que, a lo largo del festejo, más bien seria decir funeral, entraron ganas de irnos para casa. Mientras duró el suplicio, pensamos en qué estarían diciendo los comentaristas de la televisión para llenar tantos momentos sin el menor interés ni importancia.


La voluntad de agradar, las ganas de poder resolver la papeleta, el empeño en seguir toreando en los baldíos intentos de remontar los imponderables de los actuantes, fue lo único positivo que pudimos anotar, cada cual a su modo.


Morenito de Aranda fiel a su buen concepto del toreo que ayer no logró plasmar como en su primera actuación en esta feria logrando cortar la primera oreja del interminable ciclo. Iván Fandiño, en lucha por reconquistar el brillo que tuvo en sus primeros años de matador, cuando los públicos le tomaron en cuenta como si se tratase de un valiente dotado de suficientes cualidades para que tanto él como su apoderado creyeran que podría llegar a figura y no pocos periodistas también, mientras otros como el que subscribe opinamos que la ecuación carecía de futuro. Y los más frescos y largos intentos en pos de conseguir triunfar de Gonzalo Caballero tras resultar herido el año pasado y superar anímicamente la prematura muerte de su padre, apenas lograron la aquiescencia y el interés de los espectadores. Meritísimo en su paciente espera de que sonara la flauta.


¿Para qué seguir…. para que los lectores se aburran al leernos tanto como en el transcurso de la tarde, ayer al menos más breve que en la mayoría de los festejos que se llevan celebrados?

Decimosexta de Feria. Sigue el ricino antitaurino de Donsimón: hoy, la Peredada / por José Ramón Márquez


Memoria pipera

Lo que se va muriendo, lo que se merece un minuto o sesenta minutos de silencio es la Feria del Isidro, que está siendo asesinada a manos de la más despreciable colección de ganado feo, mal presentado, sin trapío y sin fuerzas: he ahí la obra de Donsimón el Productor y de su equipo de veedores


Sigue el ricino antitaurino de Donsimón: hoy, la Peredada


Hoy le dedicaron un minuto de silencio a Víctor Barrio (qDg) porque tal día como hoy habría cumplido años. Como empecemos con éstas no sé dónde podemos acabar, la verdad, que esto de los minutos de silencio ni sé quién los manda ni quién los propone y, ya puestos, el sábado se cumplieron años de la muerte de Maoliyo el Espartero, como recuerdan los tanguillos de Cádiz: “un veintisiete de mayo / a un caballero le oí decir / hoy se cumplen los tres años / que El Espartero murió en Madrid…” y nadie se acordó del torero de la Alfalfa sevillana más que Juan Palette, a centenares de kilómetros de Las Ventas. Ignoro a qué obedeció el recordatorio de la onomástica del segoviano. Antes de entrar a la andanada me asomé a mirar la novillada de mañana desde arriba; andando por el pasillo iban tres hombres mayores que luego entraron en la Andanada 10. El más bajito dice a los otros: “No sé quién se ha muerto, que le van a dar un minuto de silencio”.

Lo que se va muriendo, lo que se merece un minuto o sesenta minutos de silencio es la Feria del Isidro, que está siendo asesinada a manos de la más despreciable colección de ganado feo, mal presentado, sin trapío y sin fuerzas: he ahí la obra de Donsimón el Productor y de su equipo de veedores (que Dios les conserve la vista) y de los veterinarios que se conoce que los de este año son los repetidores, los que aprobaban en septiembre. Porque no es que nos demos de cabezazos con las corridas que nos han echado, con la vuelta al ruedo, por ver de salvar algún mueble, a un inválido que las palmó aculado en tablas, es que miras hacia adelante y lo que ves, espanta: Montealto, Victoriano del Río, Juampedro y Garcigrande son el Tourmalet, el Angliru que aún tenemos que subir a piñón fijo antes de poder llegar al remanso de lo que queremos ver. Hoy, como adecuado prólogo a esas cuatro tazas de ricino que nos esperan en esta semana, trajeron los “Núñez” de don José Luis Pereda, otra corrida de deplorable estética, lamentable presentación y juego, que deja en evidencia al presidente y al equipo veterinario que fueron capaces de dar el apto a esa redada con más de cien quilos de diferencia entre el tren de mercancías y la cabra.

Hoy se dio una circunstancia que no suele darse y es que el ganadero estuvo en la Plaza. Así no hubo que esperar a que su mayoral, don Miguel López, le diese la noticia de la basura que habían traído a Madrid, tras tenerlos tantos años echándolos de comer. De esta forma él mismo pudo certificar de visu que sus presuntos desvelos como ganadero no dan ningún resultado y que la opción de eliminar lo anterior es una elección que no debería ser despreciada, ni mucho menos. El primero de la tarde, Viajero, número 126, cayó desplomado tras recibir el primer simulacro de vara, volvió a besar la sacrosanta arena de miga de Las Ventas en los inicios de la faena de muleta y luego transmitió la sensación cierta de que era apenas capaz de sostenerse en pie. El segundo, Arocheno, número 146, cayó por dos veces en los lances de capa, y otra antes de entrar al penco; el picador, con esos antecedentes, apenas le señaló, por lo que pudiese pasar, pero Jarocho lo tumbó en su tercer par de banderillas. El tercero, Panadero, número 66, trajo la buena nueva a su criador: no cayó al suelo a cambio de casi no ser picado en sus dos encuentros con el aleluya guateado. El cuarto, Cilantro, número 100, cayó como sus hermanos en la primera vara, por lo que Héctor Piña decidió no picar en la segunda, por lo que pudiese pasar, que al final pasó cuando andaban trajinándole para banderillas y es que se fue… al suelo, y lo mismo en la faena de muleta. El quinto, Petanco, número 77, la cabra de la que hablábamos más arriba, directamente no fue picado y no se pegó ningún planchazo. Mejor para él. El sexto, Agrio, número 102, es el único de la tarde que recibió una vara a modo, fue la primera y se la recetó Manuel José Bernal, que es el único de los picadores que hoy se ganó el pan con el sudor de su frente. Este toro, para gloria de su criador, tampoco conoció el oprobio del piscinazo en la arena. A los comportamientos que presentaron los productos del señor Pereda, más parecidos a los hábitos del gusano de seda que a los del toro de lidia en cuanto a sus deseos de reptar, debemos unir, en esta escalera que trajo a Madrid el señor Pereda, la variedad de aspectos, que llevo hora y media dando vueltas al libro “Prototipos raciales del vacuno de lidia” para entender que acaso el quinto y el sexto eran más de tipo Villamarta, y que me perdonen el señor marqués de Villamarta y sus herederos.

En un cartel que no fue capaz de concitar la masiva afluencia del público a La Monumental, que presentaba una entrada bastante pobre, pusieron los nombres de Morenito de Aranda, Iván Fandiño y Gonzalo Caballero.

Morenito siempre me ha parecido un torero sumamente afectado en su forma de lancear. Bien es verdad que él acude de manera muy regular a la verónica, que en esto del capote es la Ley, pero huye de la naturalidad que siempre debe impregnar todo lo que se hace en la Plaza y adopta unas posturas barrocas que no hacen mejor el lance. De esta manera recibió a su primero. Bueno, abundando en lo de la afectación, diremos que antes de abrirse de capa el burgalés estuvimos apreciando su postizo, compuesto de la moña negra con un rabillo dorado. Su trasteo con Viajero comenzó de manera muy templada, sin dar el paso adelante, por supuesto. Era tal la debilidad caediza del toro que la cosa no cobra vuelo y el torero se desconcentra comenzando una serie de trapazos sin interés. El toro parecía que venía de hacer un cursillo de Prevención de Riesgos Laborales, porque no se le vio ni una sola actitud capaz de dar la idea de peligro como tampoco de echar una mano. Se ve que era toro al que había que incitarle, tal y como hacía aquél anónimo speaker de Daganzo que en los festejos de recortadores bramaba: “¡Toro, colabora!”. Con un pinchazo y un sartenazo tendido Morenito despenó a Viajero. A su segundo, Cilantro (Coriandrum sativum), lo quiso recibir a porta gayola, pero el toro después de pensárselo optó por irse de allí al paso: mejor para todos. Éste daba la impresión de haber venido a la Plaza en la ambulancia del SAMUR, no en un camión. El toro acude de largo a la muleta morenística y el de Aranda le pega con la derecha una serie ligada y templada (lo que eso gusta ya está más que comprobado) aunque de poca reunión y exposición, a ésa la sigue otra más embarullada, que al no tener temple y ligazón enfría las emociones del senado, luego otra serie más en la que el toro le engancha la muleta y acaba sentado, como Toro Sentado, y luego cuatro derechazos ligados, bien rematados y algo por afuera que son lo mejor de su actuación, que finaliza con media estocada baja echándose fuera, un aviso, un bajonazo y una puñalada trapera.

Iván Fandiño sorteó los dos más chicos de la tarde. Recibe a su primero con verónicas embarulladas de marcha atrás. Brinda la birria al ganadero, o porque es amiguete o porque se lo ha mandado su apoderado Nahún, y comienza en los medios con dos pases cambiados, un cambio de mano y uno por alto. Eso es lo que le salió. A partir de ahí ya la cosa cambia, o no cambia porque ahí tenemos lo de cada día, los redondos por las afueras, un natural que pareció que podría llegar a ser y otros con el pico de la muleta con el toro en plan circunvalación y otros derechazos que son como ver un coche en una rotonda. Fandiño se pone harto pesado y ni hace amago de querer plantear el toreo bueno; luego intenta unos cuantos naturales, uno a uno, algunos enganchados, y vuelve a dar la sensación de impotencia que le acompaña últimamente. Saca a las gentes del sopor con las clásicas bernardas y se libra de Arocheno mediante una tendida, trasera y atravesada perdiendo la muleta y un golpe de descabello. 
En su segundo, Petanco, se va a porta gayola y la cabra, tras saltar, sale corriendo hacia el burladero del 6. Este animal, que era el de menos peso pero el de lengua más larga del encierro, propicia otro capítulo del viaje a ninguna parte de Fandiño que, animado desde el callejón por la ciencia de su apoderado Nahún, obsequia a la cátedra una actuación salpicada de carreritas, enganchones, el moonwalk o pasitos de las muñecas de Famosa, el fueracacho y demás arquitectura efímera. Le arrea a Petanco una estocada baja con derrame y, como la cosa está de manchar, los peones esta vez no se acaban de animar a hacerle la rueda.

Mientras la cuadrilla de Gonzalo Caballero estaba a lo de las banderillas, una septuagenaria de la fila 5 descabezaba un sueñecito; luego la señora se vio despertada por una grave voz que avisaba: “¡Qué asco, ganadero!” y así pudo ver las carencias de Caballero, apenas tapadas por su valerosa actitud. Caballero deja al toro suelto al final del muletazo, no resuelve el último tercio del pase, que es donde se consigue la ligazón y por ello debe recolocarse a cada muletazo. El primer pase medio se lo da, pero no hay continuidad, una y otra vez. Por eso la faena es deslavazada y carece de unidad -y de sentido-. Cita a matar en una estocada aguantando, clavando arriba de gran efectividad. Buena estocada. El sexto fue banderilleado toreramente por Miguel Martín. El trasteo de Caballero adoleció de los mismos defectos que el del tercero: no deja al toro colocado y tiene que ir a buscarle, él va improvisando y se le ve casi siempre cogido, tampoco se da cuenta de la distancia que el toro le demanda y ahoga la embestida, por lo que el toro protesta con cabezazos. En realidad no hay faena, otra vez, y Caballero presenta de manera sincera lo que realmente atesora que es su valor. Lo mata de estocada arriba quedándose en la cara y soltando la muleta y descabello.

Padrenuestro de la nada