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domingo, 5 de febrero de 2012

ANIVERSARIO MÉXICO: MANOLETE INAUGURA LA PLAZA MONUMENTAL




66 ANIVERSARIO
INAUGURACIÓN DE LA MÉXICO POR MANOLETE

José María Sánchez Martínez-Rivero

En El Escorial (Madrid) Febrero de 2012 
Se cumplen en este 2012 los 66 años desde que Manuel Rodríguez, Manolete, inaugurara la plaza de toros Monumental de México. El acontecimiento fue muy importante para los mexicanos y esperado con gran interés. El día 5 de febrero de 1946, se inauguraba la nueva plaza de toros, que sustituía a la antigua de El Toreo. Este nueva plaza llamada Monumental, es la mayor del mundo y se conoce como el “Coso de Insurgentes”, tiene un aforo de 45000 localidades con asiento y forma de embudo vista desde el aire. 

El ruedo mide 43 metros de diámetro con un callejón muy cómodo de dos metros de ancho. 

Está situada en la colonia Nochebuena de la capital en la región centro-sur de la ciudad, inmersa en la Ciudad de los Deportes. 

Bendijo la plaza el Arzobispo de México, Dr. don Luís María Martínez que fue quien dio la primera vuelta al ruedo. A este respecto se cuenta la anécdota siguiente: el Arzobispo dirigiéndose a Manolete le dijo: ”Por esta vez le he ganado la partida. Habrá observado que he dado yo la vuelta al ruedo en esta plaza antes que usted”. Y tenía razón, la dio, pero en el coche del Arzobispado. 

Está considerada, junto con la madrileña Plaza de las Ventas y la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, una de las tres plazas de toros de más importancia en el mundo del toreo. 

El cartel inaugural lo integraron los matadores Luis Castro, “El Soldado”, Manuel Rodríguez, “Manolete” y Luís Procuna, “El Berrendito de San Juan”. Toros de San Mateo. 

El primer ejemplar que salió al ruedo, se llamaba “Jardinero”, número 33, cárdeno oscuro y caribello, de la ganadería de don Antonio Llaguno. Abrió la puerta de toriles José Medina. 

Las corridas de toros en la Monumental de México dan comienzo a la hora señalada. Esta corrida estaba programada para las cuatro en punto de la tarde. En aquella ocasión y, dado lo importante del acontecimiento, dio comienzo con veinte minutos de retraso porque los aficionados no encontraban su localidad o les era difícil llegar a ella. 

El paseíllo fue encabezado por cuatro alguacilillos y el ruedo presentaba un espléndido aspecto al estar engalanado con diversos motivos florales. Los matadores fueron recibidos con una atronadora ovación. 

Siguiendo con la estadística es preciso señalar que el primer capotazo lo dio “Chato” Guzmán. El picador José Noriega “El Cubano”, dio el primer puyazo, quien sufrió, también, el primer tumbo. “Chato” Guzmán tuvo el honor de poner el par de banderillas inaugural. 

“El Soldado”, lidió los toros “Jardinero”, número 33, cárdeno y “Gallito”, número 14, negro. 

Manolete estoqueó a “Fresnillo”, número 3, negro y a “Monterillo”, número 13, negro. El toro titular –segundo de su lote- que le correspondía a Manolete, de nombre “Peregrino”, número 6, negro, fue devuelto a los corrales. 

Luís Procuna despachó a “Gavioto”, número 55, negro y a “Limonero”, número 82, de capa también negra. 

El diestro de Córdoba, que vestía de tabaco y oro, uno de sus colores preferidos, recibió a su primer toro por verónicas con la planta quieta y lanceando muy templado. La faena de muleta puede calificarse de heroica. No era un toro claro. Manolete tuvo que arrimarse mucho para provocar la embestida. Consiguió dominar a su enemigo y entusiasmar al público por el valor derrochado. De pinchazo y estocada despachó al de San Mateo. El público pidió con fuerza la oreja que le fue concedida. Esta fue la primera que se concedió en la nueva plaza. El “Monstruo” dio una vuelta al ruedo apoteósica. 

Pero la gran faena la realizó al quinto toro. “Inenarrable e inolvidable”, fue uno de los titulares. El periódico “Dígame” publicaba: 

“Era uno de esos toros a los que se les torea con la muleta a base de telonazos por la cara y con gran lujo de precauciones. Manolete necesitaba ese toro en Méjico. Había de deshacer la leyenda de que solo sabía torear toros pequeños y fáciles. Ninguna de esas condiciones reunía el que tenía delante. Cinco estatuarios ayudados por alto, sin enmendarse, fueron la iniciación de la faena, y otras tantas ovaciones sonaron. Después se pasó la muleta a la mano izquierda y ligó una serie de naturales inconcebibles de ejecutar con aquél toro. Pero hubo más: con la franela en la derecha enardeció al público con sus derechazos, redondos, manoletinas, etcétera, hasta emborracharse toreando y emborrachar al público que lo presenciaba. Cuadró el toro y el cordobés no agarró la estocada presentida porque el bicho se encogió al sentirse herido y tuvo que repetir la suerte. Esta desgracia le impidió cortar la segunda oreja de la tarde. Pero la afición, en pie, aplaudía estruendosamente al matador, mientras que durante el arrastre silbó al toro. Con la faena realizada a este toro, grande, cornalón, difícil y bronco, Manuel Rodríguez (Manolete) ha acabado con la fama de que solo era grande con toros pequeños.” 

Dio dos vueltas al ruedo entre aclamaciones. 

Luís Castro, “El Soldado”, estuvo discreto y el público dividió sus opiniones. 

Luís Procuna lidió el mejor lote, pero no los aprovechó por completo. Mucha voluntad con destellos de genialidad e inspiración. 

Destacó la faena a su primer toro, algo desigual en su planteamiento, pero al matar de una gran estocada el público pidió la oreja de su enemigo que le fue concedida. En el que cerró plaza expuso mucho, ante un toro muy bravo, matando de media estocada en todo lo alto. 

Manuel Rodríguez, “Manolete”, era en México una figura del toreo admirada y querida. Actuó en 38 tardes. Aún hoy se le recuerda con cariño. 

Don Neto opinaba así de Manolete: 

“Torero de sentimiento porque el torero fuera de la plaza era muy sentimental Manolete. Torero de pundonor. Un torero que en su rostro reflejaba, precisamente, el sentimiento, el sufrimiento del torero. Y ese sufrimiento y esa ansiedad la demostraba en su toreo. Ése era Manuel Rodríguez, Manolete. Fuera un gran hombre, muy sentimental, dentro del ruedo, un gran torero, un torero muy sentimental. Ése era Manuel Rodríguez, Manolete”. 

Las figuras mexicanas del torero que alternaron con él opinaron así del diestro de Córdoba: 

“Tenía una muñeca sorprendente para manejar los toros”. 

“Era extraordinario; todo un maestro dentro y fuera de la plaza”. 

“Inolvidable para cuantos tuvimos la fortuna de tratarle”. 

“Era un maestro fuera de serie, excepcional, formidable”. 

Por otra parte el diestro de Córdoba era un enamorado de México y de su afición. Así se expresó en una entrevista concedida en su tierra natal, Córdoba: 

“A los mejicanos no los conocemos aquí: son muy buena gente, muy sentimentales, muy apasionados y muy entendidos en toros; por eso da gusto torear en Méjico”. 

Fue amigo de muchas de las figuras del toreo mexicano, Armillita, Silverio Pérez, Jesús Solórzano y Liceaga entre otros. 

Pero la máxima rivalidad y gran amistad la mantuvo con Carlos Arruza, figura del toreo mexicano, con el que alternó en 60 tardes. En 1948 y, para el libro “Manolete”, de Francisco Narbona, Ediciones Espejo, se expresó así Arruza hablando del cordobés: 

“Desde 1944, cuando en Lisboa le vi por primera vez, comprendí que Manolete era, sin duda alguna, uno de los mejores toreros de España. Yo había visto torear a varios en Portugal, pero Manolete me impresionó intensamente. Recuerdo que solo cambiamos unas frases –apenas un saludo- antes de hacer el paseíllo. Aunque se hablaba del próximo arreglo del pleito taurino entre España y México, yo no tenía todavía grandes esperanzas... Sin embargo, al ver a Manolete, creció en mí el deseo de poder alternar con él en los ruedos de España. Pocas semanas después comenzaba yo mi primera campaña española. Recuerdo que alterné con el cordobés, por primera vez, en Cieza (26 de agosto de 1944 N.A.) 

Cuando terminó, en octubre la temporada, mi nombre se manejaba como rival de Manolete. Confieso que al comenzar el año siguiente andaba yo muy preocupado. Manolete era el primer torero de España y el intentar acercarse a él era, a mi juicio, una temeridad. A los públicos, en cambio, les parecía magnífico hallar un nombre que pudiera molestar a Manolete cuando no le salieran bien las cosas. Esto me dolía mucho... 

En la feria sevillana de abril de 1945 fue donde nuestra rivalidad alcanzó, a mi juicio, su más alta cumbre. No estaba yo aún en la intimidad del torero, pero pude comprobar que si en el ruedo era un enemigo terrible, nunca dejaba de ser cordial –sinceramente cordial- con sus compañeros. Fue naciendo entonces, en mí, una admiración, que si en el terreno profesional jamás dediqué a nadie, halló en un afecto entrañable su expresión más natural y afectiva. En Valencia, poco después de la feria sevillana, coincidimos en una típica paella. Allí sellamos nuestro pacto de amistad, que no rompió ni su muerte, porque para mí el recuerdo de Manolete no se extinguirá nunca... 

Si como torero, Manolete alcanzó la más alta estimación de los tiempos modernos –por su arte excepcional y su estilo sobrio y auténtico-, yo creo que su condición de caballero y amigo de verdad sobrepasaba en él su calidad profesional con ser tan singular... 

No quisiera desaprovechar a ocasión para señalar cuanto cariño mostró a México el infortunado torero en cuantas oportunidades tuvo... 

Manolete, siguiendo el ejemplo de todos los grandes maestros españoles, estuvo siempre de nuestro lado, con una cordialidad que no le agradeceremos bastante... 

El “Monstruo de Córdoba” estimaba que para un torero español triunfar en México era de vital importancia para su fama... 

Yo estaba en Francia cuando un toro mató a Manolete en Linares... Creo que pocas veces había sentido yo un pesar tan profundo. Lloré. No me avergüenza decirlo, porque Manolete merecía las lágrimas... 

Cuando días después estuve en Córdoba se avivó el dolor... Yo dejé sobre su tumba las mejores flores que encontré y las más fervorosas oraciones que han salido de mis labios. ¡Que la Virgen de Guadalupe – a la que Manolete profesó también gran devoción- le haya guiado hasta el Señor! 

Él fue la máxima figura de nuestro tiempo. Fue el mejor torero de España. Y sobre todo eso, un amigo cabal y entrañable. Un caballero sin tacha ni doblez. Lo que se dice todo un hombre”. 

Carlos Arruza figura del toreo lo dejó escrito. Estas palabras engrandecen su memoria. 
  

domingo, 28 de agosto de 2011

TAUROMAQUIA DE MANOLETE / Por Fernando del Arco de Izco



Plaza Monumental de Barcelona

Programa de Mano nº 14         
 de la corrida del domingo 28 Agosto 2011

                                                         TAUROMAQUIA DE MANOLETE

 Fernando del Arco de Izco

Sesenta y cuatro años del encuentro de MANOLETE e Islero.

En 1944, en el Salón de Actos de la Cultura de Salamanca, Manuel Rodríguez pronunció una conferencia que tituló: “EL PÚBLICO EN LOS TOROS”, en su primera parte trató de la relación entre el  público y el torero, concretando que ambos tienen “unas sagradas obligaciones “ que deben cumplir. Pero hoy quiero escribir, y copiar para Ustedes, tres ejemplos con los cuales Manuel Rodríguez expresó, y lo hizo por escrito, 
su: TEORÍA DE LA TAUROMAQUIA.

1º) Que existió, hace ya cuarenta y cinco años, una suerte primero admirada y repudiada después: la de Don Tancredo. Allí estaba una prueba plena de lo que supone el toro cuando sale libremente al redondel y no tiene nadie que vaya a retarle. El toro  SIEMPRE ante las cosas inmóviles, sean estatuas, o ante obstáculos o bultos, si repara, no se decide a embestir. Esa es su cualidad de bravura y de nobleza. Ahí está la primera lección que debe de estudiar a fondo el lidiador.

2º) Hizo un símil muy oportuno y convincente del árbol y sus ramas. El toro nunca arrancará hacia el tronco, pero si las hojas están bajas y se mueven no vacila en irse contra ellas. El torero debe saber para que tiene el engaño entre manos y cómo debe jugarlo. Será mejor el que mejor lo juegue.

3º) Más adelante, en Julio de 1945, en pleno apogeo de su carrera taurina MANOLETE explica en las páginas de la revista “El Ruedo” su: TEORÍA DEL PASE NATURAL:

“El pase natural puede considerarse como el pase eje de la faena de muleta. Muchos han pretendido explicarnos cómo debe ejecutarse. Para mí, para mi modesto criterio, entiendo que debe de darse así: en el toro que embiste no se debe adelantar la muleta, sino dejarlo llegar hasta que los pitones estén a una distancia como de una cuarta de la franela. Cuando el toro está a esa distancia, entonces se le debe de correr la mano con la máxima lentitud y estirar el brazo todo lo que se pueda, la pierna izquierda tiene que quedarse completamente inmóvil, y cuando el pase llega a su terminación, es entonces cuando hay que girar la pierna hasta quedar en posición de darle el siguiente muletazo, en el mismo terreno en que se inició el primero, y así sucesivamente dar todos los que se puedan…………o deje dar el toro. En cambio cuando el toro no tiene arrancada, hay que provocarla. Entonces  está justificado el adelantar la mano de la muleta para llegar a provocar la arrancada, y una vez que el toro embiste, se debe hacer lo mismo que queda explicado en el caso anterior.

Todo eso que se dice de “cargar la suerte” en el natural, viene a ser lo que cargar la suerte en las otras fases del toreo. Esto es simplemente una ventaja para el torero, puesto que se desvía más fácilmente el camino que trae el toro. Cargar la suerte (1), yo lo creo así, es tan sólo una ventaja. También se discute mucho “ese” terreno en que se debe dar el natural. Cuando menos, para mí, ese terreno es el de los medios. En él al toro que es quedado hay que citarlo en corto, y al toro que embiste franco, más distanciado. Es ¡ya lo creo!, el pase más difícil y el que más cuesta realizarlo perfecto. Hay que tener temple y valor, porque al repetir el muletazo, según se van dando los pases, se va reduciendo el círculo y hay que llevar al toro muy toreado para que los naturales resulten perfectos. Hay también otros muchos razonamientos sobre el natural. De ellos cualquiera podría estar hablando horas y horas. Pero no es a mí tampoco al que corresponde señalar nada. A nosotros, los toreros, sólo nos corresponde el torear y explicar, siempre que se pueda, en el ruedo, cómo hay que dejar hechas las cosas.

El pase natural lo es todo en el toreo. Lo considero, en definitiva, como el más expuesto y en el que se necesitan muchas cosas para que resulte  perfecto. En su misma dificultad está el peligro que encierra en sí. Hay que tener dominio, tranquilidad y llevar muy toreado al toro. Después, hay que intentarlo….muchas veces no es fácil el acertar. Como todas las cosas extraordinariamente difíciles, es el natural el pase que más arrebata al público y al torero.”
                                                                *   *   *
Yo le llamo “CATEDRA TAURINA DE MANOLETE” a su manera de gestar, entender y ejecutar el  pase natural, fue única y sentó cátedra: nadie cogió el palo de la muleta con la mano izquierda como él, ningún otro había corrido el brazo, en largo e interminable viaje, como él, nadie cargó la suerte “CON LA CINTURA” como él y nadie jugaba la muñeca como MANOLETE, para darle salida al toro y dejarlo colocado para el siguiente “sobrenatural”, girando suavemente la pierna derecha, dejando la izquierda pisando siempre el albero, en el mismo sitio….y a por el siguiente…….y a por el de pecho……...Gloria a MANOLETE en el sesenta y cuatro aniversario de su encuentro con Islero, de Miura.

Faltaban cinco años para que el gran Maestro Domingo Ortega dictase su célebre conferencia “El Arte del Toreo” en el Ateneo de Madrid el 29 de Marzo de 1950. 
                                                                                           Fernando del Arco de Izco
Fundador del Círculo Taurino Amigos de la Dinastía Bienvenida. De Barcelona.
***
Enlace relacionado:

MANOLETE, 64 AÑOS DE LA COGIDA MORTAL EN LINARES.


LINARES: 
64 AÑOS DE LA MORTAL COGIDA DE MANOLETE


José María Sánchez Martínez-Rivero
28 de agosto de 2011, en El Escorial.

Este 28 de agosto de 2011 se cumplen 64 años de la mortal cogida del diestro Manuel Rodríguez, “Manolete” en la plaza de Linares.

Conviene, dado que ha transcurrido mucho tiempo, recordar a los aficionados, jóvenes y menos jóvenes lo que ocurrió el 28 de agosto de 1947, de la mano de los testigos que estaban aquél día en la plaza de Linares, miembros del entorno del diestro de Córdoba a saber: el apoderado de Manolete, don José Flores, Camará; el banderillero Pinturas; su primo, Cantimplas tercero de la cuadrilla y otros.

Estos testimonios fueron recogidos a las pocas horas de la tragedia por el gran periodista, amigo íntimo de Manolete, José Luís de Córdoba. Nos narran la impresión y el dolor que supuso para ellos la pérdida de aquél gran torero que fue Manuel Rodríguez Sánchez.

Don José Flores, comentaba que el toro no le gustaba y que era muy peligroso – lo había visto bien - y nos dice: 

“El toro era muy peligroso, por eso cuando Manolo se acercó a mí, al coger estoque y muleta, para preguntarme como veía yo al de Miura, le aconsejé: “El toro no es bueno. Échale la muleta abajo y procura dominarlo. Aquélla faena que le hizo Manolo no era, ni muchos menos, la que el marrajo merecía.” 

La frase: “Échale la muleta abajo” era la contraseña que tenían pactada cuando un toro no le gustaba al apoderado y la pronunciaba para que el Monstruo abreviara y matara al toro rápidamente. No siempre Manolete seguía el consejo y sacaba faena a toros que, en principio, no la tenían. 

Camará comenta que se encontraba lejos del lugar donde ocurrió la cogida y que siguió la faena con emoción e inquietud, pues, creyó que en cada pase iba a coger el toro a Manolete. 

“Por fin, cuando le vi montar el estoque, respiré tranquilo. ¡Si Dios le había salvado hasta aquél momento, también le ayudaría en la suerte suprema! Pero no fue así, por desgracia.” 

Don José Flores se dio perfectamente cuenta de la gravedad de la cornada. Relata: “Salté la barrera y corrí hacia el lugar de la cogida. Todavía en la enfermería, yo no quería creer que la herida fuese mortal”. 

Camará acompañó a Manolete hasta el último momento y narra las últimas impresiones del torero herido. “Él no perdió el conocimiento hasta minutos antes de morir. Me dijo que le había impresionado mucho la cogida y que por tratarse de un pueblo estaba más inquieto que otras veces. Yo traté siempre de tranquilizarlo. Pero en el curso de la madrugada, ni una vez pronunció la palabra “¡Me muero!”. ¡Acabamos de perder al mejor torero de todos los tiempos!, manifestó.

Antonio Labrador, Pinturas, banderillero de Manolete desde 1942, es de la misma opinión que Camará, el toro Islero tenía mucho peligro. Trató de ayudar, durante la faena a su matador, pero éste, enérgico, le echó para atrás. 

Nos dice como vio entrar a matar a Manolete: 

“El maestro entró a matar despacio. El toro echó la cara arriba y sobrevino la cogida. Corrí a hacer el quite y observé, extrañado, que Manolete se quejaba, cosa que nunca había hecho. Esto me impresionó vivamente y me hizo formar una idea de la gravedad del percance”.

Dice que no habló con Manolete en la enfermería pero que lo oyó decir: 

“¡Madre mía!, ¡Dios mío!, ¿Pero el toro habrá muerto de la estocada? ¡Y me habrán dado la oreja! 

“Sí, -le dijo Carnicerito de Málaga-, las dos y el rabo.”

“¡Aquello no es posible borrarlo!”, dice Pinturas.

Con una impresionante cornada, que le costaría la vida, lleno de pundonor, todavía preguntaba por el resultado de su faena al toro Islero. 

Gabriel González, era otro de los banderilleros de Manolete – había sustituido en la cuadrilla a Alfredo David -, dice que él estaba en el burladero atento a la faena de Manolete. Desde los primeros momentos vio el peligro que corría el matador. Al ocurrir la cogida acudió de los primeros al quite. Oyó quejarse a Manolete. Él fue quien se encargó de salirse para afuera con el toro mientras retiraban a Manolete del ruedo las asistencias.

Primo hermano de Manolete, Rafael Saco, Cantimplas, el banderillero más antiguo de la cuadrilla, relata así los momentos dramáticos de la cogida: 

“Fuera de la barrera estaba yo, en terrenos de chiqueros, siguiendo el trasteo de muleta con tanto interés como impaciencia. El toro era manso, echaba la cara arriba y abajo y en cada pase veía cogido a mi matador. Después de la cogida yo fue el primero que entró al quite. Cogí a Manolete en brazos, y ayudado por no sé quien o quienes – más tarde se comprobó que entro otros estaba Guillermo el mozo de espadas -, lo llevamos a la enfermería. Me salí después. Era tan tremenda la herida que me dio miedo.” 

En la madrugada Cantimplas habló con su primo, después de operado: “Se lamentaba de su mala suerte. Se acordaba mucho de su madre. ¡Que disgusto le voy a dar a mi madre cuando se entere de esto!, decía. Pedía constantemente hielo y agua. Y un cigarrillo también me pidió. Se lo encendí. Le dio tres chupadas con pulso tembloroso. Le aconsejé que no siguiera fumando, que los doctores habían dicho que podía serle perjudicial. Me entregó el cigarrillo. Yo salí fuera de la habitación. ¡Pobre Manuel! 

Bernardo Muñoz, Carnicerito de Málaga, igualmente vio el peligro que el toro de Miura tenía. Siguió la faena con la natural impaciencia para que Manolete se quitara de en medio aquél “pajarraco” lo antes posible. Relata: “Yo le alargué por dos veces el estoque de matar, las mismas que él me rechazó, enérgico. Por fin, a la tercera vez aceptó y se perfiló de una manera que hizo presentir la desgracia. A aquél toro no se le podía entrar a volapié neto.” 

Carnicerito fue el que le cortó las dos orejas y el rabo concedidas al matador. Posteriormente entró en la enfermería. “Ya le habían taponado la herida. Me preguntó: ¿Ha sido muy grande la cornada, Bernardo?, Yo evadí la respuesta. Entonces me dijo:”¿Me han dado la oreja?” Las dos y el rabo, Manolo – le respondí -. Y me retiré del lecho, llorando de emoción.” 

El picador de Manolete Barajas, más conocido por Pimpi, estuvo hasta el último momento al lado del Monstruo. Declaró: “Estuve a su lado hasta que expiró. No me separé de su lado un solo instante. Las cinco transfusiones de sangre las soportó con todos sus sentidos. Se quejaba, eso sí. Y me decía: “Pimpi no te vayas. Dios te pagará cuanto haces por mí”. ¡Una tragedia! Yo, la verdad, en un principio no creí que la cornada pudiera costar la vida a nuestro gran torero.” 

Guillermo, uno de los dos mozos de espadas de Manolete, amigo íntimo de él, fue uno de los más afectados por la tragedia, tanto es así, que nunca más, después de lo de Linares, presenció una corrida de toros. Acudía con regularidad a la tumba de Manolete a rezar. De aquella tarde, nos dice: “A unos metros de Manolo, entre barreras, estaba yo. Perfecta cuenta me di del peligro que corría el torero. Al Pelu (Cantimplas) y a Pinturas les dije, varias veces, que anduvieran con cuidado. Y Manolo cuando montó el estoque, no pude contener un grito. Fue éste: “Aligera y con el brazo por delante”. Manolo quiso hacer la suerte con toda honradez y sobrevino el percance. Fui el primero en llegar a recoger al torero. Creo que con Camará, Sevillano y algún otro le llevamos a la enfermería. Yo no pude, no quise entrar. Me atenazaba la congoja. Y preferí no verlo -¡hasta verlo muerto!-, a dar un mal rato a quien tanto quise... No tuve valor para soportar tan cruel momento.” 

Guillermo conservó el pantalón que aquél día llevaba, manchado totalmente el lado derecho de la sangre de Manolete. El autor de este artículo lo ha visto 62 años más tarde de la tragedia. 

Por último, Chimo, mozo de estoques de Manolete, cierra la relación de los principales testigos de la tragedia. “A mí, no me pilló de sorpresa la cogida. El toro estaba fuera del tercio, y Manolo le entró a matar en la suerte contraria. Le dije dos veces que no entrara a matar en ese terreno; pero la fatalidad vino a hacer el percance inevitable.” Conversó con Manolete en la enfermería y le dijo: “Me veo más enfermo que me he visto nunca. Chimito, avisa a tu amigo. Mi amigo era el doctor Jiménez Guinea.” 

La llegada del doctor Jiménez Guinea, la posterior consulta de médicos y el desenlace final son harto conocidos. 

Una vez más se cumplió el vaticinio que el banderillero Alfredo David, en varias ocasiones manifestó: “De pasarle algún percance grave a Manolete, será a la hora de matar”.

 Monumento a Manolete junto a la plaza de toros de Linares
Manolete en la Plaza de Toros de Las Ventas de Madrid
Dibujo de Manuel Rodríguez Manolete
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Enlace relacionado:
Biografía de Manolete

jueves, 18 de agosto de 2011

RECORDANDO A "CANTINFLAS": ANTE LA TUMBA DE "MANOLETE".

 Publicado en La Revista "TOREROS" de Córdoba, 
fundada y dirigida por el maestro de periodistas Pepe Toscano

sábado, 28 de agosto de 2010

"Manolete" / Por Rafael Campos de España

Manuel Rodríguez "Manolete y su madre Dña. Angustias

Como ser humano era excepcional. Cuantos le trataron comentan que en Manolete su condición de hombre de bien, sencillo, sobrepasaba a sus méritos artísticos.
El recordado maestro Campos de España, Don Rafael, fue amigo de Manolete, lo vio en numerosas tardes triunfar, conocía perfectamente el toreo del Monstruo es, pues su opinión, de la máxima autoridad para entender como era Manolete como persona y como torero.
Para la obra "Manolete, único y grande" escibió lo que sigue:

“Manolete fue un genio y atribuyéndome poderes que no tengo, un santo. Su vida dentro y fuera de los ruedos fue ejemplar siempre y su relación amorosa con Lupe Sino, aunque pueda parecer lo contrario, limpia y no le dio tiempo a legalizarla con el matrimonio porque habida cuenta su fervoroso cariño hacia su madre doña Angustias, no quería que ella se disgustara por un matrimonio que no hubiera entendido. Esto lo rubrican muchas cosas, entre ellas un famoso telegrama que publicó Dígame, y que no es muy conocido, se lo puso Manuel en el primer viaje que realizó con Lupe a América y decía así: “Madre te juro por ti que no me he casado”. Creo que la expresión es rotunda y avala cuanto venimos diciendo sobre el tema de sus relaciones amorosas.

Como torero revolucionó la Fiesta y apoyándose en el belmontismo lo fundió con la inspiración que tenía del arte de Lagartijo, el Grande, de quien se dijo que solo verle hacer el paseo valía el dinero de la entrada. De Manolete se puede escribir y hablar sin fin, pero socráticamente, no pendencieramente.

Puedes estar seguro de que fue un torero inmenso y un cabal hombre en todos los aspectos de su vida.

Esperando haya servido tu deseo con estas líneas, que no están escritas con el ordenador si no con el corazón.”

Un fuerte abrazo.

Rafael Campos de España. .


Un bello poema del maestro Miguel Herrero,
dedicado a la gloria del más grande de los toreros.