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miércoles, 23 de noviembre de 2011

Domingo Ortega: torero, intelectual y aristócrata / Por Antonio D. Olano



Domingo Ortega:
torero, intelectual y aristócrata

Zuloaga, que lo retrató con traje de luces morado y oro, exclamó:
“¡Qué cabeza, qué guerra me está dando!”. “A los hombres nos torean desde que nacemos, El toro sale al ruedo puro”


Antonio D. Olano

Noviembre 2011
Talla de montañés, llamó Corrochano a la cabeza campesina, y noble, de Domingo Ortega. Desde que a Marcial Lalanda le dedicaron su pasodoble (“Marcial, tú eres el más grande”), todo torero que se preciase tenía su pasodoble. Otro Domingo, Dominguín, padre y fundador de una dinastía gloriosa, era el mentor de su tocayo, un muchacho ya maduro, nacido y venido de Borox, que conoció Madrid al traer y vender en el mercado de la Cebada, patatas, cebollas y ajos. Se hospedaba en casa de su tía, Luisa Ortega, viuda de un indiano que ahorró alguno pesos en Argentina.

Domingo, parsimonioso también en templar la conversación, me lo explica en la casa de nuestro amigo Miguel Utrillo durante una cena servida como está mandado: manteles de hilo procedente de un hotel de lujo barcelonés, cubiertos de plata, en su mayoría procedentes del Ritz, y servilletas de Lhardy: “Los toreros tienen que atesorar arrogancia para escuchar sus pasodobles y que los pasodobles no los anulen a ellos”.

El pasodoble, tan necesario como la taleguilla para los toreros, se lo regalaron los maestros Oropesa, en colaboración con el maestro Florencio Ledesma:

Ortega, Domingo Ortega, / La suerte alumbra tu sino / Y tú ganarás las mieles / De rey del arte taurino”.

Después del ensayo general madrileño se escucha en la plaza de Barcelona, el 8 de marzo de l931, la tarde en la que Domingo Ortega oficiaba la alternativa. Ya entonces, la Fiesta tenía sus enemigos y sus incondicionales defensores. Domingo Ortega nos cantiñea cuatro versos de A los toros, de Ricardo de la Vega y música de Federico Chueca y Quinito Valverde:

“Es una fiesta española / Que viene de prole en prole / Y ni el Gobierno la abole / Ni nadie la abolirá”.

Consagramos la ruta de Riscal y, para reposar respiración, nos acomodamos en las sillas de la terraza, ya desierta, del Café Gijón. En el interior de este santuario del arte y la picaresca, se dan cita al mediodía El Estudiante y Domingo Ortega, que ya casi al amanecer de la interminable noche de verano, recuerda supitañamente: “Coño… si esta tarde toreo en Valencia”. Su cuadrilla ya le esperaba en el hotel. Nos invitó a acompañarle en el viaje que realizó en un coche tan útil como utilitario. ¡Dios salve al seiscientos!

Utrillo, Sebastián Miranda y Pérez Ferrero cenábamos en Casa Ciriaco. Como era costumbre, en la cocina funcionaban al unísono los fogones y un viejo receptor de radio. Ciriaco, el propietario, al tiempo que nos acercaba una frasca con valdepeñas, nos dijo: “Domingo Ortega ha sufrido una cornada grave esta tarde en Valencia”.

Desgraciadamente, fue víctima de percances graves. “Los toros tienen que coger al que torea, pero no debe ser lo corriente. Cuando hay cogida es que, generalmente, el torero se ha equivocado. En otras profesiones, si una cosa te sale mal, se rectifica. Nosotros, los toreros, si fallamos, podemos morir en el ruedo o quedar maltrechos para siempre. La cogida viene de un error del hombre y, en algunos casos, de la equivocación del toro que hace extraños. Generalmente el percance es culpa nuestra porque no sabemos, ni nos hemos fijado, cómo es el toro al que nos enfrentamos”.

-A ti te comparan siempre con un domador...

-La doma del toro siempre se dice que es cosa de la sabiduría. A un toro no se le domestica, sino que es preciso mimarlo. Al toro malo hay que tratar de enseñarle a que sea bueno. Hay que pasarlo por delante la muleta, unas veces muy deprisa y otras muy despacio. Para vencer al toro es preciso convencerlo. Es un animal muy inteligente. Si le puede el hombre es porque tiene la inteligencia más despierta. A los hombres nos torean desde que nacemos, el toro sale al ruedo puro. Si después de darle los primeros pases lo retiran y sale otra vez, no hay quien lo toree”.

-El movimiento, Domingo…

-Sí, se demuestra andando. Y una de ellas es que la bravura le nubla la inteligencia. Si no es bravo, parece más inteligente porque intenta defenderse. Cuando está en el ruedo es cuando más demuestra su condición de toro bravo. Y es noble porque, sin nobleza, no hay bravura que valga.

Horas antes me había contado, para enriquecer mi biografía en torno a su figura: “Aunque torear parezca natural ¿qué hay más antinatural que un hombre toreando? Y un día decidí hacerme torero. Mi familia, que era de labradores, sin ser rica, se defendía bien. Yo salía al campo y contemplaba los toros. Eran del duque de Veragua. Salvador García me recomendó a Domingo Dominguín para que me diese una oportunidad en Madrid. Se hizo empresario de la plaza de Tetuán de las Victorias para mi presentación. Alterné con Maera. La crítica me elogió como capotero. Yo acusaba defectos con la muleta. Recuerdo que en mi primer toro me dieron un aviso. En el segundo fui aplaudido, pero dijeron que no tenía mucho que hacer”.

“Sosegadas prisas”, dice el picador Daza (1775) de los trances del toreo. Nos lo recuerda el otro Ortega, grande de la filosofía, más que amigo, hermano íntimo de Domingo Ortega, al que concedió la alternativa de intelectual, fama que ganó a golpe de inteligencia y lecturas. Ortega y Gasset frecuenta a Daza en el epílogo de El arte de torear. Los Ortega no especulan sino que explican “lo que está pasando en el ruedo en peligrosa proximidad con las astas del animal”.

Y allí tiene que situarse el lector para comprender lo que pasa entre toro y torero. Sólo se entiende la cogida. Y todo lo demás es de arcana y sutilísima geometría cinemática. Domingo traslada todo lo que sucede en el ruedo a un coso que, entonces, significa la máxima tribuna de la intelectualidad española. Unamuno, Valle-Inclán y Azaña la presiden. Antonio de Obregón, que sufre en su recuerdo la canallada del injusto olvido, lo testifica en su calidad y cualidad de secretario ateneísta.

Se sitúa a Ortega dentro de la Generación del 27. De sus componentes, Gerardo Diego, que asimila como ningún otro poeta en La suerte y la muerte lo que es el torero y el toreo, rompe filas en versos apasionados para recibir, como testigo, al nuevo ateneísta. Estos versos no están incluidos en el citado libro. Lean, señores y señoras:

“Cátedra del Ateneo, / el maestro fray Domingo / va a hacer un sutil distingo / al definir su toreo. / Cambia la aguja al correo / y si el tren te duda y anda / aguanta, quieto y torero / (El fraile fue cocinero) / y échaselo a la otra banda”.
Se produce el flechazo que ha de unir para siempre a los dos Ortega. Glosa esa amistad, debida al toro, el mismísimo Eugenio D´Ors, que sentencia: “Ortega ha colocado a los toros en la plenitud de la filosofía”.

Y Ortega, el torero que parece filósofo, y el otro Ortega, el pensador que parece torero (por cierto, toreó en varias capeas), asaltan la Residencia de Estudiantes en la que es admirado otro torero, Ignacio Sánchez Mejías, que escribe comedias, que preside el Betis Balompié y que, sustituyendo a Domingo Ortega en la plaza de Talavera de la Reina, se reúne con la muerte. A Ortega lo popularizó su pasodoble. A Ignacio, el llanto de García Lorca.

Domingo Ortega es decidido admirador de Juan Belmonte porque “le hacía a los toros lo que debía hacerles. Incluso transmitía a los aficionados sensación de temeridad que no existía, pero a sus seguidores se lo parecía. A veces, cuando estamos delante de un toro sin peligro, el efecto que se produce entre los aficionados es de miedo. ¡En eso consiste la personalidad de un torero!”.

En la Residencia de Estudiantes, estos toreros se reunían con los de la generación de la amistad: Lorca, Dalí, Salinas, Alberti, Luis Buñuel, Juan Ramón Jiménez, Neruda, Valle-Inclán. Los coordinaba Pepín Bello.

Aquellas tertulias pasadas cuajaron en los Amigos de Julio Camba, reunidos en Casa Ciriaco. Allí gozamos los entonces jóvenes diletantes de la amistad de Belmonte y Domingo Ortega. Mingote, Calleja, Pérez Ferrero, Díaz-Cañabate, Sainz Rodríguez, Ortega (hijo del pensador), Víctor D´Ors, Amestoy Utrillo, Cottet, Palomino, Areces, Ángel Manuel García, Sebastián Miranda hacíamos confesión de admiración y amistad del célebre humorista gallego, Camba, que presumía de no haber tenido amigos nunca.

Domingo Ortega se hace admirar y admira. No solamente los poetas lo enmarcan en endecasílabos y sonetos. También los grandes pintores y escultores lo buscan como modelo, entre ellos Ignacio Zuloaga, que conoce al torero en San Sebastián. El pintor le propone retratarle. En 1945 ordena a su mozo de espadas que lleve un traje de luces, morado y oro, al estudio madrileño del pintor, en Las Vistillas. Ortega se viste de torero día tras día. Zuloaga comenta: “¡Qué cabeza, y qué guerra me está dando! Creo que lo estoy logrando. Quisiera retratarlo cogiéndole a usted ese gesto que pone cuando torea. No se le mueve ni un pelo en toda la tarde. Usted, para, templa y manda. Domina al toro con que lleve un traje de torear”.

Y, además, marqués

Dejando aparte, que no olvidando, a los toreros de a caballo, auténticos aristócratas, hay que señalar a tres hombres de gotha y del Cossio: como rejoneador, al duque de Pinohermoso, y, a pie, fueron marqués y conde consortes, respectivamente, Domingo Ortega y Francisco Rivera Ordóñez. Y estuvo a punto de convertirse en duque de Alba Pepe Luis Vázquez, del que confiesa Cayetana que fue su primer y gran amor. Domingo Ortega matrimonia con Carmen Pla y Ruiz, que hereda su título del marqués de Amboaje, un emigrante gallego de Ferrol. Viven en el palacio que hoy es sede de la embajada italiana. Viaja con ella a América. Allí le presenta a Manolete. Ortega le pide que lo trate de tú. No acepta porque “sé quién es usted en el toreo. Y no le puedo llamar a usted de tú”.

Muere la mujer de Domingo Ortega (28 de abril de 1944). La familia Amboaje exige la mitad de su fortuna al torero. Vuelve a casarse Ortega. Su segunda mujer es María Victoria Fernández y López-Valdemoro. Junto a ella y al matrimonio Ortega y Gasset-Spotorno viaja a Alemania, patria intelectual del autor de La España invertebrada, quien afirmó que sólo podía explicarse la cultura española con la existencia de los toros.

Luis Miguel Dominguín (al que concedió dos veces la alternativa: Colombia y La Coruña) organiza en Vallauris la corrida en honor de Pablo Picasso con motivo de los 80 años de vida del genio. Torean Luis Miguel y Domingo. Ortega hace el viaje desde Madrid en un viejo taxi que también sirvió para llevar de plaza en plaza a las cuadrillas de toreros. En la baca, el esportón y el botijo del que bebe Picasso, que lo recibe alborozado.

7 de junio de 1958. Se retira, seriamente enfermo, a su finca de Navalcaide. Le atiende su amigo el doctor Jiménez Díaz. Fallece en Madrid el domingo 8 de mayo de 1988. Es enterrado en Borox, Su cuñado, Pepe Alameda, escritor taurino que vive en México, versifica:

“Más allá del bien y el mal / y la historia pasajera / debe Dios un pedestal / –en piedra, que es inmortal– / a esta cabeza torera”.
***

Domingo Ortega por Ignacio Zuloaga

domingo, 28 de agosto de 2011

MANOLETE: TRAGEDIA DE UN MONSTRUO CON DERECHO A RESURRECCIÓN

 Manolete
 
AGOSTO DE TODOS LOS AÑOS:
MUERTE Y RESURRECCIÓN DE “MANOLETE”
 
TORERO SUPREMO, ESCRITOR, DIBUJANTE Y, SIEMPRE, CON LA MISMA BANDERA.
UN POETA CANTADO POR LOS POETAS SUPREMOS.
 
Por ANTONIO D. OLANO
Madrid, 28 de Agosto de 2011.-
Antonio D. Olano
Afamado. Y difamado por buitres que esperan la batalla para caer sobre la carne muerta. Criticado, negativamente por quienes no lo conocieron nunca y no saben más de toros que la contemplación del paquete de los toreros apretado por la taleguilla. Juzgado severa e injustamente en el folletón-libelo “El verano sangriento”, venganza estúpida contra su amigo Luis Miguel. Y exaltación, que merecía pero que se diluye en su pluma y plumero, de otro torero grande, Antonio Ordóñez.
Hago alusión directa al protagonista de mi próximo libro que titulo: “¡Vete a la mierda, Hemingway!”
“Manolete”, ídolo y mártir. Fue torero.
No, nadie lo tema. No caeré en el tópico o recurso de los revisteros y no caeré en la tentación de redactar una biografía. Mi agenda aun no existía cuando murió Manuel Rodríguez al que conocí, siendo muy niño, de refilón. Yo salía y él entraba en la casa madrileña de los Dominguín. Y que más tarde, tras mis lágrimas obligadas el día en el que los periódicos anunciaron (29 de agosto de 1947) su muerte. La España. Gran madrastra plañidera, nos obligaba a las lágrimas y al luto por “Manolete”.
Manuel Rodríguez, califa con califato, fue también escritor, dibujante, caricaturista. Los mejores poetas lo cantaron en versos. Y en coplas de ciego se relató su tragedia. Fue, y seguirá siendo “el mejor mozo de España”.
Manolete
En el homenaje que los intelectuales le rindieron en “Lhardy” se escucharon, en su honor, los mejores versos. Dixit Foxá:
Yo saludo al torero más valiente del ruedo.
Yo saludo en ti a Córdoba, olivares y ermitas.
Surtidos de odaliscas, hoy cubierto de tierra
que le dio esa elegancia de califa sin trono.
De Almanzor que no vuelve, que es desdén y nobleza.

LA TRAGEDIA DE LINARES CONTADA POR LUIS MIGUEL DOMINGUÍN A OLANO
Luis Miguel Dominguín, en una de esas tardes de charla en su finca de la Virgen de la Cabeza, me relató la pasión y muerte de su amigo “Manolete”.
28 De agosto de 1947. Islero, de la ganadería de Miura, había marcado con sangre la víspera de una fecha en la que, al amanecer, dejaría de existir “el mejor de los toreros”, que reza el romance popular. Porque fue el 29 de agosto de 1947, a las cinco y siete minutos de la madrugada, cuando murió Manolete. Habló hasta poco antes de perder el conocimiento. Pedía, constantemente, hielo y agua y tenía palabras de recuerdo para su madre. Pidió un cigarrillo a su primo y banderillero, Rafael Seco Cantimplas, que salió de la habitación fumándose el cigarrillo que había dado al maestro.
Un ídolo ha entrado en la gloria. Adriano del Valle, poeta grande, dedicó un largo poema a la muerte del ídolo y fue profético en sus versos finales.
Hoy la muerte te desplaza
pero emplaza el hecho cierto
de tu recuerdo despierto
que mantendrás en la cid
Batallas, después de muerto.
Son muchas, diversas, válidas, las maneras de recordarle. En la mayoría de las plazas españolas, la fecha del aniversario, los toreros, destocados, hacen el paseíllo. Se detienen en medio de la plaza. Y se observará un minuto de silencio en recuerdo a Manolete. Esto ocurrirá en algunas plazas el día, fecha de la fatal cogida y en otras el 29 fecha de su muerte.
Queremos hacer, en este capítulo de la dinastía de los Dominguines, nuestro brindis a “Manolete”. Pero no al uso. Sino recordando una historia que nos contó Luis Miguel. Luis Miguel Gonzales Lucas, impertinente muchacho y gran figura del toreo en ciernes, el pequeño de los Dominguines, fue testigo de excepción de la tragedia.
 
Formaba parte del cartel del día de la tragedia. Abría plaza Gitanillo de Triana.
cartel manolete en linares
¿Qué ocurrió, artísticamente, en aquella corrida? Los revisteros de entonces nos lo cuentan.
Linares, 28. Primera feria. Lleno imponente. Primer toro, Gitanillo hace una lucida faena. Mata de una estocada. Petición de oreja. Manolete veroniquea imponentemente a su primero. Pases por bajo, naturales impresionantes. Un pinchazo y estocada. Ovación y petición de oreja y salida a los medios. Pitos al toro.
En el tercero, Luis Miguel es calificado de “inmenso” por los cronistas:
Estatuarios, naturales. Caen sombreros al ruedo. Seis naturales ligados con el de pecho. Torea de rodillas. Dos pinchazos y descabello. Ovación, oreja, vuelta y salida a los medios.
Gitanillo cumple en el cuarto. Palmas.
Manolete recibe al quinto con tres verónicas excelentes. Después cinco naturales de escalofrío. Desplante delante de su enemigo. Molinetes de rodillas. La plaza es un manicomio. Comienzan a caer prendas. Cuatro manoletinas, pases por alto. Una gran estocada de la que sale prendido. Pasa a la enfermería a donde se le llevan las dos orejas y el rabo, conseguidos tras su gran actuación.
Luis Miguel torea valientemente al sexto. Naturales, derechazos, estatuarios, desplantes. Ovación. Petición de oreja y vuelta. 
Los pesos de los toros fueron 463 kilos, 479, 466, 489, 495 y 496, por orden de lidia.
El traje que vestía Manuel Rodríguez Manolete era rosa y oro.
El parte médico, facilitado por el doctor Garrido Arboleda, auxiliado en la enfermería por Julio Corto y Carlos Carbonell, decía: “muy grave”. Al paciente se le realizó una transfusión de sangre, cedida por el cabo de la policía armada, de la plantilla de Linares, Juan Sánchez.
Dos cirujanos se desplazaron desde Madrid, llamados con urgencia para asistir a “Manolete”. Uno, el afamado doctor Luis Jiménez Guinea, titular de la enfermería de la “Monumental madrileña. Manuel lo recibió sonriente y doliente:
- Don Luís. No siento esta pierna.
Manuel Tamames, que casi siempre acompañaba a Luis Miguel a sus corridas no está presente en la de Linares. El torero, alarma por la cogida de Manuel, le pide que se ponga en marcha, urgentemente, hacia Linares.
Vuelve a dirigirse el herido a Jiménez Guinea:
- Don Luís, ya no siento la otra pierna.
Y, poco antes de consumarse la tragedia, vuelve a quejarse:
- Don Luís, donde está, que no le veo.
- Cierra los ojos, Manuel y procura descansar… esto va bien…
Los toreros se hospedaban en el “Hotel Cervantes” en el que, a partir de su debut en Linares (29 de agosto de 1914), “Manolete” se encontraba como en su casa.
La familia y los amigos de Luis Miguel se fueron a hospedar en el cercano parador; pero el joven torero se hospedó en el “Cervantes”.
“Manolete” era consciente de que su rival, por su sapiencia taurina, por su coraje de precoz principiante, era Luís Miguel. Los aficionados comenzaron a presentarlos como máximos rivales. Los jóvenes no son el porvenir, son el presente. Pero los aficionados exigían rivalidad. Y, a ser posible, duelos fratricidas. Un torero llegado de México, sobrino del poeta español León Felipe, era el otro gladiador del ruedo ibérico. Los fanáticos no eran partidarios de Arruza sino enemigos de Manolete. Y viceversa. En los toros ya se notaba la existencia de “las dos Españas”.
Carlos Arruza, con el que hice amistad cuando él se pasó al rejoneo, y Manolete eran íntimos amigos. Su cuartel general se llamaba “La gran tasca”, en la putañera calle de la Ballesta. Los dos Manolos Fernández, padre e hijo, eran dos amigos para los toreros. El señor de los mejores cocidos madrileños, enviaba al junior al apartamento de los toreros si la velada (y Dios hizo a la mujer) exigía discreción. Arruza, su madre doña Cristina a Manolo me daban la sensación de que nosotros, saludando a los clientes mexicanos, estaba el cordobés, Manuel “virrey de México”.
Volvamos a Linares. En la habitación del joven torero madrileño entró el veterano, pero también joven y viejo de cansancio, Manuel Rodríguez, que le anunció al pequeño y más grande de los Dominguines:
- Me iré, Miguel… ya estoy aburrido de los toros. Pero hay algo que quiero decirte: al que más daño voy a hacer al retirarme será a ti. Cuando yo me vaya, todos los que ahora están en contra mía, se pondrán en contra de ti.
Los dos toreros, jóvenes ambos, veterano el uno y toricantano, eran amigos. Manuel acababa de cumplir treinta años. Pese a la barrera de la edad, que es más ostensible en la juventud, se conocían en la casa de los Dominguines en la calle del Príncipe. Allí hacían tertulias Manolete, Domingo Ortega, Armillita y Cámara. El primer encuentro entre los toreros, hoy rivales y siempre amigos, tuvo lugar en 1939. Entre Manolete, ya afamado y Luis Miguel, no se estableció una amistad. “Siempre la claridad viene del cielo”, escribió Claudio Rodríguez. Y añadió “ebria persecución, claridad sola”.
En aquellos tiempos era necesario coronar reyes, aunque no muy tarde, el pueblo que los enaltecía los eche a patadas. Y Manolete, que después de muerto sigue siendo el rey, ya tenía al populacho en frente. De Luis Miguel se decía: “Este niño viene con la escoba”.
Escribe Luis Miguel:
“Al entrar en mi habitación y comprobar que estaba llega de sus incondicionales, Manuel debió pensar que eran la viva y cruel imagen de la condición humana, formaban parte de esa raza especial a la que yo llamo “los amigos del señor ministro”. Los ministros cambian pero “los amigos del señor ministro” son siempre los mismos. Al comprobar que Manolete venia a saludarme, salieron precipitadamente de la habitación. Porque Manolete era todavía “el señor ministro”. Me ratificó que se marchaba del toreo. Al despedirse me apretó la mano y me quedé pensando. El estaba muy cansado y yo lleno de ilusiones. Manolete, era un torero extraordinario; pero también los entendidos lo podían calificar de “corto”. Siempre repetía la misma faena. Sin embargo nunca era monótono. Su hacer era duro, eficaz. Vino al mundo dotado del don de la magia”.
Durante el paseíllo se escuchó esta frase:
- ¡Luis Miguel, Luis Miguel! De Joselito a ti, pasando por tres “chalaos”.
- No le hagas caso, Manuel, le dijo Luis Miguel.
Aquel energúmeno repite la misma frase cuando salió el segundo toro de Manolete. Luis Miguel mira al tendido y ve al enfurecido aficionado. Recuerda:
“Era delgado, tocado con sombrero ala ancha. Vestía de negro y camisa blanca abotonada y sin corbata. Era el prototipo del clásico cordobés”. A su lado estaban varios amigos míos que, curiosamente, al final de la corrida no recordaban a sus amigos de localidad. No se acordaban de aquel hombre”.
 
Luis Miguel, años después de la tragedia, hace memoria de la misma. Explica:
“Islero era un toro cobarde y Manolete quiso matarle en un lugar en el que la querencia del toro quedaba atrás. Naturalmente, si yo voy a levantarme por detrás, miro para saber por dónde puedo salir. Y, para ello vuelvo la cabeza. Eso es lo que hizo Islero cuando Manolete se perfilo para matarlo, el toro, sintiéndose herido, miró hacia su querencia. Quería irse a los chiqueros. Al clavarle la espada el toro huyó y al huir se llevó a Manolete por delante. El toro sacudió la cabeza para quitárselo de encima, debido a ello lo tiró por delante. No le mete la cabeza sino que salta por encima del torero y se va. Eso no se ha dicho nunca. Me interpuse entre Manolete ya herido y el toro. Cogen a Manolete y se lo lmanolete cogida mortallevan a enfermería. Islero que se echó tras la certera estocada es apuntillado. Todo sucedió a la velocidad de un relámpago. Presintiendo la tragedia parte del público buscaba a un supuesto culpable. Que escuchó al mismo hombre que tanto le había elogiado, para ofender a Manolete que le gritaba: “canalla, sinvergüenza, asesino”. Recordé que en la habitación del hotel, Manolete me dijo que yo, heredero de sus amigos, seria heredero universal de sus millares de enemigos”.
Cuando Luis Miguel entró en la enfermería se encontró con este cuadro solanesco.
 
“Allí estaban los médicos Camará y Álvaro Domecq, conversaban rodeado de una docena de personas. El quirófano recordaba al bar de un casino provincial. El que deseaba fumar lo hacía. Y ahí mismo a un metro de esos personajes. Yo aun con la ropa de torear puesta, Manolete permanecía tendido sobre la mesa de operaciones. A su lado y de rodillas, una mujer con la bayeta en sus manos, la iba empapando de sangre y luego la retorcía para echar la sangre de Manolete en un gran cubo”, Luis Miguel, demudado escucha a Manolete.
- ¿Qué vais hacer?
- Nada que esto pasa, y que dentro de diez días volveremos hacer el paseíllo juntos.
Sin embargo piensa que la cena es patética. Allí todo es desidia e inutilidad. Manolete es arropado con capotes de torear llenos de sangre. Y su camisa esta empapada de sudor.
Vuelven a Linares Domingo Dominguín, padre y Luis Miguel. Manolete ya había muerto, dice que no murió como consecuencia directa de la cornada. Murió de un “shock” hemolítico consecuencia de una mala trasfusión de sangre. Tamames aseguró que esa, y no otra cosa había sido la causa de su muerte.
Cuando Luis Miguel estaba sentado al lado de Manolete, reapareció el misterioso espectador tocado con sombrero de ala ancha, y vestido de negro. Se abalanza y abrazando el cadáver de Manolete, dice: “Monstruo, nos has dejado ¿Qué vamos hacer ahora sin ti?”. Aquel hombre lo sacaron de allí a empellones entre tres personas, era el mismo y siniestro personaje que desde los tendidos aclamaba a Luis Miguel para molestar a Manolete. Tras la cornada comenzó a llamarle asesino. Todo un misterio más que añadir a una escena esperpéntica.
 
-Islero estuvo a punto de coger a Luis Miguel mientras hacías un quite:
“Pudo matarme a mí y no a él, ¡no era mi día!”. La muerte en el ruedo corre enloquecida. Se detiene cuando quiere como la bola de la ruleta. No hay que avasallarla cuando estas toreando. En esos momentos ella está cerca de ti y su terreno es el único espacio que un torero no debe pisar.
 
Puntualicemos: Lupe Sino, la mujer con la que Manolete quería casarse de dudosa reputación, no puede entrar en la enfermería, los pretendidos amigos de Manolete temen que se casen en articulo mortis. Aquella muchacha, que conoció en las tertulias de “Chicote” había sido muchacha de servicio en casa de los Bullón. Después alternó con éxito en el mundo de la sociedad madrileña. Trabajó en varias películas y casó a su hermana con un famoso perfumero madrileño. Cuando la conocí varios años después de la muerte de Manolete, vivía en un lujoso piso del Paseo de Rosales. Me la presentó mi íntimo hermano el director de cine y pintor Miguel Herrero Minueza. Lupe estaba completamentemanolete y Lupe Sino, su gran amor sorda, pero merecía la pena nuestra afonía si desgañitándonos nos entendía. Lupe sufrió varios atentados, tiroteada por la difamación, estuvo unida en México con un personaje que también se llamaba Manuel Rodríguez. El nombre y apellido primigenio de Lupe era el de Antoñita Bronchalo. Tras su muerte se escribió alegremente sobre ella. Se exalta sus simpatías por el bando republicano y una querida amiga y colega mía teje un libelo (Dios nos libre de nuestros amigos mal informados) en el que incluso llega a firmar que el joven oficial, voluntario del ejército franquista era un fiel republicano.
 
Manolete, en la plaza de México, se niega a torear sin que arríen la bandera del gobierno de la Republica en el exilio. No hace el paseíllo hasta ver sobre el mástil la bandera rojigualda. Asimismo, es cierto que se hace amigo de importantes políticos, escritores, artistas que forman parte del exilio español y que fueron acogidos por los sucesivos gobiernos mexicanos. Manolete solamente distinguía a los españoles de honor y no jugaba con los soldaditos de plomo porque para él solo existía una España.
IMÁGENES PARA EL BUEN RECUERDO 
manolete el día se su 1ª comunion manolete y su madre
manolete brindando manolete de espaldas

lunes, 15 de agosto de 2011

Ortega Cano: personaje de tragedia griega / Antonio D. Olano




Ortega Cano: personaje de tragedia griega

Antonio D. Olano***


José Ortega Cano, como la mayoría de los toreros, parece y además es un personaje de tragedia griega. Los toreros luchan, aun sin estar consientes de ello contra su propio sino. No es esta la ocasión de recordar a los héroes de la Fiesta. Ni de hacer estadística de la muerte y hasta de la resurrección de figuras desaparecidas.

Ortega Cano ya está, felizmente, en su finca de “Hierbabuena”.Sufrió un calvario de muchos días en el sanatorio al que llego tras un accidente automovilístico. Un hombre perdió su vida y otro ha perdido su tranquilidad después del suceso. José Ortega Cano, ha sido una de las marionetas más cruelmente manejadas por el destino.
El cartagenero llegó a la cumbre del toreo tras pasar por numerosas vicisitudes. De niño vendía churros en Vallecas. Más tarde ya aspirante a la gloria taurina trabajaba en un puesto de melones en San Sebastián de los Reyes. Cuando se dispuso a tomar la alternativa en Barcelona madrugó al día siguiente para reincorporarse a su lugar de trabajo. Un verano madrileño se subió a su última oportunidad y triunfó en su pueblo de adopción. Y salió en hombros de la Plaza de las Ventas, su carrera ya estaba encarrilada. La primera en el pecho: un sobrino suyo fue secuestrado. Ortega Cano pasó de las páginas taurinas a las de sucesos. Los triunfos se sucedieron y un afortunado día conoció a la cantante más grande de España, Rocío Jurado con la que matrimonió.
Días intensos de completa felicidad. Ortega, que de niño quería ser bailarín, se subió a un escenario el día de la boda para bailar y cantar en dúo por su bien amada. Los dos adoptaron un niño y una niña a los que dieron su nombre.
Como dice el tango la suerte volvió a ser grela para ambos personajes. Solo una hecatombe podría separarlos. Y la muerte, en la plenitud de ambos, se llevó a Rocío. José Ortega Cano, torero de época, sufrió las más graves cornadas de la historia taurina. Vio a la muerte en Aragón y a punto estuvo de perder la vida que en cada paseíllo ponía en juego.
He tenido la obligación y la oportunidad de ponerme en contacto con él y su familia durante el más reciente y trágico suceso. Todos teníamos el temor de que jamás se rehiciese de la cornada sufrida en una carretera rural. Su rescate de entre los daños sufridos por el coche fue épico.
Ya consiente de todo lo que había sucedido tuvo que hacer frente a la triste realidad de que un hombre murió en el accidente. No le busquemos tres pies al gato, no sería honrado pretender borrar los errores, una muerte que el torero y a todos sus allegados llenó de tristeza. Pero tampoco es de recibo que se le quiera condenar a los infiernos ¿hay mayor castigo que saber que se le cortó la vida a un ser humano?.
Ortega, que sigue rodeado de los suyos, se repone lentamente. Pero a pesar de la peligrosidad de sus lesiones, me consta que su mayor problema es conocer el resultado del percance automovilístico. El torero, es, antes de todo un ser humano. Ya hemos tenido contacto telefónico con él. Este suceso equivale a la más grande cornada que ha recibido nunca.
Los seres humanos nos equivocamos frecuentemente. Ortega Cano siente ahora, una losa encima, en tremendo dolor de la responsabilidad. Sabemos que nunca más podemos encontrarnos con el, Vestido de luces, en un festejo. Pero deseamos el pronto restablecimiento físico y moral de un hombre de bien ¿Por qué se ensañan los y las cronistas sin corazón con este gran personaje humano y taurino. De destino incierto como los héroes de la tragedia griega?
******

Autor de ciento diez libros y cincuenta obras de teatro, el periodista y escritor de Villalba (Lugo) trató muy de cerca a personajes como Luis Miguel Dominguín, Picasso, el Che Guevara, Fidel Castro, Sartre y Camus y quiere estrenar en Broadway su obra sobre Dali

viernes, 29 de julio de 2011

JOSE TOMÁS SE APARECE / Por ANTONIO D. OLANO

JOSE TOMÁS SE APARECE 


Lope de Vega:
“El pueblo es necio y por eso es justo hablarle en necio para darle gusto”. 

ANTONIO D. OLANO 

   Fotografías: ©DOLORES DE LARA y J. R 
 
Antonio D. Olano¡Albricias, pan de Madagascar!, exclamaba un personaje teatral de un gran y ya olvidado escritor: Manuel Pombo Angulo. Una frase que no decía nada y todo lo expresaba. Y de ese modo y parecida manera se hizo el milagro. Los españoles somos de un natural milagrero-De ahí que se nos hayan aparecido tantas Vírgenes en las que no creía Jardiel  Poncela  Ateo de la penicilina “porque es un invento inglés” y pedía que lo envolviesen en un manto de la Virgen del Pilar, su paisana pequeñita de tamaño como el autor de “Angelina o el honor de un brigadier”.
Necesitamos de lo sobrenatural, tanto si se trata de “las caras de Bélmez” o de la Virgen que cuentan que se aparecía en El Escorial quitándole protagonismo y hasta su silla de piedra a Don Felipe II, que en gloria esté. Si Fátima o Lourdes nos caen a mano, nos vamos de romería a San Benitiño, al más milagreiro que es “San Benitiño das Neves.

Con el toreo ocurre tres cuartos de lo mismo. Periódicamente la Fiesta se nos muere de casta y de aburrida. Y el aburrimiento, ya lo dijo Voltaire, es el único género no lícito. A los toros no los despacha del Parlamento catalán, sino la monotonía, el aburrimiento en el que han caído, precisa revulsivos o mayormente repulsivos. No es el caso de José Tomás que, tras un grave percance en México lindo y bonito, decidió no reaparecer, sino aparecerse a una embobada y limitada multitud – dieciséis mil espectadores, dieciseís -de ellos algún pagano en precios de oro y, además, los invitados que se lo pasaron en grande devorando la “paella mixta” valenciana. En los chiringos de la Malvarrosa a la que ya no llega ningún tranvía. 

  J. R J. R J. R

A esta romerias multitudinarias le gusta asistir un escritor que ordena y, manda, que templa y carga la suerte. Mi amigo Fernando Sánchez Dragó que se los pasa (los toros, claro) por zonas peligrosas. Nuevo San Ignacio de Loyola, o Marco Polo, quiere evangelizar Japón con chaquetillas recamadas y estoques. Creo que a Valencia vísperas de Santiago y cierra España, no llegó en barca de piedra. Mas, como de hombre multifacético y también televisivo debió lamentar que lo estuviesen en la calabriada las cámaras televisivas. Todo porque el demiurgo José podría reivindicarse como Mishima que se hizo el hara/ kiri ante las cámaras
J. R. El caso es que José tomas siempre entre el clamor del público y las crónicas de los exegetas, terminó el destejo asustando a sus seguidores porque el toro de los cuernos de plátano le dio una voltereta.  Lo que no impidió que los cronistas de la vaselina escribiesen que el torero engrandeció su leyenda los toreros de verdad, y el es una gran figura del toreo pueden pisar el terreno resbaladizo que pertenece al toro como lo hacía Juan Belmonte. Pero cosa bien distinta es robarle ese terreno al pobre y flojo astado. Y así ocurre lo que no debía pasar. Pero estoy de acuerdo con los que dicen que José Tomas asusta al miedo o peor sería la viceversa.

J. R.
Un maestro de la Literatura Taurina, Andrés Amorós, todavía no envenenado de histerias, escribió en su crónica de ABC las diez claves de lo sucedido. En la cuarta dicen que se había anunciado novedades en su estilo. Solo he advertido un quite con el capote a la manera de Miguelin sigue diciendo Amorós. Nadie puede ir contra el entusiasmo del público y no osaría recordar el dicho de Lope de Vega: “El pueblo es necio y por eso es justo hablarle en necio para darle gusto”. 

Vuelvo Amorós y no porque no quiera mojarme. Se refiere a José Tomás del que dice es un gran torero. “Además posee lo que Bergamín llamaba “percha literaria”. Sus admiradores vuelcan sobre las tales exageraciones que ayuda a crear su mito, aunque produzcan algo de rubor. Leemos que es el mejor torero de toda la historia, el mesías redivivo que viene a salvar a la Tauromaquia amenazada, el ser humano que une los ideales aristotélicos del héroe. Bueo…”  

“Nadie discute que es un gran torero, dotado desde el comienzo de su carrera de grandes cualidades. Sobre ellas, un habilísimo uso de los medios de comunicación. Ha contribuido a forjar un mito, no ©Dolores de Laraconcede entrevistas, no se ve en sus faenas en televisión, se mantiene en un ámbito de misterio. 

Hace que cuando torea las campanas suenen arrebato. Sin embargo, el torero al que acompaña el misterio no es de arrebato como lo han sido, entre otros, Manolete, Dominguin, El Cordobés que se arrimaba y practicaba un angélico y a la vez diabólico toreo. 

“El toreo soy yo” en este momento pocos son los que pueden repetir esa frase. Uno de ellos Enrique Ponce. Aunque le deseo lo mejor al enjuto, serio torero de Galapagar, el torero no es él. No obstante él se ha fabricado la leyenda de mito. Se va a aparecer como las vírgenes elevadas a los altares, en ocho o nueve ocasiones esta temporada. Que la Santísima Trinidad le reparta suerte. 

Parece ser que su última corrida coincidirá con el cierre de la Plaza Monumental de Barcelona. Lo presentan como el redentor que dice a Lázaro: levántate y anda. Desgraciadamente la idiocia de los parlamentarios catalanes no tiene remedio y vuelvo a Amorós para recordar que si bien Manolete fue la figura de la post guerra José Tomás pasará si es que pasa a la Historia como el torero del zapaterismo. Es decir: de la crisis, del desmadre y de la peor época que vive y sufre España. Por sus toreros conoceréis los sucesivos periodos que vive, sin vivir en sí, España 

©Dolores de Lara ©Dolores de Lara  

Yo también pido la oreja que le faltó para salir en hombros y que no pudo llegar a las manos de José Tomás. Un torero que merece varias páginas de Cossío ¿Y qué pasa? Pasa que pasa el torero de la triste figura.

©Dolores de Lara 
J. R

Posiblemente de la intención de hacerlo todo lo mejor posible. Pone su juventud y su vida por delante. Pasa que si, pasa alguien. En definitiva pasa que no pasa nada. Aunque ronde la tragedia. 

Domingo Ortega, víctima de varias graves cornadas, decía que cuando surge el percance es que se ha equivocado el torero.

jueves, 2 de junio de 2011

Las dos boinas de Bahamontes / Por Antonio D. Olano

Federico Martín Bahamontes saluda al público del Parque de los Príncipes tras conquistar el Tour de Francia de 1959. Fotografía: Archivo de Marca
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Las dos boinas de Bahamontes

Antonio D. Olano

Se cumples cincuenta y dos años del “tour de Francia” ganado por Federico Martin Bahamontes que, además, se entretuvo coronándose “rey de la montaña” en seis ocasiones. Posiblemente no haya existido en el mundo un ciclista que le iguale, no solo en triunfos sino en originalidad. Tanto es así que los “amigos de la boina” se la imponen por segunda vez, cosa verdaderamente insólita. Desde que se fundó el club sin normas institucionales, no se repitió la coronación del mismo personaje.

A la manera de que en Estados Unidos existen generales de una dos y tres estrellas, los boineros comandados por el ingenioso hidalgo Don Alfredo Amestoy que, juvenilmente, continúa buscándole los tres pies al gato. Aunque los boineros no tiene directiva si tienen dirección. Y les gusta el `perfume de mujer. Debido a ello, desde hace tiempo, solamente se permite la presencia de una mujer a la que, previamente a la ceremonia de investir boineros a los nuevos co-chapeleros. En la penúltima de las ceremonias la princesa altiva fue una mujer- mujer, presentadora- presentadora que, sin establecer competencia con sus colegas femeninas, el número uno de nuestras televisiones. Por competencia, por belleza y por altura física e intelectual. Su nombre: Ana Ibartiburu. Se hizo esperar, cosa permitida a las damas; pero no fue “culpable”. La Casa de Campo es un laberinto, de Creta; pro sin clásicos y siempre se pierde quien entra en ella.

Los comensales, como el cielo, supimos esperar. Bien en el centro Bahamontes, hecho un jovenzano. Tan ágil, de musculatura e inteligencia, como nunca. Bahamontes más que un ser humano, que lo es y en alta dimensión, es un milagro de la Naturaleza. Es el +único deportista que después de retirado mantiene su “sen·”, incluida una popularidad en cuarto creciente. Federico, que en realidad se llama Alejandro, es un “gentlemand” que en Castilla debe traducirse a caballerazo¬. Con respecto a él debemos recordar a Borges, también poeta como el campesonísimo: Solo hay una cosa que no hay, que es el olvido”

Alfredo Amestoy, Álvarez del Manzano,
 Ana Igartiburu, Bahamontes, y Olano

Es imposible hacer relación completa de los asistentes. Presidiendo José María Álvarez del Manzano un Alcalde que ha dejado huella imborrable en los madriles. Hablaba de todo, sobre todo de Toros, con Bahamontes. Los dos se vistieron de corto en festivales. El municipe quería ser torero: “Soy sevillano y desconozco que tenía “pellizco” Pero me fui a la Universidad”. Al águila quisieron contratare para una serie de festivales, como lamentaron con Carrasco, Nieto, Fred Galiana.

Alfonso Arteseros, que quisiera ser la rana a la que una princesa acuesta a su lado, es un bonachón. Y, como debe pensar que los boineros estamos en edad `re-añchimer. Nos recuerda que vuelve a presentar su libro “España en mi memoria”. Luis Cepeda, “chapeau” para el numero uno de los periodistas gastronómicos habla de sus experiencias de reportero con el inmortal Bahamontes. Federico el grande amo y muñidor de Torres Bermejas en donde late el flamenco y se cuecen los garbanzos de plata como el que, próximamente, se ofrecerá Ruiz Gallardón. La impositora imponente es Laura Valenzuela, como Marcial, ,la más grande.

Presentes Ángel Manuel García, relojero y cancerbero de un Madrid del que parece el dueño, nos pone en hora. Siempre sabio y bigotudo, el maestro enrique de Aguinaga, y con hechuras de Bohemio, con barba más larga que su estatura, Luis Prados de la Plaza.

No podía faltar un Águila (Carlos Jiménez del Águila), ni el eterno anfitrión de “Txozo Zar” Carlos Perera, nacido para patriarca y bondadoso sermonero. Allí Rafael Jiménez, el pasado Alcalde.

El joven octogenario Bahamontes es el primero en inaugurar esta carrera boinistica. Desde hace un par de años las comidas de los socios, sin necesidad de carnet, han cambiado mucho. Sabido es que solamente, y a la manera de los chocos vascos son admitidos los hombres (la ministra del Ramo está a punto de exigir que no se discrimine a las hombras). Sin embargo Amestoy que es un cachondo, elige la dama que le viene en gana, y los apetitos del presidente siempre anuncian hambrina.

De modo que soslaya la costumbre y pone boina blanca sobre la cabeza, bellas cabezas, de la madrina del boinocantano.

Bahamontes, que de primer nombre tiene el de Alejandro, siempre ha sido fiel a Fermina. La fidelidad no significa que se cierren los ojos ante las beldades que Dios puso sobre la tierra.

La sede social de “Los de la Boina” está sita en la Casa de Campo madrileña y tiene como nombre “Currito” que un día nos vino desde Santurce a Callao trayendo consigo sardinas frescues, sin necesidad de lucir la pantorrilla. Supo ganarse el cariño de madrileños y de más turistas que llenan sus comedores.
Currito se nos fue brindando con Xacoli pero su alegre espíritu habitó entre nosotros.

Muchos oradores para exaltar las conocidas virtudes de Don Federico, de la Mancha. O, si ustedes lo prefieren, el genio y pionero del ciclismo, que junto a Miguel Utrillo y yo coreaba un pícaro cuplé:

“la bicicleta
la muy coqueta
tiene una cosa
que se llama sillín
¡el muy pillin
el muy pillin!”.

Las reuniones de los caballeros cubiertos suelen ser pantagruélicas y generosas en ingenio, verborrea, etc.
Don Federico. El “águila de Toledo·, ya tiene dos boinas. Como se dice en las “sevillanas”, “niño ¿vamos a por la tercera!”.

O a por la primera Ama juna fecha: el l8 de julio. Día en el que ganó su primera carrera. Y otro 18 de julio, ha ce 52 años, lo admiró en mundo viéndole, nuevo Napoleón; pero de Toledo, reinar ante el Arco de Triunfo, hace 52 años, tras ganar el Tour. Entonces no se confundían con los himnos. Del español, que allí se escuchó, tenia melodía y versos, Es decir, era y debería segui siendo el español. Las estrofas son de José María Pemán. El ritmo, españolísimo. Nuestro hoy dividido país era entonces un mundo con melodía.

Federico, que brindó su triunfo mundial al Caballero de la Triste Figura, nos hizo peregrinar en bicicleta para rendir homenaje al personaje cervantino. El semejaba a Don Quijano. Su fiel amigo, Miguel Utrillo, era su Sancho.

Os hubiese encantado topar con la Dulcinea soñada, sin duda Ana. Pero ella, que fue también ciclista, tenía que esperar varios, muchos años para traer su luz a nuestro universo.
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lunes, 30 de mayo de 2011

Juan Lamarca / Por Antonio D. Olano

Eli Rodríguez de Es Radio entrega un galardón a Juan Lamarca
Homenaje de la Tertulia de la Mesa Redonda

Juan Lamarca
Por Antonio D. Olano
Madrid, 30 de Mayo de 2011
La Fiesta es una fiestas y, sobre todo en el mes de mayo en el que celebramos, ya jugando la prórroga que nos llevara hasta los primeros días de junio, de los festejos dedicados a San Isidro Labrador. La Fiesta se disfruta, y el que quiere disfrutar a veces se disgusta, mayormente en las Ventas del Espíritu Santo en donde, corrida tras corrida, el aficionado espera la multiplicación de los panes y los peces para salir satisfecho de la corrida nuestra de cada día.

Por la Puerta Grande salen los toreros que consiguieron un par de orejas y que, felizmente, no las han tenido que recoger en la enfermería.

Por ese portón del triunfo deberían salir, con discreta presencia, determinados ganaderos. Y una figura, la del presidente de la corrida, en ocasiones ovacionado o abucheado, según sus decisiones casi nunca arbitrarias, a las que les obligan toros y toreros.

Yo voy a referirme a uno de esos presidentes, con marchamo de gran figura: Juan Lamarca, que está ya en la historia del más hermoso espectáculo del mundo.

Lamarca lo jubilaron los seísmos de la envidia, que también es otra de las fiestas más españolas. En Envidiópolis, como llamaron varios escritores a España, somos tan adictos que hasta la utilizamos para expresar la admiración. Escuchamos y leemos “tengo envidia sana” si acepamos que la envidia es no solo una enfermedad sino una epidemia, tal afirmación equivale a decir: “tengo un tuberculosis sana”. O bien “sufro un cáncer sano” .Otra de nuestras fiestas es la de maltratar las sintaxis la ortografía y todas esas reglas de nuestro idioma el español, que no el castellano, pero la letra impresa puede con todo.

A ese gran hombre grande por taurino, grande en el heroico ejercicio de su profesión policial, grande por su amor por España a la que “ama por que le gusta”, grande por su bonhomia y conocimiento y defensa de los Toros. Llevó el “Círculo de amigos de los Bienvenida” a toda hispano América, sobre todo a Ecuador y Venezuela en donde la admiración y respeto por su talento, afición, y hombría de bien es bien conocida. Cada año se pasa temporadas enteras recorriendo los países que hablan piensan y quieren en español.

Saltaron las alarmas cuando leímos que en una encuesta oficial del Gobierno ecuatoriano se puso en entre dicho la Fiesta con gran raigambre en uno de los países más hermosos de la geografía Hispano- Americana los resultados fueron negativos y pedían que se prohibiesen los festejos. Juan Lamarca aclaró durante su emotivo discurso de gratitud por el homenaje que esta encuesta solamente era una consulta y que, además, solamente tuvo lugar en Quito. “Estoy seguro que nunca se prohibirá la fiesta en una tierra de toros, aunque de escasos toreros”.

También estaba presente José Luis Lozano ex torero y apoderado de primera fila y, con sus hermanos empresarios de la “Monumental” madrileña y también empresarios de diversos cosos. Ganaderos de postín y ahí están los “Alcurrucén” para demostrarlo. Los Lozano son, junto al desaparecido Manolo Chopera, los que más han contribuido al cuestionado festejo.

Manolo Lozano casado con una hermosa quiteña, Jimena, pasa varios meses en Ecuador. No solamente es entusiasta sino, por vía matrimonial un ecuatoriano mas. En estos momentos se encuentra en España se reafirma en que los toros y los toreros y los aficionados no desaparecerán de ese país.

El homenaje a Juan Lamarca fue masivo y emocionante (Celebrado en “Los Porches” de Rosales). Y además en el ruedo de la peña “la mesa redonda”, con más de diez años de vida, gracias a otro gran aficionado como es Nuño de la Rosa. Hicieron uso de la palabra varios asistentes. Como el espacio no se estira como una goma, me limitare a referirme a José Antonio Donaire cuyas palabras son además de doctas, una pieza dialéctica y literaria.

Pero brilló merecidamente y unánimemente Juan Lamarca.