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Pepe Bienvenida / La suerte suprema
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sábado, 24 de marzo de 2012

MEDIO SIGLO EN EL RETROVISOR (III) / Por BENJAMÍN BENTURA REMACHA



MEDIO SIGLO EN EL RETROVISOR (III) 

BENJAMÍN BENTURA REMACHA

Duende y misterio de Juan Belmonte. Me copio a mi mismo: “Juan Belmonte encontró la definición del toreo arte. Y la encontró porque él no fue un hombre de oficio, torero; él ha sido el torero hecho hombre”. Bueno, casi me sentía como un nuevo Bergamín: quería grabar una frase y allí la tenía dispuesta a figurar en una lápida de mármol. Los aficionados a los toros habíamos reconocido a Manuel Chaves Nogales sesenta años antes que los políticos de izquierdas. El buen periodista sevillano había escrito la mejor biografía del “Terremoto” y nosotros la leímos. Pero con anterioridad, 1917, en un libro de López Pinillos “Parmeno” publicado por la editorial “Renacimiento”,aparece una entrevista que se titula “Belmonte en Capua” y en la que don Juan contesta a las muchas insinuaciones del escritor que duda de la afición taurina del héroe, exagera sus bacanales, su inclinación por las mujeres, sus sublimes lecturas , las veladas de medianoche en teatros y colmados y su afición a la moda masculina con la broma que le gastó el doctor Serrano una mañana, cuando fue a despertarle a su casa para enseñarle el abrigo que se había hecho con una trabilla en la espalda. No vestía, fuera del campo o la plaza de tientas, de corto y sombrero ancho y sí chaquetas deportivas y tocados flexibles. 

“Yo no sé las reglas – aseguraba Belmonte- , ni tengo reglas, ni creo en las reglas. Yo siento el toreo y, sin fijarme en reglas, lo ejecuto a mi modo. Eso de los terrenos, el del bicho y el del hombre, me parece una papa. Si el matador domina al toro, to el terreno es del matador. Y si el toro domina al matador, to el terreno es del toro. Esa es la fija. Y lo de templar, mandar, parar y recoger depende de los nervios del tocador y de la madera de la guitarra”. 

Parar al principio y recoger al final. Digo yo que, gracias a Belmonte, soy un agnóstico taurino. No hay más norma que la de que el torero domine al toro ni más ley que la que se anuncia en la cabecera de los carteles de toros.

Había pasado una semana desde que se conoció la noticia y ya se rumoreaba por todos los ámbitos que Juan Belmonte se había disparado un tiro en la cabeza con una pequeña pistola de bolsillo. Y se especulaba sobre las razones del velado suicidio: las limitaciones que le marcaban los médicos y el imposible amor con una rejoneadora colombiana de pelo negro azabache, ojos rasgados y oblicuos como tremendas almendras de negro carbón y juncal y estilizada figura. ¿Era Amina Assís Hernández? Hija de jordano, de ahí su rostro árabe, y colombiana, nacida en el departamento de Bolívar, serranía de San Lucas, al norte de Antioquía, el 28 de febrero de 1941, que con veinte años estuvo en Gómez Cardeña, la finca del falso Trianero (*) y sufrió una cogida de la que le curaron en la clínica sevillana de la Virgen de los Reyes en agosto de 1961. Algunos opinan que las veleidades amorosas de Juan Belmonte, a unos días de cumplir los setenta años, habían cambiado y en las fechas de la trágica despedida estaba prendado de una chavala sevillana que le anunció que se iba a casar con un joven de su edad. 
¿Depresión? Sólo los que han sufrido esta enfermedad saben de la inclinación de los enfermos por la vía rápida. Pistola, cuerda o ventana de lanzamiento. ¿Qué pasó por la cabeza de don Juan Belmonte? Secreto sin desvelar. Alguien apuntó que aquella tarde se le oyó canturrear su “soleá” favorita: “A mí me gusta esta serrana/porque la encuentro a mi apaño, / siempre me han gustado a mí/ remedios del mismo paño”. (**)

FIESTA ESPAÑOLA tuvo la suerte de contar con la colaboración de Guillermo Sureda, mallorquín y uno de mis favoritos en las lecturas toreras. Mariano de Cavia, César Jalón, Pepe Alameda, Pepe Dominguín, “Barquerito” y Sureda. Este escribió un artículo para FIESTA sobre las cuatro etapas de la vida artística de “Terremoto” que se resume así: 

1ª.-REVELACION: Primera novillada en Sevilla, 1915. Nace el temple en medio de la tragedia. Los toros le cogen todas las tardes.
2ª.- MAGISTERIO: De 1915 a 1920: Antes de la muerte de José en Talavera, “Don Modesto” y “Don Pío” definen a los máximos pontífices: “José, sereno; Juan, dionisíaco”. “José vence; Juan se entrega”.“José aprende el toreo de Juan; Juan aprende la lidia de José”. “Juan deja escuela”. 
3ª.-PLENITUD: Años 1925,1926 y 1927. Lorca afirmaba que Juan tenía duende barroco, percha literaria y calidad de página: todo lo dramatiza y, además, mata bien. 
4ª.- DESPEDIDA: Reaparece hacia los años 30 del siglo XX. Sentido estético, deslumbrante y magnífico. La suerte fue que Guillermo Sureda continuó su colaboración en Fiesta Española y se unió a la amplia y prestigiosa lista de sus colaboradores.

Como siempre pasa, la vida continuó y diversos acontecimientos se vieron reflejados en las páginas de la añoja publicación. Los de la Peña “Los de José y Juan” nos ofrecieron un homenaje por el primer cumpleaños a Vicente Zabala, Joaquín Jesús Gordillo y a mi persona. Al final del almuerzo hubo discursos de Joaquín Casas Vierna, Edmundo G. Acebal, Emilio Pérez Ruiz, secretario de la UNAT, y don Joaquín Roa, asomado a su “Ventanal” con sus anécdotas teatrales y cinematográficas y el recitado de un poema dedicado a su paisano Julián Gayarre. 

Veto de Antonio Ordóñez a Victoriano Valencia, carta del apoderado de este, José Ignacio Sánchez Mejías, polémicas sobre “EL Cordobés” que daban vitalidad a nuestro ambiente, inauguración de la nueva plaza de Bilbao que al arquitecto Gana levantó en unos meses tras el incendio en la noche de una actuación novilleril de Manuel Benítez (sus partidarios decían que el caluroso afecto del público bilbaíno había originado el fuego), disputas entre empresa de Madrid, Sindicato Nacional del Espectáculo y toreros sobre la televisión y la Feria de San Isidro (nada nuevo bajo el sol taurino) y la inefable María Pilar Fernández que le hizo una entrevista a don Rafael Sánchez “Pipo” porque su pupilo, el citado Manuel Benítez “El Cordobés”, le dio el mismo trato que el monstruo a su creador, el doctor Frankestein: se lo había merendado, él que ya había sido apoderado de “Capetillo”, Cascales, José Ramón Tirado, José María Montilla, y “Espartaco” padre ( el apodo se lo puso don Rafael) y todavía le quedaban por delante otros apoderamientos como los de José Fuentes, Pallares y Curro Vázquez, a los que llevó a la alternativa y las de otros diestros de no tan elevado fuste como estos tres artistas tan distintos y tan apreciables. Antonio Porras, de Lucena, por ejemplo.

Era el mes de junio de 1962. Falta otro medio año del cincuentenario de mi retrovisor y todavía no sé si continuará esta serie que para mí es muy evocadora , pero que, a lo mejor - a lo peor ,más exacto -, cansa a mis pacientes lectores. Espero su necesario apoyo. Uno escribe, desde luego, para que lo lean.

(*) Juan Belmonte nació en la calle Feria, en el 72, donde la familia tenía un puesto de quincalla, cerca de la Alameda de Hércules, donde nació Manuel Jiménez “Chicuelo”, otro de los “Arquitectos del Toreo Moderno” de Pepe Alameda porque este artista sevillano le ligó en Madrid no sé cuantos naturales seguidos al toro “Corchaíto” de Graciliano Pérez Tabernero, los miuras de Salamanca, pasando del toreo en ocho al toreo en redondo

(**) 
En el espíritu de Francisco Umbral, me permitirán que hable de mi libro “Amores y Desamores Toreros - La vida sentimental en el mundo del toro”, que se publicó en 2004 en la colección “Los Sabios del Toreo” que dirige Salvador Sánchez Marruedo. En este libro se cuentan muchas historias sentimentales y, entre ellas, la de don Juan Belmonte. Tiene, en mi lógica opinión, su interés. Y una tremenda errata: junté a Carmen Cervera, la baronesa Thyssen de hoy, con el matador de toros malagueño Manolo Segura y le atribuí a este la paternidad del niño Borja. Estaba equivocado. En realidad el compañero de Tita Cervera, baronesa Thyssen, era también malagueño y también se llama Manuel Segura, pero no es torero. He leído que Tita Carmen Cervera y baronesa Thyssen le ha regalado al auténtico padre Manuel Segura un viejo Masseratti descapotable. No es un hijo, pero es un regalo muy apreciable. El que no se apellida Segura es el tal Borja, al que prohijó el barón Heinrich Hans von Thyssen, concedió apellido, fortuna y algunos óleos ilustres por los que ahora pleitean madre e hijo. ¡Con lo que ella ha hecho por su retoño!

viernes, 24 de febrero de 2012

MEDIO SIGLO EN EL RETROVISOR / Por BENJAMÍN BENTURA REMACHA

La Revista  de Benjamín Bentura Remacha



MEDIO SIGLO EN EL RETROVISOR

BENJAMÍN BENTURA REMACHA

Zaragoza,jueves 23 de febrero de 2012
A mi edad, lo más socorrido es recordar, mirar por el retrovisor sin dejar de ver hacia adelante. Y es que un periodo de cincuenta años es perspectiva suficiente para sacar consecuencias y hacer algunas precisiones. Yo estaba entonces, 1962, con la yerba en la boca, en el segundo año de la publicación de “Fiesta Española”, revista mucho más importante por su contenido que por su continente, y apenas tenía que escribir otra cosa que las crónicas de los festejos taurinos madrileños y contestar a las cartas de ambos signos que me enviaban con variadas argumentaciones. Casi no tenía espacio para incluir a todos los que me hacían el honor de colaborar. Estaban en primer lugar los colmenareños Adolfo y Luis Bollaín, aquel con su repetido pronunciamiento de que “hoy (entonces) se torea peor que nunca” y este, desde su sede notarial sevillana, con un exhaustivo estudio de la obra de Pepe Alameda “Los Arquitectos del Toreo Moderno”, y el gran conocedor del toro en su intimidad, don Luis Fernández Salcedo, “Los Cuentos del Viejo Mayoral”. Otro Salcedo, también de Colmenar Viejo y que remató su carrera de aficionado como seguidor de José Tomás, tenía una especie de lechería detrás del oratorio de Caballero de Gracia en la que alargábamos la conversación las tardes de invierno, entre la Virgen de los Peligros y la Gran Vía, en donde estaba la redacción y la administración de la revista. Tenía dos corresponsales admirables, en Francia, Paco Tolosa y, en Colombia, Papa Guerrero desde Cartagena de Indias. Antonio P. de Cominges (Uno del 5) me escribía desde Barcelona, Salvador Asensio desde Aragón, Lozano Sevilla desde el poder, Joaquín Roa abría su divertido ventanal con decorados teatrales y aventuras cinematográficas, Antonio García-Ramos Vázquez (Antonio de Onuba) pontificaba sobre los reglamentos, María Pilar Fernández entrevistaba a Conchita Márquez Piquer meses antes de casarse con Curro Romero o a Pepe Blanco ya sin Carmen Morrel, José Antonio del Moral, este de Colmenar de Oreja, me enviaba su primera carta taurina , José Vega hacia historia y Francisco Abad Boyra se esforzaba en ver los toros como el gran veterinario que era. Antonio Martín Maqueda se hizo lusitano por escrito y en dibujos y Gonzalo Torrente Malvido, el hijo de Torrente Ballester (“Los gozos y las sombras”), nos volvía locos a su padre y a mí. Pero el equipo de guerrilleros lo componían Joaquín Jesús Gordillo, que cada vez firmaba de forma distinta, Vicente Zabala, el príncipe impaciente, y Rafael Herrero Mingorance, un místico soñador y poeta enfrascado en sus oraciones ante el altar de las mil imágenes de “Manolete”. Los tres nuevos en la plaza de la crítica taurina y los tres, como elegidos, en los correspondientes altares desde hace unos cuantos años. Yo, como cuarto mosquetero, aquí sigo. Todavía no me he ganado el cielo. Manuel Francisco Molés, recién llegado de Alquerías del Niño Perdido, firmaba su primera entrevista teatral a María Asquerino y se estrenaba en lo taurino con otra entrevista a su paisano Antonio Rodríguez Caro, matador de toros en paro. 

Los ilustradores eran Félix Puente, buen dibujante, Rafael Amézaga, extraordinario pintor barroco y todo, Pepe Puente, luego encaramado a las alturas de su estudio de la plaza de Santa Ana, frente a “Viña P”, encima de la cervecería de “La Alemana”, donde “El Chino” calentaba el puchero del que comían los Dominguín de la calle Príncipe. Más abajo, “El Gato Negro”, antesala del teatro de la Comedia, escenario del acto fundacional de la Falange y refugio nocturno de don Tirso Escudero, empresario y octogenario con delicado paladar para las jovencitas. También se publicaron portadas de López Canito, Martín Abad y José Antonio Bollaín, de la saga colmenareña. A muchos de mis colaboradores los había conocido yo en la tertulia de “El Gato Negro”, entre ellos a Alfredo Marqueríe, extraordinario crítico teatral, forofo del circo y comentarista taurino de “El Ruedo” con su sección “Desde el Tendido”.

A Marquerie le hice una entrevista en una sección en la que alternaba con Vicente Zabala y en la que tratábamos de charlar con intelectuales interesados en el tema del toro, el propio Torrenter Ballester, el doctor Blanco Soler, Jaime de Foxá, Luis María Anson, del equipo juanista de Zabala, o el arquitecto Miguel Durán-Lóriga que se le ocurrió decir que Luis Miguel, al lado de “Manolete”, parecía un futbolista. De todas esas entrevistas he elegido para diseccionarla un poco la que Vicente Zabala le hizo a José Bergamín. El discípulo de Unamuno había vuelto del exilio en 1958 y le gustaba hablar de toros. Ya conocía por San Juan de la Cruz el oximorón de “la música callada”, pero no había descubierto a su intérprete, Rafael de Paula, que no se atrevía a salir de su refugio bandolero, sierras de Rondas y Pueblos Blancos cercanos a su Jerez de nacimiento. Pero Bergamín hablaba de toreros y les buscaba vidas y figuras paralelas. A Antonio Fuentes, como precursor de Joselito lo emparentaba con el poeta Machado y el cantaor Chacón. José Gómez Ortega era creador y su hermano Rafael retórico. Admiraba a Gaona y de Vicente Pastor aseguraba que “hacía muy mal el toreo y lo decía peor”. A él añadía los nombres de Nicanor Villalta y Marcial Lalanda, que hacían un belmontismo de quinta categoría, Carlos Arruza, deportista, y Julio Aparicio que le parecían los peores toreros conocidos. Su trío favorito era el de Pepe Luis, extraordinario gusto,” Manolete”, personalidad (hacía mal el toreo, pero lo decía muy bien) y Antonio Bienvenida, clase y maestría. Y de entre los mexicanos, tras larga estancia en aquellas tierras, hablaba de Armillita, Fermín, torero largo pero frío, la mano izquierda de Lorenzo Garza, el capote de Luis Castro ”El Soldado”, la gitanería de Silverio Pérez y no sé cuales méritos de Luis Procuna, improvisador, cuya hazaña más distinguida fue la de interpretar el miedo de “Torero”, la película de Carlos Velo. A “Manolete” lo comparaba con Fray Luis de León, Azorín o, con más fuerza, con El Greco.Tenía sus contradicciones y siendo pepeluisista se declaraba enemigo del toreo a pies juntos porque Villalón, el ganadero poeta que buscaba toros con los ojos verdes, decía que eso era como querer hablar con la boca cerrada. Bueno, esto es lo que intentan el buen ventrílocuo y no consiguen ni José Luis Moreno ni Mari Carmen y sus muñecos. Más acertado estaba al afirmar que “el público forma parte de la fiesta. El ruedo no está abajo. El círculo mágico se cierra en el tejado, no en la barrera. El espectador tiene que integrarse en la fiesta”. Abominaba de la concesión de orejas y sentenciaba que los premios hacían tanto daño en los toros como en la literatura.“El arte de birlibirloque”, “La estatua de Don Tancredo” (“ahora – entonces - no hay Don Tancredo porque todos los toreros lo son”), “El Mundo por montera”, “la suerte del torero en la plaza es no tener donde caerse muerto”, “vivir de milagro es la suerte de verdad del toreo y de lo que de torero o dominio, señorío, de la suerte por la verdad, hay en toda verídica y veraz vida humana”.

Bien, don José Bergamín completó su ciclo taurino con el éxtasis paulista. Es una gran aportación a la estética del arte de torear. Pero se equivocó en su último suspiro. Renunció a ser español, se hizo simpatizante de Herri Batasuna y pidió que le enterraran en Fuenterrabía porque no era tierra española. Ahora ni siquiera es Fuenterrabía.

Prometo continuar con la vista en el retrovisor Fiesta Española. Es que en el mes de abril se cumple el cincuentenario de la muerte de Juan Belmonte y tengo algunas cosas que contar ante tal efeméride.
***

jueves, 16 de febrero de 2012

NADA NUEVO BAJO EL SOL 8...NI SOBRE LOS TOROS) / Por Benjamín Bentura Remacha



"...Don Ricardo Torres y don Rafael González fueron borrados de la lista de Madrid y surgió “el pleito de los Miuras”..."

NADA NUEVO BAJO EL SOL 8...NI SOBRE LOS TOROS)

Benjamín Bentura Remacha

Zaragoza, 16/02/2012.-Con matices, pero lo piensas y es cierto: no hay nada nuevo bajo el Sol … ni sobre los toros. En otros tiempos, principios del siglo XX, no había televisión pero Mosquera, empresario de Madrid, no quería pagarles más a los toreros por enfrentarse a toros de Miura
Unos diestros, entre ellos Bombita y Machaquito, se negaron a lidiar los toros de Zaheriche porque, para aumentar su negocio, el ganadero le ponía su hierro a todo lo que pasaba por allí y su camada no se acababa nunca. “Nosotros, señor Mosquera, toreamos lo de Miura si nos paga más que en las otras corridas”
Don Ricardo Torres y don Rafael González fueron borrados de la lista de Madrid y surgió “el pleito de los Miuras”

Muchos más pleitos hubo y habrá porque en esto de la fiesta española hay, como en lo laboral, dos bandos: empresarios y obreros; empresarios y toreros. Luego hay otros que se agarran a la cuerda (ganaderos, subalternos, apoderados y gacetilleros) pero los que tiran con fuerza son los que montan las corridas y los que las torean. El toro puede ser el símbolo del trabajo, en este caso convertido en arte: torear es lidiar a un toro con arte. Y lo seguirá siendo por los siglos de los siglos.

Hay muchas noticias y su antesala, los rumores: el G-10 y los carteles de Sevilla y Madrid, el cierre de la plaza de toros de San Sebastián, Illumbe, por inspiración del grupo municipal de Bildu pese al pensamiento vasco de que fue su pueblo el que inventó el juego del hombre y el toro, la contratación de J.T., las ausencias de El Juli después de su apoteosis mexicana, los mosqueos deportivos franceses y las tribulaciones de su embajador en España, Bruno Delaye, melena rubia al aire de cualquier callejón de cualquier plaza de toros, o la apoteosis torera de Juan José Padilla que va a reaparecer con parche negro sobre su ojo izquierdo en Olivenza a principios de temporada y va a estar en todas las ferias de tronío: Valencia, Castellón, Sevilla o Madrid. El capitán pirata se sube al mástil de la nave capitana, mira por el catalejo y grita entusiasmado: ¡Tierra! ( Es igual: es arena dorada, albero).

Todo fantástico, glorioso, bellísimo, interesante. Y, sin embargo, la noticia que más me ha sorprendido es la de que la empresa que se prevé que va a quedarse con el arrendamiento del coso Pignatelli de Zaragoza es la de Serolo, que, entre otras cosas, ha prometido que llevara a la capital del Ebro aragonés – hay más Ebros – al toro “Ratón”, toro que dicen que es de lo más fiero, que a sus quince años (algunos insinúan la existencia de un clon) está como si fuera cuatreño, que tiene dos muescas marcadas en sus pitones correspondientes a la vida de dos insensatos que intentaron burlarle y que no se mueve en balde, solo si puede hacer carne con sus bien formados pitones. Antes, cuando un toro producía la muerte de un torero, se mataba hasta la vaca que lo parió. Pero tampoco esto es nada nuevo bajo el sol: hace muchos años, en el primer tercio del siglo XX, por las plazas de carros y tablones de Las Cinco Villas de Aragón corría una vaca a la que unos llamaban “La Peluda” y mi padre nombraba en uno de sus artículos como “La Pelos”. Era una birria de vaca, pero tenía las mismas intenciones que “Ratón”: esperar hasta tener la pieza a punta de pitón y, en algún caso, sacar a bocados al atrevido de entre las ruedas de las galeras y rematar la tarea con un certero derrote. Morbosos ayer y hoy, “Ratón” y “La Pelos” resultan importantes bazas para el desarrollo de la fiesta. La Zaragoza de don Francisco, el exiliado, piensa en el parto ( un ratón ) de los montes, los del Moncayo o la Sierra de Santo Domingo, en Longás, estos días cubiertos de una nieve que no sé si nos dejará agua para el verano. Así cantaba “Barico” a “La Pelos” en un libro, “Mirador”, publicado en Madrid en 1950:

Esta tarde habrá miedo
en todos los rincones de la plaza;
miedo de patas negras,
miedo de alas pesadas,
miedo viscoso y frío
que pasmará las almas,
porque “La Pelos” tiene ya su historia,
historia voceada
con teorías fúnebres
de una aureola trágica.

Ha muerto Antoni Tapiés, según algunos, “el mejor pintor del siglo XX”. Me enseñaron de pequeño, cuando los profesores del instituto “Ramiro de Maeztu” nos llevaban al Museo del Prado, que nunca dijera si una cosa era buena o mala, un cuadro, una escultura, una casa, una cosa. Podía confesar tímidamente que me gustaba o no. Pero desde que Marcel Duchamp convirtió un urinario de loza en una “Fuente” ya hasta es posible que un calcetín gigante con “tomate” y todo o una bandeja con una soga y una cruz son obras de arte. Las cruces de Tapiés, dicen los expertos, no son símbolos cristianos. Y el salto de la rana ¿qué? Que conste que a mí me gustan Pepe Luis, Curro Romero y Morante de la Puebla, triunvirato de la quintaesencia de la lucha del hombre con el toro.

Otro tema que me tiene sorbido el seso es el del lenguaje. Al margen de que en las emisoras en las que se habla español se nombre o Yirona, Lleida y Ourense por Gerona, Lérida y Orense, me trae a mal traer los del “hat trick” (la trampa del sombrero) del fútbol (balompié) o el doble-doble del baloncesto ( ¿será el cuadruplé?). Con lo bonito que es “subirse a la tapia”, “taparse tras el burladero”, “ver los toros desde la barrera”, “apretarse los machos”, “para torear y casarse hay que arrimarse”, “no me torees”, “los cuernos y los dientes duelen al nacer pero luego hasta sirven para comer”, “tener mano izquierda”, “coger al toro por los cuernos”, “brindis al sol”, “las cornadas donde más duelen es en la cartera”, “soltar trapo o dar largas”, “no me toques los costados”, “estar para el arrastre”, “tragarte un embolao”,” hacer novillos”, “ser un maleta”, “dolerse al castigo”, “estar fuera de cacho”, “pinchar en hueso”, “vergüenza torera”, “torear desde la barrera”, “blandear al hierro” o “crecerse al castigo”.
 ¿Me entienden? Es que hablo español.

viernes, 10 de febrero de 2012

Los reflejos de paulov y los toros / Por Benjamín Bentura Remacha


Los reflejos de paulov y los toros

Por Benjamín Bentura Remacha
Zaragoza, 09/02/2012.-Iván Petrovich Paulov (1849-1936) fue un médico ruso premiado con el Nobel por su descubrimiento de una escuela psicológica que pretendía explicar la conducta de los hombres y animales, especialmente el perro, el reflejo condicional que en el ser humano puede referirse a la manera de ser, actuar o pensar y que por lo que respecta al animal sólo puede aplicarse al actuar como psicología de la conducta de los seres irracionales, no el alma, el espíritu, la mente o la moral de seres racionales, pueblos y naciones. Y el ejemplo más conocido es el de los perros de Paulov, a los que se les sometía a la prueba de su salivación mediante condicionamientos varios, la campanilla, la persona que vestida de bata blanca le traía la comida siempre a la misma o cualquier otro signo que al hambriento can le movía a tener conocimiento de que la comida estaba cerca y, entonces, aumentaba la segregación de saliva. El reflejo condicional de Paulov. ¿Qué le pasa al toro cuando le cercenan un trozo de pitón? Que durante un tiempo no llega a alcanzar su objetivo porque está condicionado su logro a una determinada distancia. Sucedía que, cuando transcurría un tiempo entre el llamado afeitado y la lidia de ese toro manipulado, había que volver a cercenar sus pitones porque ya había ajustado su reflejo condicional a la nueva distancia. Hay ejemplos famosos y funestos. No sé si totalmente ciertos.

Pasé de los tiempos de la acción directa a los del razonamiento y llegué a la madura reflexión. Por eso he consultado con mi oráculo preferido la cuestión de las fundas de los toros impuestas para la casi generalidad de nuestras ganaderías. Solo, que yo sepa, tres de las famosas no acceden al enfundado de los pitones de los toros. En principio yo me preocupé del asunto un poco a la ligera por la belleza que pierde en el campo el toro enfundado y por el hijo de Pepe Arjona, Agustín, maravilloso retratista de bravo que ve como desmerecen sus bucólicas estampas como ocurriría si las modelos de los desfiles (¿para qué sirven?) salieran a las pasarelas cruzando las piernas como caballitos bien domados, pero con los rulos puestos. La estética, lo primero. Luego el efecto del reflejo condicional: si el toro está acostumbrado a una distancia superior por la funda y esa especie de tuerca que se asoma por lo que debería ser la punta del pitón ¿qué ocurre si antes de lidiarse se le quita el añadido? Teóricamente, no alcanzará su objetivo.

Los argumentos ganaderos apuntan a que con las fundas se salvan del anatema muchos toros que se dañán en algún obstáculo, que pulen en la arena su cuernos o que luchan, hieren o se matan entre ellos. Algunos criadores no se fían ni de la posibilidad reglamentaria de limpiar los pitones astillados con presencia y conocimiento de las autoridades. La funda es más segura y el descubrimiento de Gallardo con sus toros de Fuente Ymbro lo han seguido con entusiasmo ganaderos como Álvaro del Cuvillo, sobre todo con lo de procedencia Osborne, Garcigrande, Juan Pedro Domecq y hasta Victorino Martín. Están en contra de esta innovación inspirada en las fundas de los toros portugueses Eduardo Miura, que dice que el efecto es psicológicamente similar al del afeitado, Dolores Aguirre y Fernando Cuadri, que apuntan a la desmoralización del toro cuando no alcanza el objetivo pretendido. Unos y otros puede que tengan razón y no creo que la investigación pertinente se lleve a efecto porque estamos en tiempos de otro tipo de tribulaciones y nadie se va a parar en el detalle de averiguar los efectos que este fenómeno pueden producir en la conducta de los toros. Más sencillo será averiguar si, como aseguran algunos, el vendaje de los cuernos modifica el crecimiento, forma y consistencias de las astas, cosa que si fuera negativa para la buena presencia de los cornúpetos haría dudar de su eficacia a los propios ganaderos. Reflexiono y me arrepiento: ¿quién puede estar interesado en mermar los reflejos de los toros? Nadie que sea buen aficionado y amante de la fiesta española. Y los ganaderos de reses bravas son aficionados y amantes de la fiesta y habrán puesto en la balanza los pros y las contras de las fundas corneas y habrán ganado las ventajas a los inconvenientes.

Creo que en España no se ha discutido este tema y que los más profundos estudios han llegado desde la vecina Francia, cosa casi natural porque en los últimos tiempos muchas de las buenas ideas que surgen en los toros nos vienen del otro lado de los Pirineos. Cuidan más de nuestra supervivencia que nosotros mismos.

Una noticia sorprendente: reaparecen Ruiz Miguel, Víctor Méndez, Vicente Ruiz “El Soro”, Rafael Camino y alguno más que no recuerdo en este momento. Van a engrosar el escalafón de matadores de toros más hipertrofiado de todos los tiempos frente a una temporada en la que los festejos van a disminuir palpablemente porque las entidades locales, provinciales, autonómicas o nacionales han tenido que reducir sus presupuestos y recortar de capítulos primordiales y, antes, los que servían para subvencionar los festejos feriales en general y los taurinos en particular. Tiene razón José Luis Lozano cuando afirma que peor estábamos en el 39 del siglo pasado, cuando no había ni comida para todos, pero entonces pocos tenían coche y nadie televisión. “Cine o sardina” que titulaba Guillermo Cabrera Infante, o colchón o toros, la disyuntiva del aficionado tieso de los años 40. ¿Está don José? No, está pensando. Don José se apellidaba Ortega y Gasset. A mi nieto, cuando le castiga su padre, le manda a meditar. Y yo me voy con él. Reflexiono.

ANÉCDOTA ACLARATORIA – Un diestro ya retirado se fue un día hasta “Los Corales”, en Sevilla, a charlar con Juan Belmonte y le confesó con entusiasmo que volvía a los ruedos. Don Juan, con su leve tartamudeo, escueto y demoledor, le hizo la siguiente pregunta: ¿Te han “llamao”?

miércoles, 1 de febrero de 2012

SER FIGURA Y DEMOSTRARLO / Por Benjamín Bentura Remacha



"...José Tomás es figura del toreo pero no ejerce. Lo que si tiene es un gabinete de promoción de lo más eficaz..."

SER FIGURA Y DEMOSTRARLO

Por Benjamín Bentura Remacha

Zaragoza,01/02/2012
En mi vejez y sigo siendo un insensato. En mi pueblo, que no es en el que nací pero sí el que he elegido como adoptada cuna, me invitaron a la inauguración de una peña taurina a la que querían poner el nombre de José Tomás. Por mi ya larga experiencia, les aconsejé a los peñistas que lo de poner a estas entidades nombres de toreros era limitarles su vida porque casi ninguna supervive al esplendor de su titular si se exceptúan unas cuantas como la del “Club Guerrita”, “Los de José y Juan” o el “Club Cocherito” que, por diversas circunstancias, han permanecido en actividad brillante y provechosa, sobre todo la de Bilbao ya centenaria.

-Yo creo que sería mejor que a la peña le pusierais el nombre de la calle donde está el bar de su domicilio social, El Toril.

- De acuerdo: Peña El Toril.

Y allí que acudí para hablar de la calle, del pueblo, de su tradición ganadera y de aquella corrida extraordinaria de 1809, en la que una columna de soldados franceses que acudían al lugar para cobrar tributos y realizar incautaciones de alimentos para las tropas de Zaragoza, se encontró encerrada dentro de sus muros y frente a los toros que se soltaron desde los distintos corrales y desde ese toril que lanzaba los toros a la plaza del pueblo. Los que escapaban de la cornada recibían el plomo de las armas de los hombres que ocupaban balcones, ventanas y tejados. Y, después de mi entusiasmo historicista, intervinieron mi compañera taurina Isabel Sauco y el matador de toros Alberto Álvarez para ampliar los temas a asuntos más polémicos. A alguien, seguramente partidario del torero de Galapagar, me preguntó si yo consideraba a José Tomás como figura del toreo.

Sí considero a Tomás como figura del toreo, pero no ejerce como tal. Hubo un año, 1946, en el que Manuel Rodríguez “Manolete” no toreó en España nada más que una corrida de toros. Pero fue en Madrid, en la corrida de la Beneficencia y con Gitanillo de Triana, Antonio Bienvenida y Luis Miguel Dominguín. José Tomás ha completado una temporada con nueve corridas de toros en dos plazas amables de primera y el resto de segunda, con ganado de dos divisas y con compañeros de indudable valía aunque poco relieve. Eso no es ejercer como tal figura del toreo.

Hubo sus discrepancias y Alberto Álvarez me argumentó que no había toreado más el de Galapagar porque venía de una cornada mortal y porque no podía alternar con primeras figuras porque no había dinero para pagarles a los otros diestros. Primero, la cornada, gracias a Dios, no fue mortal y los dineros hay que compartirlos con el resto de los componentes del cartel. Comprendo que el hacerse acompañar por los más débiles es muy caritativo y provechoso para él, pero la fiesta de los toros es un espectáculo y la gente quiere ver en acción a los mejores frente a frente. Y en Sevilla, Madrid, Pamplona, Bilbao o Zaragoza. En resumen: José Tomás es figura del toreo pero no ejerce. Lo que si tiene es un gabinete de promoción de lo más eficaz. En estos días, los que enredamos en los caminos del internet misterioso nos hemos encontrado con la divulgación de una faena de Tomás considerada como de la máxima perfección. No creo que resista la comparación con alguna de Morante de la Puebla en esta última temporada, incluida la labor con el capote. Primero, fue una faena completamente derechista, ligados los muletazos al pico del engaño a favor de la entrega del cornúpeto, algunos enganchados y con desarme final. Estatuarios y remates y ni una sola serie de naturales. Buen acompañamiento musical y el remate del indulto para el toro. Está bien lo de indultar a los toros bravos aunque nos priven de contemplar lo que desde tiempos inmemoriales se califica de suerte suprema. Y, por mi parte, que se indulten los toros bravos donde aparezcan, sea en plazas de primera, de segunda o de tercera. ¿O es que en estas últimas no pueden lidiarse toros bravos? Ya dirá el ganadero si sirve para las tareas de la procreación. No hay que ponerle puertas al campo ni reglamentos a la bravura. ¡Fuera los reglamentos! Repito: me fastidian los reglamentos. Ya lo decía el conde de Romanones: “Haced las leyes y yo haré los reglamentos”.

Hoy mismo aparece en los medios de difusión que los toros estarán en la Dirección de Bellas Artes y Bienes Culturales y de Archivos y Bibliotecas. Buena noticia si ello sirve para considerar a la Fiesta Española como lo que es: un bien cultural consustancial con nuestra condición de españoles. De todos los españoles, incluidos los catalanes que en estos días de prohibición de las corridas de toros abogan por la protección de los bous del fuego y de las calles. Se quedan en las cavernas. Es como si en otras regiones de España se permitieran los recortadores, los saltadores, los roscaderos y los toros ensogados y se prohibieran también las corridas de toros que resultan de la evolución de esos festejos populares y la transformación de los torneos caballerescos en los festejos de a pie. Como si se obligase a viajar en diligencia en lugar del AVE o el avión. Sea usted moderno, sea usted del Pepe. El Pepe era el hermano de Ángel Teruel cuando lo apoderaba Nacional, aquel matador de toros, Octavio Martínez, que, ya retirado, se dedicó a la tarea de lanzar nuevas figuras. Sea usted, pues, moderno, sea partidario de la FIESTA ESPAÑOLA. Y espero que el ministro don José Ignacio Wert, pese a su apellido poco torero, nos ponga en el lugar que nos merecemos: en el Olimpo del Toro Mitológico.
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viernes, 27 de enero de 2012

EL OJO TAPADO DE PADILLA / Por Benjamín Bentura Remacha



EL OJO TAPADO DE PADILLA

Benjamín Bentura Remacha

Zaragoza, 26/01/2012.-
Estamos abonados a la tragedia y queremos arreglarlo todo con la burocracia. Andrés Amorós publica hoy, 23 de enero, en ABC un artículo que titula “Qué puede hacer Cultura por la fiesta de los toros”. Veamos: reducir el IVA, subvencionar a las empresas, crear una Dirección General de Asuntos Taurinos, coordinar a las Comunidades, fomentar y divulgar la fiesta, propiciar gestos simbólicos como que vayan a los toros el Rey y la infanta Elena con sus hijos y que Rajoy, además de ir a la plaza de Pontevedra, se deje ver en Las Ventas del Espíritu Santo, y transmisiones e informativos taurinos en la televisión de España. Pura burocracia. Y la burocracia sobra en esto y en otras muchas cosas. Menos reglamentos y menos pliegos de condiciones. Hace falta más libertad y que los empresarios organicen sus espectáculos a su leal saber y entender con la simple exigencia de que se cumpla lo que anuncian: Seis toros que serán lidiados, picados, banderilleados, pasados a muleta y muertos a estoque por unos matadores de toros o novillos concretos acompañados por sus correspondientes cuadrillas. Ese es el único reglamento necesario. Y que el empresario organice las corridas de toros, de novillos o de rejones que crea convenientes, que no se impongan concursos de ganaderías con el ruedo pintado como una cancha de baloncesto, que el cartel de diestros sea del grupo primero y naturales de la propia región o de triunfadores del año anterior, en Madrid o en Calatayud. Fuera reglamentos y cortapisas. ¡Libertad! Y luego arreglar la buena marcha de la lidia, sobre todo el primer tercio. Lo que llevo repitiendo desde hace más de medio siglo: el peto anatómico. Y que sean los picadores que saben montar a caballo tirar el palo, sujetar el empuje del toro, manejar las riendas para salvar al caballo y contar con la ayuda de los toreros de a pie. Necesitamos recuperar la suerte de varas. Después, cada cual pondrá las banderillas de los colores que quiera. Variedad, señores, variedad. Tenemos toreros para satisfacer todos los gustos, los del paladar, la valentía consciente, la técnica, la naturalidad o la sabiduría. Los descendientes de Pepe Luis,” Manolete”, Luis Miguel, Antonio Bienvenida o Domingo Ortega. Hoy, Morante, José Tomás, “El Juli”, Manzanares o Enrique Ponce. Podría citar a otros, pero creo que con esa decena de toreros puede valer como muestra.

Estos últimos días, el tema general fue el anuncio de la vuelta a los ruedos de Juan José Padilla tras el largo y doloroso periplo recorrido desde el 7 de octubre, cuando un toro le rompió la cara desde la oreja izquierda hasta el ojo del mismo lado. Las informaciones, similares, y las fotos, impactantes. Un Padilla elegante, vareado, con un traje de chaqueta cruzada y raya diplomática, gesto serio y parche de piel negra tapando el ojo sin luz. Volverá el 4 de marzo próximo en la plaza de Olivenza, con Morante y Manzanares de compañeros y toros de Núñez del Cuvillo. Ángel Solís, en “Heraldo de Aragón”, ponía el estrambote a la noticia con estética azoriniana y técnica gongorina: “Vuelve Padilla. El héroe. El villano, el transgresor de la formas. El lidiador que se anunciaba con la casta, con la fuerza de la sinrazón: el toro”.

No conozco personalmente a Juan José, al que algunos motejan de “Ciclón de Jerez”, pero tengo muy buenas referencias de él puesto que goza de las simpatías y el favor de sus compañeros. Es muy buena señal. Y me alegra que, con voluntad y sacrificio, haya superado el gran trauma sufrido y empiece una nueva temporada con todas las garantías. Solís titula su comentario como “El negocio Padilla” y lo termina así de críptico: “Vuelve, hoy, con lo bueno, lo comercial, lo pastueño, lo que siempre anheló y se lo negaron. El negocio lleva su nombre, pero no es para él. Que la suerte le acompañe”. Está bien, que le acompañe la suerte, claro. Pero no es el primer caso de un torero en estas circunstancias. Allá por el 1816 nació en Gelves, Sevilla, Manuel Domínguez, al que apodaron “Desperdicios”, unos dicen que porque lo vio Pedro Romero y afirmó que ese muchacho no tenía desperdicio y otros, seguramente con exceso de imaginación, porque, después de estar casi veinte años en las Américas practicando los más diversos oficios y aficiones – militar, torero, chulo, mayoral, cabecilla e industrial –, regresó a España en 1852, renovó sus afanes toreros y el 1 de junio de 1857, en la plaza de toros de El Puerto de Santa María, un toro de Concha y Sierra bien llamado “Barrabás”, en la ejecución de la estocada le derribó y le metió el pitón en el suelo entre la mandíbula y el ojo derecho, que se lo vacío. El toro se emplazó en la entrada de la escasa enfermería y el herido y la cuadrilla hubieron de esperar largo rato hasta que “Barrabás” se fue. Alguien aseguró que Manuel Domínguez recogió en su mano lo que había quedado de su ojo y lo lanzó a la arena con un despectivo ¡Ná, desperdicios! Más verosímil es lo que se contaba después: que el médico fue a visitar al herido al día siguiente y se encontró con la buena nueva de que Domínguez había cogido trozos de papel de estraza y había confeccionado una especie de tapones con los que rellenó sus heridas de la mandíbula y la órbita vacía y los conductos de la nariz y ello puede que le salvara la vida e hiciera posible que Manuel Domínguez “Desperdicios” reapareciera, tres meses después de la cogida, en Málaga y con toros de Concha y Sierra. Otro torero tuerto fue José Antonio Calderón “Capita”.


El más terrible de los antecedentes de este tipo de lesiones fue el de Manuel Granero en Madrid. El pitón le entró directamente al cerebro por un ojo y murió en el acto. Antes a este tipo de cornadas sin las consecuencias trágicas del valenciano se les llamaba cornadas de espejo y es fama que la que en Santander sufrió Pepe Luis Vázquez menguó sus afanes. Al enterarse de lo que había ocurrido, Manolete, que también lucía en su cara una cicatriz recordatoria, comentó: “No es posible, ¿le habrá tirado un cuerno el toro?”


Ya avanzado el siglo XX, tenemos los casos de Eladio Peralvo, matador de toros cordobés que en Los Navalmorales, Toledo, se vacío la órbita ocular izquierda con el arpón de una banderilla el 15 de septiembre de 1973, Lucio Sandín, madrileño de la Escuela Taurina de Madrid y compañero del infortunado “Yiyo”, al que un novillo de Baltasar Ibán hirió en el ojo derecho el 12 de junio de 1983. Reapareció en septiembre y tomó la alternativa el 7 de abril de 1985 con Curro Romero y Rafael de Paula en el cartel. Hubo un tiempo en que fue apoderado por Diego Puerta y tuvo relaciones con una hija de este. Tuvo un grave accidente de automóvil, se apartó de los toros y se hizo especialista en óptica. Lo apropiado. También sufrieron lesiones oculares Carlos Collado “Niño de la Taurina”, golpeado con el palo de una banderilla al dar un muletazo, y Javier Vázquez, al que el 9 de abril de 1988, en Algeciras, al entrar a matar, un novillo le destrozo un párpado sin pérdida de visión. Como ejemplo de cornadas de espejo tenemos las de Franco Cadena en Sevilla y Luis de Paulova. Con más suerte y menos consecuencias visibles las de Julio Aparicio y Sergio Aguilar. El lado amargo de la fiesta que parece que necesita de la tragedia para justificar su brillo. Pinturas negras con mucha luz. La luz de la esperanza.
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jueves, 5 de enero de 2012

LOS REYES MAGOS / Por BENJAMÍN BENTURA REMACHA

Ava Gardner y Mario Cabré

LOS REYES MAGOS


BENJAMÍN BENTURA REMACHA
Yo no sé si es por la edad o porque la válvula de cerdo que el doctor Ibarra me puso en el corazón ha acentuado mi sensibilidad y me vuelvo loco con los aniversarios. Sucedió que el 6 de enero de 1904 nació mi padre en Ejea de los Caballeros y cuando se lo anunciaron a su hermano Ignacio que los Reyes Magos le habían traído un hermanito, él comentó malhumorado “pues yo había pedido un cepo para los conejos”. No pasó nada más. Luego mi padre se apartó de lo rural y se fue a Madrid para hacerse periodista y, entre otras muchas otras cosas a las que tenía que acudir porque tuvo seis hijos, fundó la sección de “El Ruedo” de “Marca” y luego la revista del mismo nombre, en la que puedo asegurar que, en los veinte años que estuvo en ella, fue el que más crónicas, entrevistas, ensayos y noticias firmó de entre todos los ilustres firmantes que participaron en el mantenimiento de la más variada e ilustrada de las revistas de toros que en el mundo han sido. Y también un 6 de enero, este de 1916, nació en Barcelona Marió Cabré. Y de este quiero hablar un poco más largo y tendido porque el otro día me comentaba Fernando del Arco que no se había hecho justicia a tan singular personaje. Y alrededor de ese celebrado 6 de enero tenemos que el 2 de enero de 1880 nació en Córdoba Rafael González “Machaquito”, que el 5 de enero del mismo año que mi padre, 1904, nació en Ronda Cayetano Ordóñez Aguilera, el 3 de enero de 1974, en Madrid, su biznieto Francisco Rivera Ordóñez y el 7 de enero de 1914, en Madrid también, Pepe Bienvenida, el torero que solo entró en una enfermaría para morirse después de colocar un par de banderillas. ¡Qué raza, Santo cielo! Su hermano, Antonio, que las había visitado casi todas, fue a morir junto a las encinas de un campo castellano.

Pero estaba con Mario Cabré, el que se apellidaba “Polifacético” aunque tuviera una sola cara, la de una bella persona. En el teatro, el cine, los ruedos, la moda masculina o las tertulias poéticas. Y hasta hizo su excursión por los estudios de grabación y yo conservaba un disco suyo de boleros que me desapareció como alguna otra cosa curiosa, tal que una fotografía dedicada de Ricardo Zamora cuando era compañero de mi padre en la Editorial Católica. Se va uno dejando por ahí las cosas, unas veces olvidadas, otras perdidas y algunas afanadas por personas más bien cercanas. Mario empezó por el teatro porque su padre era actor y él siguió sus pasos y los de su tío Pedro, figura del Español, donde fue a recalar otro Cabré de segundo apellido, Gas de primero, Mario Gas Cabré, su más distinguido director. Aseguran las crónicas que Mario Cabré montó su primer Tenorio con doce años, que lo repitió años después con Maruchi Fresno y que hubo temporada en el que, tras cortar una oreja en la plaza de Las Ventas, recitó los versos de Zorrilla con especial galanura en las tablas de un teatro de la Gran Vía madrileña.

Yo había iniciado mi periplo periodístico en la primera mitad del año 1951 con crónicas de las novilladas de Carabanchel, plaza en la que también se inició mi padre en 1933 en “El Debate”, labor que alternaba con la crónica de sucesos que era lo que en aquellos tiempos encargaban a los novatos. Mi ilusión era continuar en la tarea periodística y recibir alrededor de veinte duros por crónica o artículo. Algo más de medio euro. Y entonces inicié una sección que se titulaba “Lo que hacen los toreros fuera del ruedo” y como Cabré era el que más cosas hacía al margen del toreo fue el primero en caer en mis inexpertas manos. Además, cuando Cabré iba a Madrid, acudía a la tertulia de “El Gato Negro”, antesala del teatro de la Comedia, en donde se reunía mi padre, con actores, pintores, periodistas y autores, de entre los que recuerdo con especial cariño a don Joaquín Roa, un pamplonés genial que, pese a su modestia, intervino en las más importantes películas de nuestra cinematografía: “Bienvenido, Mister Marshall”, “Marcelino Pan y Vino” y “Viridiana”. Con estos tres títulos creo que es bastante.
A trancas y barrancas y con la supervisión de mi padre que me hacía repetir lo que no le parecía bien, al fin quedó terminado mi trabajo y dispuesto para aparecer en página doble en el número 387 de “El Ruedo” de 22 de noviembre de 1951, ilustrada con las fotos de un lance a la verónica de Cabre, acompañado de Ivonne de Carlo cubierta con una capa española, con Maruchí Fresno en una escena del Tenorio, con la francesa Anouk en la película “Annette” en la que el torero hacía un papel de gangster y otro fotograma de la película “Tercio de quites” en la que participó la mexicana Chula Prieto. Esa era la salsa que le daba gracia a mi trabajado plato fuerte. Y el año lo terminé completando este ciclo con entrevistas a Manolo Escudero en su casa de Atocha, junto al Ministerio de Fomento, a Rafael Vega “Gitanillo de Triana”, en su colmado de “La Pañoleta” con Pastora y su hija, la esposa de Rafael, a Juanito Posada en el café “Marfil”, Alcalá, esquina con Arlabán, y a Paquito Muñoz en el domicilio de sus padres que tenían la concesión de los autobuses a Paracuellos del Jarama.

En el mismo número en el que yo firmaba la entrevista a Mario Cabré como “Barico II”, Santiago Córdoba, al estilo tajante y conciso del catalán del Arco, le hacía una entrevista a Domingo Ortega, que fue padrino de la alternativa de Cabré en Sevilla (1 de octubre de 1943) y también de su confirmación en Madrid (8 de octubre del mismo año). Y no quiero dejarme en el tintero dos o tres opiniones del rural filósofo de Borox: “Solo he visto dos toros completos en toda mi vida, uno me tocó a mi y otro a Marcial”. (Santiago Córdoba daba por hecho que Domingo Ortega se había retirado aquel año de 1951. No fue así. Su última corrida tuvo lugar el 14 de octubre de 1954 en Zaragoza y con Jumillano y Pedrés. Luego se le vio en numerosos festivales y en uno de ellos hasta toreo con chaqueta de aberturas en la espalda. Como Castella en América) ¿Normas clásicas? “Parar, templar, cargar y mandar”. “Llevar al toro toreado”. “Mandar al toro dando al mismo tiempo una sensación de belleza”. ¡BELLEZA! Hay gustos que merecen palos.

Mario Cabré era un hombre guapo. Y exquisito. De una belleza interior que yo pude saborear durante muchos años, cuando tuvo que retirarse a Benicásim a una residencia y desde allí me enviaba sus libros o tankas de poesía en las Navidades de los años 70 y firmaba con la mano izquierda el escueto “Mario”. Todavía no se podían reparar los corazones con válvulas de Jabugo. Pero él seguía en su afán de transmitir sus sensaciones y por ello cuento con un tesoro de más de veinte libros, con especial significación del dedicado a “Manolete” en 1947, el “Dietario Poético” a Ava Gadner, 1950, “Oda a Gala-Salvador Dalí”, 1952, “Canto sin sosiego”, 1957, “Tankas”, 1962, “En la Residencia”, 1969, y “Benicásim”, 1978. Así hasta el 1 de julio de 1990, día en el que Mario Cabré murió en Barcelona.

Guardo con especial devoción un ejemplar de “Danza Mortal” editado en Madrid por la editorial “Mon” en la imprenta “Arba” en abril de 1950. Está dedicado a la desaparecida bailarina Mari-Paz , ilustrado por M. Zaragüeta y prologado por don Jacinto Benavente (para las víctimas de la Logse y su sucesores: dramaturgo, Premio Nobel y autor de “Los intereses creados”) y que dice en uno de sus párrafos: “Hay en todas las poesías de Mario Cabré una emoción honda, la de quien tantas veces ha vuelto de la muerte; la

del que sabe, como él mismo dice en una de sus poesías, que la muerte no se improvisa”. “La muerte es la perfección de nuestra vida”.

Don Jacinto, trataré de seguir siendo imperfecto. Y feliz año, amigos.

martes, 20 de diciembre de 2011

RECUERDOS PARA VIVIR / Por Benjamín Bentura Remacha

Antonio Ordóñez en Roma

RECUERDOS PARA VIVIR

BENJAMÍN BENTURA REMACHA

Hemos tenido motivos para recordar con el fallecimiento estas últimas fechas de banderilleros como Manolo Carmona y Almensilla y matadores de toros como Diego Puerta, al que a mi nunca me gustó llamarle “Diego Valor” porque creía que minusvaloraba su significado como primera figura del toreo en unos años 60 y 70, en los que era difícil entrar dentro de esa categoría, y la de César Faraco, también rebautizado con el rimbombante sobrenombre de “El Cóndor de los Andes”. Majestuoso ese vuelo sobre las montañas de Venezuela. Casi siempre estaba por medio la imaginación de Gonzalo Carvajal, buen aficionado, buen escritor y mejor lector que se consagró con el apelativo de “Niño Sabio de Camas” para Paco Camino frente al “Faraón” del mismo lugar que era, y es y que lo sea por muchos años, Curro Romero, pese a sus actuales circunstancias de esposo de la Tello, la amiga inseparable de la Duquesa de Alba. El que no admitió mote alguno fue Antonio Ordóñez Araujo. Ni el de” Niño de la Palma” de su padre, hijo del propietario de la zapatería “La Palma”, de Ronda como su tercer hijo Antonio. “Es de Ronda y se llama Cayetano”. Su hijo mayor sí llevó el famoso apelativo, otro hijo, Juan de la Palma, y los otros dos, como Antonio, Pepe y Alfonso. Juan y Alfonso dos excepcionales banderilleros. Antonio, la cumbre de la familia de toreros, de cuya muerte se han cumplido trece años el día 19 del presente mes de diciembre en su casa sevillana de la calle Iris, por donde entran los toreros a la Maestranza y en donde cortinas y faldas de mesas camillas estaban confeccionadas con tela de capote torero.

De Antonio Ordóñez tengo magníficos recuerdos y algún sinsabor muy particular. Un día de no sé cuantos años hace, fui a Sevilla a hacerle una entrevista acompañado de un fotógrafo. Nos encontramos cerca de la Real Maestranza y le propuse hacer las fotos con el fondo de la Torre del Oro. “Muy original”, me comentó en tono sarcástico. “Antonio, es que quiero que los lectores sepan que estamos en Sevilla”. Allí se hicieron las fotos. Hay dos documentos gráficos que siempre me vienen a la memoria cuando pienso en la figura del rondeño: uno se lo hicieron en Roma sobre una columna dando un lance y otro lo que disparó ese genio de la cámara que fue Arjona de una verónica ejecutada con la rodilla derecha sobre el albero de la Real Maestranza, lo que inspiró a otro artista, Pablo Ignacio Lozano, una escultura admirable. Antonio, indiscutible maestro del arte de torear, era un hombre complicado. Y puede ser que si yo tuviera capacidad sicológica encontraría los motivos de esa su especial manera de ser. En plena juventud asistió al derrumbamiento de su padre, “El Niño de la Palma”, que de gran figura del toreo pasó a tener que vestirse de banderillero porque, como confesó a mi padre en una entrevista, no tenía ni para tabaco. Menos para mantener a seis hijos, los cinco que serían toreros como él y una niña, Ana.  A ello se añadieron las opiniones de Hemingway y algún comentario desafortunado de Luis Miguel cuando era el patriarca de los Dominguín el que apoderaba al de Ronda. Y algo que no entendí ni entiendo ahora: en la gran obra biográfica de Antonio Abad Ojuel no se menciona que la madre de Antonio era gitana y yo supongo que el de Tudela lo sabía, pero no se le autorizó a revelarlo. Tampoco figura en la relación de toreros gitanos de José Julio García y sí en la de Joaquín Albaicín (Joaquín Bernadó García) con el argumento de que está en las mismas circunstancias de los Gallo, padre torero y payo, y madre artista gitana, de los Cuco. Los Ordóñez, hijos de torero payo y madre artista y gitana, la hija de Coral de los Reyes y N. Araujo, Consuelo, cantante y actriz, protagonista de tres películas de los años 20, “La Reina Mora” (1922), “Quintín el Amargao” (1925) y “Cabrita que tira al monte” (1926). Después de esta película se casó con “El Niño de la Palma” y ya no conozco más episodios artísticos de Consuelo y su madre, Coral, de la que oí hablar en otros tiempos a Suarez Merino, vinculado con los Molina, Antonio y su parentela, y los Ordóñez.

Antonio Ordóñez tenía una corte selecta e incondicional. Un grupo de aficionados de más arriba del Ebro que le seguían por toda España a la manera de los seguidores de un equipo de fútbol. Furibundos, como los béticos antes de Lopera. Recuerdo un día, en Linares, en el que toreaba Ordóñez con Diego Puerta y Santiago Martín “El Viti” y en el que sucedió algo que retrata el fuerte carácter del torero. Antonio Galisteo, buen torero, lidiaba al primero de la tarde y, en un capotazo, el toro metió el pitón en la arena y se lo rompió, lo que no fue óbice para que luego el diestro le cortara una oreja. Pero, al iniciar la vuelta al ruedo, se volvió hacia Galisteo, le ordenó que se retirara al callejón y que no le acompañara en su paseo triunfal. En el cuarto toro estuvo colosal y entonces vino el gesto insólito de sus partidarios, la mayoría bilbaínos. Se levantaron a la vez y abandonaron la plaza porque, decían, “ya no querían ver nada más”. Entre los seguidores yo conocía en especial al aragonés Justo Rocafort y su esposa Amparo y al Conde de la Unión, en cuya casa de Buñuel, en Navarra, tuve el placer de charlar con un señor de la talla de Serrano Suñer.  Pero Antonio Ordóñez fue un torero universal, del Norte al Sur, del Este al Oeste, Francia y América. Llegó a torear hasta en Estados Unidos, en un festejo en el que en la pantalla aparecía la voz de “olé” para que los espectadores acompañaran la labor del torero. “Papa Ernesto” había mediado en la disputa, se había puesto del lado del hijo de “El Niño de la Palma” y Luis Miguel se atrevía a decir que Hemingway no sabía escribir y menos de toros. El verano sangriento se hacía eterno. Y Antonio Ordóñez, al margen de su gran categoría, sufrió lo indecible en lo físico y en lo humano. Su apolínea silueta estaba marcada por las cicatrices y los huesos quebrados y fueron muchas las lágrimas derramadas por las anomalías familiares: su padre, su hermano Juan, su yerno Paquirri, su hija Carmina… Tuvo la gran suerte de casarse con Carmina González Lucas, la hija de don Domingo, el de Quismondo, y hermana de los tres Dominguines, un prodigio de mujer, inteligente, discreta, conciliadora, mano derecha o izquierda, siempre en el quite y en la atención a sus amigos, allá por Valcargado en Medina Sidonia o junto a los Nuevos Ministerios de la prolongación de la Castellana de Madrid, cuatro años mayor que Antonio, con el que se casó el 19 de octubre de 1953 en Villa Paz, la finca de Luis Miguel, camino de Cuenca. Murió a finales de agosto de 1984, creo que el 29, aniversario de la muerte de “Manolete”. Antonio contrajo segundas nupcias con otra gran mujer, Pilar Lezcano. En esto, al menos, Antonio Ordóñez fue un hombre de suerte. Con los nietos también, pero con sus misterios. Primero, Francisco Rivera. Un comienzo ilusionado y luego la sigilosa huída. Con Cayetano, ni intentarlo. Un hombre nunca sencillo, del gótico flamígero al barroco florido sobre la base de un románico de piedra berroqueña, nazareno de La Soledad. Muchas incógnitas que se despejan como una tremenda carcasa cuando explota y se lee en el oscuro de la noche: “Antonio Ordóñez Araujo, torero”.

Alguna duda más: en un portal de la moderna comunicación que se titula Wikipedia se pone en duda el que Antonio naciera en Ronda, en la finca de El Recreo de San Cayetano, donde se esparcieron las cenizas de Orson Welles. Se apunta entre interrogantes a Majadahonda. De Rafael  el Gallo decían que había nacido en Pozuelo de Alarcón y cuando le enseñaron el pueblo, alargo el brazo derecho y sentenció: “Pozuelo, que grande eres”.

Otra duda es sobre el toreo al natural del rondeño, parecida duda que se plantea al hablar de Domingo Ortega y rechazo por mi parte del pase de costadillo por alto. Esto para certificar su humanidad. Y un recuerdo para don José María Jardón, el jefe del  trío de Las Ventas de Madrid con Escanciano y don Livinio, que fue el destinatario del brindis del toro “Colombiano” de Pablo Romero en la primera despedida de Ordóñez el 12 de agosto de 1971 en San Sebastián, reaparición en 1981 y luego, las goyescas de Ronda, lugar al que peregrinaron todos los fieles creyentes de ordoñismo, “per saecula saeculorum”.

domingo, 11 de diciembre de 2011

EN CORTO Y POR DERECHO / BENJAMÍN BENTURA REMACHA



EN CORTO Y POR DERECHO

BENJAMÍN BENTURA REMACHA

Zaragoza, 11/12/2011.-
Ha muerto Diego Puerta, don Antonio Burgos. El jefe de cuadrilla de su admirado y también fallecido “Almensilla”. ¿No merece Diego un recuadro en ABC, al menos similar al del subalterno? Los tres mosqueteros: Diego Puerta, Paco Camino y Santiago Martín “El Viti”. También eran cuatro en mi opinión. Yo añadiría a Juan García “Mondeño”, que es el espejo mágico de José Tomás. Athos, agricultor, Porthos, casado con una viuda rica, Aramis y D`Artagnan. “Mondeño” , como Aramis, se hizo cura. Para Madrid, su plaza, también se prepara otro trío de cuatro. Lo que hace falta es saber quién es cada cual y si tenemos otro Alejandro Dumas que escriba la novela del arrendamiento de Las Ventas del Espíritu Santo. José Antonio Chopera es “rey de espadas” y se volverá a batir con Rochefort para vencerle por cuarta vez. Y es posible, con permiso del cardenal Richelieu, que también gane la plaza de Zaragoza en la encrucijada de su mala situación financiera. Hace unos treinta años, después de la gestión del amo de “Villa Heraclio”, hubo que buscar la tabla de salvación de la gestión interesada y de la amistad de Ángel Zalba con Palomo Linares para que los Lozano se hicieran con la plaza de Pignatelli y encontraran el apoyo del que había sido gobernador de Toledo y rectificara la decisión de no permitir los festejos populares por parte del señor Laína, presidente del Gobierno de España la noche del 23 de febrero. Las vaquillas han menguado el desastre. Pero es necesaria otra catarsis quizás más purificadora que la de los años 80 del siglo pasado. Los tres mosqueteros de Madrid, padre, hijo y el francés beatificado en los brazos de Sánchez Dragó, el de la lista telefónica de Gárgoris y Abidis, y el filósofo alicantino señor Esplá, con la ayuda del experto de salamanquino, hijo y hermano de calificados buscadores por los campos del toro. Todas las colaboraciones serán necesarias para que la ruina no anide entre piedras centenarias y el moderno mecano de teflón. En Madrid ya se conoce el pliego y en Zaragoza espero que no sea el parto de los montes como cuando unos cuantos se inventaron un Reglamento Taurino copiado del vasco y con la original y sesuda medida de que todas las banderillas que se ponen en las plazas de Aragón lleven los colores de la bandera de España, Aragón, Cataluña y Valencia. Más monotonía sobre la mortal monotonía de la encorsetada Fiesta. Oiga, y para salir a hombros en la capital del Ebro hay que cortar dos orejas en un toro. ¿Qué se creía usted? 

Bueno, algo muy importante: el próximo día 21 de este mes de diciembre cumple 90 años Pepe Luis Vázquez Garcés. El Cossío dice que será el próximo 3 de enero del año que viene. Cada vez me fío menos de la Enciclopedia de los Toros. Pepe Luis me trae muchas cosas a mi memoria y creo que también a los aficionados que tuvieron el privilegio de admirarlo en los años 40 y 50 del otra vez evocado siglo XX. Pepe Luis no es descriptible. Y si usted tiene ese punto de sensibilidad necesaria para captar lo que es la gloria del arte de torear bastará que contemple algunos de los documentos gráficos que nos superviven. Da la casualidad de que esos tres dedos del lance de Morante de la Puebla se repiten en lances de Pepe Luis o en muletazos del ángel de San Bernardo. El cartucho de pescado de Jerez de la Frontera, firma de Arjona en el simpar documento, los lances a pies juntos y a compás abierto, el medio pecho, el remate del sello de rojo lacre a toda una obra de arte. Todos los días no se podía esculpir el Moisés de Miguel Angel . Tenía sus días tristes porque veía al toro a la primera y si no podía ser cogía el camino más corto y remataba la cuestión de media lagartijera. “Manolete” lo decía: “Si Pepe Luis lo hiciera todas las tardes ya nos podíamos ir a los albañiles los demás”. Cuando el tercer Califa volvía de su campaña americana, Pepe Luis hizo unas declaraciones en las que le retaba a torear juntos en Sevilla una corrida de Miura.” ¿Por qué no me invita a unas gambas con unas copas de jerez?”- le contestó Manuel Rodríguez. Los de Miura en danza. Pepe Luis era el único diestro que hacia los tentaderos en Zaheriche y casi todos los meses de abril, en la Feria sevillana, mataba la corrida de don Eduardo. Por esas extrañas circunstancias que tiene el destino, “Islero” era de Miura.

Y con Pepe Luis en mi pensamiento recordé a un banderillero gitano, natural de Tomares, provincia de Sevilla, lugar de nacimiento de los Bombita, que se llamaba Gabriel Moreno y que viene citado levemente y sin precisión ninguna en la Enciclopedia ya citada. A mi memoria venía una anécdota de este banderillero de tez oscura y hombros caídos que un día en Sevilla, a las órdenes de Pepe Luis, se fue al centro del ruedo y jugó sus brazos al unísono, metió el mentón en su pecho y ligó media docena de verónicas antológicas. Remató, se fue para la barrera y le dijo a su maestro, a Pepe Luis: “No me eches que me voy yo”. He buscado en libros y revistas y no he encontrado ninguna referencia. Solo Luis García Caviedes habla de este torero calé y de que un día le dijo a Curro Romero que no podía matar bien porque se rompía las muñecas al torear con el capote. Me atreví a consultarle a otro Manuel Rodríguez, este de San Bernardo y, en mi opinión, el más completo de los toreros de plata, si recordaba a Gabriel Moreno y lo ocurrido con Pepe Luis. Tito es el hombre más prudente del mundo. Me confirmó las excelencias de Gabriel Moreno y me dijo, además, que lo de los lances sucedió con un toro de Miura que los toreros consideraban burriciego. Y he logrado algún dato más, que el de Tomares hizo el paseíllo unas cuantas tardes en Madrid para acontecimientos importantes como las confirmaciones de alternativa de Pepín Martín Vázquez, otro que era celestial, “El Choni” y una doble celebrada el 10 de septiembre de 1944, con la particularidad de que en esta ocasión Paquito Casado confirmó a Carlos Vera “Cañitas” y Rafael Albaicín le entregó los trastos al también mexicano Arturo Álvarez, cosa que no creo que se haya dado muchas veces a lo largo de la Historia del Toreo. Gabriel Moreno también actuó en una novillada en junio de 1951, en la que dice Cossío que resultó herido y en la que participaron Juanito Posada, Jaime Bolaños y Juanito Bienvenida, que, al final del festejo, decidió retirarse del toreo. La novillada fue de Salvador Guardiola y la retirada de Juanito Bienvenida no fue tal, continuó en los ruedos y hasta llegó a tomar la alternativa. “El Papa Negro” decía que Juanito era el que mejor toreaba de sus hijos. Pepe Luis admiraba la gran naturalidad de Antonio. “Sin naturalidad no hay arte”. Si lo lee esto José Tomás se olvidara de dar chicuelinas y manoletinas con el compás abierto. Y mis mejores deseos, divino nonagenario. Solo he visto dos ángeles con el pelo blanco, el de “¡Qué bello es vivir!” que tenía que recuperar sus alas y el de San Bernardo que nos pone alas a todos los que soñamos con el Arte.

Estos días he repasado nombres de banderilleros que me dejaron un profundo recuerdo. Ahora solo quiero citar a uno: a Joaquín Delgado “Joaquinillo”, banderillero en la cuadrilla de Pepe Luis y mozo de espadas por necesidad de José Fuentes. ¡ Qué injusta es muchas veces la vida y su historia! Amén.

viernes, 2 de diciembre de 2011

MADRID, MADRID, MADRID.../ Por Benjamín Bentura Remacha

Era famoso su ambiente taurino, incluso se cuenta que en ella se veían el torero Luis Miguel Dominguín y la actriz Ava Gardner. Allí se vendían las entradas para los Toros, aunque de eso hace muchísimo tiempo. Actualmente, justo enfrente, en el inicio del Pasaje de Matheu, existe una caseta donde se pueden seguir adquiriendo las localidades para acudir a las Ventas.

MADRID, MADRID, MADRID...

Benjamín Bentura Remacha

jueves 1 de diciembre de 2011
Hace más de treinta años que me fui de Madrid porque aquello se complicaba mucho. El trabajo, sobre todo. El periódico en donde trabajaba cambió de director y el conocido por “el Chino” sustituyó a Antonio Gibello, falanguista y buena persona. Yo era redactor jefe de la sección de Nacional y me mandaron al archivo. Al ostracismo o galeras, vamos. Hice el petate y regresé a mis orígenes, Aragón. Pero no he podido olvidar Madrid. Hace unos días fui a dar la tetadica revitalizadora y lo primero que hice fue acercarme a la calle Sevilla, a la playa por la que paseaban los toreros y recordé el bar donde estaba de camarero Francisco Sánchez “Frasquito”, la zapatería en donde se exponía el traje de luces de la alternativa de “El Príncipe Gitano”, el quiosco de la Once que le pusieron al picador Antonio Codes “Melones” porque se quedó ciego por culpa de una caída del caballo, la administración de loterías “El Trece”, la tienda de corbatas (no es lo que parece, de lejos, una calavera; de cerca, dos señoras de amplios sombreros en animada charla), el teatro y sala de fiestas Alcalá y el café “Marfil”, ya esquina a Cedaceros, en donde yo le hice una entrevista a Juanito Posada a principios de los 50. La calle Arlabán, paralela con la Carrera de San Jerónimo, el café “Las Cancelas” con acceso por las dos calles. 

Recuerdo al banderillero de las medias verdes que le quiso poner un par de banderillas de fuego al policía que le obligó a salir al ruedo en Carabanchel, o a Bojilla que, cuando veía a uno de sus acreedores, se iba decido hacia él y le decía airado “que te pienso pagar ¿eh? “. La mejor defensa es un buen ataque. En la esquina de Alcalá con La Virgen de los Peligros, un poco hacia Sol, “La Tropical”, bar, café y buen marisco, en donde el hervidero de gentes del toro era constante y alguno le daba propina a la telefonista para que le llamara por los altavoces y dijera que don Pedro Balañá le esperaba al aparato. Se vivían a tope los dramas y las comedias de cada día. Ahora la playa está desierta y el mar no baña mis pies. Solo se mantienen las cuadrigas de lo alto del Banco Bilbao y las amplias fachadas del Hispano y el Español de Crédito. Me fui despacio y triste hasta Lhardy, en la Carrera de San Jerónimo, y me tomé un caldito con un chorro de jerez para entrar en calor. Después de meditar sobre mis pensamientos, me convencí de que Francisco Sánchez Fernández, “Frasquito” en los carteles, no estaba de camarero en el “Fornos” de la calle Sevilla. Sí en el Fuyma de la Gran Vía, casi en la plaza de Callao, que se ha cerrado en estos días y que festejó en abril de 1948 el extraordinario éxito del torero nacido en Toledo y criado en Madrid, apoderado por Raimundo Blanco, sevillano publicista y padre de un famoso jugador de fútbol, y representado en Madrid por Ramón S. Sarachaga, padre de los Sánchez Aguilar, que administraron como pudieron la explosión del cohete, la gran llamarada primera y el ruido del trueno prolongado por los muchos comentarios que se dieron en la calle de las Sierpes y la revista “El Ruedo”, con un artículo de Barico que reflejaba el buen ambiente en el bar del dueño de la Fundición de Hierros Maleables. 

Dos cornadas seguidas, en Bilbao y Córdoba, desinflaron el gran globo del calificado como “la sombra de Manolete” o “el torero que había empezado de maestro”. Se presentó en Madrid el 7 de mayo de 1950 y el comentario más definitivo es el que apareció en “El Ruedo”: “Frasquito salvó su precioso terno a costa del menguado prestigio que tenía”. Se fue a México en 1952, le dio la alternativa Alfredo Leal en 1955 y se quedó a vivir por aquellas tierras. Allí murió el 24 de febrero de 1993 y la noticia de su muerte vino en ABC en una pequeña esquela que puso su hermana el 13 de marzo de ese mismo año y que anunciaba un funeral en la iglesia de San Juan Crisóstomo. Solo un leve apunte de Filiberto Mira en “Aplausos”.

Cervecería Alemana de la Plaza de Santa Ana (cuartel general del los Dominguín)

Luis Miguel con Ava Gadner, Ernest Hemingway


Estaba en Madrid, en el protocolo del caldito de “Lhardy”, las cuatro calles, Carrera de San Jerónimo, a los dos lados, de la Cruz, Príncipe y Sevilla, “El Gato Negro” y el teatro de “La Comedia” de la calle del Príncipe, ” La Alemana” del Chino, el hotel Victoria o la casa de los Dominguín. Por la calle de Santa Cruz las capas españolas de Seseña, los vinos y las gambas de “El Abuelo” o las oficinas de la plaza de toros de Madrid, y un cocidito madrileño con don Marcial. Fui a ver la exposición de Delacroix, magnífica, y me decepcionó la de los rusos de San Petersburgo en el Museo del Prado. A la salida, un espectáculo de lo más edificante: dos tíarrones, en pie, impertérritos, se daban un beso de tornillo frente a la escultura de Goya con su maja desnuda y el boceto en piedra de “los sueños de la razón producen monstruos” en su pedestal. ¿Qué hubiera dibujado don Francisco de presenciar semejante escena? Los desastres de la cultura y la educación. 

Estuve en la presentación de los premios del Club Financiero de Génova, me encontré con Victoriano Valencia y hablamos de nuestros nietos, franceses y mexicanos fueron los más agasajados, presentó Vidal Pérez Herrero y adornó Palomo Linares, tuve el placer de darle un abrazo a Lola, la esposa de Salvador Sánchez Marruedo, Muriel Feiner siempre dulce y cariñosa, Blanca, la elegante señora de Vidal, saludé a varios amigos, a “El Puno”, a quién le ofrecían un homenaje, y me marché Goya arriba cantando bajo la lluvia. Unos días después, en La Arganzuela, Casa del Reloj, disfruté de las atenciones de Lola Navarro, su jefa municipal, en la presentación de la Agenda Taurina de Vidal Pérez Herrero, también maestro de ceremonias en esta ocasión, en la que nos obsequió con un apunte de César Palacios en homenaje de Antonio Chenel “Antoñete”. Por mi parte tuve la ocasión de hablar de los pintores ingleses del Romanticismo y de su interés por España y los españoles, Wellington, el hotel y el almirante, como último refugio de la tertulia taurina de Madrid, y de la importancia de Luis García Campos, el pintor bilbaíno que le puso luz a las sombras tétricas de Gutiérrez Solana, ambos continuadores de la fuerza narradora de don Francisco el de Fuendetodos y de la genial pincelada impresionista de don Roberto Domingo, y que murió el pasado mes de agosto al finalizar la feria de su pueblo. Este día también nos acompañó la expresividad de Sebastián Palomo Linares que, en lo que al arte se refiere, tiene su cuna en la Aragón de Viola. Los de Béjar y San Sebastián de los Reyes hablaron de las plazas de sus lugares, “la viejita” y la cincuentenaria, y José Luis Lozano, con su voz rota, que en palabras sabias nos contó la historia de su familia en los toros. Primero como toreros, luego como apoderados y empresarios y, al final, vuelta atrás a sus ancestros ganaderos. “Un ganadero que quiera formar su propia ganadería no cuenta con tiempo suficiente para lograr su empeño”. Su abuelo materno, Manuel Martín Alonso, tuvo tres años la ganadería de Veragua y se la vendió en 1930 a Juan Pedro Domecq.

Al comenzar el mes de noviembre murió Almensilla y Antonio Burgos pidió para él la Medalla de Bellas Artes y citó a Luis González, Blanco y “El Vito”. Después a Antonio Gallisteo, Andrés Luque Gago y Tito de San Bernardo, todos sevillanos y muy grandes algunos y grandísimos dos de ellos, el uno con los palos y el otro desde la montera a las zapatillas. Escribí una carta al director de ABC y ni caso. Citaba a toreros aragoneses como Mariano Carrato y Antonio Labrador “Pinturas”, los valencianos Blanquet , Honrubia o Alfredo David, el madrileño El Boni, el manchego Michelín o el también sevillano Antonio Chaves Flores que no aparecía en la lista del señor Burgos. Yo solo recordaba a toreros ya desaparecidos, pero para significarle al chispeante comentarista andaluz que los nacionalismos son malos para todo. Y más para el toreo, al que pretendemos universalizar todos los que pensamos que nos representa como españoles que somos.