'..Quien verdaderamente rige Marruecos: una estructura de poder que se articula en torno al monarca y aglutina a los grandes intereses del país..'
El Majzén
Fernando Paz
El 10 de julio de 1971, mientras Hassan II celebraba su 42º cumpleaños en el palacio de Skhirat, casi millar y medio de cadetes asaltaron la residencia real, irrumpiendo a tiros en mitad de la fiesta. La operación –extremadamente violenta y que se saldó con más de un centenar de muertos y otro de heridos– la dirigieron el general Medbouh, jefe militar de la Casa del Rey, y el director de la Escuela de Cadetes Militares.
El soberano, que salvó la vida escondiéndose junto a un grupo de incondicionales en un inodoro, se cobró cumplida venganza, pero aquello no disuadió a los militares de volverlo a intentar. Y el 16 de agosto de 1972 –Hassan regresaba de una visita a Francia– el avión real fue ametrallado sobre el Mediterráneo por tres F-5 de la Fuerza Aérea que perforaron el fuselaje e inutilizaron un motor. Cuando el aparato tomó tierra en Rabat con las dificultades que son de imaginar, fue de nuevo atacado por un enjambre de cazas y helicópteros, mientras otra unidad caía sobre el palacio real. Durante unas horas, se dio al rey por muerto.
Esta vez la venganza superó con mucho a la anterior, pero Hassan no estaba dispuesto a correr más riesgos. Con la vendetta sobre sus enemigos quizá satisfacía sus instintos, pero no solucionaba el problema: el ejército aspiraba a imponer un régimen militar de corte nacionalista y panarabista, al estilo de los que regían Egipto, Siria o Irak. Y el rey era cualquier cosa menos corto de entendederas.
Así que hizo tres cosas: eliminó el cargo de Ministro de Defensa, nombrándose a sí mismo jefe del Ejército; planeó la Marcha Verde a fin de focalizar al estamento castrense en la consecución de un objetivo externo que, de paso, le proporcionaba a él una enorme popularidad; y, sobre todo, sobornó a los altos mandos militares, integrándoles en el Majzén.
¿QUÉ ES EL MAJZÉN?
El Majzén es quien verdaderamente rige Marruecos: una estructura de poder articulada en torno al monarca y que aglutina a los grandes intereses del país, a las élites tradicionales, a la cúpula militar, a los principales intereses económicos, a los servicios de seguridad (¡por supuesto!) y a las figuras políticas más relevantes. Su papel ha sido clave en las últimas décadas para dotar de solidez al país, mientras otros Estados de la región sufrían una endémica inestabilidad. La idea central es sencilla: hacer partícipes a todas las fuerzas políticas, desde los socialistas a los islamistas, pasando por los nacionalistas y los liberales, de las mieles del poder.
El núcleo del Majzén es, por supuesto, el monarca. Sus atribuciones son absolutas, aunque constitucionalmente no sea exactamente así (ni falta que hace). El rey no es sólo la cabeza política del Estado; es también el líder religioso. No es este un dato baladí. De hecho, la legitimidad de la dinastía alauita se hace descansar en el vínculo teórico que mantiene con el profeta, del que se pretende sucesora: el rey preside el Consejo de los Ulema. Lo que esto significa es que sus súbditos le deben obediencia religiosa, además de política (ningún marroquí puede renunciar a su nacionalidad, aspecto que no suele tenerse en cuenta a la hora de valorar que haya 1.2 millones de marroquíes en nuestro territorio).
Ese entramado de intereses del que las fuerzas vivas de la sociedad marroquí se benefician muy directa y abundantemente, tiene su asiento en un holding llamado “Al-Mada”, del que todos participan, y que hace de Mohamed VI el mayor banquero y empresario del país. A través de ella se canaliza el grueso de la riqueza; una riqueza que afluye generosamente a través de muy diferentes canales.
Los ingresos que recibe Marruecos desde fuera del país no han repercutido en una mejora apreciable del nivel de vida de la población ni de las infraestructuras (no tiene empleo ni el 40% de la población activa, y los nuevos equipamientos han sido gestionados todas por la oligarquía), sino que han engordado al Majzén, haciéndolo más poderoso, y han aumentado las injusticias sociales del país. Y lo mismo sucede con el narcotráfico: más de un millón de marroquíes, puede que hasta millón y medio, viven del cannabis, hasta el punto de que en 2021 el Gobierno aprobó una ley para regularlo, teóricamente enfocado para fines terapéuticos y cosméticos; sin embargo, en 2024, Mohamed VI indultó a casi cinco mil presos condenados por actividades ilegales relacionadas con el hachís. Y es que el narcotráfico es muy lucrativo para la élite: por los canales abiertos para la exportación de hachís discurren igualmente cocaína, inmigración y otros productos genuinamente “made in Morocco”, que igualmente financian al Majzén (y que sirven, dicho sea de paso, para la compra de numerosas voluntades en toda Europa, en Estados Unidos y, por supuesto, en España).
EL PELIGRO PARA ESPAÑA
Como hemos dicho, los militares están integrados en esa estructura y, de hecho, son determinantes en multitud de sectores económicos, desde el pesquero hasta el inmobiliario, pasando por los combustibles y la industria de armamentos, por lo que constituyen un factor esencial en la relación de poder del país, un factor que todos quieren tener de su lado.
El alarmante deterioro de la salud de Mohamed VI –aquejado de múltiples dolencias de gravedad y con dos operaciones de corazón a cuestas– ha disparado todo género de rumores sobre la sucesión. El previsto y legítimo heredero, Mulay Hassan (a la derecha del monarca en la fotografía), es visto con recelo por las fuerzas armadas dada su extremada juventud –nació en 2003– y, aunque se ha puesto especial cuidado en su formación en relaciones internacionales, eso no parece haber mejorado su aprecio por él. Temen que su inexperiencia pueda convertirle en un títere del verdadero hombre fuerte del país: Fouad Ali Al-Himma, mano derecha de Mohamed VI, de sesenta y cuatro años.

Los militares prefieren a Mulay Rachid, hermano de Mohamed VI (a su izquierda en la fotografía), experimentado hombre de cincuenta y siete años que mantiene buenas relaciones con las élites tradicionales del país. Y ahí está el problema: aunque la sucesión legítima recae sobre el hijo, no deja de ser inquietante la desconfianza de las fuerzas armadas, que podría evocar pretéritos fantasmas de protagonismo político por parte de los militares. Lo que está provocando una serie de gestos por parte del heredero que no auguran nada bueno para España.
Aunque no es seguro que Mulay Rachid albergue ambiciones de convertirse en el próximo monarca, tampoco es completamente descartable. Durante años, propiciado por el estado de salud del rey y por la minoría de edad del heredero, Mulay Rachid ha desempeñado un papel protagonista en la representación del Estado, y el Ejército se ha acostumbrado a confiar en él. Bien es cierto que jamás ha hecho un solo movimiento que revele la menor codicia de poder a costa de su hermano o de su sobrino. Pero las especulaciones están ahí, alimentadas por la falta de transparencia propia del reino alauita y, lo que resulta más preocupante, por la desconfianza militar acerca del heredero.
Porque esa desconfianza persiste. De hecho, Mohamed ha nombrado a su vástago al frente de las fuerzas armadas, en una clara reafirmación del imperativo de lealtad. Así que el joven Mulay Hassan, asistido por El-Himma, quiere ganarse la buena voluntad de los mandos del Ejército, y la cuestión de Ceuta y Melilla es una buena ocasión para demostrar que se comparte –y se está dispuesto a llevar a cabo– el sueño de “reintegrar en la patria” las ciudades del Norte. Para colmo, El-Himma es un resuelto adversario de España.
Ciertamente, una agresión directa es improbable si la consideramos desde el punto de vista estrictamente militar. Pero la guerra híbrida se vale de muchas otras vías, que hacen innecesario el empleo de la fuerza armada: la presión en la “zona gris”. Su padre debutó en el trono con la operación contra Perejil; su abuelo echó mano del conflicto en el Sahara; Mulay Hassan aún no ha sido entronizado y ya nos han invadido Ceuta. Siempre España en el objetivo.
Y ahora, con la necesidad de ganarse al Ejército, núcleo del poder alauita, el Majzén.
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