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Pepe Bienvenida / La suerte suprema

sábado, 27 de junio de 2026

18 de julio de 1936. Noventa años / por Juan Chicharro Ortega


La historia nos enseña que los problemas políticos graves exigen soluciones políticas, institucionales y culturales, no violentas. En 2026, el camino no puede ser otro que el de la ley, la movilización cívica y el voto.

18 de julio de 1936. Noventa años

Se cumplen noventa años del 18 de julio de 1936, fecha en la que una parte significativa del Ejército español se alzó contra el Gobierno del Frente Popular. Aquel movimiento, conocido como Alzamiento Nacional, fue el comienzo -todo había empezado antes en 1934 con la denominada revolución de Asturias- de una de las páginas más dolorosas de nuestra historia contemporánea: la Guerra Civil Española.

La España actual atraviesa un momento de extraordinaria gravedad y fragilidad. El Gobierno presidido por Pedro Sánchez ha impulsado una gestión marcada por la polarización, los pactos con fuerzas secesionistas y la erosión de la unidad nacional. Los indultos y la ley de amnistía a los responsables del “procés” catalán de 2017, las cesiones a los herederos políticos de ETA en el País Vasco y Navarra y los complejos acuerdos con Marruecos -que han dejado en segundo plano la causa saharaui y generan inquietud sobre la estabilidad de Ceuta y Melilla- configuran un panorama de cesiones que muchos perciben como una quiebra de la soberanía y la igualdad entre españoles.

A esto se suma una corrupción sistémica, la presión sobre instituciones y símbolos nacionales y la persecución administrativa contra entidades como la Fundación Nacional Francisco Franco que, junto con las relaciones preferentes con regímenes controvertidos de Hispanoamérica, completan un escenario de profunda división. Para un sector de la sociedad, estos hechos recuerdan, aunque de forma distinta, las tensiones que precedieron a febrero de 1936: polarización extrema, cuestionamiento de la legalidad electoral y amenaza a la unidad de la Patria.

El Alzamiento de 1936 tuvo causas profundas. Ante unas elecciones de febrero envueltas en irregularidades, la violencia callejera de milicias izquierdistas, el asesinato de Calvo Sotelo y el temor a una bolchevización del país, Generales como Franco, Mola, Sanjurjo, Dávila, Kindelán… optaron por la vía militar. Aquellos hombres actuaron movidos por un sentido del deber y la defensa de valores como la unidad nacional, la religión y el orden social. Su valentía y sacrificio son innegables: miles de jóvenes dieron su vida en el campo de batalla convencidos de que salvaban a España de un destino peor.

Sin embargo, el resultado fue una guerra fratricida de tres años que dejó cerca de medio millón de muertos, destrucción material y una herida moral que aún hoy no ha cicatrizado completamente. Aquella contienda demostró que, una vez desatada la violencia política total, es extremadamente difícil controlarla.

Por eso, en este 90 aniversario, la reflexión debe ser serena y responsable. Admirar la decisión y el coraje de aquellos militares y civiles que se alzaron en 1936 no equivale a desear repetir la experiencia. Quien verdaderamente ama a España debe rechazar cualquier tentación cainita. La historia nos enseña que los problemas políticos graves exigen soluciones políticas, institucionales y culturales, no violentas. En 2026, el camino no puede ser otro que el de la ley, la movilización cívica y el voto.

Recordar con orgullo a los caídos es un deber de justicia histórica pero convertir ese recuerdo en combustible para nuevas divisiones sería un error trágico. La Historia se estudia, se debate y se integra.

Hoy, más que nunca, los españoles que se sienten herederos de esa tradición nacional deben priorizar la unidad. Defender la soberanía territorial, la igualdad de todos ante la ley y las tradiciones comunes no requiere revivir conflictos del pasado. Requiere inteligencia, constancia y generosidad.

España necesita mirar al futuro con esperanza. Los desafíos son enormes: la demografía, la economía, la identidad cultural amenazada por el globalismo y los separatismos y la regeneración institucional. Resolverlos desde la concordia, respetando la pluralidad legítima pero sin renunciar a lo esencial, es el camino. En eso nos diferenciamos de la izquierda marxista guerracivilista. Nosotros no somos iguales.

En este 90 aniversario del 18 de julio de 1936, recordemos a quienes tuvieron el valor de alzarse ante lo que consideraron un peligro existencial para España. Aprendamos de su entrega.

Pero sobre todo, comprometámonos a que nunca más la confrontación fratricida sea el recurso. Que su sacrificio sirva para reforzar nuestra determinación de construir una España unida, soberana y en paz. Una España donde quepan todos los que respeten su historia y su integridad territorial.

La Historia no se repite exactamente, pero rima. Evitemos las rimas trágicas. El verdadero patriotismo hoy es el que construye, reconcilia y proyecta a la nación hacia delante sin olvidar de dónde viene, pero sin quedar atrapado en sus heridas.

Juan Chicharro Ortega es General de División de Infantería de Marina ( R ). Presidente Ejecutivo de la Fundación Nacional Francisco Franco

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