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Pepe Bienvenida / La suerte suprema
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domingo, 9 de enero de 2011

FERIA DE SAN CRISTÓBAL: ¿ÚLTIMA OPORTUNIDAD DE ADMIRAR A ENRIQUE PONCE? / Por El Vito

 Plaza de Toros Monumental de Pueblo Nuevo
San Cristóbal / Táchira / Venezuela
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OÍDO EN LA CHATA / Víctor J. López EL VITO

Ponte donde quieras, Ponce
Simplemente bajo el Sol,
él te mostrará el sendero
del arte puro español,
el que sigue el gran torero
cuando viene a torear
hasta Ronda, desde el mar

JOSÉ ALAMEDA /Seguro azar del toreo

Enrique Ponce, 
¿última oportunidad para admirarle?

"..Aunque sea sólo por ver a Ponce
a la Feria de San Cristóbal habrá que ir.."
Por Víctor José López "El Vito" 
Caracas, 8 de Enero de 2011
Aquella temporada de 1961 la Feria San Sebastián Hugo Domingo Molina organizó un abono de siete corridas de toros y entre los atractivos de los toreros contratados para San Cristóbal, dos nombres saltaban con brillo a la vista, en medio del esplendor de las figuras contratadas: José Antonio Valencia, que venía de su alternativa en España e ilusionaba a la afición, y Morenito de Maracay, ya consagrado como figura del toreo internacional, iera capaz de imponer toreros , como hizo su apoderado con Enrique Ponce. Aquella época un precoz espada del que se había escuchado cierto ruido siendo un niño de 10 años de edad y se había presentado como becerrista en Las Ventas de Madrid. 

Hugo Domingo Molina colocó a Enrique Ponce en el cartel de Bella Vista,  con Morenito de Maracay y José Ortega Cano, la tarde del sábado 26 de enero, la sexta corrida del Abono.
Ponce en la tarde de su debut en América cortó dos orejas, una ante cada toro, y cautivó al público sorprendiendo a los taurinos con su precoz sabiduría y expresión artística. Fue tan impactante,  que provocó se organizara en La Victoria una corrida de toros. Fue en una plaza portátil, con toros de Los Marañones mano a mano con Morenito de Maracay.
Aquella oportunidad, su segunda tarde, iba Ponce con la batuta del festejo en la mano, ya que era él el atractivo del festejo.

Paquirri, Capea y Manzanares,¡Qué terna!

Este ciclo de vida profesional de este grandioso maestro del toreo deberá cerrarse el 27 de enero en la Monumental de Pueblo Nuevo, cuando aquel niño que en 1991 pisó  esta misma arena despejando incógnitas es muy posible que se despida de Venezuela sin decir adiós, con una corrida de su amigo Hugo Domingo Molina, ahora como ganadero. Será la tarde de la alternativa a José Miguel Parra, en presencia de Manuel de Jesús El Cid y el  rejoneador venezolano José Luis Rodríguez, para muchos es el gran cartel de la feria.
Cuando Enrique Ponce llegó a la fiesta de toros en 1990, fecha de su doctorado y confirmación de Madrid, encuentra encumbrados a tres gallos del toreo que a su vez habían dejado atrás toda una época: Paquirri, Manzanares y Pedro Gutiérrez “Niño de la Capea”  … Roberto Domínguez, Ortega Cano y Joselito arrollaban en su intento de tomar en sus manos el bastón de mando, mientras tres hijos de grandes toreros buscaban en las finas arenas de la fiestas, la temporada su herencia: Julio Aparicio, Miguel Báez “Litri” y Rafael Camino.
 Manolo Chopera en Madrid y Diodoro Canorea en Sevilla, eran los directores de la orquesta de los grandes maestros,  es decir eran los que manejaban todos los hilos.

César Rincón, el sismo del toreo

Cuando Ponce llegó no había aparecido aún en su grandeza César Rincón, quien ya llevaba diez años en España porque en 1981 Rincón “cruzó el charco” de la mano del torero colombiano Pedro Domingo con las credenciales de una alternativa otorgada por el maestro  Antonio Chenel “Antoñete” en su natal Bogotá.
 Sería en 1991, el año del debut de Ponce en América, que César Rincón, estremecería los más sólidos cimientos de la Fiesta convirtiendo Las Ventas en el epicentro del último terremoto que tengamos conocimiento ha ocurrido en el toreo, al abrir una, dos, tres, cuatro y hasta cinco veces consecutivas  la Puerta Grande de La Monumental. Caso único en la fiesta, que un torero salga cinco tardes consecutivas, una misma temporada, por la Puerta Grande de Madrid.

El Juli y José Tomás, la medida de una época

Estando en la cima Enrique Ponce, el toreo descubrió a José Tomás, un madrileño que llegó al toreo por senderos mexicanos, pues aunque cueste creerlo España no le comprendía en sus inicios. Los mismos caminos que andaría Julián López “El Juli”, pero por diferentes motivos. A “El Juli” le impedían torear por motivos de su precocidad, ya que las leyes españolas se lo prohibían.
 Han sido Tomás y El Juli dos baremos , dos escalas para valorar la grandeza de Ponce, inobjetable en la competencia y presencia. 

Calibrar una figura de época ha necesitado siempre la contraparte. Lagartijo no existiría en el recuerdo sin Frascuelo, tampoco Belmonte sin Gallito, Manolete las circunstancias y Arruza, y Luis Miguel a pesar de Hemingway, Ordóñez … Enrique Ponce sostiene su magistratura de época no en competencia de un compañero, sino de muchos. Señalamos a quienes encontró al llegar, y a esos tres hay que agregarles a Julio Robles y a Espartaco que le propondrían al maestro valenciano definiciones y entrega, para ser número uno. No es cosa fácil competir con El Juli y José Tomás, en una misma temporada, y ahora cuando alguien piensa que ya puede irse aparece de la mano de Fernando Cépeda el gran torero extremeño Miguel Ángel Perera quien ahora, en este momento, vive un momento muy importante y pide paso en la historia.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

TOREROS DE VALLADOLID: FERNANDO DOMINGUEZ



¿Y EL CUADRO DE FERNANDO DOMINGUEZ?


Por EL VITO.-

Caracas (Venezuela)


Cuando el vallisoletano Fernando Domínguez tuvo que regresar a España, luego de honrar los contratos del empresario del Nuevo Circo de Caracas, don Modesto de Ayza, tuvo que hacerlo de manera inesperada.

Causa del imponderable que provoca el regreso, fue la infausta noticia de la muerte de uno de sus hijos en Valladolid.


Estando en el Puerto de La Guaira, a la espera de la partida del vapor surto en sus muelles, se le acercaron dos sacerdotes franciscanos para consolarle en su pena y acompañarle con sus oraciones.

Uno de ellos le obsequió un medallón de plata, perteneciente a la Cofradía del Descendimiento y Santísimo Cristo de la Buena Muerte.

Ese medallón pende del cuello del maestro Roberto Domínguez sobrino del “Gitano de Castilla”, como pudimos constatar cuando en el Hotel Tibisay de Mérida conversamos con quien ahora es el apoderado de Julián López “El Juli”.Nos contaba esto Roberto, porque su tío Fernando fue inmortalizado por un pintor español que vivía en Caracas, de nombre Sánchez Felipe. Cuadro que vistió por años el gran salón de la Plaza de Toros de Caracas, el Nuevo Circo. Y Roberto Domínguez quiere saber dónde se encuentra actualmente, tras tantos sucesos que han tenido como protagonista a la plaza de Caracas.Cofradía del Descendimiento y Santísimo Cristo de la Buena Muerte es una de las 19 cofradías que existen en la actualidad en la Semana Santa de Valladolid.
La del Cristo de la Buena Muerte fue fundada por don Herminio Sanz Pedrosa en 1939 por encargo del arzobispo Gandásegui, y que en la actualidad es propiedad de la Santa Vera Cruz en cuya iglesia recibe culto. Sin embargo los hechos que tienen que ver con el Medallón de la Virgen Dolorosa y la Cofradía de Cristo de la Buena Muerte ocurrieron en enero de 1937, luego de la última corrida de toros que Fernando Domínguez toreó en Caracas.
AQUEL GITANO Y EL NEGRO POETA
Supe de Fernando Domínguez por Ángel Escobar, “Bola de Nieve”, Mozo de Espadas de los hermanos Girón. Estaba César en la cumbre y en tertulias gustaba de interrogar a “Bolita de Nieve” sobre los grandes toreros a quien él les había servido las espadas. “Bola de Nieve”, conocedor del celo del maestro, remolón casi no soltaba prendas cuando se refería a “El Calesero”, por ejemplo, a quien distinguía por sus fandangos, gracia torera y calidad humana …”Pero vino uno de Valladolid – contaba Bola de Nieve- que no era gracioso.
¡Era un figurón del toreo!” A pesar de que Girón se engrinchaba por los celos, insistía en que era “¡el mejor que han visto estos ojos torear con el capote!”Bola de Nieve llegó a hablar en verso, sus sentencias eran fabulosos fandangos que improvisaba y que rociaban de ingenua sabiduría las más enredadas situaciones, por eso a lo que César de engallaba él respondía, dirigiéndose a un tercero y refiriéndose a la torería que rivalizaba con el maestro caraqueño que “cuando los otros se ahogan, a este el agua le llega a los tobillos”.
FORJADOR DE SU SOBRINO ROBERTO
Roberto Domínguez llegó a la alternativa con apenas 20 novilladas, pero apuntando detalles de torero excepcional. ¿Por qué? Pues por haber bebido de la sabiduría de un genio que como autodidacta bebió del cáliz que guarda los secretos de las conclusiones técnicas del toreo de Juan Belmonte y de Francisco Vega de los Reyes “Curro Puya”, que como recuerda don José Alameda, “pero con las manos más debajo de las de Belmonte”. Teruel en Palma de Mallorca y Manzanares en Madrid le dieron y confirmaron los pergaminos de matador de toros a este Arquitecto vallisoletano, que como nos cuenta Manolo Lozano, en sus referencias durante deliciosas charlas, “es un torero largo, sabio y castellano… y muy orteguiano”. Refiriéndose Manolo al Ortega de Borox, no a Ortega y Gasset que debe también haber influido en la racionalidad de los conceptos de este torero que colocó cuatro faros de maravillosa intensidad, como hitos de su paso artístico por la fiesta.
El de su reaparición en Valladolid, 1987, luego de cuatro años de ausencia; la tarde del Miura en Bilbao, los toros de Ordóñez en Las Ventas y el remate –lo bien “arrematao” es lo bien toreado- en Sevilla con los toros de don Álvaro.
EL GITANO DE CASTILLA EN CARACASDon Modesto Ayza organizó la temporada “invernal” de 1936 – 197 en Caracas.
Aciagos días en España que prendía fuegos por sus cuatro esquinas. Contrató Ayza a Fernando Domínguez, junto a Joaquín Rodríguez “Cagancho”, Curro Caro, Alfredo Corrochano, Pepe Gallardo, Chiquito de la Audiencia, el caraqueño Julio Mendoza, Carnicerito de Málaga y la gran torera Juanita Cruz.
Estos toreros vinieron en su mayoría con sus cuadrillas, tuvieron los aficionados de la capital la oportunidad de admirar picadores de la talla de Aldeano Chico, Chicharro, Anguila y Pontonero y estupendos banderilleros como los históricos Antonio Labrador, “Pinturas, Bartolomé Parra “Parrita”, Emilio Mendez y José Parada.Los toros fueron de acreditadas divisas españolas, Conde de la Corte, Galache, Manuel Alonso, Manuel Arranz y Bernaldo de Quiroz.
Los festejos se iniciaron a finales de octubre y se prolongaron más allá de enero.
Era Caracas una plaza de mucha importancia en Sur América, como Lima y Bogotá.
TRAS EL CUADRO DE SANCHEZ FELIPE
Pues reunidos en Mérida conversamos de toros, de nuestros comunes amigos, de la fulgurante carrera de apoderado que ha hecho junto a El Juli, y del Nuevo Circo de Caracas…Tras escuchar las buenas nuevas de su restauración, Roberto quiere saber del cuadro, de aquel óleo gigantesco que por años estuvo en un costado del paso a las escaleras del Palco de la Autoridad.
No supimos qué responder, pues desde que cerraron la plaza en 1997 cuando Rafael Branger creyó que enterraría la Fiesta de los Toros si se desplomaba el edificio del Nuevo Circo, no piso el coso caraqueño.Supe que el bronce de César Girón y las placas alusivas a los triunfos de los espadas están a buen resguardo, pero… ¿Y el cuadro de Fernando Domínguez?