Baile de disfraces
Bocanegra
De la mojiganga taurómaca al baile de disfraces, así ha transcurrido la todavía llamada feria de Jesús del Gran Poder de Quito. De una lidia adulterada desde un becerro permitido por la ridícula Ordenanza Taurina del Municipio, a la mutilación de la corrida de la suerte suprema; de la gallardía esencial e histórica de dar muerte al toro por el espada de turno, por el estoqueador, que ahora ha pasado de la categoría de matador a la de toreador.
Uno que clava y el otro que corre
Del jocoso corte de orejas ¿a quién? a la vuelta al ruedo de las reses ¡vivas! ordenadas por un palco disfrazado de presidencia, desnortado, frívolo y excéntrico, pasamos a la exhibición del atrezzo de los toreadores con una indumentaria contraria a toda norma legal y al respeto debido a la profesión de torero y a los aficionados que de verdad aman a la fiesta y asisten a los toros conforme les exige los cánones de la tauromaquia, donde en el ruedo se oficia el rito y liturgia que requiere el gentil ofrecimiento de la vida de un hombre ante una fiera que lucha hasta su muerte sobre la arena.
Pero no, en Quito todo es a la costumbre quiteña...naturalmente, implantada por la frivolidad de unos empresarios carentes de afición y conocimiento taurino cuyo espíritu y obra mercantilista supera cualquier atisbo de respeto a la tauromaquia. Todo se pega menos la hermosura y así los toreros se contagian de toda esta broma, y si enciman ya han asumido su refrendo a esta parodia esperpéntica a la criolla, aunque tan divertida para muchos, apadrinada por elementos tan perniciosos como estos que se disfrazan de fraternos empresarios, a los que el pueblo sabio les sitúa como émulos admiradores de los famosos hermanos Dalton's, con el vasallaje de algún travestido en Judas de Villafuente Bermeja, nos preguntamos....¿y por qué les iba a importar la indumentaria para torear? Y pasa lo que tienen que pasar, que la brecha abierta en años anteriores por un matador francés al que se le permite mancillar la litúrgica vestimenta torera en el festival con un traje a lo garçón de Pigalle y zapatitos de charol, se agranda por el complaciente modelismo del cateto que aparece en el ruedo con lo que nadie le conoce en la vida cotidiana, con un traje de calle de chaqueta y corbata, que sería a estreno, como si fuera a una boda de su pueblo granaíno.
El cachondeo ya no es cosa de dos, hay que extenderlo e invitar a otro -para eso estamos en Quito...pensarían ufanos-, y hete ahí que el paisano de Benalcázar y de Orellana echa por tierra la admirada bizarría extremeña saltando al ruedo cual vaquero frente a la estampida para adornarse con los garapuyos en tirabuzón ante el animalito estupefacto.
Pero no, en Quito todo es a la costumbre quiteña...naturalmente, implantada por la frivolidad de unos empresarios carentes de afición y conocimiento taurino cuyo espíritu y obra mercantilista supera cualquier atisbo de respeto a la tauromaquia. Todo se pega menos la hermosura y así los toreros se contagian de toda esta broma, y si enciman ya han asumido su refrendo a esta parodia esperpéntica a la criolla, aunque tan divertida para muchos, apadrinada por elementos tan perniciosos como estos que se disfrazan de fraternos empresarios, a los que el pueblo sabio les sitúa como émulos admiradores de los famosos hermanos Dalton's, con el vasallaje de algún travestido en Judas de Villafuente Bermeja, nos preguntamos....¿y por qué les iba a importar la indumentaria para torear? Y pasa lo que tienen que pasar, que la brecha abierta en años anteriores por un matador francés al que se le permite mancillar la litúrgica vestimenta torera en el festival con un traje a lo garçón de Pigalle y zapatitos de charol, se agranda por el complaciente modelismo del cateto que aparece en el ruedo con lo que nadie le conoce en la vida cotidiana, con un traje de calle de chaqueta y corbata, que sería a estreno, como si fuera a una boda de su pueblo granaíno.
El cachondeo ya no es cosa de dos, hay que extenderlo e invitar a otro -para eso estamos en Quito...pensarían ufanos-, y hete ahí que el paisano de Benalcázar y de Orellana echa por tierra la admirada bizarría extremeña saltando al ruedo cual vaquero frente a la estampida para adornarse con los garapuyos en tirabuzón ante el animalito estupefacto.
El vaquero...y el animalito
Y si los demás toreros visten ortodoxamente con su sombrero y traje corto campero ¿por qué consienten que otros se rían de ellos y de la Fiesta? las cosas de la altura......en las faldas del Pichincha ¡Bailad malditos, bailad...!
El otro,¿ le garçón de Pigalle?
El francés...a lo francés. Festival 2010




