la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

martes, 29 de enero de 2013

UN TORERO RENACENTISTA / Jesús Cuesta Arana



"...El torero de Alicante –con toda su carga ancestral mediterránea– es ecléctico por filosofía y obra. Basta con echarle un vistazo rápido a su forma de vestir de toreo con reminiscencias añejas y algún que otro toque actual..."


UN TORERO RENACENTISTA 


Jesús Cuesta Arana

Seguro que si hubiera vivido a la par que Leonardo da Vinci – allá por el 1500– Luis Francisco Esplá habría sido torero, si el toreo ya figurara en regla. Es un humanista vestido de luces. Si en el Renacimiento retornaron las maneras o formas clásicas con nuevo impulso, Esplá trae al Toreo la esencia tradicional con acento y espíritu renovador. Un clásico contemporáneo. No es una paradoja heraclitana. Sino una perfecta armonización de contrarios. Sin duda es un torero largo, enciclopédico que se sabe la historia del Arte y la del Toreo de pe a pa. No por algo es versado en Bellas Artes: le otorgan con todo merecimiento la Medalla de las Bellas Artes. Un premio justo y necesario: dignifica al Toreo. Otro torero más en la historia de los excelentísimos. 


El torero de Alicante –con toda su carga ancestral mediterránea– es ecléctico por filosofía y obra. Basta con echarle un vistazo rápido a su forma de vestir de toreo con reminiscencias añejas y algún que otro toque actual. También sus gestos, ritual y forma de andar en la plaza. El bordado apretado de sus ternos de torear tiene el sabor de los tiempos de José y Juan (hombrera amplia, chaquetilla abierta para lucir chaleco, camisa de cuatro botones en el cuello; grandes golpes y caireles; faja ancha y corbatín estrecho). A veces torea amonterado con la muleta. Una vieja costumbre en desuso. Hace el paseíllo con cierta donosura y diligencia armonizando el andar con todo el cuerpo a compás con regusto y arrogancia. Sin teatralidad o marchosería huera. Su toreo es también quintaesencia de su temperamento, de su personalidad entendido desde los cánones clásicos. Desde la transmisión de saberes, asimilando toda su ciencia y conocimientos al ritmo vertiginoso de los tiempos. Como haciendo suya la máxima de Eugenio d´Ors de que todo lo que no es tradición es plagio. 



Luis Francisco Esplá, a través de su tauromaquia explica en román paladino que el toreo no puede ignorar su hilo conductor. En su espíritu y mente caben todos lo movimientos y tendencias artísticas: desde lo clásico a lo romántico; del naturalismo a las vanguardias. Pasando desde la fiebre expresionista a las vaporosas atmósfera de Turner, por señalar un ejemplo. En fin: un espacio abierto donde se funde la tradición y la modernidad. Un caso único en el Toreo. 



Una feria de Abril de Sevilla, el que escribe tiene la adorada ocasión de hablar un buen rato con el torero alicantino en el ambiente taurino y proverbial del Hotel Colón. Quedo fascinado por la lección de urgencia del torero sobre el Quattrocento Italiano, para desembocar luego, sin solución de continuidad en las elucubraciones de los caminos del arte desde la serenidad al grito desgarrador del genio creador. La terribilitá. Sabe distinguir a las claras a los que tienen el corazón en la boca y a los que tienen la boca en el corazón. Son muchas primaveras y paseíllos vividos. 



Esplá, en síntesis, es un hombre luminoso al que nunca cegaron –ni ciegan– el brillo de los caireles. Sencillo y bienaventurado como todos los genios. Son los mediocres los que van partiendo los vientos. 



Después de aquella inolvidable charla sevillana con la primavera vestida ya de albero y bordada de hilos de azahar, veo al torero desaparecer entre la turbamulta del hall del hotel, camino del retiro de su habitación donde espera la soledad y un traje bordado en oro. Luego va camino de la Maestranza para expresar ante dos toros el misterio del arte y de camino si es posible salir por el Arco del Triunfo –la Puerta del Príncipe– lo mismo que Trajano, aquel emperador de Sevilla que tenía cara y facha de lidiador. 



Con las corrientes impresionistas del Guadalquivir al fondo; un cielo velazqueño y la estatua expresionista de Juan Belmonte en Triana. Luego el oro de las luces bordando la noche… Y rayando el aire vuelan ya los recuerdos hasta que el primer gallo avise el alba y el nuevo día se vuelva a vestir de torero esperando a porta gayola la furia y vértigo del tiempo.


De lo gran aficionado que es Dios / José Ramón Márquez



"...Y alabado sea porque la caída de la susocdicha carpa no se haya producido con la Plaza llena de gente o con media entrada, que entonces sí que la habríamos tenido, y bien gorda, que se nos habría repetido todo el drama del Madrid Arena en la blancuzca arena de Las Ventas..." 

De lo gran aficionado que es Dios

José Ramón Márquez

Dios es sabio. Anoche uno se hacía todo tipo de preguntas sobre el fantoche palio de Las Ventas y, a buen seguro, a la misma hora que estabamos escribiendo apenadamente sobre la culminación del despropósito, la justicia Divina se cernía sobre la inmunda carpa y desbarataba ese infame invento, echado abajo por un oportuno Céfiro. Alabado sea Dios.

Y alabado sea porque la caída de la susodicha carpa no se haya producido con la Plaza llena de gente o con media entrada, que entonces sí que la habríamos tenido, y bien gorda, que se nos habría repetido todo el drama del Madrid Arena en la blancuzca arena de Las Ventas, con el consiguiente disgusto para Manolo por el conflicto de Orden Público que podía llegar a formarse, con los extranjeros huyendo, con el cuerpo de acomodadores salvando las exquisitas provisiones que guardan bajo el tendido y con la sufrida afición o lo que queda de ella viendo desplomarse, una vez más, el cielo sobre sus cabezas entonando su jaculatoria a palmetazos: ¡Plas, plas, plas!

Cabe la posibilidad de que cuando don Ignacio González, presidente de la llamada Comunidad de Madrid, propietaria de Las Ventas como heredera de los Hospitales, declaró que no habría toros bajo la carpa, se refiriese con florentina ironía a lo poco fiable que se le antojaba el mamarracho que estaban instalando y a su premonición de que el menor golpe de viento sería capaz de echar al suelo lo mismo los palos que el sombrajo.

Lo que no cabe en nuestra imaginación es la desolación en que debe hallarse el felicísimo Abella, a quien todos sus esclavos llamamos Abeya, pues es bien conocida la ilusión que el hombre había puesto en la instalación de esta barretina sobre Las Ventas, símbolo a su leal ver y entender, de modernidad, estilo y finura. La verdad es que al hombre no le salen las cosas apenas bien, con el ímprobo empeño que pone en todo aquello a lo que se entrega, pero sabido es que el hombre propone y Dios dispone.
La naturaleza se ha coaligado con los que odiamos el cubrimiento de nuestra Plaza; la naturaleza, que se resiste a ser expulsada del tauródromo, se venga con un golpe de viento que desbarata toda la inmundicia de hierros y lonas que mancillaban nuestra Plaza y deja con las vergüenzas al aire a los que alentaron, impulsaron, consintieron y sufragaron esa agresión a un espacio protegido por una ley del embudo, aplicada de manera discrecional, según vaya conveniendo. Querían poner puertas al campo y, por esta vez, el campo no se dejó.

Ojala que ese viento que ha sido capaz de desbaratar la toldilla de Las Ventas pudiese venir también sobre la Fiesta y llevarse en un vuelo a tanto cantamañanas y tanto logrero como hay suelto por ahí, limpiándola un poco de inmundicias. Entretanto seguimos en la firmísima convicción de que Dios es un magnífico aficionado, cosa que ha quedado sobradamente demostrada en innumerables ocasiones cruciales. Hoy también. Alabado sea.


CICLO TAURINO TORO DE ESTEPONA.-



lunes, 28 de enero de 2013

De Curro a Mickey. ¡Menos mal que Abella nunca nos invita a nada! / Por José Ramón Márquez


El incendio de las andanadas

José Ramón Márquez
Yo creo que la única referencia que hay en la moderna Historia a lo que ha pasado en Las Ventas, Der Untergang, el hundimiento del chamizo, es el naufragio de la nao Victoria, en la época de la Expo 92, el mismo día de su botadura, mientras la mascota Curroy otros invitados, entre ellos un afamado gafe, se abalanzaban a las aguas para salvar sus vidas cuando aquel cascarón de nuez zozobraba, incapaz de sostenerse en las aguas, ridículo retransmitido por televisión urbi et orbe. 

La pasada noche, sin la presencia de las cámaras y ante lo que suponemos un huracán de proporciones bíblicas, cedió el sombrajo venteño sin haber llegado a ser estrenado y a la chita callando o de una vez, vaya usted a saber si de golpe o poco a poco, se desplomó hacia el suelo haciendo naufragar las ilusiones de tantos que las habían puesto en la instalación de ese mamarracho y en la pasta que le iban a sacar a la Plaza gracias a tenerla arropada bajo esa antiestética toldilla.

A esta hora no sabemos si aquí lo que más hay es codicia o estupidez e incompetencia -benditas sean en este caso- o si, simplemente, es que hay un espíritu que vela por Las Ventas y que aoja los intentos de los malvados por acabar con ella. Algo será ello, porque en Las Ventas las cosas pasan de noche sin riesgo para las personas, puesto que el único riesgo que debe haber en Las Ventas, riesgo calculado y asumido, es el que nace de ponerse frente a un toro de arrobas, casta y pitones. En una noche de 1963 se incendiaron las viejas andanadas para que ganásemos un poco en comodidad en las alturas y en otra noche de 2013 el viento tumbó las ilusiones de los que abogaban por la cubierta, hojas de otoño a finales de enero.

Habrá que ver las explicaciones que se habrán dado entre ellos los involucrados en el asunto: los Choperón father and son, a la caza de las pelas del muñeco Mickey Mouse; Abella a quien sus incondicionales conocemos como Abeya, comisionado por la Administración como celoso custodio del coso; los de la empresa que montaron el mamotreto; el ingeniero que firmó el proyecto; el propio al que se le olvidó ir a pedir la licencia de obras; y así, burla burlando, hasta llegar al dueño de Las Ventas, a don Ignacio González, presidente de la Comunidad de Madrid sumido en un sinvivir, puesto que el hombre, a la zozobra que le debe causar el detentar su cargo gracias a una carambola, debe ahora sumar la intranquilidad que produce el cerciorarse de que hay cosas que hacen sus colaboradores y de las que él es el responsable final, que al mínimo vientecillo se vienen abajo, como fruta madura.

Parece mentira que la polémica se haya montado sobre esta birriosa cubierta. Parece mentira que cuando le fueron a los de la Administración con ese cuento del cucurucho la Administración se dejase embaucar en ese ridículo empeño de mercachifles en vez de aprovechar para exigir a los arrendatarios del coso que en vez de un sudario trajeran a Las Ventas corridas acordes a la importancia de la Plaza y que los cuatro millones de la boina se los gastasen en programar carteles de tronío y ganaderías fuertes que lleven la emoción a los tendidos, pero más bien parece que aquí todo se llevaba con la ligereza de un contemporáneo cuento de la lechera, cuyo acto más relevante socialmente era la inauguración del engendro que se iba a producir el próximo jueves.

No quiero ni imaginar la zarabanda que se podía haber liado si el accidente ocurre ese día con la cubierta descendiendo sobre las cabezas de tantos taurinos, empresarios, ganaderos, críticos, radiofonistas, políticos autonómicos y municipales, magistrados, ex directores de diarios, padres de toreros, zascandiles y abrazafarolas como podían haberse juntado allí, que de allí podían haber salido como de La Aventura del Poseidón, y no lo digo precisamente porque cierta dama me recuerde un montón aShelley Winters en sus hechuras.

Entre tanto, contristados vemos cómo nuestro dilecto Abeya, absorto en pasearse por el callejón y en sus zalamerías, apenas tiene tiempo para meditar, mientras su proverbial buena fe es engatusada por negociantes, que abusan de él distrayéndole y no le permiten el sosiego preciso para observar pausadamente la obra de las inclemencias del tiempo, que hacen aflorar el orín en la forja de las gradas, transforman la bandera de la Plaza en un trapo negro y deshilado y hacen que la malhadada cubierta a estas horas valga menos que un papelón de pescado cuando ya se acabó el pescado.
Por cierto: ¡menudo papelón!
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La empresa antitaurina de Las Ventas ya tiene su tapadera / Por José Ramón Márquez




"...En nuestros días tenemos mandando en la cosa pública madrileña a doña Ana Botella y a don Ignacio González y, claro, eso explica muchas cosas..."

Nueva Plaza de La Tapadera 

José Ramón Márquez
Ya han puesto en Las Ventas la cubierta ésa que Dios confunda. El Presidente de la Comunidad Autónoma de Madrid, organismo harto prescindible, dijo que no se darían toros bajo ese palio mamarracho, pero los gestores venteños, como los llama el redicho de la tele, ya están apuntando a que ya que la han puesto, por ellos la podrían aguantar por lo menos hasta el domingo de Resurrección. En ese caso no sé qué pasará cuando yo vaya a retirar mi abono de andanada, aunque estoy convencido de que estos son capaces de venderte la entrada, aunque cuando llegues a la localidad veas que queda por encima del estafermo circense, porque, como es sabido, las gradas y las andanadas quedan fuera del cobijo de la circense carpa.

Parece ser que lo que alienta el invento de la cubierta, entusiástiacamente impulsado por el suave Abella, a quien todos sus íntimos conocemos como Abeya, es tratar de transformar Las Ventas en un manantial de ingresos, sea de la manera que sea, por ello es que para no dejar todo ese espacio que queda fuera del abrigo del toldo sin producir, ya podía Abeya mandar hacer unos tabiquillos con pladur y alquilar esas habitaciones a las gentes desfavorecidas; así, lo mismo que en el interior de las arenas de Nimes llegó a haber cien viviendas y hasta dos capillas, se podía seguir la idea y hacer en las partes altas de la pobre Monumental el auténtico barrio de Ventas, que algo de pasta les caerá también de ahí, dado que la pasta es, al parecer, lo que mueve todo este dislate.

Hay un libro de 1860 titulado ‘Manual de teatros y espectáculos públicos’ que se ocupa de lo que en nuestros días llamaríamos ‘espacios culturales’ en la ciudad de Madrid. El autor repasa desde el teatro del Príncipe Alfonso hasta el Circo de Price pasando por el circo gallístico y, como no puede ser menos, también se ocupa de la Plaza de Toros, entonces situada en las inmediaciones de la Puerta de Alcalá, últimos años de aquella Plaza cuyo fin estaba ya próximo, a causa de las obras del ensanche de Madrid.
Dice el autor, y en esto se da una gran lección a los contemporáneos defensores de los ‘ingresos atípicos’ que "las pocas veces que este circo se ha distraído de su objeto ha sido para dar funciones de gimnasia, equitación, fuegos artificiales o lucha de fieras. El año 1852, con motivo del natalicio de la infanta doña María Isabel Francisca, hubo en ella torneos. Desde 1859Mr. Price la utiliza con su compañía para dar funciones de hipódromo en las tardes de los días festivos".

Habla el hombre de las pocas veces que la Plaza se distrajo de su objeto, porque seguramente a los de los Reales Hospitales ni se les ocurrió que se podían inventar cosas como la feria de la tapa, el show de las motos de Red Bull, o la actuación del tal Papitwo. En aquella época remota en que la Plaza no se distraía de su objeto era Corregidor de la Villa el Duque de Sesto, uno de los mejores alcaldes que ha tenido Madrid, y aún no se había inventado lo de la Autonomía. En nuestros días tenemos mandando en la cosa pública madrileña a doña Ana Botella y a don Ignacio González y, claro, eso explica muchas cosas.
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SAN CRISTOBAL: IVAN FANDIÑO GANA LA "FABULA TAURINA".- ACTO DE PREMIACION





Leonardo Benitez muestra su trofeo "Antonio Bienvenida"

CIRCULO TAURINO

AMIGOS DE LA DINASTIA BIENVENIDA
CAPITULO DE SAN CRISTOBAL-TACHIRA

ACTO DE ENTREGA DE TROFEOS
FERIA DE SAN CRISTÓBAL

SAN CRISTOBAL, 27-01-2013.- Gabinete de Prensa C.T.A.D.B.
Finalizada la Feria Internacional de San Sebastián 2013 el Jurado integrado por Directivos del Capítulo tachirense y del Círculo Bienvenida español acordaron la concesión de los trofeos correspondientes en su VII Edición de la forma que sigue:

  • "FÁBULA TAURINA": Al matador de toros IVÁN FANDIÑO
  • "FÁBULA GANADERA": Ganadería de RANCHO GRANDE
  • "ANTONIO BIENVENIDA": Al diestro LEONARDO BENÍTEZ

INSIGNIAS HONORÍFICAS:

  • MARÍA GABRIELA VARELA, Secretaria General del Gobierno del Estado del Táchira
  • LUIS HERNÁNDEZ, Presidente de la Comisión Taurina Municipal
  • GONZALO MEDINA, Presidente de SOFITASA

Con brillantez y expectación se ha celebrado el acto de entrega de los referidos trofeos y distinciones en los salones del Hotel Las Lomas de la capital del Táchira en una ceremonia presentada inicialmente por el cronista taurino César Omaña y continuada por Juan Lamarca.

---El Trofeo la "Fábula Taurina", otorgado al espada de Orduña, Iván Fandiño, fue a a parar a las manos del directivo español Javier Morales en nombre del matador premiado ausente y ya en España, que valoró su magnífica, y fabulosa actuación en la 2ª de Feria, ofreciendo una gran faena de lidia completa con capa y muleta a un toro de Rancho Grande, premiada con dos orejas y triunfal salida a hombros.

---Buena feria ha echado el prestigioso ganadero Hugo Domingo Molina, constituido en una célebre institución del toreo venezolano. Entre sus toros del hierro de Rancho Grande, que han propiciado los grandes triunfos del abono, destacó el nº 89, de nombre Aviador y de 465 kgs. de peso, lidiado porGregorio Torres "Maravilla" en el 5º lugar de la corrida del viernes 25.

Por su excelente juego y enrazada bravura en todos los tercios, ha merecido se le otorgue el preciado Trofeo de la "Fábula Ganadera", recibido por Amparo Molina, hija del titular de la ganadería.

---El matador Leonardo Benítez, recogió el Trofeo "Antonio Bienvenida" instituido para la mejor actuación del torero nacional, que le fue ofrecido por Rafael Enrique Casal, presidente nacional Venezuela del Círculo Bienvenida, el cual resaltó los méritos del caraqueño por su extraordinaria, bravía actuación en la corrida de hoy, cierre de feria, que le permitió un aclamado triunfo con salida a hombros por la puerta grande, en la lidia de los buenos toros de Rancho Grande.

---El presidente de la Comisión Municipal Taurina, Luis Hernández, ha debutado este año al frente del palco presidencial, y su actuación desempeñándola con seriedad y acierto, ha merecido el reconocimiento general y especialmente el del Círculo Bienvenida tal como se lo expresó Juan Lamarca.

---La Secretaria General del Gobierno del Táchira, María Gabriela Varela, igualmente recibió los honores bienvenidistas por parte del presidente del Capítulo, Alejandro Espejo, por el apoyo que su diaria presencia en las corridas celebradas supone para la FISS y Fiesta Brava.

---Fue, por último, Gonzalo Medina, presidente del entidad financiera SOFITASA, el que recibió deJuan José Guerrero el botón honorífico en méritos a su manifiesta adhesión a la Tauromaquia y su respaldo a la consolidación del Capítulo de San Cristóbal del Círculo Bienvenida.

---El directivo tachirense, Juvenal Branger, perteneciente a la afamada estirpe taurina estimada como uno de los pilares fundamentales  del toreo en Venezuela, clausuró el evento con unas significativas palabras en pro de la pervivencia de la Fiesta, de sus festejos taurinos, y en defensa del legítimo derecho de los ciudadanos a asistir a ellos, incluidos los menores de edad, y de la libertad de los padres a adoptar la decisión sobre sus hijos como parte de la educación propia de su responsabilidad.

Tras el remate por Juan Lamarca, con palabras de reconocimiento y felicitación a los premiados, a los dirigentes del Capítulo anfitrión, al presidente nacional Rafael Enrique Casal, y de gratitud a los miembros del presidium y numeroso público asistente, sonó entre clamores por la Fiesta, España y Venezuela, el pasodoble "Que Viva España", dando paso a continuación a la actuación de la declamadora Aura Cecilia Colmenares recitando poemas de forma magistral y emotiva en recuerdo de la legendaria Gabriela Ortega, sobrina de Joselito el Gallo.

Alejandro Espejo entrega la Fabula Taurina de Ivan Fandiño a Javier Morales


 Amparo Molina con su trofeo la "Fabula Ganadera" de Rancho Grande

 Alejandro Espejo golsa a la Secretaria Gral de Gobierno del Tachira Maria Gabriela Varela

El Dr. Rafael Enrique Casal entrega el trofeo "Antonio Bienvenida" a Leonardo Benitez


Juan Lamarca dirige ka palabra ante el presidium

domingo, 27 de enero de 2013

QUÉ HACEMOS CON LOS VIEJOS / Benjamín Bentura Remacha




Benjamín Bentura Remacha
La vida de hoy es una vida “a gran velocidad”, como antes se enviaban los encargos más importantes. Para mí ha sido un trayecto largo y sinuoso plagado de muchas dificultades y de recuerdos imborrables como esa primera foto con mi madre cuando yo apenas tenía nueve meses y nos hicieron el retrato coloreado en Madrid, después de mi traslado desde Magallón, Zaragoza, en un coche “Amílcar” que tenía mi tío Félez Bentura, pintor de cierta altura artística. 1932. Todavía no se había inaugurado efectivamente la plaza de toros de Las Ventas y mi padre no había debutado como cronista de toros en las páginas de “El Debate”, aunque ya, licenciado en Filosofía y Letras, cursaba estudios de Periodismo en su Escuela, la que dirigía don Ángel Herrera Oria, luego arzobispo de Málaga. Pero, tras la guerra del 36, en septiembre de 1939, yo, con ocho años recién cumplidos, debuté en esa misma plaza de Las Ventas del Espíritu Santo en el festejo de la confirmación de Belmonte hijo y “Manolete”. Por ello, cuando vuelvo a la Monumental madrileña, avivo un poco mi memoria y pienso que soy el único superviviente presente y con conocimiento. Un viejo sin memoria es muy poca cosa y por ello estoy de acuerdo con el ministro japonés de Finanzas, Taro Aso, que ha pedido a sus ancianos que “se den prisa en morir” para ahorrar al Estado gastos sanitarios. Solo falta que se construyan los hospitales al lado de los cementerios y ahorrar, además, gastos funerarios. 

Y el Gobierno Español se equivoca y nos prohíbe a los viejos fumar en los locales cerrados, beber alcohol, comer grasas o abusar del amor (cosa harto difícil). Yo se lo decía muchas veces a mi amigo Vicente Sola, que es un buen aficionado a los toros y propietario de un “pub” muy a la inglesa, en el que cuadrillas de señores de larga edad se jugaban su partida de poker, mus o guiñote, se tomaban su café y sus copas y se fumaban sus buenos habanos. Les han mandada a sus casas. Un cigarrillo se puede fumar a la puerta de cualquier chiringuito en cinco minutos. Un habano, amplio y de calidad, necesita de una hora en lugar cerrado y confortable. Ya lo decía Sarita Montiel y por eso continúa fumando puros. Ahora no te los puedes fumar ni en los toros o en el fútbol. Los vecinos de localidad miran al hipotético transgresor con ceño fruncido y no queda más remedio que esconder el humo, comerse el puro y apagarlo lo antes posible. Se pierde el sabor y ganan los vendedores de bebidas, con el “gintonic” como favorito aunque sea en vaso de plástico. 

Ha desaparecido la flor en la solapa, la separación de sexos en el tendido y la grada, la espontaneidad y la participación. Antes eran los espectadores los que sacaban a hombros a los toreros triunfadores; ahora, el de la camiseta de la Posada del Mar y el “secretario” del caballero de Estella son los que protagonizan el mayor número de portadas de las revistas taurinas. Se vivía más la fiesta y también era más misteriosa. Tenía su público y su secreto. Hace unos días, en un artículo conté que Joselito exigía a los empresarios de su tiempo que no hubiera aparatos de grabar cine en los tendidos y por cada uno que se colara el empresario le tenía que pagar al de Gelves 5.500 pesetas. Intuía el peligro de la divulgación perenne de un arte tan etéreo como es el toreo. Si el toreo se hace mesurable el encanto se difumina. Sin embargo, el propio José se equivocó en lo de hacerle la competencia a la Maestranza construyendo en Sevilla una Monumental. El toreo es tan tradicional que aguanta todas las incomodidades y el sol de justicia, las moscas pejigueras o el viento de Las Ventas. Los toros no es un espectáculo de arte y ensayo aunque hubo proyectos de corridas con Campuzano al piano, Paco de Lucía a la guitarra, la desgarrada voz de Camarón y los tamborileros de las Marismas después de que Ángel Peralta perdiera el peluquín y se cortara el pelo al cero y sus caballos le fueran a esperar a la puerta del penal.

Casi todo en el toreo es memoria. Un viejo sin memoria se puede morir que aquí poco tiene que hacer. Yo recuerdo a muchos toreros y no me atrevo a señalar al torero perfecto. ¿Lo lograría con el sabor del cartucho de pescado, el pase cambiado, los lances gitanos, el patinar del boroxiano, la espada de san Fernando, el estoiscimo cordobés o los palos del ballet de don Vito. Me faltan muchos en la relación y es que, a lo largo de mis setenta años de espectador, he visto a muchos toreros buenos, excelentes, maravillosos. Pero ¿existe o existió alguno que aguantara su examen al microscopio? Ninguno. Hubo, eso sí, coincidencias como las de Lagartijo y Frascuelo, Joselito y Belmonte, Manolete y Arruza, Aparicio y Litri, El Tino y Pacorro en Alicante, Chamaco y dos más en la agenda de don Pedro o, en la primer tercio del siglo XX, en Zaragoza, Herrerín y Ballesteros, la Edad de Plata de los años 20 trágicos del siglo pasado, Granero, Sánchez Mejías, Marcial, los Valencia, Curro Puya, Cagancho, Domingo Ortega; Armillita, Garza y El Soldado, don Antonio, el trío de los 60, la longevidad artística del “chivato” o la visión mesiánica del cristo hidrocálido que ha descubierto que la televisión perjudica a los toreros y al toreo. Lo vulgariza. Y el torero sigue siendo un tipo de amplio interés social si recibe su castigo en forma de cornada, si se divorcia o tiene un lío con un futbolista. ¿Por qué Manuel Benítez metió en su internacional y amplísima muleta a millones de entusiastas? Yo no lo sé y, sin embargo, tengo memoria. Por eso me acuerdo de los gitanos y me sorprenden por su respeto hacia sus ancianos. El patriarca. Y mientras tenga memoria quiero tener un sitio para contar mis cosas. En los peores años de mi vida, guerra y paz, se decía que “si el trabajo es salud, ¡viva la tuberculosis!”. Paradojas del lenguaje popular. 

Los meteorólogos aseguran cuando llueve que “hace mal tiempo” y luego nos previenen contra la “pertinaz sequía”. Falacias de la vida. Una más: los que llevan años gobernando esto de los toros desde los puestos fundamentales de la fiesta española, la ganadería, las empresas, los medios informativos, la política, sindicatos o toreros nos advierten del poco tiempo que nos queda. Es cierto que esto mismo lo he escuchado varias veces a lo largo de mi vida y que, como el Ministro de Agricultura con los yogures, no creo en su caducidad, pero algo habrá que hacer para que los sones de la fiesta sean alegres y joviales. Así, a bote pronto, abaratar el espectáculo, impuestos, salarios, personal, asistencias técnicas y científicas, alquileres, aumentar la verdad y la emoción de la suerte de varas, valorar en el segundo tercio al que va al toro andando en lugar del velocista-violinista, la variedad con el capote, el toreo a una mano, la larga cordobesa, por ejemplo, la muleta, el tamaño de la tela y el estaquillador, adelantar la pierna de salida y no la contraria, andar sin prisas (también a caballo, al paso mejor que al trote y mucho mejor que al galope, por la afueras y no al abrigo de las tablas a base de espuelazos, que no se vea sangre en los flancos del caballo, Maese Pablo, por ejemplo).

Y, de remate, una aclaración sobre Rafael de Paula, al que no conocieron en Madrid hasta muchos años después de su alternativa en Ronda. He dicho más de una vez que se le conoce por el de la Paula por su madre y no es cierto. Se le conoce así por su padre Francisco de Paula Soto, domador de caballos del Ejército en la finca de Moratalla, en Marinaleda, donde preparaba un tiro de seis yeguas y una de pericón (suplente). “Si tengo algo de artista – asegura Rafael Soto Moreno – se lo debo a mi padre que era cochero y llevaba las riendas y la fusta de una manera especial, con elegancia lo que significa naturalidad y sencillez”. Desde su tatarabuelo, todos los Soto son Paulas, Rafael, su primo Ramón Soto Vargas que murió de cornada en Sevilla el 14 de septiembre de 1992, el cantaor de seguiriyas José de Paula y muchos de sus primos gitanos y con arte. Hablamos de Rafael de Paula porque decía Bergamín, apóstata, que tenía percha literaria. Hasta Gala lo dice: “De su toreo hay una sutil música callada”. “No soy un torero artista. Soy un torero de arte” Sutilezas, don Rafael el pierniquebrado. ¿Qué hubiera sido usted con las dos rodillas sanas? Qui sait.