la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

domingo, 29 de septiembre de 2019

Pues sí, ¡Viva Franco! / por Eduardo García Serrano



Estamos solos, pero no somos pocos. Somos bastantes más de los que a ellos les gustaría que fuésemos. Hoy nos persiguen civil, social y profesionalmente. Mañana, cuando hayan profanado “legalmente” la tumba del caudillo militar y del estadista más grande que ha habido en España desde los Reyes Católicos, sus togas y sus comisarios políticos nos perseguirán físicamente.

Pues sí, ¡Viva Franco!

Eduardo García Serrano 
Es la hora de los enanos y de los cobardes. Vivimos en el tiempo de los tibios y los invertebrados. Bostezamos en el calendario de los “moderados” que creen que la resistencia al totalitarismo de la estulticia y la mentira es antidemocrática y que la Historia, la Verdad y la Patria son realidades tan relativas y mutables como los genitales de un transexual. Vivimos en la bacinilla de Poncio Pilatos, en el capricho voluble y efímero del plebiscito popular y en la tiranía de un parlamentarismo que juega a los naipes con las papeletas de la urnas, y que al final de la timba nos presenta su resto y sus ganancias como la soberana voluntad de un pueblo que se cree libre en la multitud del rebaño.

Estamos solos. Individual y colectivamente solos. Institucionalmente despreciados y socialmente ninguneados, carecemos del refugio y del amparo que cualquier paria encuentra en la Justicia. Somos perseguibles de oficio por ser lo que somos y el máximo consuelo que podemos hallar en los Tribunales es el silencio, pero nada más. Cuando acudimos a ellos sabemos, por ese innato conocimiento socrático que hace que el hombre nazca con la memoria de lo que es justo, que sobre nosotros y nuestras demandas, sobre nuestros pleitos y nuestra querellas se derramará la injusticia con generosidad y largueza, y con el aplauso “popular” estabulado en los rediles políticos y periodísticos.

Estamos solos, pero no somos pocos. Somos bastantes más de los que a ellos les gustaría que fuésemos. Hoy nos persiguen civil, social y profesionalmente. Mañana, cuando hayan profanado “legalmente” la tumba del caudillo militar y del estadista más grande que ha habido en España desde los Reyes Católicos, sus togas y sus comisarios políticos nos perseguirán físicamente.

No tengáis miedo. Alcemos la voz y hagamos del grito ¡Viva Franco! la consigna y el santo y seña de la resistencia, tal y como en los tiempos de la cheka y el crimen institucionalizado lo fue el acrónimo CAFE. Convirtamos nuestras voces en el rugido de la galerna haciendo del grito ¡Viva Franco! lo que Quevedo decía de la corneta militar: “Le das fuerza de ley al aire vano”.  

ÚBEDA: FESTIVIDAD DE SU PATRÓN EL ARCÁNGEL SAN MIGUEL.



La Ciudad Patrimonio de la Humanidad de Úbeda celebra su tradicional Feria en honor a San Miguel Arcángel, Patrón de la localidad desde que el 29 de septiembre de 1233, onomástica del Arcángel, Fernando III reconquistara estas tierras.

Así, la ciudad de Úbeda homenajea al Arcángel que daba nombre al día en el que Fernando III la reconquistó, convirtiéndole en su Patrón y honrándole con el desarrollo de las fiestas patronales que llevan por nombre Feria de San Miguel Arcángel.

Con tal motivo, el Grupo Parroquial de San Miguel Arcángel ha organizado un triduo que culminará el 29 de septiembre con la celebración de la Fiesta Principal que se celebrará a las 10.00 horas en la Iglesia de San Miguel (Convento de Padres carmelitas Descalzos). Será presidida por Fray Héctor Cáceres Zalazar y contará con la participación  del coro 'Humildad y Fe'.

Actos a los que desde el Grupo Parroquial invitan a participar a toda la ciudadanía para que San Miguel esté arropado en su gran día y ocupe el lugar que la historia le otorgó. Es el Patrón de Úbeda y todos los ubetenses estamos llamados a formar parte activa del devenir de este Grupo Parroquial.

Cultos
De esta forma, los cultos en torno al Patrón de la ciudad, San Miguel Arcángel, darán comienzo el próximo jueves, 26 de septiembre, a las 20.00 horas, con el inicio del triduo. Será a las 20.00 horas, en la Iglesia de San Miguel (Convento de Padres Carmelitas Descalzos), oficiado po Fray Héctor Cáceres Zalazar. El triduo continuará los días 27 y 28, a la misma hora, hasta llegar al día grande, el 29, festividad del Patrón.

Así, esta jornada marcada por la onomástica del Patrón arrancará con la Solemne Fiesta Principal que se celebrará a las 10.00 horas en la Iglesia de San Miguel (Convento de Padres Carmelitas Descalzos) para conmemorar con una eucaristía al Patrón de la ciudad.



Procesión
A continuación, toda la ciudadanía está llamada a participar y acompañar a San Miguel Arcángel en su tradicional procesión por las principales calles y rincones de la ciudad. Está prevista que el cortejo procesional parta a las 11.30 horas, desde la Iglesia de San Miguel de los Padres Carmelitas.


La procesión recorrerá el siguiente itinerario por las calles de la ciudad: calle San Juan de la Cruz, Plaza Primero de Mayo, calle Montiel, Corredera de San Fernando, Plaza de Andalucía, Rastro, Plaza del Marqués de la Rambla, calle Antonio Medina, Plaza de San Pedro, calle Juan Pasquau, Real, calle María de Molina, Plaza Primero de Mayo, calle San Juan de la Cruz y regreso a la iglesia de San Miguel de los Padres Carmelitas.




Feria de Otoño. Márquez & Moore. La tarde fue de Antonio Chacón (y el que quiera ya puede dejar de leer)



En el cante ha ocurrido lo que en el toreo.
El toreo sufre la decadencia de la suerte de matar,
y el cante, la decadencia del compás, medida de su calidad.
Por eso los buenos “cantaores” llevaban una cañita,
y los que no, como don Antonio Chacón, un bastón.
Ramón Montoya

Crónica de José Ramón Márquez
Fotos de Andrew Moore

Antonio Chacón

Al fraile y al cochino no hay que enseñarles más
que una vez el camino 
Refranero Popular


José Ramón Márquez
La tarde fue de Chacón, de Antonio Chacón, que con su vestido berenjena y plata puso en la arena de Las Ventas la torería, el pundonor, el oficio, el orgullo de ser torero. Le tocó banderillear al tercero, Cuba, número 154, y el toro andaba por la Plaza como si estuviese por un centro comercial echando la tarde. Llevaba el animal cerca de diez minutos por la Plaza sin que nadie hubiese sido capaz de fijarle, de hacer que se interesase por las cosas de los capotes, por algo de la lidia. Se había ido suelto del primer encuentro con el jockey armado de vara y puya; en el segundo le habían mechado el lomo en el rato que medio empujó y cuando las trompetas y los tambores anunciaron el cambio de tercio allá que se fue Chacón a dejar un par cuarteando, pleno de torería, dando ventajas al toro, dejándole llegar y reuniendo en la cara, y cuando fue el momento de su segunda cita con el tal Cuba, viendo que el bicho se había ido hacia los terrenos del 4, que no había forma de sacarle y que ya llevaba encima, arriba o abajo, cerca de los doscientos capotazos, ahí que se fue Chacón a proponer al toro un par al sesgo, ejecutado con torería, en el que el toro apretó lo que quiso o lo que pudo después de sentir los arpones en su interior y que obligó a Chacón a salir por el terreno de adentro, cabe las tablas, en dirección al burladero, perseguido por el toro, que no atendía a los capotes, mientras la Plaza en pie tributaba al paisano de Curro Romero y de Paco Camino una monumental ovación de reconocimiento, la más neta de toda la tarde. 
Y luego, en el sexto, ahí quedó otra lección menos espectacular pero igualmente sabia de brega eficaz, de la que sirve para mejorar a los toros, de la que sirve para que el matador se fije, si es que acaso le interesa conocer las intenciones del toro. Bravo por Chacón en otra tarde más de esa deleznable ganadería llamada El Puerto de San Lorenzo, complementada hoy por un primillo de La Ventana del Puerto: la hez lisarnasia de nuevo arrastrándose por Las Ventas, dando la murga que es lo que mejor saben hacer. Al pobre de San Lorenzo unos desalmados romanos le asaron en una parrilla y ahí vemos, acaso, una salida para estos ganados lisarnasios, en la parrilla de Jiménez de Jamuz o en la de Julián de Tolosa, sirviendo al menos como algo de provecho.

El que quiera ya puede dejar de leer, porque lo que viene después ya no tiene nada que ver con lo anterior, que es la reseña del resto del festejo, por llamarle algo.

Con un apoderado y un vestido espantoso de color faja de madre y oro con cabos negros se vino a Madrid Daniel Luque, cuyo generoso padre tuvo el desprendimiento de convidarme en cierta ocasión a un suculento café cortado. Con dos apoderados y vestido de espuma de mar y oro se vino el arlesiano Juan Leal y con tres apoderados y soberbiamente vestido de teja y oro el sevillano Juan Ortega, que se ve que el muchacho necesita de mucho apoyo.

El primero de la tarde, del malhadado Puerto, Langostillo, número 89, gordo, bajo, corto, con más ata que lisar, no tuvo ni fuerzas para acabar de saltar la barrera por el 10. Luego recibió dos auténticas birrias de varas de Juan de Dios, y a quien Dios se la dé, San Pedro se la bendiga. Ante este animal Luque, al que tantísimas veces hemos visto ya a lo largo de los años de afición, hizo las luqueces que se esperaban de él: unos medio lances de capa que algunos ilusos cantaron como buenos, porque les han convencido de que es un gran capotero, y un trasteo basado en la ventaja, la descolocación y el acompañamiento. El mismo de siempre. Y eso que últimamente los medios de propaganda taurina nos lo vendían como oro molido por no sé qué faenas en la France. Le jalearon, ¿cómo no?, los muletazos en que el toro se mantuvo en movimiento, porque a buena parte del público contemporáneo lo que más le pone es lo de la ligazón, y cuando el toro se fue aburriendo de las trazas de Luque y no se produjo el movimiento constante dejaron de echarle cuentas. Media estocada baja fue suficiente para enviar al del Puerto al despiece.

Su segundo era Renacuajillo, número 147, de la Ventana del Puerto, que es una ventana que mira hacia Aldeanueva. El producto que nos ofrecieron a través de la Ventana era feo, estrecho y basto, con poco amor a la pelea contra los petos, acaso empujando con el pitón izquierdo en el primer encuentro y largándose suelto del segundo para proclamar la verdad de su mansedumbre, que se sustanciará durante el tiempo de la muleta con la simple evidencia de su querencia a irse hacia chiqueros. Antes, Juan Leal había dejado un quite en los medios, impávido, y la cuadrilla un sainete banderillero en el que a Juan Contreras le tocó clavar los nones y a Jesús Arruga los pares. Luego, Luque volvió a luquear con idénticos argumentos a los explicados más arriba y con idéntico resultado: palmitas y ¡bieeen!, cuando el toro se mueve, tedio y desinterés cuando el toro no repite. Como colofón a su obra una estocada con mucha muerte algo tendida y trasera.

Juan Leal trajo a Las Ventas su falta de concepto, su ausencia de tauromaquia y su innegable valor. Su primero, Lirón, número 155, se frena y echa las manos por delante en el capote, yéndose suelto sin atender al cite en cuanto cata aquello. Empuja sobre el pitón derecho al penco comandado por Vicente González y en la segunda cita simplemente se deja pegar. Atropella a Marc Leal en banderillas, en un torero par en el que el peón aguanta y se recrea en la suerte y luego Juan Leal se va a los medios, se pone de rodillas y cita en la distancia a Lirón para darle un pase cambiado y ligar tres o cuatro más que cosechan sinceros aplausos al valor. Luego, una vez de pie la cosa se va al manido mundo del descoloque y la ventaja y como este torero no tiene valedores en Las Ventas, le censuran lo mismo que aplauden a otros, mismamente al novillero de ayer. Sin bula venteña y con esas trazas, toreando tan despegadito y con el pico, y soltando al toro de cualquier manera, aquello no cobra vuelo, y luego viene el quinario de la espada, que se perfila lejísimos y cuando llega a la altura del toro da un saltito para cobrar… un pinchazo. Así cuatro veces, y luego siete descabellos, y el reloj corriendo hacia el tercer aviso, que por suerte para él no llegó a sonar.

Su segundo era Garavito, número 42, otro lisarnasio zancudo, feo y basto que recibe poco castigo en la primera vara y se va suelto en la segunda en busca de más tranquilidad. Bien con el caballo Daniel López, buen jinete que hizo su tarea sin tapar la salida nunca al toro y agarrando bien los puyazos, que el que falló en este caso fue el toro, no el piquero. Tras un pinturero quite de Juan Ortega, el toro presenta su buena cara en las dos primeras series, en las que parece que será algo en la muleta, pero en seguida asoma su auténtica cara a base de derrotes y de huida y Leal se va, simplemente, hundiendo con él. Cuando hizo el deplorable invertido las gentes se lo afearon, a ver si ya lo hacen así con todos. Una estocada muy trasera y contraria fue suficiente para enviar el alma de Garavito a los infiernos.

Y Juan Ortega, que es como si te comes los trocitos de pistacho que hay encima de la nata y tiras el resto del pastel. Su cosa se basa en su innegable apostura, en su forma de estar en la Plaza, en su manera de andar, en su empaque… hasta que llega el toro y todo lo descompone. Ni con su primero, Cuba, número 154, ni con su segundo, Billetito, número 56, consiguió otra cosa que poner la miel, exquisita miel de romero, en los labios de la necesitada afición: retazos, mohines, expectativas y cierta torpeza es el resumen de su actuación, que sirve para constatar netamente que Ortega necesita, mucho más que tres apoderados, un toro absolutamente idiota, una máquina de embestir con poca cornamenta, un peluche trotón y bondadoso, y con ese material artístico es muy posible que pueda dar momentos de éxtasis estético, pero llegar a ese toro hay que ganárselo, y no parece que Juan Ortega esté dispuesto a pagar el peaje previo que hay que abonar para arribar a ese puerto. Por si a alguien le quedase curiosidad respecto de los toros, el tercero, un toro escurrido, metió la cabeza en el primer encuentro y no se fue suelto, y en el segundo cumplió. El sexto recibió una ración de carioca en la primera vara y en la segunda se dejó pegar.

Lirón atropella a Marc Leal en banderillas,
en un torero par en el que el peón aguanta
y se recrea en la suerte

Franco



Reproduzco aquí y ahora esta semblanza que hace años apareció en las páginas del Boletín de la Fundación Nacional Francisco Franco, pues no tengo mejor manera de expresar mi pensamiento en esta hora de vergüenza nacional. 

Franco, treinta años después

Aquilino Duque*
En estos treinta años transcurridos desde el paso a mejor vida del que fuera Caudillo de España por la gracia de Dios y la entronización de don Juan Carlos I de Borbón, Rey de España por la gracia del Caudillo, no he perdido ocasión de dar testimonio del régimen bajo el que, con grandes altibajos de adhesión y rechazo, transcurrió la mayor parte de mi vida.  Los términos en que lo hice no debieron de ser muy gratos para los entusiastas del nuevo régimen, a los que nunca agradaron ciertas evocaciones, ya que, sólo por hacerlas, dejaban a éste a la altura del betún.  No voy a decir que yo no haya hablado mal de Franco, pero eso era cuando Franco estaba vivo y yo era demasiado joven para que nadie me hiciera caso.  Tampoco es que ahora se haga mucho caso de lo que digo y por eso no me explico el empeño en expulsarme a las “tinieblas exteriores” de la democracia.  

Si hay algo en lo que todos los demócratas están más o menos de acuerdo, desde la derecha vergonzante hasta la izquierda más extremeña, es en la demonización de Franco y de su régimen, hasta el punto de que, unos por activa y otros por pasiva, se desvinculan de todo aquello que era la razón de ser de ese régimen y de la guerra civil a la que debió el ser.

Como yo soy de los ingenuos que se tomaron en serio eso de la reconciliación nacional, siempre procuré buscar puntos de acuerdo con presuntos adversarios y creí hallarlos en socialistas y liberales. Craso error. En mi vida profesional he tenido por colegas y amigos a muchos antifranquistas con algunos de los cuales siempre me llevé muy bien…hasta la muerte de Franco.  Y es que al plantearse la disyuntiva de reforma o ruptura, yo opté por la reforma, y en ello coincidía con la mayoría de los viejos repúblicos exiliados que no querían volver a las andadas.  Gente en cambio más joven, que no había vivido la guerra civil, clamaba por otro baño de sangre que ungiera al nuevo régimen.  Por limitarnos a catalanes, tuve un choque dialéctico con un joven barcelonés a quien puso fuera de sí algo que yo sostenía entonces y que muy posteriormente he podido leer en Josep Pla, a saber: que “Tarradellas no destruiría nada de lo hecho por Franco que fuera positivo para el país y la estabilidad general.”  En otro momento, Julián Marías, hombre de buena fe e ideas sensatas, rompió toda relación conmigo porque cometí la imprudencia de escribir que lo que él intentaba con la pluma, a saber, la defensa de la unidad de España, Franco lo había logrado con la espada. 

No son pocos los demócratas que defienden  con ardor lo mismo que Franco defendía, pero a la vez que lo hacen, acusan a Franco de hacer difícil esa defensa por habérsela “apropiado él en su día.  Los más preocupados en marcar distancias  son los que, por comodidad y generalizando mucho, llamaré los liberales, gran parte de los cuales son nietos de las instituciones del Régimen Anterior e hijos de las que hicieron la llamada Transición.  También entre socialistas hay gentes de análoga procedencia, pero en éstos está más justificado el antifranquismo, aunque sólo sea por el historial de un partido que no salió lo que se dice bien parado de la guerra civil que desencadenó.  Mientras esto siga así, la superioridad moral del socialismo revanchista sobre la derecha vergonzante será incuestionable.  Cuando, por ejemplo, ese partido, el socialista, que acusa al adversario de no “asumir” la pérdida del Poder a raíz de un cruento golpe de mano, se resiste a “asumir su derrota en la remota guerra civil abriendo fosas y retirando estatuas, ese adversario prefiere mirar para otro lado en un esfuerzo patético de evitar que los otros lo tachen de “franquista” y de “facha”, cosa que hacen con la máxima desenvoltura y un lenguaje de zona roja.  Hay incluso quien llega a decir que “la guerra civil la perdimos todos”, que es una manera inconfesable de citar a aquel José Antonio a las puertas de la muerte que dijo que “en una guerra civil sólo hay vencidos”.  Uno que le dio otra vuelta de tuerca a esa frase fue Rafael García Serrano en el guión de aquella película sobre Coros y Danzas que creo se llamaba Bailando hacia la Cruz del Sur cuando hace decir a una de las bailarinas aquella bella inexactitud de que “En España no hay vencidos”.  Yo mismo, seducido por Dionisio Ridruejo, he llegado a escribir en algún momento que me alineaba en espíritu con los vencidos.  Sobre esas alineaciones habría mucho que hablar, pero es dudoso que en ellas haya figurado alguna vez el sucesor de Franco a título de Rey, máximo beneficiario de la Victoria del 1 de abril
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N.B. Reproduzco aquí y ahora esta semblanza que hace años apareció en las páginas del Boletín de la Fundación Nacional Francisco Franco, pues no tengo mejor manera de expresar mi pensamiento en esta hora de vergüenza nacional. 

*Aquilino Duque Gimeno (Sevilla, 1931) 
Poeta, traductor, ensayista y novelista, estudió Derecho en su ciudad natal y amplió sus estudios en Dallas y Cambridge. 
Premio Nacional de Literatura, Premio Ciudad de Sevilla de novela y el Premio Leopoldo Panero de poesía en 1960, el Premio Washington Irving de cuentos en 1970 y el Premio Fastenrath de poesía en 1972. ççç
Miembro de número de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras desde 1981. Autor de más de una treintena de obras, entre ellas La idiotez de la inteligencia y Crónicas extravagantes en esta misma editorial.

SEVILLA. FERIA DE SAN MIGUEL: El Cid, la sensibilidad a flor de piel / por Antonio Lorca


El diestro Manuel Jesús 'El Cid' saluda al público al llegar a la plaza de toros de Sevilla. JOSÉ MANUEL VIDAL EFE

Emotiva despedida del torero sevillano ante una corrida inservible de Victoriano del Río

El Cid, la sensibilidad a flor de piel

ANTONIO LORCA
EL PAÍS.COM, Sevilla, 28 Sptbre. 2019
La fiesta de los toros, tan descorazonadora tantas veces, permite, también, vivir momentos mágicos, tan inimaginables como imborrables, de esos que emocionan de verdad, ponen la piel de gallina y alegran el alma.

Anunciaron los clarines el comienzo del último tercio del quinto de la tarde. El Cid, muleta en mano, se dirigió diligente hacia el toro mientras la plaza guardaba un respetuoso silencio. En ese momento, rompió la banda de música a tocar en homenaje al torero que lidiaba su último toro en Sevilla. Y los tendidos, puestos en pie, aplaudieron con entusiasmo el detalle de exquisita sensibilidad mientras El Cid componía nervioso los primeros y emotivos compases de su postrera faena.

Y todo a partir de entonces fue un torrente de emociones. El mejor Cid, torero grande, una de las mejores zurdas del toreo, el del las cuatro Puertas del Príncipe y otras tantas perdidas por la espada, ese que quizá nunca pudo imaginar un despedida tan emotiva, se transfiguró y deslumbró a todos con exquisiteces y chispazos de toreo íntimo. No fue una labor grandiosa, porque su oponente, tan noble como soso, no se lo permitió, pero toda ella transcurrió como en las tardes gloriosas e inolvidables. En los últimos instantes, tras un momento de apuro -perdió la muleta y el toro lo persiguió hasta las tablas-, el torero se dirigió a la banda, le dio las gracias y pidió a Sevilla un aplauso para ella. Y la Maestranza, ceremoniosa y entusiasmada, así lo hizo.

La estocada cayó trasera, el toro tardó en morir, El Cid esperó sentado en el estribo el momento final y paseó una oreja, la número 25 de su carrera en esta plaza, entre el cariño de sus paisanos.

Antes, ante su primero, había dado muestras de su mejor toreo. Seis verónicas de salida, templadísimas, asentada la figura, moviendo los brazos con armonía, puro clasicismo… Otra más y una media arrebatadora en el quite. Y comenzó el último tercio con la muleta en la zurda y dibujó una tanda de naturales hondos, hermosos y espléndidamente abrochados con el pecho. Lo que parecía un aperitivo no pasó a mayores porque el toro se apagó pronto.

Finalizado el festejo, los miembros de su cuadrilla lo alzaron en hombros y así dieron una vuelta al ruedo antes de salir por su propio pie por la puerta de cuadrillas entre el clamor sevillano en la despedida de un torero suyo que se dio a conocer en Madrid, allí conoció la gloria, y aquí, en la Maestranza, se consagró para la historia.

La corrida se acabó en la despedida de El Cid.
 Y tiene su razón de ser.

Victoriano del Río no tiene una ganadería, sino una pastelería; en lugar de toros bravos, nobles y fieros, cría bombones, merengues y petisús. Animales de cuatro patas y 500 kilos, sí, pero caramelos almibarados y empalagosos que se derriten al sol. Animales de desiguales hechuras y benditas intenciones, blandos casi todos, y tan bondadosos que, como un atracón de pasteles, producen empacho y dolor de barriga.

Eso sí, la pastelería cuenta con una selecta clientela y las figuras se pelean para acercarse al mostrador y elegir los mejores manjares. Ocurre, claro, que muchos de ellos se desmoronan y derriten en cuanto les da el aire y no permiten deleite alguno.

Algo así le sucedió a Ponce, que estuvo sin más. Su primero, un toro de triste estampa, ofreció una imagen mortecina y alma de borrego. Al torero se le vio tranquilo, sin atisbo de inquietud, pues el animal que tenía delante no lo exigía, y lo toreó despegado en una labor interminable y construida desde la mediocridad. Deslucido y falto de vida se mostró el cuarto. Y Ponce insistió, en un alarde de valor ante un moribundo, como si estuviera en otra galaxia, ajeno al aburrimiento que su tesón creaba.

José María Manzanares reaparecía tras una lesión en una mano y dio la impresión de que está para una retirada.

No se entendió con su primero, el toro de más movilidad del festejo, y desaprovechó su buena condición. Un elegante cambio de manos que se tornó en un largo natural fue lo más sobresaliente de una actuación impropia de su categoría. Tampoco encontró el camino ante el sexto, blando, soso y bonancible. Y Manzanares, torpe, inseguro y sin ideas…
  • DEL RÍO/PONCE, EL CID, MANZANARES

Toros de Victoriano del Río, desigualmente presentados, blandos, nobles, sosos y descastados.

Enrique Ponce: bajonazo (silencio); estocada caída (silencio).

Manuel Jesús El Cid: estocada baja (gran ovación); estocada trasera (oreja)

José María Manzanares: metisaca y media en la suerte de recibir y estocada (silencio); estocada (silencio).

Plaza de la Maestranza. 28 de septiembre. Primera corrida de la Feria de San Miguel. Lleno
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La corrida de hoy. Toros de Daniel Ruiz, para Morante de la Puebla, El Juli y Ángel Jiménez, que tomará la alternativa.

sábado, 28 de septiembre de 2019

'Tendido cero' RTVE: Homenaje a Chicuelo en el aniversario de su alternativa.



'Tendido cero' RTVE

Homenaje a Chicuelo en el aniversario de su alternativa.

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«Chicuelo», cien años de la alternativa de un torero genial


Fotografía de la alternativa de Chicuelo en la Real Maestranza en 1919 - ABC

Tal día como hoy, el 28 de septiembre de 1919, se doctoró en la Real Maestranza Manuel Jiménez «Chicuelo», un diestro imprescindible para entender el toreo moderno.

«Chicuelo», cien años de la alternativa de un torero genial

  • Recuperar y valorar como merece su figura es una de las asignaturas pendientes de la historia de la tauromaquia.

Lorena Muñoz
ABC, 28/09/2019 
Tal día como hoy, el domingo 28 de septiembre de 1919, tomaba la alternativa Manuel Jiménez Moreno, conocido como «Chicuelo», (Sevilla, 1902-1967). La Real Maestranza fue testigo de cómo con Juan Belmonte, que hizo las veces de padrino, le cedía los trastos al genial torero de la Alameda de Hércules, en presencia de Manuel Belmonte. «Vidriero», un toro del conde de Santa Coloma, fue el primero de la exitosa y larga carrera profesional del menudo y valiente diestro.

Ese mismo día y con media hora de diferencia, en la otra plaza de toros de Sevilla, la Monumental, Joselito daba la alternativa a Juan Luis de la Rosa. Era el reflejo de una ciudad polarizada entre los partidarios de uno y de otro, los belmontistas y los gallistas.

Chicuelo fue un torero excepcional, imprescindible para entender el toreo moderno que logró sobrevivir a la Edad de Plata, a la Guerra Civil y hasta el toreo de Manolete, al que le dio la alternativa en Sevilla 2 de julio de 1939. Manuel Jiménez nació en la trianera calle Betis y se inició pronto en el oficio.

Se presentó en público en Tejares, el 24 de junio de 1917, con ganado de José Manuel García. Le acompañaron Juan Luis de la Rosa y Bernardo González. Se anunció por vez primera como matador de novillos en Zaragoza, el 1 de septiembre de 1918, con ganado de Terrones, mano a mano con Antonio Márquez.

Genial con el capote, fue el inventor de la chicuelina y líder del escalafón en los años 20. Su extensa vida profesional le permitió torear entre tres etapas distintas del toreo sin perder vigencia, apoyado en una extraordinaria capacidad para adaptarse y sacar partido al toro de cada época.

Confirmó en Las Ventas el 18 de junio de 1920 con Rafael el Gallo como padrino y Juan Belmonte y Fortuna como testigos ante reses del duque de Veragua en una tarde en la que salió a hombros por la puerta grande.

Su faena más famosa fue la del toro «Corchaíto» de Pérez Tabernero, en Madrid el 24 de mayo de 1928. Gozó de máximo cartel en México, donde debutó en 1924 donde se erige un monumento en su memoria, y se retiró el 1 de noviembre de 1951, en Utrera (Sevilla).

Un torero fundamental

Manuel Jiménez «Chicuelo» es un torero fundamental, el eslabón sin el que no se puede entender el toreo moderno y quien culmina la revolución iniciada por Joselito el Gallo, y sin embargo no tiene el reconocimiento que merece. Recuperar y valorar como merece su figura es una de las asignaturas pendientes de la historia de la tauromaquia.

En el sevillano barrio de La Alameda de Hércules donde se encuentra su domicilio familiar, el 21 de agosto de 2009 fue inaugurada una escultura en su honor. Fue un logro tras mucho tiempo de reivindicaciones de buenos aficionados para que este trianero inmortal tuviera un recuerdo en el lugar en el que vivió.

Este año en el que se celebra el centenario de su alternativa se han celebrado numerosas iniciativas para recordar esta efeméride. El cartel anunciador de la temporada taurina en la Real Maestranza está dedicado el diestro y esta misma semana se ha celebrado una charla coloquio y una exposición de fotografías de gran interés histórico pertenecientes al archivo familiar en el Ateneo de Sevilla.

Imágenes inéditas

Hoy mismo, el programa Tendido Cero dedica un reportaje-documental centrado en su vida y transcendencia. En el mismo intervienen familiares del torero, escritores y periodistas que han estudiado su figura y el legado que dejó como padre de una estructura de faena que llega hasta nuestros días.

Este trabajo recupera documentos excepcionales, como el único testimonio que queda hablado del torero de La Alameda de Hércules o las contadas imágenes toreando recogidas a finales de los años veinte y primeros de los treinta del siglo pasado.

Capote con el que hará el paseíllo Juan Ortega

Asimismo, el torero sevillano Juan Ortega, que torea esta tarde en la Feria de Otoño de Madrid hará el paseíllo con un capote de paseo que perteneció al genio de la Alameda de Hércules. Cedido por la familia para esta ocasión en la que se cumple el centenario de la alternativa de Manuel Jiménez «Chicuelo», está bordado con una imagen del señor del Gran Poder.