la suerte suprema

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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

miércoles, 26 de febrero de 2025

XXIV JORNADAS TAURINAS DE VILLASECA DE LA SAGRA: Presentación del Libro 'Viaje por la Lunas del Toro

Teatro Auditorio 'Juan Pascual de Mena'

Lunes, 3 de Marzo de 2025 / 20.00 horas

Intervendrán:

Rafael Villar Moyo, Autor del Libro

Jesús Hijosa Lucas, Alcalde de Villaseca de la Sagra

Julián Agulla López, Escritor y comentarista taurino

Vidal Pérez Herrero, Editor

Sevilla.- Un “corta y pega” / por Manuel Viera

'..Dudo que la real corporación maestrante esté satisfecha de una pintura para su prestigiosa museo que no es la original. De todas formas, la peculiaridad del lienzo de la artista austriaca genera en quien la ve una fuerte confusión..'

GALLEANDO
Un “corta y pega”

Manuel Viera
Es difícil hablar de pintura, o de la obra de arte en sí, sin ocuparse de lo que sugiere o evoca al presenciarla. A mí lo que me evoca y sobre todo me provoca la obra de Martha Jungwieth, que ha de divulgar los toros en la Maestranza de Sevilla durante la temporada de 2025, es indiferencia, además de una especie de broma o de colofón irónico. La pintura parece no ser más que un borrón de tonalidades moradas, distribuido sobre una superficie simulada de papel de estraza, con trazos aparentemente rápidos. Ni siquiera es mancha, ni imagen sugestiva que incite al agrado del que la observa. Sólo es un desacertada copia “corta y pega”, de una obra de 2020 de la misma autora, de estética abstracta y formas no identificables, expuesta en el museo Guggenheim de Bilbao.

Dudo que la real corporación maestrante esté satisfecha de una pintura para su prestigiosa museo que no es la original. De todas formas, la peculiaridad del lienzo de la artista austriaca genera en quien la ve una fuerte confusión. Y aunque el arte la suscita, por subjetividad, no hay duda que la “copia” de la cotizada Jungwieth no produce el deseado impacto sobre el destinatario que, a la vez, cree ha sido cortésmente engañado.

No obstante, la corporación maestrante justifica estos carísimos carteles con las “firmas de colección”, sabiendo situar su efecto en los recovecos de la historia de la Real Maestranza de Caballería y haciéndose con una colección, de grandes artistas, sin restricción de espacio ni de dinero, para convertir el Salón de Carteles en una auténtica exposición de arte que incida sobre la sensibilidad de la gente que allí acude.

Es evidente que el cartel de toros no es ya un simple comunicado informativo, sino una manifestación más de continuidad artística más allá del ruedo de una plaza de toros. De talento en la calle. Sin embargo, debe de ser también algo más que una prestigiosa firma con el principal objetivo de ampliar una historia de arte que la Real Maestranza hace suya.

A pesar de todo, un nuevo lienzo de una reconocida autora pasa a engrosar las paredes del gran museo de carteles contemporáneos de la plaza de toros de Sevilla. Aquel que inició en 1994 el recordado artista pintor y caballero maestrante Juan María Maestre. De hecho, es el objetivo.

La palabra ha pasado a la historia / por Carlos Bueno



`..El conflicto entre la ganadería de La Quinta y la empresa de la plaza de toros de La Maestranza de Sevilla es el reflejo del estado del sistema taurino actual. Aquello de que, por encima de todo, valía la palabra dada, ha pasado a la historia. Por no valer, no valen ni los contratos firmados. Donde dije digo, dio Diego, y santas pascuas; y eso a todos los niveles..'

La palabra ha pasado a la historia

Carlos Bueno
Los representantes de la ganadería de La Quinta se han rebelado contra lo que juzgan que es un incumplimiento de la palabra dada. Aseguran que se les aseguró que lidiarían en la semana de Farolillos de la Feria de Abril pero que finalmente se les había colocado en prefería. Y decidieron declinar su participación en la temporada sevillana. El sector taurino cada vez está más contagiado de la falta de palabra que impera en la sociedad, y también de la falta de sensibilidad y de afición.

El conflicto entre la ganadería de La Quinta y la empresa de la plaza de toros de La Maestranza de Sevilla es el reflejo del estado del sistema taurino actual. Aquello de que, por encima de todo, valía la palabra dada, ha pasado a la historia. Por no valer, no valen ni los contratos firmados. Donde dije digo, dio Diego, y santas pascuas; y eso a todos los niveles.

La Quinta es una de las divisas más interesantes del momento, algo que se ha ganado a pulso durante las últimas temporadas con éxitos en muchos de los cosos más importantes de España, por supuesto también en la capital bética, donde toreros como El Juli, Daniel Luque, El Cid o Emilio de Justo han protagonizado triunfos y faenas importantes con este hierro que el año pasado lidió un toro de vuelta al ruedo.

Por lo que ha trascendido, los empresarios apalabraron con los ganaderos anunciar su encierro dentro de la semana de farolillos, algo que finalmente no se ha cumplido. Seguramente la intención de la gerencia era formalizar el acuerdo verbal, y muy seguramente los quebraderos de cabeza que comporta confeccionar un cartel como el de la Feria de Abril lo habrán dificultado. Figuras exigiendo fechas, compañeros y toros; toreros que caen de las combinaciones previstas inicialmente obligando a rehacer ternas; contratiempos de última hora… Es imposible cuadrar todo a gusto de todos.

Pero la palabra dada siempre tuvo un valor excelso en el toreo. Y que éste no pierda los valores inherentes a él sería más que aconsejable para seguir siendo ejemplo en una sociedad cada vez más superflua y mentirosa. Y lo que han hecho los representantes de La Quinta es mantener la categoría que antaño tuvieron los compromisos adquiridos en el sector taurino.

Cuando la divisa sevillana se quedó fuera de farolillos, Emilio de Justo se ofreció a lidiar sus toros en solitario dentro de la semana de feria. Los empresarios tuvieron la posibilidad de decantarse por la posibilidad de acceder al ofrecimiento y todo hubiese quedado resuelto, pero prefirieron elegir otra opción que estimaron más oportuna. Estaban en su derecho, como ahora La Quinta está en su derecho de declinar su participación en el ciclo hispalense. Cuestión de dignidad, respeto y honor.

Sin duda, mejor sería si se cumpliera la palabra dada. Si se repitiese a las ganaderías triunfadoras y se penalizara a las decepcionantes. Si las figuras permitiesen que, junto a ellos, alternaran toreros jóvenes capaces de protagonizar la regeneración. Si los empresarios tuviesen afición para no doblegarse a intereses de despachos y contrataran a matadores ilusionantes de la tierra que han hecho méritos (los casos de Samuel Navalón y Nek Romero en Valencia, y el de Paco Ramos en Castellón, no tienen una explicación convincente ni una justificación a futuro). Mejor sería si se dejaran de lado transacciones gremiales y se mirase únicamente por el interés del aficionado, el cliente. Sin duda, mejor sería si la palabra dada y la sensibilidad no hubiesen pasado a la historia.

DESENVAINAR LA ESPADA / por Juan Manuel de Prada


'..Hemos dejado que el pudridero europeo se convierta en un manicomio; y ahora son los orates quienes dictan las reglas e imponen las condenas, son ellos quienes portan las espadas. Y las van a desenvainar para silenciar a los pocos cuerdos que nos atrevamos a rechistar..'

DESENVAINAR LA ESPADA

Juan Manuel de Prada
Afirmaba Chesterton que llegaría un día en que sería necesario «desenvainar una espada para decir que la hierba es verde». Pero, cuando ese día llegó, nadie tuvo el coraje para desenvainar la espada; y ahora nos obligan a decir que la hierba es roja, o azul, so pena de llevarnos a los tribunales, bajo la acusación de «delito de odio» o de cualquier otra monserga que se inventen para prohibir la verdad.

Recientemente, en un programucho de la televisión pública, le montaron un aquelarre a una profesora de Filosofía que cuestionaba la llamada «autodeterminación de género», en un debate sobre la participación de lesbianos con barba en competiciones deportivas femeninas. El mero hecho de que se plantee un debate sobre un asunto tan demencial delata la magnitud de la enfermedad que nos gangrena. Es un insulto a la inteligencia que lesbianos con barba participen en competiciones deportivas femeninas; es un insulto todavía mayor que los lesbianos con barba puedan declararse señoras porque les salga de sus santos cojones, al amparo de leyes de sopicaldo penevulvar que niegan grotescamente la realidad biológica; pero el insulto supremo es aceptar categorías tan desquiciadas y filosóficamente insostenibles como el «género». Sin embargo, cuando esa categoría desquiciada se impuso nadie desenvainó la espada; y de la aceptación de esa categoría desquiciada proceden las leyes de sopicaldo penevulvar; así que ahora se le puede montar un aquelarre a cualquier persona que se atreva a cuestionar levemente la participación de lesbianos con barba en competiciones deportivas femeninas. 

Aquella profesora de Filosofía a la que montaron el aquelarre sospecho que ni siquiera afirmaba que la hierba sea verde; quiero decir que, según todos los indicios, defendía la existencia de categorías desquiciadas como el «género» que han posibilitado los dislates penevulvares posteriores (es decir, se trataba de una de esas personas que ponen tronos a las causas y cadalsos a las consecuencias). Pero cuando defendió que las mujeres puedan competir deportivamente sin intromisiones de lesbianos con barba provocó que la tildasen de «tránsfoba» (se inventan un concepto grotesco y después lo utilizan para neutralizar, silenciar y criminalizar al disidente), amén de «fascista» y «nazi» (que son las descalificaciones que se destinan siempre a cualquiera que se resista a injuriar su inteligencia). Incluso fue reconvenida por utilizar la expresión «varón biológico», que se consideró ofensiva para los lesbianos con barba; porque en el pudridero europeo no sólo declina la libertad de expresión, sino el derecho a exponer certezas científicas y a denunciar el pensamiento mágico.

Hemos dejado que el pudridero europeo se convierta en un manicomio; y ahora son los orates quienes dictan las reglas e imponen las condenas, son ellos quienes portan las espadas. Y las van a desenvainar para silenciar a los pocos cuerdos que nos atrevamos a rechistar.

Publicado en ABC

martes, 25 de febrero de 2025

José Luis Lozano: «Las primeras figuras del toreo deben competir con sus rivales en las grandes ferias» / Entrevista con Andrés Amorós

José Luis Lozano en la entrevista con El Debate / Daniel Vara

José Luis Lozano: «Las primeras figuras del toreo deben competir con sus rivales en las grandes ferias»

«La Fiesta es un espectáculo único: siempre puede surgir una maravillosa sorpresa», señaló José Luis Lozano en su entrevista con El Debate

Andrés Amorós
El Debate/25/02/2025 
Incluso en un mundo como el taurino, donde es tan difícil ponerse de acuerdo, casi nadie se atrevería hoy a discutir la sabiduría de José Luis Lozano: es inteligente, sabe razonar, posee una enorme experiencia.

Los aficionados conocen de sobra a su familia, «los Lozano», cinco hermanos: Manolo, Pablo, Concha, Eduardo y José Luis. Este último ha sido torero, apoderado, empresario y ganadero. Por ahí comienza nuestra charla, en la sede de El Debate.

–Has tocado todos los palos del toreo. ¿Con cuál de ellos te quedas?

–Con todos. Pero, en todos, podría haberlo hecho mejor.

–Fuiste novillero, pero no llegaste a tomar la alternativa: ¿qué te faltó?

–Quizá tuve más afición al ambiente taurino que esa capacidad de sacrificio que hace falta para triunfar como torero. En broma, metiéndose conmigo, decía Luis Miguel que su padre sólo se había equivocado conmigo…

–Has trabajado con tus hermanos Pablo y Eduardo. ¿Cómo os repartíais el trabajo?

–Todo lo hemos hecho en grupo, teníamos un criterio muy cercano, bebíamos de las mismas fuentes. En algún momento, yo me he centrado más en la contratación, en los carteles. Pero te aseguro que no llamábamos a ningún torero que no fuera del gusto de los tres.

–Vuestra raíz es toledana, el pueblo de Alameda de la Sagra. Sois nietos de ganadero.

–Hemos tenido la inmensa fortuna de vivir, desde chicos, en un ambiente taurino único, escuchando a Domingo Dominguín padre, a Marcial Lalanda, a Domingo Ortega…

Nosotros vivimos una época dorada del toreo toledano. A partir de los años veinte hasta los sesenta, Toledo fue decisivo, en la Fiesta

Como sabes, Marcial era madrileño, pero se sentía muy próximo a Toledo. Los Dominguín procedían de Quismondo; Domingo Dominguín padre fue un taurino excepcional. Domingo Ortega era de Borox.

–Creo yo que existe una escuela toledana del toreo.

–Nosotros vivimos una época dorada del toreo toledano. A partir de los años veinte hasta los sesenta, Toledo fue decisivo, en la Fiesta, con la excepción de los años en los que mandó Manolete.

–Vosotros no fuisteis manoletistas.

–No lo éramos, aunque, con el paso del tiempo, cada vez aprecio más el mérito y la personalidad de Manolete. Nuestro padre sí que era partidario suyo, pero se callaba, sabía que los hermanos éramos de otra línea.

–Esa línea se basa en el dominio del toro y en el temple.

–¡Sin duda! Lo que siempre se ha dicho: parar, templar y mandar. Son las reglas clásicas, que nunca pasan de moda. Y algo importantísimo: estar por encima del toro. A todo eso, además, algunos le añaden algo de gracia, de arte, pero lo fundamental es dominar el oficio.

–Ésa es una hermosa palabra, que hay que reivindicar en el toreo, como en cualquier arte: el oficio.

–Sin oficio, un torero es un pobre hombre porque está a merced del toro. Ahora, alguna vez se reprocha a un diestro que tiene «demasiado oficio»: ¡qué disparate!

–Se ha hecho famosa una frase de Pablo, tu hermano, sobre el temple.

–Suelen repetirla: «Con temple, el toro flojo no se cae; al toro poderoso, con temple, le obligas a que pierda algo de fuerza». En esto, Pablo tenía toda la razón.

–¿Cómo recuerdas a Marcial Lalanda?

–Antes de la guerra, hablar de Marcial era hablar de un Dios. Se mantuvo como figura durante muchos años. Decían, en broma: «Duras más que Marcial Lalanda». Y, siempre, estuvo en la primera línea: si una temporada bajaba un poco, a la siguiente, volvía a la cumbre.

'No ha habido época más sangrienta, en la Fiesta, que aquella, con toros tan grandes como los de ahora pero mucho menos seleccionados, más peligrosos'

Eso, entonces, tenía un mérito muy especial, porque vio caer a muchos compañeros. No ha habido época más sangrienta, en la Fiesta, que aquella, con toros tan grandes como los de ahora pero mucho menos seleccionados, más peligrosos. Además, era inteligentísimo, daba gusto escucharle.

–Yo también he tenido la fortuna de disfrutar, escuchándole, cuando hicimos nuestro libro La tauromaquia de Marcial Lalanda. Domingo Ortega era otro personaje extraordinario.

–Eran amigos, pero eran muy distintos, dentro y fuera del ruedo. Marcial fue un gran torero, que seguía la escuela clásica de Joselito, su ídolo. Domingo, además de eso, fue un revolucionario. Tenía cualidades innatas. Sabía andarle a los toros, que es algo dificilísimo.

–Y bellísimo. Ahora lo ha recuperado Morante, en contra del estatismo amanoletado de José Tomás.

–Con poquísimas novilladas, Domingo Ortega tomó la alternativa: en Fallas, ya se hizo dueño del toreo. Rompía a los toros, pero sin violencia, con suavidad, como si los acariciara.

–El secreto, de nuevo, era el temple. A mí me contaba que todo dependía de sentir la embestida del toro en la palma de la mano.

–Solía decir que, si el toro te toca la muleta, te debe doler igual que si te hiriera. Era único. Yo le escuché a Manolo González decirle a un compañero, viendo torear a Domingo: «Lo que hace éste, no lo sabemos hacer ninguno».

–Como persona, era listísimo, pero tenía sus cosas…

–Sí, era más «zorro» que Marcial. Para enjuiciar a los otros toreros, solía recurrir a lo que había dicho un amigo…

–Es lástima que algunos toreros actuales, que no han podido verlo torear, no conozcan la película Tarde de toros, para descubrir cómo toreaba Domingo Ortega… Ya conoces mi gran amistad con Luis Miguel Dominguín. Muchos que ahora hablan de él no lo vieron torear, o sólo al final de su carrera. ¿No te parece que su imagen mundana ha perjudicado a la justa valoración de lo que fue como torero?

–Fue importantísimo. Tenía una personalidad enorme, casta, valor. Era un diestro muy largo, podía a todos los toros. Además, toreaba muy bien: con la izquierda, le he visto torear tan bien como el mejor. Y, sobre todo, no se dejaba nunca ganar la pelea. Lo demostró claramente en la corrida de la Beneficencia de 1946.

–Luis Miguel era entonces el joven ambicioso que aspiraba a quitarle el cetro al ya cansado Manolete, enamorado de Lupe Sino. A la vez, el apoderado de Manolete, Camará, le excluía de muchas corridas. Se anunció el cartel de la corrida de la Beneficencia, la única que el diestro cordobés iba a torear ese año, en España: el rejoneador Álvaro Domecq, Gitanillo de Triana, Manolete y Antonio Bienvenida. Pero Domingo padre no se rindió, visitó al presidente de la Diputación, organizador de la corrida benéfica, y lanzó un órdago: Luis Miguel torearía gratis, pagaría el valor de sus toros, todos los gastos y un donativo de cien mil pesetas. Encaja aquí la frase de don Corleone: «Una oferta que no podrás rechazar». Naturalmente, Luis Miguel entró también en ese cartel. Tú viviste todo eso de cerca.

–Lo resume una anécdota: en la Cervecería Alemana, Clarito, el poderoso crítico, le reñía a Domingo padre: «¿Quién hará que el público aguante hasta el noveno toro?». Le replicó Luis Miguel: «No se preocupe. Ya me encargaré yo de que el público no se vaya de la Plaza».

–Y lo cumplió. En el último toro, Luis Miguel desató la locura, cortó las orejas, lo llevaron a hombros hasta su casa de la calle del Príncipe. Así era Luis Miguel. ¿Cómo ves tú su rivalidad con Antonio Ordóñez?

–Los dos eran dos grandes toreros, pero eran opuestos, en el ruedo y en la calle. Tenían estilos muy diferentes. Luis Miguel era entonces la máxima figura: era más poderoso y, sobre todo, tenía esa responsabilidad que es propia de los que mandan, en el toreo. Pero ser tan buen torero y, además, guapo y conquistador, levanta muchas envidias.

–Vuelvo a vuestra carrera. Algo muy peculiar: muy jóvenes, empezasteis ya como empresarios taurinos.

–Sí, antes de los veinte años, a la vez que toreábamos: Úbeda, Villacarrillo, Huelva, Aranjuez… Nos gustaba. Es un oficio nada fácil. En los años cincuenta, era todo más improvisado que ahora. Aprendimos mucho en América. Años después, logramos llevar Vista Alegre, Valencia, Zaragoza y Las Ventas.

–En 1964, cogisteis Vista Alegre. ¿Cómo llegasteis a eso?

–Todo empezó porque El Cordobés (entonces, El Renco) se dio a conocer en una novillada sin caballos. Vimos el fenómeno que era, organizamos una novillada en el coso de Los Tejares, en el mes de julio, a las ocho de la tarde. A pesar de que hacía un calor terrible, la Plaza se llenó.

El Pipo, su apoderado, nos había exigido que le pagáramos en billetes pequeños. Cuando vinieron a cobrar los dos y vieron el montón de billetes, Manolo se asombró: «¿Todo eso es para mí?». Quería darle una parte mayor al Pipo, pero éste le dijo: «¡Quédatelo! Ya llegará el momento en que me lo discutirás».

–Después de ese éxito, ¿qué se os ocurrió hacer?

–Organizamos una novillada en Manzanares. La anunciamos: «A una hora de Madrid, El Cordobés». La Plaza se llenó a reventar, incluso el callejón estaba repleto, había allí hasta madres con niños. Yo pensaba: «¡Que no salte el toro!». Creo que no se atrevió, al ver a tanta gente. Recuerdo que acudió, desde Madrid, Alfredo Di Stéfano, amigo de mi hermano Pablo. Sólo se quejó de una cosa: «¿Quién ha dicho eso de una hora?».

–Después de ese éxito, os llamaron los Dominguín, que eran los propietarios de Vista Alegre.

–Así fue. Luis Miguel estaba retirado. Dominguito, su hermano mayor, se había metido en el negocio del cine, con el escándalo de Viridiana, de Buñuel, que ganó el Gran Premio de Cannes y fue prohibida por la censura española.

–Lo recuerdo muy bien. Televisión Española dio la noticia triunfalmente, pero, al día siguiente, L’Osservatore Romano condenó la película, por blasfema: la censura española la prohibió y tuvieron que salvar los rollos de celuloide pasándolos a Francia, escondidos entre los trastos de torear de Pedrés. ¿Cómo organizasteis lo de Vista Alegre?

–Hicimos una sociedad con los Dominguín, para gestionar la Plaza. Teníamos menos dinero que los empresarios de Las Ventas, pero lo suplíamos con desparpajo e imaginación. En San Isidro, montábamos alguna corrida con los toreros que habían quedado fuera de los carteles. Después, dábamos algunas corridas con el toro-toro y varias novilladas. Recuerdo una frase publicitaria de entonces: «El muerto, al hoyo, y el vivo, a Vista Alegre».

–Era muy agradable ver toros allí. Además, esa Plaza jugó un papel importante, para la Fiesta.

–Estabas en Madrid y, a la vez, el ambiente tenía un poco el encanto de un pueblo. Permitía que los novilleros se foguearan, con un tipo de reses y con una exigencia del público distinta a la de Las Ventas.

–Surgió entonces La Oportunidad. ¿A quién se le ocurrió la idea?

–A mí, leyendo el periódico Pueblo, al ver las fotos de unos maletillas. Hablamos con Emilio Romero, el director del periódico, para que apoyara la iniciativa. Decidimos que sólo podían acudir los que no tuvieran carnet de profesional taurino.

'Era como llevar a la práctica eso de que, en España, todos han querido ser toreros. Acudieron personajes de todas clases, hasta Camarón de la Isla'

En dos años, se presentaron cerca de mil quinientos maletillas. Era como llevar a la práctica eso de que, en España, todos han querido ser toreros. Acudieron personajes de todas clases, hasta Camarón de la Isla. Buscábamos formar carteles atractivos, combinando a un joven que tuviera ya cierta técnica con otro, más llamativo.

–A través de aquella Televisión Española, en blanco y negro, media España se emocionaba entonces con las andanzas de estos chiquillos que querían ser toreros. Supongo que surgirían muchas anécdotas pintorescas.

–¡Infinitas! Te cuento sólo una: se presentó un personaje que trabajaba en una especie de cabaret –por decirlo así–, en la Plaza de Santo Domingo. Quiso torear y lo anunciamos, pero no nos fiábamos. El día de la corrida, fuimos allí a buscarlo, en el coche, para llevarlo a la Plaza, no se fuera a echar atrás. Las chicas salieron a despedirlo. Luego, se dejó el toro vivo…

–También salieron de allí algunos profesionales.

–Bastantes banderilleros, El Platanito y, por supuesto, Palomo Linares.

–Él fue vuestra gran apuesta; luego, vuestro gran amigo. ¿Qué visteis en Sebastián, cuando era maletilla?

–Por la mañana, hacíamos una prueba de ocho a diez becerros, para seleccionar a los jóvenes que mostraran ciertas condiciones. Sebastián era un chiquillo muy nervioso, nos decía: «No me va a tocar nunca». Decidió acercarse a Pablo, que le pareció el más blando, y éste accedió a verlo torear.

La opinión de Pablo fue tajante: «He visto a un chaval con un valor… Le ha cogido siete u ocho veces y se ha vuelto a poner, sin mirarse». Le ofrecimos torear él solo un becerro, que fue muy bravo, y todo le salió perfecto. Lo que es el destino: lo cogimos como becerrista y llevamos toda su carrera, hasta el final.

–¿Qué cualidades tenía?

–Era muy listo, temperamental; tenía mucho valor y algo que es imprescindible para llegar a primera figura: una confianza en sí mismo absoluta. En todos los momentos difíciles de su carrera, que fueron bastantes, cuando nos veía preocupados, era él el que nos tranquilizaba: «Eso lo arreglo yo esta tarde». Y lo hacía. Esa confianza la tuvieron también siempre Luis Miguel y Paco Camino, por ejemplo. En cambio, le faltaba a José Mari Manzanares padre, por muy bien que torease.

–¿Cómo vivisteis la tarde que cortó el rabo en Las Ventas?

–Pablo ya lo había pronosticado: «El día que Sebastián cuaje un toro en Madrid, corta el rabo». La gente estaba muy dura con él, en esta Plaza. Se fue al centro del ruedo y brindó, pero, claramente, dejando fuera del brindis a una parte del público. Se echó de rodillas e hizo algo que entonces no se veía: torearle por bajo, con temple, mandando, muy relajado. La Plaza era un manicomio. ¿Qué hubiera pasado si no le dan el rabo? Yo creo que queman la Plaza. La polémica grande surgió al día siguiente, cuando algunos se rasgaron las vestiduras.

–Como empresarios, lo más importante que lograsteis fue llegar a Las Ventas, en 1990.

–Nosotros llegamos ya cuajados, muy preparados, con mucha experiencia, que habíamos adquirido en las Plazas americanas. Además, Manolo Chopera había hecho un excelente trabajo.

–¿Recuerdas con alegría esos catorce años como empresarios de Madrid?

–¡Desde luego! Hubo problemas y broncas, como es lógico, pero, en conjunto, la afición respondió muy bien. Para ser empresario de Las Ventas, hace falta tener mucha mano izquierda. Creo que nosotros la demostramos, por ejemplo, al lograr que Victorino volviera a lidiar en la Plaza. Además, por primera vez, se retransmitió entera por televisión la Feria de San Isidro. Creo que eso es fundamental, para la difusión de la Fiesta.

–¿Te gustaría que tus sobrinos llegaran alguna vez a ser empresarios de Madrid?

–¿Cómo no? Esa es la cumbre, para cualquier profesional.

–También sois ganaderos, de Alcurrucén.

–Eso es lo más difícil de todo, lo más romántico. Habitualmente, te haces ganadero al final de la carrera taurina. Ahora es todavía más difícil, porque hay muchísimas más trabas administrativas. Un ganadero de antes llevaba la ganadería entera en su libretita. Ahora, te exigen mucho más.

–¿Por qué elegisteis el encaste Núñez?

–Teníamos dudas, pero yo encontré el argumento decisivo: «Si uno de nuestros toreros va a tomar la alternativa, ¿qué ganadería elegimos para ese día, si podemos? Núñez». Estaba claro. Llevamos ya con ese encaste más de treinta años, más que el propio don Carlos Núñez.

–Con vuestros toros, se ha abierta la Puerta Grande de Las Ventas una docena de veces. Algunos toros de este encaste salen manseando, pueden poner al público en contra.

–Pero luego suelen ir a más. Es bueno sorprender al público con un toro que va a más, si el torero sabe sacar el fondo de bravura que tiene: se le da mayor mérito, a la faena. A nosotros, nos interesan sobre todo los finales del toro. Cada ganadero debe ser fiel a su encaste.

–En la temporada que ahora empieza, vais a lidiar en Madrid y en Sevilla, pero las primeras figuras no suelen elegir vuestros toros. ¿No te parece que el actual predominio del encaste Domecq quita variedad al espectáculo?

–Sin duda. Los toreros deben conocer la variedad de encastes: eso les ayuda a mejorar su oficio. Últimamente, se ha seleccionado mucho buscando la comodidad del torero, un toro más obediente.

–¿Qué toreros destacas, en los últimos años?

–Dos, que, a lo largo de su trayectoria, se han sabido reinventar. Ahora mismo, Morante no sólo torea con arte, sino que ha adquirido el oficio clásico, el que se necesita para ser un torero de época. Y El Juli ha toreado mejor que nunca al final de su carrera.

–¿Qué te parecen los carteles de Sevilla y Madrid?

–Reflejan bien las peculiaridades de cada Plaza y el momento actual de la Fiesta. Hay algo que no me gusta: las primeras figuras deben competir con sus rivales, en las grandes Ferias. Esa rivalidad es necesaria para atraer a los aficionados. Cuando Roca Rey no lo hace, creo que se equivoca.

–Ya lo hizo José Tomás. Última pregunta: después de tantos años y de tantos oficios taurinos, ¿no te cansas? Si no fueras profesional, ¿continuarías yendo a los toros?

–El verdadero aficionado no se aburre nunca. Además de otras muchas cosas, la Fiesta es un espectáculo único, en el que siempre puede surgir una maravillosa sorpresa. A mí, me encanta ir a las novilladas, ver la ilusión de los jóvenes que empiezan.

No cabe duda: José Luis Lozano es un sabio del toreo

La Justicia declara culpable al empresario Simón Casas de crear una “sociedad pantalla” para eludir impuestos.

Rafael G. Garrido y Simón Casas, empresarios de la Plaza de Las Ventas

'..El Tribunal Superior de Justicia de Madrid confirma que Casas utilizó “prácticas confusas” en dos de sus empresas entre 2013 y 2014 para no pagar el Impuesto de Sociedades..'

La Justicia declara culpable al empresario Simón Casas de crear una “sociedad pantalla” para eludir impuestos.

El empresario y torero retirado, Simón Casas, figura clave en la industria de la tauromaquia española, fue acusado de usar una “sociedad pantalla” durante años con el fin de pagar menos impuestos según una información publicada en elDiario.es. El Tribunal Superior de Madrid ha confirmado dos sentencias judiciales de Hacienda contra el empresario taurino que confirman como recurría a “prácticas confusas” en sus empresas para ocultar sus ingresos entre 2013 y 2014 y poder así pagar menos impuestos. Las resoluciones del Tribunal aún pueden ser recurridas y todavía no aclaran el total de dinero que las empresas de Casas ahorraron durante el ejercicio de estos dos años, justo antes de comenzar la gestión de la plaza de toros de Las Ventas de Madrid.

Nacido en 1947, Simón Casas comenzó su carrera como torero en la década de los 60 y con el tiempo se convirtió en uno de los referentes del toreo español. Gracias a su influencia en el mundo de la tauromaquia, Casas ha podido convertirse en ganadero y empresario del sector. Durante años, el extorero ha gestionado diversas plazas de toros en Valencia, Alicante, Francia o Madrid.

Las facturas fiscales de sus empresas entre los años 2013 y 2014 han llamado la atención de la Agencia Tributaria, quien comenzó a investigar las cuentas. Las empresas en cuestión son Servicios Taurinos Integrales (STI) y Simón Casas Apoderamiento (SCA), ambas administradas por Casas. La primera de ellas era la encargada de negocios de explotación de las plazas de toros sobre el papel, aunque en la realidad no contaba con trabajadores ni medios. La segunda empresa era realmente la responsable de prestar los servicios de administración.

La Justicia se pronuncia

A finales del pasado diciembre, los jueces del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) rechazaron los recursos que ambas empresas presentaron contra las liquidaciones de la Agencia Tributaria. Las resoluciones dictaminan que la empresa que facturaba los servicios actuaba como “pantalla” y que la segunda tenia el cometido de canalizar los ingresos de Simón Casas. Según los jueces, estas prácticas tenían el fin de “Eludir los tipos impositivos más altos en el IRPF que el tipo general del Impuesto sobre Sociedades”.

Las sentencias eluden mencionar la cantidad de las liquidaciones de Hacienda que las empresas tributaron incorrectamente y el dinero que ahorró el empresario al pagar menor IRPF. Por otra parte, si se concluye que las sociedades no aportan “ningún valor añadido” sobre el trabajo de Casas. Durante los dos años que se investigan, la sociedad STI no contaba con trabajadores ni gestionaba ninguna actividad de espectáculos taurinos.

Simón Casas, el empresario que gestiona en UTE la plaza de toros de Las Ventas en Madrid.

Hacienda sancionó económicamente a una de las empresas, pero se desconoce la cifra total de la multa. Hacienda justifica el motivo de la sanción acusando a Casas de ocultar ingresos “de manera deliberada” y de cometer “prácticas confusas”. Además, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid ha informado que el dinero que la empresa pantalla recibió de la otra no consistía en un préstamo, sino que se trataban de “rentas no declaradas”. Esto se suma al expediente publicado por la Agencia Tributaria en el que se describe la actuación del empresario como “totalmente premeditada” a la elusión de sus cargas fiscales.

En la muerte de Roberta Flack


Muere Roberta Flack a los 88 años, cantante de R&B de 'Killing Me Softly With His Song'

La cantante estadounidense de R&B Roberta Flack, conocida por éxitos como 'Killing Me Softly With His Song', ha fallecido a los 88 años, informó este lunes su representante. 
"Estamos desolados porque la gloriosa Roberta Flack falleció esta mañana, 24 de febrero de 2025 (...) Murió en paz rodeada de su familia. Roberta rompió techos y récords. También fue una orgullosa educadora", expresa en un comunicado en el que no se especifica la causa de su muerte.



Flack (Carolina del Norte, 1937) saltó al estrellato de manera tardía en la década de los setenta cuando Clint Eastwood usó su versión de 'The First Time Ever I Saw Your Face' para su debut como director 'Play Misty for Me' (1971), seguido dos años después de su lanzamiento 'Killing Me Softly With His Song'. Ambos temas fueron reconocidos en años consecutivos en los prestigiosos premios Grammy como grabación del año. 

Nacida en una familia de músicos en Black Mountain (Carolina del Norte), Flack comenzó a estudiar piano a los 9 años e ingresó en la Universidad Howard de Washington D.C. a los 15 con una beca. 

La artista, que estuvo activa desde 1968 a 2022, se prodigó posteriormente también en los géneros jazz, pop y soul -además del R&B- con otras canciones como 'Where Is the Love' o álbumes como 'Blue Lights in the Basement' o 'Roberta'. 


En las décadas de los ochenta y noventa, su música no alcanzó la cima de las listas de éxitos debido a diversos cambios de tendencias en los gustos del público, pero siguió manteniendo una audiencia muy fiel. De hecho, fue entonces cuando también incursionó en la música moderna, colaborando con productores y músicos jóvenes para explorar sonidos más contemporáneos; su álbum 'I'm the One' (1982) así lo demuestra.